“Puta judía” – Editorial
El reciente ataque antisemita contra la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum —reducida en un grafiti a un insulto que utiliza su origen judío como arma— revela un mecanismo que va más allá de la política coyuntural. La escena expone, con crudeza y sin estridencias, cómo ciertos prejuicios permanecen latentes en las sociedades, aun cuando pretendan haberlos superado.
Sigmund Freud sostenía que aquello que se reprime sin elaborar, aquello que se niega de manera insistente, regresa inevitablemente bajo nuevas formas: como inhibición, como síntoma o como angustia. Algo similar parece operar aquí. América Latina ha proclamado durante décadas su vocación plural y su rechazo a la discriminación; sin embargo, en el momento de la tensión social, lo reprimido aflora. No emerge la crítica política razonada, sino el resabio primitivo: “judía” como estigma, como si la identidad fuera una falta y no una parte legítima del entramado ciudadano.
Ese retorno de lo negado no es solo una expresión individual, sino un síntoma colectivo. Cuando una sociedad no enfrenta a fondo sus prejuicios, estos regresan en su forma más reactiva, sin matices, como si el inconsciente social buscara un blanco fácil para depositar su malestar. Y lo hace incluso con quienes, como Sheinbaum, han vivido alejadas de cualquier reivindicación identitaria.
La pregunta que queda es cuánto de lo que creemos superado sigue simplemente en estado de latencia. Tal vez el episodio no hable tanto de una dirigente específica, sino de la necesidad de revisar qué estructuras internas no hemos procesado. Porque, como advertía Freud, lo que se intenta esconder no desaparece: vuelve, y cuando vuelve, suele hacerlo como señal de que aún queda un trabajo por hacer.
Escuche las reflexiones de nuestro director.
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