Tambores de Guerra

Mañana 8 de mayo, se cumplirán 50 años del fin de la 2da. G.M. en Occidente, y sin embargo, pasado un cuarto del presente Siglo, las crisis, los conflictos, la violencia y la puja por Poder Global están más presentes, la guerra entre Rusia y Ucrania, la irresuelta entre Israel y las organizaciones terroristas palestinas, Hamas y Yihad Islámica, más los Hutíes, la incierta situación de la Siria pos dictadura del clan Al Assad, la amenaza del programa nuclear militar de Irán, las no tan difundidas matanzas y limpiezas étnicas en Sudán y Myanmar, las tensiones en torno a Taiwán, la crisis entre las dos Coreas, y más reciente, el reavivamiento del conflicto Indo-Pakistaní, el tema de la columna de hoy.
Como es costumbre, voy a apelar a la Historia, a modo de introducción al conflicto “indo-pakistaní”, el que ahora enciende nuevamente las alarmas en el ya crítico escenario asiático, pues los actores enfrentados, son dos potencias con arsenales nucleares, la Federación India y la República de Pakistán.
Comencemos, el Reino de Cachemira se remonta a unos 4 mil años, su nombre deriva de la lengua khasi, que era el pueblo que habitó esa región montañosa antes de la Era Común, y originalmente constituyó un centro de la cultura hindú, tal como lo refleja Los Cantares de Maharabata, un verdadero testimonio de esa expresión cultural, pero en el 245 a.e.c., hace su ingreso a la región el budismo, y luego a mitad del siglo XIV, fue el turno del Islam, controlando por dos siglos esa región, y para finales del siglo XVI, el emperador mongol Akbar conquistó Cachemira, que pasó a formar parte de su imperio entre 1586 y 1592.
Para 1819, tras un período de gobierno afgano, la región fue conquistada por Ranjit Singh, quién estableció su capital en la ciudad de Lahore, siendo así parte del reinado sikh, la expresión reformada del Hinduísmo, luego en 1845, el Imperio Británico derrota al maharajá de Lahore, quién debió firmar un año más tarde, el Tratado por el que cedía a los ingleses todos los territorios entre los ríos Beas e Indus, lo que incluía el territorio de Cachemira, pero al año siguiente, Londres lo cede a modo de comodato, en el Acuerdo de Amristar, a Gulah Singh, los territorios entre los ríos Indus y Ravi, dando origen así al Estado de Jammu-Cachemira, más las comarcas de Ladash y Balistán, a cambio de lealtad a la corona británica, y de esta manera, este nuevo Estado pasó a formar parte de los 562 Principados-Provincias indias, que conformaron el Virreinato de la India, en el que desde el punto de vista del status jurídico, estos Principados, poseían autonomía propia a cambio de la protección de la Corona inglesa, siendo entonces considerados súbditos de Su Majestad, situación que se prolongó hasta la finalización de la 2da. G.M., cuando Londres decidió la división del virreinato, tomando como parámetros factores étnicos y religiosos, y así surgieron dos entidades, una musulmana, Pakistán Occidental y Oriental, y otra hindú, la Federación India, en este escenario, el maharajá de Jammu-Cachemira, no quería formar parte ni de uno ni otro Estado, sin embargo el último virrey británico, Lord Louis Mountbatten, en junio de 1947, amenazó al maharajá, con el no reconocimiento y su exclusión del Commonwealth, en una palabra, no contaría con la protección de Londres, mientras, el 15 de agosto de aquel año, se declara la independencia de Pakistán y la India.
