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Misiles sobre Haifa, sirenas en Nahariya: el norte de Israel en alerta – Yeyo Iudchak

Desde Nahariya, al norte de Israel, el testimonio de un argentino que vive bajo las alertas pero con resiliencia

Mientras el conflicto entre Israel e Irán escala en intensidad, las ciudades del norte israelí, cercanas a la frontera con el Líbano, viven una realidad tensa y desigual. Nahariya, una localidad costera ubicada a pocos kilómetros del límite con el Líbano, se ha convertido en una zona de paso de misiles y drones lanzados por fuerzas iraníes o sus aliados en la región. Aunque la ciudad no ha sido blanco directo de los ataques, las sirenas antimisiles y las alertas constantes marcan la rutina de sus habitantes.

“En Nahariya suenan las sirenas por los misiles que vienen desde Irán hacia Haifa o zonas sensibles. A veces pasan por arriba, pero no impactan aquí”, cuenta Yeyo Iudchak, un argentino que vive en la ciudad desde hace años.

La vida cotidiana transcurre en una extraña combinación de normalidad y tensión. Muchos comercios permanecen cerrados, el transporte público opera de manera intermitente y la actividad en espacios públicos se ha reducido. Sin embargo, algunos aspectos de la vida urbana continúan con una calma relativa. “La gente va a la playa, corre, hace ejercicio, y algunos comercios esenciales siguen abiertos”, explica Iudchak. “Es como si la gente intentara sostener cierta normalidad a pesar de todo.”

Uno de los elementos clave que permite esta continuidad es la infraestructura de seguridad. Nahariya cuenta con refugios públicos y un sistema de alertas eficiente. “Cuando suenan las sirenas, la gente tiene entre 30 y 60 segundos para buscar refugio. La mayoría ya sabe qué hacer, por experiencia. Aunque, si cae un misil directo sobre una casa, no hay mucho que hacer más allá de la protección del refugio”, relata el entrevistado.

La población local, acostumbrada a los vaivenes geopolíticos de la región, se muestra consciente de que el conflicto actual podría escalar, pero también considera que su desenlace será diplomático. “La mayoría entiende que esta guerra era inevitable. Piensan que los daños podrían haber sido mucho mayores, y que esto va a terminar en una mesa de negociación”, sostiene Iudchak. En cuanto al rol de Estados Unidos, perciben que “su participación directa es poco probable, más allá del apoyo político o logístico”.

El impacto más grave en la zona se vivió en Haifa, ciudad portuaria cercana a Nahariya, donde un misil cayó cerca de un complejo petroquímico, provocando la muerte de tres personas. El hecho evidenció la amenaza real que enfrentan los centros urbanos del norte de Israel, incluso aquellos que no están en la primera línea de fuego.

La resiliencia de la población de Nahariya, como la de muchas otras comunidades en zonas de conflicto, es una muestra de cómo la vida continúa incluso en medio de la incertidumbre. “Acá estamos. Alertas, pero firmes”, concluye Iudchak.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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