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Afganistán, un pueblo sin paz y un nuevo capítulo a los más de 40 años de guerras

Profesor Luis Fuensalida

Por el Prof. Luis Fuensalida

El 5 de mayo ppdo., con el título “Batallas ganadas, Guerra perdida, ¿Quo  Vadis Afganistán?, inicié mi análisis sobre la situación previa a la retirada de las tropas de los EE.UU. y de sus aliados, luego, el 4 de agosto abordé el rol de China, fundamentalmente, pero también de otros actores internacionales en ese espacio geopolítico que deja Washington tras 20 años de intervención militar, y el pasado miércoles volví a tocar la crisis afgana, señalando mis conclusiones, sin embargo, y quizás eso es lo que me apasiona de las relaciones internacionales, es la dinámica de las situaciones geopolíticas, en función de los intereses estratégicos de los actores involucrados.

Prácticamente, hace unos días atrás, se daba como un hecho consumado, el control de el Talibán sobre el territorio afgano, tras la caída de Kabul, la capital, y otras ciudades como Kandahar, Herat o Kunduz, pero tal como lo señalé en la última columna, Afganistán es un mosaico étnico, con unas complejas redes de relaciones tribales, que oscilan entre las alianzas y las luchas armadas, por eso, no debe extrañar, que una de las 34 provincias o vilayatos que hacen a su organización territorial, la provincia del valle de Panshir, se ha convertido en el foco de la resistencia al recién nominado Emirato Islámico, desafiando no sólo al Talibán, sino a otros actores internacionales.

Antes que nada, para refrescar nuestra memoria y para ejemplificar ese damero étnico que es Afganistán, los pastunes constituyen aproximadamente el 43% de la población, le siguen, los tayikos 27%, los hazaríes 10%, los uzbecos 9%, los aimak 4%, los turcomanos 3%, y el resto otras etnias, en cuanto a los pastunes son originarios de las regiones sur y suroriental, y constituyen algo más del 80% de los Talibán, por su parte, los tayikos son originarios de las regiones noroccidental y central, y como su nombre lo indica, los une a la vecina ex república soviética, Tayikistán.

También me parece oportuno, para entender el cuadro de situación actual, una breve síntesis del histórico antagonismo entre pastunes y tayikos, por lo que me voy a remontar al período que va de 1992 a 1996, osea, la Guerra Civil afgana, la creación del Estado Islámico de Afganistán a través de los Acuerdos de Peshawar, reconocido por el Reino de Arabia Saudita, Bahrein, Sudán y la Federación Malaya.

Este régimen se establece tras el colapso de la República, 1992, y donde el poder se concentra en las milicias mujahidin de los Señores de la Guerra, y se caracterizó por el enfrentamiento de las distintas facciones, el aumento del cultivo de la amapola y el consecuente tráfico ilícito de opio y otras actividades criminales, hasta que en 1996 con la caída de Kabul a mano del Talibán, los que se hacen con el poder en gran parte del país, y esto tiene como respuesta la creación de lo que se conoció como la Alianza del Norte o Frente Islámico Unido por la Salvación de Afganistán, con el objetivo de derrocar al Emirato Islámico del Talibán.

La Alianza fue organizada por los principales dirigentes del Estado Islámico de Afganistán, su presidente Burhanuddin Rabbani y el ex ministro de Defensa, Ahmad Sah Masud, conocido como el Tigre de Panshir y quién se erigió como su líder indiscutible, y pese que hasta el 2000 estaba integrada por combatientes de la etnia tayikos, luego se le unieron otros grupos étnicos, y donde la región del valle de Panshir fue su bastión, el que nunca pudo ser tomado por el Talibán.

En el año 2001, una semana antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre, elementos de Al Qaeda, aliada al Talibán, asesinan a Ahmad Masud, pero a los pocos meses, EE.UU. lleva a cabo la intervención militar en el marco de la Guerra contra el Terrorismo, que provocará la caída del régimen talibán, tal como lo señalé en columnas anteriores.

Han pasado veinte años, hoy el Talibán a retomado el poder, de casi todo el territorio, salvo la región dominada por los mujahidin del valle de Panshir, donde ha vuelto a izarse la bandera tricolor, negra, blanca y verde, pero esta vez el líder de la resistencia es el hijo del Tigre, que se llama igual que su padre Ahmad Masud, quién cuenta con el respaldo del ex vicepresidente Amrullah Saleh, quién por la huída del presidente Ashraf Ghani, se autoproclamo presidente y manifestó encontrarse en Afganistán para participar en la resistencia contra el Emirato Islámico.

Lo cierto es que no se conoce el poder real de la resistencia, pero si que han acumulado armamento a lo largo de estos 20 años, a lo que debemos sumar un factor para nada desdeñable, la gran rivalidad existente entre la etnia tayiko y la pastún, además varios líderes políticos y militares, están llamando a apoyar a los mujahidin del valle de Panshir, no obstante, en el actual cuadro de situación, la superioridad numérica, la expansión territorial del Talibán, y por la calidad y cantidad de equipamientos y armas, que se conoce, sería muy difícil recuperar Kabul y derrotar decididamente al Talibán, algo que si pudo llevar a cabo con la ayuda de los EE.UU. y la OTAN en el 2001, pero da lugar a una nueva guerra intestina.