Pero más allá del hecho consumado, la independencia de ambas entidades, el maharajá de Jammu-Cachemira se obstinó en su propia soberanía, en que la mayoría de la población era musulmana, y el gobierno y la minoría era hindú, pero en octubre de 1947, soldados pakistaníes invadieron aquella región, tomando el control de la ciudad de Pooch, en el occidente de Cachemira, y con la intensión de marchar sobre la capital, Srinagar, por lo cual el maharajá solicitó el auxilio del gobernador general de la India, el ya mencionado Lord Mountbatten, quién condicionó el pedido, a que aceptara formar parte del Estado Indio, y si bien el maharajá intentó un trato con Pakistán, no le quedó otra alternativa que aceptar la proposición y firmó la Declaración de Accesión a la India, y respetar el Acta de Gobierno del Virreinato de la India de 1935, que es un documento preconstitucional, incluido en la Declaración de Independencia de la Federación India, y que contemplaba una relativa soberanía de los otrora Principados autónomos.
En ese escenario, el maharajá nombró como Jefe de Gobierno al líder musulmán Mohamed Abdullah, quién ejerció el cargo desde octubre de 1947 hasta el mismo mes de 1953, cuando fue arrestado por orden del 1er. Ministro hindú Nehru, y esto marcó el inicio de las crisis y los conflictos en el seno de la sociedad cachemir, pues como se señaló, la mayoría musulmana quería su anexión a Pakistán, mientras que la minoría hindú, liderada por el maharajá Sari Hari Singh, se opuso y reprimió al movimiento popular pro-pakistaní, y estas circunstancias propiciaron el inicio de las tres guerras Indo-pakistaníes.
Sin extenderme en el desarrollo de los tres conflictos, el 1ro. de 1947 a 1948, finalizó con la intervención de la ONU, que estableció un cese de las hostilidades y una Línea de Control, que separaba la región occidental de la oriental de Cachemira, el 2do. en 1965, finaliza con la firma de los Acuerdos de Tashkent, que no varió en relación a la situación previa, pero fue el punto de partida de la carrera armamentística entre ambas partes, en particular en lo referente a sus arsenales nucleares a partir de la siguiente década, y el 3ro. en 1971, que como los dos anteriores, el resultado favoreció a la Federación India, pero se puede señalar que en este último, en el marco de una guerra civil pakistaní, la provincia bengalí de Pakistán Oriental, logró su autonomía con ayuda de la India, convirtiéndose en la actual República de Bangladesh, y lo cierto es, que en lo que respecta a la región de Jammu-Cachemira, la crisis fronteriza entre Nueva Delhi e Islamabad, y los enfrentamientos entre pakistaníes e hindúes han sido recurrentes, con menor y mayor intensidad, como lo fue en 1999, con la incursión pakistaní en la zona de Cargil, que tuvo como respuesta la Operación Vijay por parte de la India, que despertó los temores a nivel internacional, en cuanto a que los actores enfrentados pudieran hacer uso de armas nucleares, y decantó en un Golpe de Estado en Pakistán, y la llegada al poder del Gral. Pervez Musharraf, y ya en el presente siglo los incidentes no cesaron, como en el 2016 un ataque terrorista en la zona de Uri, atribuido a los pakistaníes, que llevó al ejército hindú a atacar los asentamiento militares de las fuerzas de Pakistán ubicados en la llamada Línea de Control, luego en el 2019, fue un ataque suicida en Pulwama, India, que respondió con ataques aéreos sobre la ciudad de Balacot, Pakistán, en fin, una relación conflictiva que reúne factores étnicos, religiosos, políticos y geopolíticos.
En lo que hace a este último factor, las alianzas estratégicas han ido variando, por el caso, Pakistán pasó de ser un aliado relevante de EE.UU., durante la Guerra Fría, ha ser un actor clave para China, en relación al Corredor Económico que se extiende, desde Xinjiang, en territorio chino a la ciudad-puerto de Qwadar, en las costas pakistaníes en el Índico, muy cerca del Estrecho de Ormuz, y no podemos omitir, las tensiones fronterizas entre Beijing y Nueva Delhi, situación que ha llevado a que India se alinee con el bloque occidental, hecho que se materializó con la Alianza Quad o de Seguridad Cuadrilateral, conformada por, EE.UU., Australia, Japón e India. No obstante, el gobierno indio se ha caracterizado por su pragmatismo, pues necesita del gas y el petróleo de Rusia, que también le provee armamento.
