San Martín y la tolerancia religiosa
“Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de su destino; mientras que los que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir”. Nicolás Avellaneda
Resultan frecuentes las referencias a la amistad del Libertador y Alejandro Aguado, Marques de las Marismas del Guadalquivir. Habían sido compañeros de armas cuando se produjo la invasión napoleónica a España. Aguado, descendiente de judíos conversos, va a resultar un exitoso hombre de negocios, banquero, dueño de la pinacoteca más famosa de Europa. El reencuentro en Francia de ambos amigos, se corona con la compra por parte de San Martin de la casa de Grand Bourg, cerca de la residencia de Aguado, habitada desde 1834 a 1848, y a la muerte de éste la designación de San Martin como su albacea testamentario.
En la casa de Grand Bourg nuestro prócer cultivaba flores, y recibía visitas: compañeros de armas, Alberdi, Sarmiento, entre otros.
Aguado y San Martin honraron la amistad iniciada de jóvenes y recuperada en el trato frecuente mucho después.
La casa de Grand Bourg muestra otra interesante conexión. En 1857 la adquieren los hermanos Marie Theodor Ratisbonne y Marie-Alphonse Ratisbonne, judíos conversos al catolicismo, y será el lugar de residencia de la Congregación de Sion. Esa orden pretendía convertir a los judíos y luego del Concilio Vaticano II y la declaración Nostra Aetate
modificó sus objetivos proponiendo un encuentro fraterno con el judaísmo.
Hoy la orden continúa siendo quien la habita y cuidan el legado de nuestro prócer.
A San Martin le acompañó en su largo exilio un cuadro sobre la batalla de Maipú.
Su autor: Juan Teodoro Gericault.
Apasionado por los caballos, no dibujaba dos iguales. Este pintor judío se preocupaba más por los caballos que por sus jinetes.Asi los soldados intervinientes en las batallas de Chacabuco y Maipú vestían igual que las tropas napoleonicas.
Gericault había elaborado las litografías de las batallas sanmartinianas a pedido de Ambrosio Cramer, el francés, alsaciano, que se incorporó al ejército de los Andes luego de la derrota de Waterloo y de su viaje a nuestro país.En Chile al libertador le comentaron que ambos eran judíos.San Martin sabía que Napoleón le franqueó a los judíos la entrada al ejército francés.
Una nota de la década del 80, de Sion Cohen Imach, en el semanario ” Mundo Israelita” dió cuenta de la condición judía de Cramer.
Visto retrospectivamente y de confirmarse el origen de Crámer, es casi un desafío histórico que comandara ,en las batallas de Chile, ” el batallón de pardos y morenos” de decisiva intervención en esas lides.
Siempre llamó mi atención la máxima de conducta número 7 que San Martin escribiera para su hija Mercedes. Lo hizo ya en Bruselas, y en ella exhorta a su hija a tener ” indulgencia hacia todas las Religiones”. Llamativa y destacable referencia a una tolerancia religiosa que en la época no era moneda corriente.
San Martin fue un lector de Voltaire, critico de la intolerancia religiosa, Rousseau, Montesquieu y en su exilio europeo de Jacques A. Dulaure y Pierre Tissot.
El mismo San Martin que al abolir la inquisición, en Lima, en el mismo lugar donde funcionó el Tribunal del Santo Oficio fundó la biblioteca a la que donó sus libros.
Un ejemplo.
Raúl Woscoff
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