La ceguera por conveniencia de Europa
Antes de la Revolución Islámica de 1979, Irán e Israel mantenían relaciones estrechas bajo la
“doctrina de la periferia”. Al asumir al gobierno el régimen teocrático de los Ayatolas, Irán
cortó vínculos y convirtió la erradicación o destrucción del Estado de Israel en un eje central de su
ideología oficial.
Desde entonces, Irán utiliza el antisemitismo como arma de política global, financiando a grupos
terroristas como Hezbollah y los Hutíes para desestabilizar la región.
A pesar de la retórica y constante amenaza iraní sobre la destrucción del Estado de Israel e
intimidaciones a Occidente y a los países árabes vecinos, en el marco de la guerra actual entre Irán,
Israel y Estados Unidos, los líderes europeos adoptaron posturas tibias o nulas guiadas por
conveniencia política y económica, que favorecen amplia y directamente al terrorismo de Irán y
de los grupos terroristas que este financia.
Es difícil aceptar esta contradicción entre los “valores ilustrados” que Europa dice defender y la
“política real” (realpolitik) que termina beneficiando sin lugar a dudas a una teocracia.
Seguramente no es falta de inteligencia de las cabezas que gobiernan Europa, sino un cálculo cínico
para seguir en el poder, una ceguera voluntaria.
Israel, un país de innovación, de diversidad religiosa (donde un juez árabe puede juzgar y
sentenciar a un presidente judío, hecho que ocurrió en 2010), y que defiende las libertades
civiles. Y la contracara de Irán, un régimen que cuelga a disidentes de grúas, persigue y mata a
mujeres por no usar el velo en sus cabezas, financia el terrorismo global y que claramente no oculta
sus intenciones, lo dice abiertamente: Israel es el “Pequeño Satán” y Estados Unidos (y por
extensión Occidente) es el “Gran Satán”, a quienes hay que destruir.
¿Cómo puede entonces, un líder europeo hablar de “derechos humanos” en Bruselas, por ejemplo
y mantener canales financieros o diplomáticos abiertos con Teherán sin exigir el fin de su discurso
de odio racial e incitación al odio? Es una doble moral, un lenguaje hipócrita común en los
gobernantes actuales y no solo europeos.
Los describiría como administradores de la decadencia en lugar de defensores de la civilización.
Gobernantes cortoplacistas que prefieren evitar un conflicto diplomático hoy, aunque esto
signifique fortalecer a un monstruo que mañana golpeará su propia puerta.
Es aterrador pensar en manos de quién está Europa. Resulta nefasto que líderes educados en la
libertad elijan el silencio frente a un régimen que celebra la muerte como política de Estado,
mientras Israel es juzgado con un microscopio de exigencia moral que jamás se aplica a la
oscuridad medieval de Teherán.
La situación actual y el antisemitismo creciente son incomprensibles en el siglo XXI. Mientras
los líderes de las democracias europeas se pierden en eufemismos diplomáticos y silencios que
gritan cobardía, frente a verdades evidentes, el régimen de Irán habla con una claridad que aturde.
El 9 de abril de 2026, el jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán (AEOI, por sus siglas
en inglés), Mohammad Eslami, dijo en forma tajante que cualquier exigencia de Occidente para
restringir el enriquecimiento de uranio es solo un deseo que quedará enterrado. Y esta
declaración no es un alarde vacío ni inconsistente; el Organismo Internacional de Energía Atómica
advirtió y advierte que Teherán posee uranio enriquecido suficiente para fabricar una decena de
bombas nucleares en cuestión de días.
La brutalidad del lenguaje y el accionar del gobierno iraní contrastan dolorosamente con la
pasividad europea y su discurso cínico hacia el Estado de Israel, donde conviven libremente las
tres religiones más importantes, donde árabes musulmanes forman parte del Parlamento (Kneset),
jueces cristianos juzgan a ciudadanos por igual en la Corte Suprema de Justicia y ciudadanos de
todas las confesiones gozan de los mismos derechos civiles. Este es el dato que las cabezas que
gobiernan Europa saben, pero “prefieren no ver” para no incomodar a Irán.
Al final, la pregunta no es si estos líderes europeos saben la verdad, sino por qué eligen ignorarla.
La respuesta es una falaz idea de supervivencia: no quieren incomodar a Irán porque temen que el
régimen use su ‘botón de pánico’ disparando los precios de la energía y hundiendo sus economías
antes de las próximas elecciones en sus países.
Prefieren atacar a Israel porque es una democracia que acepta la crítica, mientras que confrontar a
Irán implica enfrentarse a una tiranía que responde con extorsión y amenazas.
Lo que estamos viendo es la cobardía de quienes prefieren sacrificar a un aliado moral para
comprar un poco de tiempo y una falsa estabilidad económica, favoreciendo descaradamente la
persecución de personas por su origen y religión.
Rut Rabinow
Periodista
Israel
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