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Al-Ándalus: la obsesión de los yihadistas

España vuelve a ser uno de los objetivos principales de las organizaciones terroristas islámicas. Recuperar esa zona de España es una de las fijaciones islamistas. Pero su visión de esta época es una manipulación histórica para justificar la invasión.

Por Yoel Meilan

España vuelve a ser uno de los objetivos principales de las organizaciones terroristas islámicas. Hace pocos días se ha vuelto a recuperar la vieja idea de hacer la yihad –guerra santa– contra nuestra nación. Así lo ha recalcado hace poco el Estado Islámico en los números 409 y 411 de la revista «Al-Naba», una de sus publicaciones más conocidas y leídas. En estos documentos, más concretamente en el volumen 411, se afirma que ante el reciente estallido del conflicto entre Israel y Hamás es necesario conquistar en guerra santa «Al Quds [Jerusalén], La Meca y al-Ándalus». No obstante, esto lleva siendo habitual muchos años en el radicalismo islámico y, por ejemplo, en uno de los casos más mediáticos, el 11 de junio de 2017, el imam Ayman Khamis, un reputado sacerdote egipcio, en la cadena de televisión Mekameelen, abogaba por la defensa a ultranza de Hamás y la reconquista de Jerusalén y al-Ándalus como máximos deberes de un musulmán.

La propia Hamás ha exigido recientemente la necesidad de una yihad global. Khaled Mashaal, uno de los jerarcas más importantes de la organización palestina, deja en claro que el mundo islámico, la «umma» –comunidad de creyentes–, debe organizarse para luchar contra Occidente. Así, Mashaal reclamaba a los imames que alentasen a la guerra santa, diciendo que para «los eruditos que enseñan la yihad por la causa de Dios y que predican a los combatientes y a los mártires, a todos los que enseñan y aprenden, éste es un momento de aplicación para que las palabras no sean sólo palabras».

El Estado Islámico anhela conquistar, a través de la yihad, Jerusalén, La Meca y al-Ándalus
Y ahora bien, ¿A qué se debe esta obsesión por España y el al-Ándalus? Sencillo, responde a un mito muy arraigado en la cultura musulmana y más aún en la forma de ver el mundo de los islamistas. Para estos grupos, el al-Ándalus, la España musulmana, representa el momento de máxima extensión del Califato Omeya, el mayor imperio genuinamente musulmán que se ha visto en la historia. De la misma manera, recuerda a estas formaciones integristas los momentos donde el islam se expandía sin pausa por todo el mundo, derrotando a grandes naciones, como el Imperio Bizantino o el Reino Visigodo de Toledo. Un pequeño momento en la historia en la que las fuerzas de la media luna erran irrefrenables.

Máxima expansión

Estudiosos del mundo islámico, como Mustafa Kabha, han remarcado cómo al-Ándalus es el gran mito fundacional de buena parte del islamismo moderno. Al-Ándalus, de forma simbólica, representa esta idea de la máxima expansión territorial y la mayor gloria a Alá. En este sentido, la misión de la reconquista de esta región de España es entendida como una misión sagrada que permitirá recuperar esa tierra que, según su punto de vista, fue una arcadia feliz donde la población se convirtió masivamente y el islam triunfó por encima de todas las demás  religiones.

España cae bajo dominio musulmán a partir del año 711 tras la Batalla de Guadalete. El dominio islámico de una parte de España sería largo, durando casi 8 siglos, hasta la toma del Reino Nazarí de Granada en el 1492 a manos de los Reyes Católicos. No obstante, y al contrario de lo que afirman los grupos islamistas, cabe preguntarse si España fue realmente alguna vez «musulmana», al menos de la manera tan absoluta en que ellos lo comprenden. Por supuesto, y esto es innegable, hubo una gran influencia en aspectos como la agricultura o la lengua, incluso en algunos ritos cristianos. Difícil es negar esta realidad, y tampoco es necesario.

En al-Ándalus consideraban inferiores a los hispanorromanos y a los visigodos
Los islamistas afirman de forma vehemente que existió una armonización de la población alrededor del islam. Y si bien que hubo grandes conversiones al islam en los primeros años de la conquista, esto se debe, principalmente, a la intención de buena parte de la población de evitar la llamada «yizia», un impuesto a aquellas personas que, viviendo en territorio musulmán, no profesasen esta fe. No obstante, la mayoría de la población conversa fue tratada de una forma brutalmente discriminatoria. Como recoge el historiador Roberto Marín Guzmán, los árabes «en al-Ándalus consideraban a los hispanorromanos y a los visigodos inferiores y no los trataban con igualdad aún después de la conversión». Esto genero numerosos conflictos internos, causando rebeliones y caos y facilitando que bastante de esta población escapase a territorio cristiano o estuviese en constante conflicto con las instituciones. Hubo arabización, enorme de hecho, pero la situación de los hispanorromanos no fue la de una armonía feliz, puesto que se consideró a los habitantes autóctonos como una suerte de ciudadanos de segunda, con menos derechos y prestigio.

