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“Terrorismo o civilización: el dilema que el mundo ya no puede esquivar”

Radio Jai-“Terrorismo o civilización: el dilema que el mundo ya no puede esquivar”

Por Gustavo Guillermé

El mundo atraviesa uno de los momentos más peligrosos de su historia contemporánea. Más de 50 conflictos armados activos no son solo cifras: son ciudades arrasadas, familias destruidas, niños sin futuro y sociedades enteras atrapadas en el miedo. Pero lo verdaderamente alarmante no es únicamente la cantidad de guerras, sino la creciente posibilidad de que estos conflictos escalen hacia una confrontación de alcance planetario.

Hoy, la humanidad se encuentra frente a una encrucijada histórica: tomar conciencia colectiva y actuar en consecuencia, o continuar avanzando —con una pasividad que roza la indiferencia— hacia un escenario de destrucción global.

Es imprescindible decirlo con claridad: evitar una guerra mundial no es una utopía, es una responsabilidad. Y también es una posibilidad concreta si existe voluntad política, cooperación internacional y un compromiso real de los líderes del mundo.

La paz no se construye negando la realidad, sino enfrentándola con decisión. En ese sentido, es importante señalar con firmeza que existen actores que no buscan el diálogo ni la convivencia, sino la desestabilización, el terror y la destrucción. Organizaciones terroristas como Hamas, Hezbollah e ISIS representan hoy una amenaza real para la seguridad global. Su accionar no reconoce fronteras, religiones ni culturas.

Quiero ser claro también en este punto: estoy totalmente de acuerdo con la ofensiva que llevan adelante Estados Unidos e Israel. Se trata de una acción legítima, porque al terrorismo hay que combatirlo con firmeza. Frente a quienes promueven el terror y la violencia sistemática, no hay lugar para la complacencia: o se desarticulan estas estructuras, o el terrorismo continuará avanzando y poniendo en riesgo los valores fundamentales de Occidente.

A este escenario se suma un fenómeno aún más inquietante y peligroso: la creciente asociación entre el terrorismo y los carteles del narcotráfico. Una alianza perversa en la que el narcotráfico aporta los recursos financieros que el terrorismo necesita, mientras que el terrorismo provee capacidad operativa, armamento y logística para expandir las redes criminales. Esta convergencia multiplica el poder destructivo de ambos y profundiza la inestabilidad global.

Frente a esta realidad, la comunidad internacional no puede permitirse la tibieza. Es urgente una estrategia coordinada, firme y sostenida en el tiempo para desarticular estas estructuras, identificar células latentes y cortar de raíz los circuitos de financiamiento y expansión del crimen organizado y el terrorismo.

Sin embargo, reducir el problema únicamente a la dimensión de la seguridad sería un error. La violencia también se alimenta del odio, de la ignorancia, del fanatismo y de la falta de oportunidades. Allí es donde el diálogo intercultural e interreligioso se vuelve no solo relevante, sino imprescindible.

La hermandad entre los pueblos no es un concepto abstracto: es una necesidad urgente. Hoy más que nunca, el diálogo interreligioso e intercultural juega un papel fundamental para alcanzar acuerdos de paz duraderos, garantizar la libertad religiosa y defender la dignidad humana en todas sus formas.

Pero este proceso requiere decisión. Requiere liderazgo. Y, sobre todo, una convocatoria clara y valiente.

Los máximos líderes religiosos del mundo deben asumir la responsabilidad histórica de actuar. No alcanzan las declaraciones: es tiempo de tomar decisiones concretas, de trabajar activamente y de convocar a una acción conjunta en favor de una senda hacia la paz mundial.

Esa convocatoria debe ser global, firme y creíble. Y, en el escenario actual, existe una figura con la autoridad moral, la legitimidad espiritual y la capacidad real de reunir a los principales referentes de las distintas tradiciones religiosas del mundo.

Esa convocatoria solo puede ser realizada por Su Santidad el Papa León XIV.

Desde ese liderazgo, es posible convocar a figuras clave del diálogo interreligioso global, como el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed Muhammad Ahmed el-Tayeb; a Bartolomé I, arzobispo de Constantinopla y patriarca ecuménico; y a los grandes rabinos de Israel, David Yosef (sefardí) y Kalman Ber (asquenazí), como máximas autoridades espirituales del judaísmo en ese país. Solo una mesa de diálogo de ese nivel puede generar consensos profundos, compromisos reales y una acción coordinada que trascienda las diferencias.

Pero también es fundamental que las tres religiones abrahámicas —judaísmo, cristianismo e islam— tengan la grandeza de dar un paso más: convocar a las demás corrientes y tradiciones religiosas del mundo. La paz global no puede ser construida por sectores aislados; requiere una convocatoria amplia, inclusiva y generosa, donde cada fe, junto a sus fieles, se comprometa activamente en la construcción de un mundo sin violencia.

El mundo necesita ver a sus líderes religiosos unidos, no solo entre sí, sino abriendo las puertas a todos aquellos que creen en la paz, en la dignidad humana y en la convivencia.

El riesgo de una guerra de escala mundial ya no es una hipótesis lejana. Es una posibilidad concreta en un contexto en el que los conflictos regionales pueden escalar rápidamente y donde la tecnología ha amplificado de manera exponencial la capacidad de destrucción.

Por eso, el llamado es urgente: o nos salvamos todos juntos de esta locura de la guerra, o lamentablemente iremos todos juntos hacia una decadencia planetaria que nadie querrá presenciar.

No hay lugar para la indiferencia. Lo único que nos queda es asumir un compromiso real y colectivo. De la mano de los máximos líderes religiosos y de los líderes políticos del mundo, debemos animarnos a transitar un camino común, basado en el diálogo, la cooperación y la responsabilidad compartida.

Porque, más allá de nuestras diferencias, existe un principio superior que puede y debe unirnos: la convicción de que la vida humana es sagrada y que la paz es el único camino posible.

Bajo la guía de un único Creador, Dios, y con la firme decisión de actuar juntos, aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo de la historia.

La alternativa es demasiado oscura como para ignorarla.

 

Gustavo Gillermé

Presidente del Congreso Mundial de Diálogo Intercultural e Interreligioso

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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