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¿Hamás felicita a naciones sudamericanas? Claves de una vergüenza diplomática regional

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Esta semana, los gobiernos de Chile y Colombia decidieron retirar temporalmente a sus embajadores en el Estado de Israel, en el contexto del conflicto que enfrenta al Estado judío con el grupo terrorista Hamás. Por su parte, Bolivia anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con el país.

De acuerdo a diferentes reportes de Radio Televisión Española (RTVE), Infobae y otros medios latinoamericanos, el grupo extremista habría saludado las decisiones de estos tres gobiernos, por medio de un comunicado atribuido a su dirigencia. “Estas posiciones honorables quedarán inmortalizadas en el historial de aquellos países que rechazan la agresión y triunfan por la justicia de nuestra causa y por los derechos de nuestro pueblo a la libertad y la autodeterminación” asegura el pronunciamiento, en el que además se hace mención a Israel como una “entidad nazi-sionista”, y a la intervención terrestre en Gaza como “agresión fascista y masacre atroz contra la Franja de Gaza”.

La inmediata reacción del gobierno de Israel ha sido una declaración con respecto al impasse diplomático con La Paz, asegurando que dicha decisión representa una “rendición ante el terrorismo” y un triunfo del régimen de los ayatolás en Irán.

En política no existen coincidencias; por tanto, el objetivo del presente artículo es explicar las claves de esta situación desde la comparación e identificación de patrones que han llevado a estos países a interrumpir sus relaciones diplomáticas con Israel.

El caso boliviano: un historial de desencuentros

Una primera clave apunta a la penetración de intereses iraníes mediante la Alternativa Bolivariana de América Latina y el Caribe (ALBA), entidad que tuvo una fuerte relación con el régimen de Mahmoud Ahmadineyad y que encontró en su aliado una necesidad mutua para evadir los bloqueos económicos y las sanciones internacionales. Así, desde 2007 se hicieron comunes las visitas del presidente iraní a territorio altiplánico, donde se firmaron acuerdos de cooperación económica.

El gobierno boliviano ya había decidido en el pasado romper relaciones diplomáticas con Israel. Fue en 2009, en el contexto de la operación israelí “Plomo Fundido”. Dicha operación incluyó una incursión terrestre en Gaza, luego de que Hamás violara el cese al fuego acordado el 19 de diciembre previo y empezara a lanzar cientos de misiles contra el territorio israelí; frente a los ataques israelíes contra objetivos terroristas (Ministerio de Interior de Hamás, la Universidad Islámica de Gaza, entre otros) y la cantidad de muertos reportados por los bombardeos, diferentes entes políticos como la Liga Árabe y Rusia exigían una condena contra el gobierno israelí.

En aquella ocasión, el entonces presidente Evo Morales declaró que “no sería cómplice de un genocidio”, disolviendo sus relaciones diplomáticas con Israel (junto al régimen chavista de Venezuela) y exigiendo sin éxito a la Corte Penal Internacional cargos por “genocidio” contra altos funcionarios israelíes. Su decisión terminó con más de 50 años de cooperación entre ambos países.

El gobierno transitorio de Jeanine Áñez (2019) restableció el vínculo, asegurando que se realizaba “una rectificación en la política exterior del país”. Sin embargo, desde la asunción de Luis Arce al poder en Bolivia (2020) el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) decidió reanudar la exigencia de visas para ciudadanos estadounidenses e israelíes; a su vez, se hicieron evidentes sus nexos con el régimen fundamentalista de Irán, patrocinador de la organización terrorista Hamás. El pasado mes de julio, los gobiernos de ambos países firmaron un memorándum de entendimiento para ampliar la cooperación bilateral en el campo de seguridad y de defensa, según informó la agencia estatal persa IRNA.