Si es cada vez más insinuante, que pese a que la mayoría de las más importantes ciudades cayeron sin resistencia en manos del Talibán, hay en ciertos sectores de la sociedad civil afgana el espíritu de rebelarse a una nueva imposición extremista de la Sharía, una muestra es lo sucedido en Kabul el pasado 19 de Agosto, día de la Independencia afgana, que salieron a manifestarse a favor de la bandera tricolor y rechazando las imposiciones proclamadas por el Talibán, por lo que un conflicto interno no sería una novedad en un país que prácticamente ha vivido cuarenta años de conflicto constante, pero con una población quizás saturada de tanta guerra civil,  posición esta, que asumieron algunos dirigentes para evitar un baño de sangre y que también explica el rápido camino triunfal del Talibán, tal como lo declaró el ex presidente Ghani, hoy en los Emiratos Árabes Unidos, que está dispuesto a iniciar conversaciones con la cúpula Talibán para gestionar y resolver el conflicto, algo que también apoya otro ex presidente, Hamid Karzai.

La cuestión de la situación del colectivo femenino también se está haciendo pública en varias ciudades, manifestando consignas contra las propuestas hechas por el Talibán, incluso reclamándoles la libertad de ejercer labores propias de la administración pública, incluido en ciertos ámbitos del gobierno, aunque dichos reclamos, a la luz de la visión radical del Talibán, parece algo improbable, por no decir, imposible, más allá que dentro del propio liderazgo de quienes hoy ejercen el casi poder total, hay divisiones en cuanto a si dar el diálogo a los sectores opositores, que darían lugar a negociaciones, o enfrentar con la misma crueldad que lo hicieron en el 2001, una guerra civil sangrienta.

Mientras, el ahora líder de la resistencia, Ahmad Masud ha declarado: “estamos dispuestos a formar mediante negociaciones políticas, un gobierno inclusivo con el Talibán, pero es inaceptable que se forme un gobierno afgano caracterizado por el extremismo…”, y también agregó a través del canal Al Arabiya, “…que el Talibán rechaza el diálogo para cesar la guerra en Afganistán…”, y afirmó que las fuerzas de la resistencia están en contacto con el Talibán, pero aclaró que no está en sus planes entregar Panshir y tanto los mujahidin como su población esta dispuesta a luchar.

En este panorama, la administración demócrata de Washington, a través del Asesor de Seguridad Nacional, Jack Sullivan, ha manifestado que no esta previsto el envío de más efectivos militares para garantizar la seguridad en el sector del Aeropuerto de Kabul, incluso el presidente Joe Biden, sólo ha solicitado al Talibán que amplíe el plazo para la evacuación, que finaliza el próximo 31 de agosto, recibiendo por respuesta que sobrepasar la fecha mencionada es trasponer una línea roja, y que no permitirán que las fuerzas extranjeras permanezcan un solo día más.

Aquí es donde se debe evaluar cual puede ser la postura de los distintos actores internacionales, que en forma directa o indirecta, tienen intereses geopolíticos y geoeconómicos en Afganistán, por el lado de los EE.UU. y la OTAN, tras la pésima planificación estratégica de retirada, que ha propiciado la vuelta del Talibán al poder y que no garantiza que éstos cumplan lo firmado en Doha, en cuanto a dejar de apoyar el accionar del terrorismo islamista radical a nivel global, no hay posibilidades en lo inmediato de intervenir nuevamente, en cuanto a Moscú, su preocupación es que un conflicto interno afgano enquistado posibilite la inestabilidad de su zona de influencia en el Cáucaso y la ex repúblicas soviéticas fronterizas que poseen importantes recursos energéticos, mientras que para China, un Afganistán sumido en una guerra civil no se condice con el interés de concretar el Corredor Económico Pakistán China y además alimentaría la resistencia musulmana de la etnia uirgur en la región de Xinjiang o Turkestán Oriental, por su parte para Pakistán, histórico aliado del Talibán, seguirá prestándole su apoyo para que asegure el poder y el control total de Afganistán, mientras que la teocracia de Irán, su relación con el Talibán ha sido siempre pendular y signada por la desconfianza mutua, por un lado puede ver como propicia la relación entre el Talibán y la organización político terrorista palestina Hamas, pero también puede ser peligroso para Teherán la influencia que la visión islamista radical sunnita pueda alimentar a sectores iraníes opositores no chiitas, y finalmente, en los dos principales actores de la U.E., Francia y Alemania, las repercusiones del retiro de la OTAN se hacen sentir, en el primero, los partidos de derecha acusan al presidente Emmanuel Macron de estar posibilitando una inmigración no deseada y en cuanto al segundo, los partidos de izquierda, siempre opuestos a las intervenciones militares en el extranjero, acusan a la canciller Ángela Merkel y al ministro de RR.EE., Eiko Maas, de abandonar a los afganos que colaboraron con los germanos a un nefasto futuro y posibilitar la violación de los DD.HH. por parte del Talibán, y esto en un ambiente pre-electoral y el alejamiento definitivo de la política de la actual canciller, y sin olvidar las fuertes críticas realizadas por militares, ex militares y familiares de veteranos británicos que se han hecho oír en el Reino Unido, en síntesis, Afganistán, además de ser una pieza del Jenga Asiática, se está constituyendo en una cuestión de política interna en algunos actores, algo propio de un escenario internacional caracterizado por una interdependencia compleja y el pleno juego abierto por el Poder Global entre las dos máximas potencias, los EE.UU. y China, por  eso el pasado, el presente y porque no, el futuro inmediato me recuerdan una frase de Napoleón, “Sólo con la prudencia, la sabiduría y la destreza se logran grandes fines y se superan los obstáculos, sin estas cualidades nada tiene éxito”.

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