Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

Cuando el tablero de la historia desafía al odio

•⁠ ⁠Rubén Kaplan

Desde que la miniserie Gambito de dama (The Queen’s Gambit) cautivó a millones de espectadores en todo el mundo, el término dejó de pertenecer exclusivamente al lenguaje del ajedrez para instalarse en el imaginario popular como símbolo de inteligencia estratégica, perseverancia y superación de la adversidad.

En el ajedrez, el gambito de dama consiste en ofrecer un peón durante la apertura para obtener una posición más favorable. No es un sacrificio improvisado, sino una apuesta cuidadosamente calculada para alcanzar una ventaja decisiva.

Quizá sin proponérselo, Hungría parece encontrarse hoy frente a su propio gambito de dama.

La protagonista ya no es la ficticia Beth Harmon, sino Judit Polgár, considerada por especialistas y aficionados como la mejor ajedrecista de todos los tiempos. Su nombre fue propuesto por dieciséis destacadas personalidades húngaras de la ciencia, la cultura y el deporte y posteriormente respaldado por Péter Magyar, líder del movimiento TISZA y principal referente de la oposición, como candidata para ocupar la Presidencia de Hungría.

La noticia tendría importancia por sí misma. Pero adquiere una dimensión histórica extraordinaria cuando se conoce la biografía de Judit Polgár, descendiente de una familia judía devastada por el Holocausto. Sus dos abuelas sobrevivieron a la persecución nazi y sus dos abuelos soportaron campos de trabajos forzados. Numerosos integrantes de su familia extendida fueron asesinados durante la Shoá.

Y fue precisamente en Hungría donde se consumó una de las mayores tragedias del pueblo judío.

En marzo de 1944, tras la ocupación alemana del país, Adolf Eichmann llegó a Budapest para dirigir una de las operaciones de exterminio más rápidas y eficaces del régimen nazi. En apenas unas semanas, alrededor de 440.000 judíos húngaros fueron deportados, en su inmensa mayoría hacia Auschwitz-Birkenau, donde casi todos fueron asesinados apenas descendieron de los trenes. A ello se sumó luego el terror desatado por el movimiento fascista de la Cruz Flechada, responsable de innumerables asesinatos en las calles de Budapest y a orillas del Danubio.

En ese contexto, la sola posibilidad de que una descendiente de sobrevivientes del Holocausto pueda convertirse algún día en la primera magistrada del mismo país donde Eichmann intentó consumar la destrucción definitiva del judaísmo húngaro constituye uno de esos símbolos que la historia, de vez en cuando, ofrece al mundo.

Sin embargo, Judit Polgár representa mucho más que un símbolo político.

Su extraordinaria trayectoria invita a formular una pregunta tan sencilla como inquietante.

Si una descendiente de sobrevivientes pudo convertirse en la mejor ajedrecista de la historia, ¿cuántas Judit Polgár jamás llegaron a existir?

¿Cuántos científicos capaces de descubrir nuevas curas, médicos destinados a salvar millones de vidas, escritores, músicos, filósofos, artistas, maestros o líderes fueron asesinados antes siquiera de descubrir su propio talento?

Los seis millones de judíos exterminados durante el Holocausto no representan únicamente la mayor tragedia del pueblo judío ni uno de los crímenes más atroces cometidos por la humanidad. También constituyen una pérdida irreparable para el patrimonio intelectual, científico, cultural y moral de toda la civilización.

Cada niño asesinado era una posibilidad.

Cada joven ejecutado encerraba un futuro desconocido.

Cada hombre y cada mujer exterminados llevaban consigo una vida que nunca pudo desplegar plenamente sus capacidades.

Jamás sabremos cuántos futuros premios Nobel quedaron sepultados en las fosas comunes de Europa Oriental.

Cuántos científicos nunca realizaron un descubrimiento.

Cuántos compositores jamás escribieron una partitura.

Cuántos médicos no llegaron a descubrir un tratamiento.

Cuántos maestros nunca enseñaron a una generación.

Cuántos pensadores jamás publicaron la idea que habría podido cambiar el mundo.

Esa es, quizá, una de las dimensiones menos comprendidas de la Shoá.

No solo exterminó vidas.

También exterminó futuros.

Por eso la figura de Judit Polgár adquiere una fuerza que trasciende el ajedrez.

Cada una de sus victorias frente a campeones mundiales recuerda que el talento no reconoce prejuicios raciales, religiosos ni nacionales. Y, al mismo tiempo, nos obliga a imaginar todo aquello que la humanidad dejó de conocer porque millones de seres humanos fueron asesinados únicamente por haber nacido judíos.

La Shoá no solo exterminó seis millones de vidas.

También privó a la humanidad de millones de futuros posibles.

La historia no puede reparar semejante pérdida.

Los centenares de miles de judíos húngaros asesinados jamás regresarán.

Pero la historia posee una extraordinaria capacidad para ofrecer símbolos.

Que una descendiente de sobrevivientes del Holocausto pueda ser considerada para la Presidencia del mismo país donde Adolf Eichmann organizó una de las operaciones de exterminio más rápidas de la Segunda Guerra Mundial constituye uno de ellos.

El verdadero gambito de dama no se juega sobre un tablero de sesenta y cuatro casillas.

Se juega sobre el tablero de la historia.

Y es la propia historia la que demuestra que el odio puede segar millones de vidas, pero jamás dar jaque mate a la memoria, al talento y a la dignidad humana.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor

 

Sigue las actualizaciones en el Canal de Whatsapp de Radio Jai

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

Ayuda a RadioJAI AHORA!
HAZ CLIC AQUÍ PARA HACER UNA DONACIÓN
Ayudá a sostener Radio Jai Con tu aporte colaborás con la redacción, los programas y el crecimiento de nuestra comunidad.
Donar ahora