Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

La tumba está vacía

Radio Jai-La tumba está vacía

Hace unos días mientras conducía mi auto con rumbo a ver una obra de teatro junto a dos amigos, surgió el tema de la muerte de una conductora y actriz conocida. Di mi parecer profesional a la vez que intentaba no distraerme de lo que era importante en ese momento, conducir. La muerte la había encontrado o ella a la muerte en un paso a nivel. Donde todo lo requerido para prevención de un hecho trágico estaba funcionando. Barrera, luces de advertencia, chicharra. Mecanismos para prevenir. Dije: “fue suicidio”. Sin entrar en tecnicismo, aclare. Un poco por no resultar aburrido, otro porque era sábado y otro principalmente porque estoy acostumbrado a recibir comentarios que terminan molestando mi susceptibilidad profesional. No fue esta la excepción.

Uno de mis interlocutores sentenció: “fue una distracción, no hay que buscar más vueltas, pobrecita”.

Nuevamente estaba pasando lo que trato de evitar.

Me limité a aclarar que mi pensamiento tenía que ver con un concepto profesional. De nada sirvió.

Días después compartí este episodio con un colega muy cercano.

Me respondo: “Rodrigo, esto nos pasa desde siempre; a un arquitecto nadie le discutiría si dice que un edificio necesita seis columnas de concreto, nadie se atrevería aunque lo piense a decir que van cuatro” Ambos reímos. Y continuo, “la gente corriente no sabe sobre la profundidad de nuestro trabajo”

Estuve de acuerdo en todo y pensé en las pulsiones, las leyes de lo inconsciente, lo difícil que es analizar aunque nos manejemos con el lenguaje cotidiano. Pensé en las resistencias a enterarse de que en lo que hacemos estamos implicados más de lo que la mayoría quiere. Pensé en el límite y sus mecanismos de negación. Entre ellos llamar accidente a lo que no lo es, y de esta manera eludir la responsabilidad que a todos tanto nos cuesta asumir. Pensé en los juicios sobre nuestro trabajo porque no pueden pensar en términos éticos y siempre el lego cae en el terreno de la moral.

Acto seguido redoblé mi apuesta en el grato intercambio. Y dije: “Eso era antes, refiriéndome al arquitecto, ya no pasa, hoy la ignorancia les haría decir que lo consultaron con la inteligencia artificial y que les respondió que con cuatro columnas alcanza”, y continue, “aunque ello implique dejar a la propia madre entre los escombros”.

Vivimos un final de época y por ende de ideales. Un algoritmo es más creíble que años de estudio en el cerebro de otro ser humano. Sin contar con vertientes como los celos, la envidia y otras mezquindades a las que la IA no experimenta como nosotros. (alguna ventaja tiene) Lo más maravilloso que los seres humanos tenernos es nuestra capacidad de subjetivar que hoy es reemplazada indiscriminadamente por un oráculo, que a voces de la Esfinge de Edipo ya no interroga al sujeto en lo profundo de las ideas, si no que le brinda respuestas en donde la mera unión de datos es lo que prima por sobre lo humano. Robotizados los interrogantes y sus correspondientes respuestas el dispositivo va generando zombis. Adictos al vacío de ideas propias, reflejo de la perdida de libertad que como especie veníamos ganando, la maquina parece habernos aventajado en este punto.

En un clásico de culto como es la película “Esperando la Carroza”, uno de los personajes haciendo referencia a la pobreza en la que vive un familiar, en claro contraste con la abundancia propia, producto de sus tratos mafiosos y de corrupción, dice: “que poco se puede hacer por la gente”. Su interlocutor, otro hermano responde: “Y si, mejor es no pensar”.

Para aquellos que seguimos apostando al pensamiento propio, a la libertad sana de la creación humana, a vivir con la mirada de un niño que busca nuevas preguntas por sobre respuestas de dominio de saber cerrado, resulta si no trágico al menos preocupante estos actos como el de mi amigo y el de tantos que antes de tomarse el trabajo del respecto al estudio, a la disciplina de la nunca acabada conquista del conocimiento, cavan desde la ignorancia su propia tumba en donde el epitafio será la frase del personaje del film “mejor es no pensar”.

Todo avance es siempre bienvenido pero muchos de ellos en mentes “distraídas” genera un acto de sometimiento pasivo y obnubilado a espejos de colores que borran todo acto de libertad por fuera del algoritmo.

Como si no fuera suficiente días previos a este hecho y por otros motivos una bibliotecaria me escribía por redes y me decía, “un libro es un objeto igual a cualquier otro”. La biblia junto al calefón. Pero esto será para otro momento.

 

Lic Rodrigo Reynoso

@reynosorodrigo IG

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

Ayuda a RadioJAI AHORA!
HAZ CLIC AQUÍ PARA HACER UNA DONACIÓN
Ayudá a sostener Radio Jai Con tu aporte colaborás con la redacción, los programas y el crecimiento de nuestra comunidad.
Donar ahora