Analistas internacionales como Angus McNelly (investigadora de la Universidad Queen Mary de Londres) asegura que hay dos puntos importantes a considerar para entender esta decisión: 1) la orientación ideológica del gobierno y sus lazos históricos con Irán, y 2) la pugna de poder que existe entre los líderes del Movimiento al Socialismo boliviano. Para McNelly, la ruptura de relaciones con Israel es también un fortalecimiento de sus bases, bajo la idea de que sus reivindicaciones “contra el poder estadounidense” son también compartidas con los palestinos. Asimismo, la lucha entre Evo Morales y Luis Arce precipita una prisa por mostrarse como políticos consecuentes frente a su público objetivo.

Sin embargo, y como se ha mencionado en esta Radio, el vínculo de reciprocidad que une actualmente a Bolivia e Irán está en el intercambio de armamento y recursos militares: mientras Bolivia recibe drones iraníes para “el combate al narcotráfico” y asistencia en nanotecnología y renovación de armamento, Irán recibe litio boliviano bajo un proyecto de industrialización y exportación; este metal es estratégico y necesario para el desarrollo de armas nucleares.

Para mayor información sobre el caso, recomiendo el artículo del Dr. Jorge Suárez Saponaro para este medio.

Gustavo Petro y el caso colombiano: un discurso incoherente

Israel y Colombia mantuvieron oficialmente relaciones diplomáticas desde la década de 1950, estableciendo embajadas en Tel Aviv y Bogotá. El 10 de junio de 2013, ambos países firmaron un Tratado de Libre Comercio (TLC); este acuerdo reduce los aranceles a los productos industriales y agrícolas entre los dos países, y permite a las empresas e individuos israelíes invertir con mayor facilidad en la economía colombiana, considerada una de las más fuertes de Sudamérica. Se estima que las exportaciones israelíes hacia Colombia generan más de $ 143 millones de dólares en 2012, y consisten principalmente de equipos de comunicaciones, maquinaria, dispositivos eléctricos y mecánicos y productos químicos. Asimismo, en años previos Colombia adquirió armamento militar israelí: aviones, dispositivos no tripulados y sistemas de inteligencia, en contraposición a la presencia de Teherán en la vecina Venezuela.

Esta relación de cooperación próspera se ha visto interrumpida por la decisión del presidente colombiano Gustavo Petro de llamar en consulta a la embajadora Margarita Manjarrez, suspendiendo así las relaciones diplomáticas entre ambos países. La negativa del político y ex guerrillero colombiano a condenar los ataques de Hamás generó escaramuzas diplomáticas entre ambos países, generando incluso la reacción de Eylon Levi, portavoz del gobierno israelí que aseguró que las declaraciones de Petro “eran indignantes”; esto, refiriéndose a las constantes acusaciones del colombiano referidas a un “genocidio”, asegurando inexplicablemente que “Hamás es un invento del Mossad para dividir al pueblo palestino” por medio de su cuenta en X.

Según reportan medios de Colombia y Venezuela, el gobierno colombiano se encuentra en vías de firmar un convenio de cooperación con el régimen fundamentalista iraní para generar “desarrollo e intercambio cultural”. Por su parte, existe un documento diplomático titulado Irán, América Latina y Colombia recientemente develado por la prensa colombiana, en el que se expone el interés del gobierno iraní en el proceso de paz en Colombia. Relacionando los WikiLeaks (2011) relacionados a la presencia de más de 60 iraníes con pasaporte diplomático (entre personal de embajada y asesores militares) en el país, se apunta a la posible penetración de células de Hezbolá que ya se encuentran en otros países del continente y a las cuales se les proporcionarían armas en territorio nacional.

Para mayor información, recomiendo la carta abierta del Centro Wiesenthal en respuesta a Gustavo Petro y el artículo de David Rosenthal, ambos publicados en esta Radio.

El caso chileno: un historial de desencuentros entre Boric e Israel

El presidente chileno Gabriel Boric anunció su condena a las “graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario” por parte de Israel, llamando en consulta al embajador Jorge Carvajal y suspendiendo de esta forma las relaciones diplomáticas con el Estado judío. La decisión de Boric responde principalmente al llamado de su partido Convergencia Democrática y la presión de sectores de la comunidad palestina en el país, de acuerdo a declaraciones de Ariela Agosin (presidenta de la Comunidad Judía de Chile).