Así las cosas, el pasado 22 de abril, se produjo un ataque terrorista en la localidad de Pahalgam, región de Cachemira, que tuvo como saldo 26 víctimas fatales, 25 hindúes y 1 nepalés, el atentado más grave en lo que va de los últimos 10 años, por el que el gobierno nacionalista del 1er. Ministro indio Narendra Modi, responsabilizó a las milicias con asiento, y armadas y entrenadas por Pakistán, que por supuesto negó toda implicancia, pese a lo cual, Nueva Delhi tomó duras y firmes medidas, tales como, cancelación de visados a pakistaníes, el cierre de los pasos fronterizos con Pakistán, la expulsión de los diplomáticos de ese país y el retiro de los propios de Islamabad, pero lo más importante, suspendió el Acuerdo de Aguas del río Indo, de 1960, que contó con la mediación del Banco Mundial, el que contempla el uso compartido de dicha vía fluvial y de sus afluentes, con lo cual, India le ocasiona un grave problema a la economía pakistaní, en particular en el sector agrícola, que constituye el 80% de su actividad económica y que ocupa al 50% de la población, un detalle no menor, teniendo en cuenta que gran parte del territorio de Pakistán es árido y semiárido.
Por su parte Islamabad no tardó en responder, su presidente, Asif Alí Zardari dispuso, el cierre del espacio aéreo a vuelos hindúes, suspendió los Acuerdos bilaterales, entre éstos, el de SIMLA de 1972, que establece que los conflictos entre ambos países deben resolverse de forma pacífica, y consideró que la suspensión del ya mencionado Acuerdo de Aguas, es un acto de guerra, y que Pakistán está preparado para enfrentar un conflicto armado con la India, lo concreto es, que ahora ambas partes han movilizado sus FF.AA., y ya se registraron enfrentamientos con armas ligeras entre sus ejércitos.
En este escenario, la República Islámica de Irán ha desplegado sus fuerzas en la frontera con Pakistán, con motivo de evitar que el conflicto indo-pakistaní pueda afectar al régimen de Teherán, en particular, desde la región de Baluchistán, cuya población busca la independencia, tanto de Irán como de Pakistán, donde en el último tiempo han estado muy activos los movimientos guerrilleros irredentistas baluchistaníes, que según Islamabad reciben el apoyo logístico de Nueva Delhi.
Ahora bien, veamos como lo confesional, la política interna y la geopolítica, se interrelacionan, en principio, el mismo día del último atentado terrorista en Pahalgam, ocurrió cuando arribaba a India el vice-presidente de los EE.UU., David Vance, en una visita de 4 días, y coincidencia o no, algo similar sucedió cuando el entonces presidente Bill Clinton, hizo lo propio para mejorar las relaciones entre Washington y Nueva Delhi, y se dio un atentado, en un zona cercana al perpetrado el 22 de abril ppdo., que causó 36 víctimas mortales, con lo cual, el mensaje ahora sería, mostrar a los EE.UU., que la India está lejos de brindar seguridad en las zonas que controla en la región de Cachemira.
Esto me lleva a preguntarme, quién es el Grupo Frente de Resistencia, que se adjudicó el atentado reciente, pues bien, el objetivo de esta organización terrorista islamista radical es, que Cachemira es sólo para los cachemires, y ha declarado, que su accionar es una respuesta a un reemplazo poblacional dirigido por Nueva Delhi, con un programa que ha puesto en marcha desde el 2019, con la reubicación de más de 1 millón de hindúes, y así reducir completamente a la población musulmana de Cachemira, de ahí, que ésta organización terrorista se formara en el 2019, tras la derogación por parte del gobierno indio del Art. 370 de la Constitución Hindú, que le otorgaba un status de autonomía al Estado de Jammu-Cachemira, y que en aquel momento motivó, a que el grupo terrorista islamista más grande de aquella región, el Lashkar e Toiba, perpetrara un ataque que causó la muerte de 46 efectivos del ejército indio, lo que a su vez llevó al gobierno de Nueva Delhi, a tomar el control exclusivo y excluyente de Cachemira, y que derivó en limitar la libertad de expresión y reunión, las detenciones arbitrarias, y las restricciones en la Internet, todo lo cual, ha significado el fin de la autonomía cachemir.
