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La toma de la Bastilla, Siglo XXI

El 14 de julio de 1789, se produjo lo que se considera el primer acto de la Revolución Francesa, la toma de la Bastilla por un pueblo revolucionario, y simboliza la caída del Antiguo Régimen, del Absolutismo, del Despotismo, y más allá que desde la visión objetiva, el evento en lo político y lo estratégico ha sido sobrevaluado, trascendió no sólo a Francia, sino a su época, y quedó plasmado en la consigna, Libertad, Igualdad y Fraternidad.

 

Sin embargo, tras el período napoleónico y con la Restauración monárquica, Francia retomó su perfil de potencia colonial y expansionista, que se fue acentuando a medida que transcurría el Siglo XIX, reactivándose el comercio de esclavos, en particular africanos, con destino a América, tal como lo fue en el Siglo XVIII en la región de las Antillas, Haití, Martinica, Guadalupe y Santo Domingo, que en aquella primera etapa significó 1,3 millones de esclavos, un infame comercio que fue inmune a la Declaración Universal del Hombre y del Ciudadano, una actividad rentable no sólo para los traficantes, sino también para el gobierno francés.

 

En el Congreso de Berlín, de 1885, Francia como el resto de las potencias coloniales europeas, legitimó los territorios que ocupaba y fue ocupando en el África, y que constituyeron las colonias que retuvo hasta el final de la 2da Guerra Mundial, cuando en el marco del proceso de la descolonización, se dieron las “guerras de liberación”, en algunos casos particularmente sangrientas y atroces, como en Argelia entre 1954 y 1962, en el que las FF.AA. francesas cometieron infinidad de crímenes de guerra, nada nuevo desde la colonización de ese país africano en 1830, pero que durante el violento proceso de independencia argelina fue especialmente cruenta, por ejemplo, se enviaron unos 2 millones de argelinos a campos de prisioneros, que apenas sobrevivían en condiciones inhumanas.

 

Otro ejemplo, lo podemos encontrar en Madagascar cuando se dio el Movimiento de Liberación Malgache y estalló el conflicto armado que duró, de 1947 a 1949, tras el fracaso en 1945 del Manifiesto de los diputados de la Asamblea de Madagascar, que de forma legal y no cruenta, declaraban su independencia, sin embargo Francia procedió con brutalidad al reprimir a la población de la isla, más de 100 mil fueron los nativos muertos, tanto en enfrentamientos en combates como por ejecuciones sumarias colectivas.

 

Por su parte, en el África Occidental, el gobierno galo también procedió con igual violencia, pero son poco conocidos los Crímenes en Senegal, donde aquí no fue el accionar de un movimiento independentista, sino el reclamo de Justicia e Igualdad, fue la Masacre de Thiaroye, en la que fueron ejecutados soldados senegaleses que habían servido a Francia en la 2da Guerra Mundial, y exigían subsidios y pensiones en diciembre de 1944, sin embargo fueron asesinados, casi un centenar, y hasta la actualidad, sus descendientes siguen reclamando al gobierno francés la ubicación de las fosas comunes no declaradas, lo elevaría el número de víctimas antes señalado.

 

Tampoco, se puede dejar de mencionar el caso de Camerún, donde se produjo la Revolución de Bambileke, la que fue protagonizada por el Movimiento Nacionalista por lograr la independencia de su país, un conflicto armado que se inició en 1955 y que incluso prosiguió aún después de la independencia del país africano, en 1960, hasta prácticamente 1964, y que arrojó un saldo de aproximadamente 76 mil civiles muertos.

 

Obviamente nos centramos en el continente africano, no se incluyen los crímenes cometidos en las colonias francesas en Asia, Oceanía y América, pero más allá de estos ejemplos del más brutal neocolonialismo esgrimido por Francia, lo cierto es que a partir de la década de los año 60, debió enfrentar la ola de independentismo en sus colonias en África, lo que no significó que aceptara que los nuevos Estados pudieran disponer libremente de sus RR.NN., como petróleo, gas, oro, diamantes, uranio, por lo que instrumentó la política conocida como “FranAfrica”, y asegurarse de este modo el control de los sectores económico-financiero, político y militar, un ejemplo ya señalado en otras columnas, fue la creación del Franco de la Comunidad Financiera Africana o Franco de la FCA, una moneda  que se implementó en 14 países, Senegal, Guinea Bisau, Benin, Mali, Costa de Marfil, Burkina Faso, Togo, Níger, Guinea Ecuatorial, Camerún, Chad, ,