En casi 70 años de fructífera cooperación, Chile e Israel habían suscrito más de 20 acuerdos, versando materias tales como supresión de visas, asistencia en infraestructura comercial y pesquera, becas de MASHAV para emprendedores chilenos, entre otros.

Por el momento, dos ciudadanos con nacionalidad chilena se encuentran secuestrados por Hamás en la Franja de Gaza y cuatro han fallecido durante los intensos ataques desde territorio gazatí hacia Israel. Los esfuerzos diplomáticos chilenos fueron expresos, así como la condena hacia la violencia por parte de ambos bandos en el conflicto.

Sin embargo, la aversión del presidente chileno hacia el Estado de Israel no es un asunto nuevo. En 2022, Boric se negó a recibir las credenciales del nuevo embajador israelí Gil Artzyeli, mediante un desaire diplomático que se justificó bajo el motivo de “las acciones militares de las Fuerzas de Defensa de Israel en Yenín”. Previamente había rechazado públicamente un obsequio de la comunidad judía en Chile, acompañado de un mensaje con clara justificación política por medio de sus redes. El Centro Simón Wiesenthal, con presencia en el país trasandino, también ha acusado repetidamente al gobierno chileno de mantener una actitud hostil frente a Israel.

¿Y la Argentina?

El gobierno de Alberto Fernández, por medio de su canciller Santiago Cafiero, emitió el pasado 1 de noviembre un comunicado en el que expresa su condena a las acciones de Israel en el campo de refugiados de Jabalia, aunque aseguró que reconoce el derecho de Israel a su “legítima defensa”, condenando también los ataques del grupo terrorista Hamás. Sin embargo, figuras políticas en el país tales como Myriam Bregman (de ascendencia judía), Nicolás del Caño, Romina del Plá han acusado abiertamente al gobierno de Israel como “provocador de los ataques”.

El gobierno argentino ha asegurado que no tiene intenciones de romper relaciones diplomáticas con Israel, y ha manifestado su preocupación por cables diplomáticos filtrados entre Bolivia e Irán. De acuerdo a fuentes de la cancillería argentina, el país altiplánico ha venido entregando visas a ciudadanos iraníes desde su embajada “en condiciones mínimas de seguridad”.

La dirigencia de la comunidad judía personificada en DAIA ha criticado la posición del gobierno, asegurando que la Argentina debería diferenciarse de “actitudes pusilánimes” frente al conflicto en la región. Lo cierto es que el país ha tenido una rápida reacción contra los intentos de ataques antisemitas en las semanas previas, y ha gestionado la repatriación de nacionales que pidieron retornar a territorio argentino por motivos de seguridad.

A modo de conclusión

Podemos entender que existe un bucle ideológico, político y conveniente en las decisiones que han tomado Chile, Colombia y Bolivia con respecto a sus relaciones con el Estado de Israel. La infiltración de intereses del régimen fundamentalista iraní en Latinoamérica (sin haber mencionado los casos de Nicaragua y Venezuela) cambia la dirección del ajedrez diplomático en la región, inclinando la balanza de la política exterior hacia estas acciones.

Rompiendo con la tradición que mandan los principios del progresismo -en palabras de Yuval Noah Harari-, los gobiernos de izquierda política de la región se convierten en entes funcionales al conflicto, recibiendo congratulaciones de una organización extremista y sanguinaria como Hamás, que durante todo el desarrollo de este conflicto ha logrado un objetivo siniestro: ser visto como héroe, victimario y víctima en simultáneo.

No permitamos que la hipocresía y el silencio de representantes y figuras públicas silencie los atroces acontecimientos sucedidos en Medio Oriente. No dejemos que el terrorismo islámico y sus cómplices elijan la agenda y quiten el foco del verdadero motivo y origen de este conflicto: el asesinato, vejación y secuestro de civiles inocentes.

Que así sea.

 

Esteban Silva, para Radio Jai

Politólogo, Master of Arts en Estudios Migratorios por la Universidad de Tel Aviv (Israel).

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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