Sin embargo, hay una diferencia con otros ataques de Frente de Resistencia, en donde se centraban en las fuerzas armadas y policiales hindúes, y también en docentes, empresarios y políticos no musulmanes, mientras que en este último tuvo como blanco indiscriminado, a civiles, a turistas, lo que deja abierta la conjetura, que el Frente haya sido el brazo ejecutor del ya mencionado Lashkar e Toiba, que es la mayor y principal organización terrorista islamista de la región, y que está respaldado por Pakistán, una actividad que viene realizando Islamabad desde los años 80, a través de su Servicio de Inteligencia, el conocido ISI, que en aquella época era apoyado por Washington, y tenía el objetivo de debilitar a los soviéticos, financiando y armando a los Mujaidines, la génesis del Talibán, y ahora, el porqué Pakistán apoya a estos grupos yihadistas, es en pos de un histórico reclamo, Cachemira, y es una prueba de la estrategia que los pakistaníes denominan, “desangrar a la India con mil cortes”.
Y este apoyo de Islamabad, también tiene como antecedentes más allá de la región en litigio, los ataques terroristas yihadistas al Parlamento Hindú en el 2001 y el de Mombay en el 2008, y es lo que lleva a Nueva Delhi a responsabilizar a Islamabad, de seguir financiando y armando a esos grupos islamistas, más allá de las declaraciones del 1er. Ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, de hace algo más de un mes, que dijo, “que estaban luchando por erradicar el terrorismo de su país…”, pero me pregunto, ¿a que terrorismo se refiere?, pues en tierras pakistaníes hay grupos terroristas como, el Ejército de Liberación de Baluchistán o el Talibán pakistaní, que enfrentan a Islamabad, pero no parece incluir a los grupos islamistas radicales que actúan en Cachemira.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: en el actual escenario el problema es, que la escalada se agudice, constituyendo una situación peligrosa con un conflicto armado a gran escala, mientras que las partes implementan en lo inmediato, duras medidas diplomáticas, comerciales y declaraciones belicistas, pero si se saliera de control, no hay que olvidar que los dos países poseen un arsenal nuclear, prácticamente similar, hablamos de aproximadamente 180 ojivas cada uno, y una cantidad casi igual de misiles capaces de llevar carga nuclear, sin embargo, en este escenario, por el lado de China, si bien ha apoyado a Pakistán, no se beneficia con un conflicto a gran escala entre Islamabad y Nueva Delhi, en función de sus objetivos geoeconómicos, como el citado “Corredor Xinjiang-Qwadar”, en el que ha invertido más de U$S 25.000 millones, y para los EE.UU., tampoco es conveniente otro conflicto armado activo, cuando aún no ha podido solucionar el ruso-ucraniano, la irresoluta situación en Medio Oriente y en el medio de las múltiples negociaciones en relación a la política arancelaria esgrimida por el presidente Donald Trump, y sin olvidar, la cuestión Taiwán y la crisis de las dos Coreas, sin embargo suenan los tambores de guerra, por esto, la frase elegida para terminar es de Tucídides, general e historiador ateniense del Siglo V a.e.c., autor de la obra “La Guerra del Peloponeso”, que dijo, “No hay victoria verdadera en la guerra, sólo un cambio en el poder, y la guerra, es el último recurso de los incompetentes”.-
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