 

Ahora bien, esta moneda admite la conversión al Franco francés a tasa fija, pero las Reservas de los Bancos Centrales de los países mencionados, están obligados a poseer un 85% en divisas internacionales, las que son controladas por el Banco Central de Francia, y los estados africanos solo pueden acceder a un 15% del Tesoro Público galo, y al día de hoy, las reservas africanas se han reducido en un 50%, unos €9.500 millones, que obviamente están administrados por el Banco Central Europeo, desde 1999, y de esto resulta que los países miembros de esta comunidad monetaria, no puedan implementar o variar políticas económicas sin el visto bueno de París, lo que a su vez, le condiciona la posibilidad de Acuerdos con otros países africanos que no son parte del sistema FCA, como ser aquellos que son miembros de la Comunidad Británica de Naciones, por el caso Nigeria, y esto se refleja en una significativa diferencia negativa de crecimiento y desarrollo económico de los países del sistema francés.

 

Ya en 1950, el 60% de las exportaciones de los países francófonos tenían como destino Francia, mientras que entre 1960 y finales de la década de los 80, esos mismo países pagaban tasas de importación de productos galos, de entre el 20% y 30%, más altas que la aplicada a otros países, y esto fue documentado en un Informe del Banco Mundial, que estimó que las pérdidas por las importaciones galas a los países africanos mencionados, ascendieron a u$s. 2.000 millones, en el año 1989, y esa era una cifra equivalente a la Deuda Externa de Burkina Faso, Mauritania, Chad y República Centroafricana, en aquel momento.

 

Por otro lado, la relación y el apoyo del ejecutivo francés a líderes africanos afines o funcionales a Francia, aseguró importantes inversiones de empresas galas en la explotación de recursos de todo tipo, mientras que el gobierno francés hace la vista gorda a las políticas internas de sus socios africanos, fueran o no democráticas, incluso defendiendo regímenes dictatoriales.

 

Pero al inicio del presente Siglo, China a través del Foro para la Cooperación con África, le permitió a cerca de 53 países africanos establecer relaciones comerciales con Beijing, lo que posibilitó un aumento exponencial en el intercambio de bienes y servicios, prueba de esto, en el 2010 superó los u$s. 100 mil millones.

 

En el 2015, el presidente Xi Jinping, en Sudáfrica, ratificó el compromiso del gigante asiático, en apoyar las políticas de los países africanos en sus crecimientos y desarrollos, como así también en materia de Seguridad y mantenimiento de la paz, es así que las inversiones chinas se potenciaron, por ejemplo, se construyeron más de 10 mil km. de líneas férreas, 100 mil km. de carreteras, cerca de 1000 puentes y 10 puertos, y una red eléctrica de algo más de 66 mil km., sin olvidar que hay 36 proyectos en casi una veintena de países del continente, que implican una inversión de u$s. 1.140 millones, obviamente China también logra sus beneficios en la extracción de RR.NN., en particular estratégicos y mano de obra barata para las fábricas chinas instaladas en aquellos países.

 

Y por supuesto, Rusia no quiso quedar al margen, y en la 1ra. Cumbre Rusia-África, en San Petersburgo de 2019, se sentaron los vínculos entre Moscú los países de aquel continente, en particular la cooperación en el sector de la energía atómica, en el que participan ocho países, lo que se suma al programa de capacitación de recursos humanos en dicho sector, y más recientemente, con la amenaza del Yihadismo Radical en los países del Sahel, ha colaborado con asesoramiento y armas, e indirectamente con la presencia de efectivos de la EMP Wagner, está proveyendo servicios de seguridad, tanto a autoridades gubernamentales como  infraestructuras sensibles y yacimientos de RR.NN. estratégicos especialmente y que son de interés para Moscú.

 

Por otra parte, la asociación entre Rusia y China, con la creación del Sistema Panafricano de Pago y Liquidaciones, permite a los países africanos que están en el mismo, utilizar sus propias monedas, prescindiendo del Dólar estadounidense.