De la misma manera, buena parte de la población no llegó a convertirse nunca hasta que la persecución fue incontrolable. Los llamados mozárabes fueron aquellos que, incluso con la presión social y económica, se negaron a cambiar su religión y mantuvieron los ritos cristianos. Estos fueron, durante la mayoría de la existencia de al-Ándalus, una clara mayoría. Según el historiador y profesor de la Universidad de Columbia Richard W. Bulliet, a finales del siglo VIII sólo el 10% de los andalusíes era musulmanes, un 20% un siglo después, a mediados del X, cuando el Califato estaba en su mejor momento, un 50%, y tan sólo a finales del siglo XI, cuando el territorio musulmán ya se había reducido sensiblemente y tras una cruenta persecución a los cristianos, se alcanzó el 80%.

España cae bajo dominio musulmán a partir del año 711 tras la Batalla de Guadalete

Tanta era su presencia y relevancia que eran, como se ha visto, una clara mayoría hasta el siglo XI, y durante varios siglos se sucedieron persecuciones y ataques a los cristianos como los de Abderramán II, que en el siglo IX ordenó la ejecución de los llamados Mártires de Córdoba. También en el siglo X Al-Hakam II crucificó a decenas de cristianos en el gueto mozárabe de la misma ciudad. Muchos de estos individuos fueron escapando, a causa de la persecución, a las tierras cristianas a lo largo de los siglos X y XI, perdiendo la influencia en el territorio musulmán, pero representando un empuje indispensable para los intentos de los reinos cristianos de expandirse.

En segundo lugar, y al contrario de la visión de estos grupos, España nunca fue completamente musulmana, ni siquiera lo fue la mitad del país durante mucho tiempo. No cabe olvidarse la temprana expansión de los Reinos de Asturias y León tras la Batalla de Simancas del 939, y el avance los condados catalanes en el oeste peninsular. Durante siglos los musulmanes no lograron asentarse, sino que retrocedieron constante y paulatinamente, siendo en ocasiones dominados por los reinos cristianos, como por ejemplo durante los primeros reinos de taifas tras el año 1031. Esos supuestos 800 años de dominación musulmana que reclaman son, en el mejor de los casos, una exageración. Y es que desde el año 1212, con la batalla de las Navas de Tolosa, la práctica totalidad de lo que hoy consideramos España –y Portugal también– se encontraba bajo dominio cristiano.

Ante las versiones interesadas de la historia hay que aportar hechos que las desmonten

En este sentido, la historiografía no apoya la idea de una España completamente dominada por el islam, donde la fe de Mahoma logró expandirse y dominar el territorio sin dificultad. Más bien todo lo contrario, pues el dominio musulmán nunca fue pleno ni la integración y arabización una norma general en la península ibérica. Y es que, en este sentido, es importante recalcar lo que afirmaba el experto en islamismo Manuel Ricardo Torres en una entrevista a BBC en el 2014, afirmando que la visión de la historia de estos grupos radicales pretende siempre crear una narrativa de legitimidad para poder justificar sus acciones, incluso yendo en contra de la realidad. Pues: «[Para el salafismo yihadista] hay una sacralización de la tierra. Cualquier territorio que haya formado parte del islam en algún momento siempre va a formar parte del islam. No importa que se haya perdido el control hace siglos, que los musulmanes no existan o sean una minoría en ese territorio. Eso es tierra islámica y quienes la ocupan son invasores».

En este sentido, es siempre importante que ante estas versiones interesadas de la historia haya respuesta y que sean los datos y los hechos los que desmonten esas ideas. Porque, en resumen, y digan estos grupos lo que digan, la realidad les contradice.

PERO NO SÓLO AL-ÁNDALUS…

Esta visión de la Península Ibérica como un territorio que debería ser musulmán no afecta sólo a lo que fue al-Ándalus. En su lugar, prácticamente cualquier región de la zona está bajo el peligro de ser reclamada en nombre de la gran yihad. Recientemente, sobre todo a partir de 2021 y 2022, otras regiones del país como las Islas Canarias han comenzado a aparecer en la propaganda de los grupos islamistas como parte del al-Ándalus, pese a que jamás estuvieron bajo dominio musulmán directo. Formaciones como los Murabitunes, desde el 2016 parte del Estado Islámico, y cuya zona de actuación es principalmente el Magreb y el Norte de África, han remarcado enormemente en su propaganda que no sólo debe ser el objetivo al-Ándalus, sino cualquier región de España en la que exista población musulmana o que, en algún momento, haya habido núcleos de población. El mito de la España musulmana no se limitaría a las fronteras históricas del al-Ándalus, sino que su narrativa ahistórica se proyecta hacia cualquier lugar que pueda ser identificado como una región que debería pertenecerles, lo haya hecho en algún momento o no.

Fuente: La Razón.

 

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