 

Este avance de Rusia y China en el África, ha impactado desfavorablemente en los intereses franceses en aquellos países que están bajo su influencia, y desafortunadamente en el 2020, llevó al presidente Emmanuel Macron, ha manifestar que los problemas de África, son debidos a factores de diferentes civilizaciones y no a una historia de saqueos y violencia colonial, declaración que no se condice con la explotación y expoliación, que al menos sistemáticamente y como política colonial han sufrido los países africanos en casi dos siglos.

 

Por esta razón, no es de sorprender lo ocurrido hace un poco más de una semana en Níger, siguiendo los ejemplos de Malí y Burkina Faso, que depusieron a sus gobiernos pro-occidentales y se acercaron a Rusia, y uno de los motivos es que el Sahel vive problemas que Occidente no ha resuelto, la inseguridad, la hambruna, la pobreza y la salud.

 

En el caso de Nigar, es el 4to. productor mundial de uranio, cuya cuarta parte es exportada a Francia, sin embargo, el país africano es pobre, quizás la razón más fuerte por la que la población se manifestó por un lado, a favor de la Junta Militar presidida por el Gral. Tchiani, incluso creando grupos de vigilancia y apoyo al nuevo régimen, y por otro, han expresado su rechazo a Francia frente a la embajada de este país en Niamey, la Capital nigerí, quemando banderas francesas y agitando la nacional y la de Rusia, a la vez que expresaban consignas culpando a Francia de saquear el petróleo, el oro y el uranio, en un país donde las dos terceras partes de su población vive bajo el umbral de la pobreza, de 24,4 millones de habitantes, dos de cada cinco viven en la condición señalada, todo esto ha hastiado a los nigerinos en su relación con la vieja metrópoli colonial, y ven en Rusia y China la posibilidad de un cambio, por el caso, la ayuda de Moscú en seguridad, alimentos y tecnología.

 

Por otra parte, el ahora depuesto presidente Mohammad Bazoum, había autorizado el reasentamiento de las tropas francesas que debieron retirarse de Malí en territorio nigerí, lo que provocó fuertes manifestaciones en contra de esta medida, las que fueron duramente reprimidas y el líder de la oposición Abdoulaye fue encarcelado en abril de este año 2023, algo parecido está pasando en otra ex colonia francesa, Senegal, donde el actual presidente Macky Sall, ha disuelto al principal partido de la oposición, Pastef, y encarcelado a su lider, el candidato opositor a las próximas elecciones nacionales, Oresmane Sonko.

 

Finalizando la columna de hoy, algunas conclusiones: Francia es el país de la U.E. con la mayor cantidad de plantas nucleares para el suministro eléctrico, equivale entre el 64 y 67% del consumo francés, y el uranio de Níger es primordial para sus reactores nucleares, aproximadamente el 40% del uranio nigerí los alimenta, mientras que Kazajistán representa el 29% y Uzbekistán el 27%, según los datos del 2021 de la EURATOM, la agencia europea de energía atómica, y el golpe de estado en Níger es un gran revés para el país galo, por otra parte, los gobiernos de transición de Malí y Burkina Faso han fijado su posición oficial de respaldar a Níger, dos países que han expulsado al contingente francés y en los que ya están presentes elementos de la EMP Wagner, y este lunes ppdo., ya ha arribado a Níger un pequeño grupo de la firma mencionada, lo que tensa la situación, pues cualquier intervención militar de la CEDEAO, con la presidencia pro-tempori de Nigeria, sería considerado como un acto de guerra, lo que hace al menos posible y probable un conflicto regional tercerizado, quizás por eso el periódico parisino Le Figaro ha publicado que la situación es de gran preocupación para Francia, una Francia que nunca aplicó la fórmula, Libertad, Igualdad y Fraternidad, y es como estar viviendo una toma de la Bastilla Siglo XXI, no en su propia tierra, sino en su antiguo imperio colonial y protagonizado por poblaciones cansadas  de la explotación y el saqueo, por eso nada más apropiado para la frase final, que la reciente declaración de la premier italiana Giorgina Meloni, “…el problema no son los africanos que migran a Europa, sino los europeos que expolian a África…”.

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