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Cuba: la Revolución Eterna. El fin de la era Castro

Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

La elección del nuevo presidente de Cuba, ocurrida en octubre de 2019, aplazada en su momento, por las consecuencias del huracán Irma, se debió a los consensos que debían alcanzarse dentro del régimen. Finalmente el vicepresidente primero del Consejo de Estado, Miguel Díaz Canel, considerado el “delfín” de Raúl Castro, asumió el cargo.

En Cuba – siguiendo el modelo inspirado en la desaparecida Unión Soviética – los candidatos surgen de la decisión del Partido Comunista de Cuba o PCC. En el caso de los altos cargos, estos son elegidos por lo más encumbrado de la “nomenklatura” del partido. El candidato Díaz Canel fue presentado ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando todos sabían que ganaría por amplia mayoría. Generalmente por el 99% de los votos. El candidato, llegó, no por el consenso de las bases partidarias, sino por el politburó del Partido y especialmente con la “bendición” de Raúl Castro.

Díaz Canel, un hombre de 57 años, ha sido muy hábil en la escalada hacia la cima del poder del régimen. Siempre tuvo un perfil bajo y de probada lealtad, además de una gran habilidad para deshacerse de sus competidores en dicha carrera hacia el liderazgo del partido. La legitimidad del presidente, como de otros altos funcionarios, está sostenida por la inmutabilidad del régimen, especialmente por el inmovilismo ideológico e institucional, que será un factor condicionante al liderazgo civil que se ha impuesto a la isla. No obstante ello, la separación después de décadas del liderazgo del PCC, de los Consejos de Ministros y de Estado, es algo novedoso, generando dos posibles escenarios, un mayor dinamismo que le habiliten al nuevo presidente encarar una serie de reformas inconclusas o mayor resistencia del partido. Nosotros consideramos lo segundo, mientras la “vieja guardia” liderada por Castro conserve las riendas del PCC. Pero la salida de Raúl Castro en abril de 2021, abre un nuevo capítulo en la historia de la isla.

El país precisa de reformas urgentes, especialmente en materia económica. La crisis sanitaria del COVID 19, ha golpeado con dureza a la endeble economía cubana En su momento, Raúl Castro encaró tímidas reformas aperturistas entre 2012-2015, que fueron frenadas en 2016. Esto tiene que ver con los delicados balances de poder que existen en la Isla. Mientras viva Raúl Castro, estaremos presenciando una suerte de transición, entre la vieja guardia revolucionaria y las nuevas generaciones, que en apariencia mantienen la “pureza ideológica” legada por los Castro. En el discurso inaugural el flamante presidente fue terminante al asegurar que no habrá “restauración capitalista” y menos transiciones políticas, pero que tarde o temprano ocurrirá cuando los integrantes de la vieja guardia del partido, den lugar, por razones obvias cedan sus puestos a nuevos líderes. El liderazgo de Castro de 86 años al frente del Partido, permaneció inamovible y durante un par de años, Díaz Canel fue tutelado por Raúl Castro. En su discurso ante el VII Congreso del Partido Comunista, el viejo líder de la revolución hizo hincapié de la apertura económica, por cierto muy tímida, dado que Castro dejó en claro, que no habrá privatizaciones de medios de producción, sino que la apertura se reduce a cuentapropistas, pequeños comerciantes, pero resaltó el valor de las inversiones extranjeras, orientando al régimen hacia una economía mixta. En lo referente a Estados Unidos, señaló la hostilidad del presidente Trump, con el endurecimiento de sanciones, pero no descartó de una apertura al diálogo, en claro señal de guiño a la gestión Biden. Pero por otro lado, no dejó de criticar a la disidencia cubana y poner a Estados Unidos como principal actor de apoyo y por ende desestabilizador del régimen: la contrarrevolución interna carece de liderazgo y estructura organizada y concentra su activismo en las redes sociales”. Y respecto a la respuesta a esta situación, fue clara. “Las calles, los parques y las plazas serán de los revolucionarios. ¡Jamás negaremos el derecho a los revolucionarios a defender su Revolución!”,

Política internacional, COVID, y economía.

La economía cubana tuvo una luz de esperanza con las reformas de Raúl Castro, donde el principal beneficiario fue el lucrativo negocio del turismo. El llamado cuentapropismo, fue un gran impulso para un importante sector de la población, llegando al casi medio millón la mano de obra del sector privado, que impulsaron un crecimiento económico moderado, agregándose medidas como la liberación del sistema monetario, unificándose los dos sistemas vigentes, la desregulación en materia de controles de remesas de cubanos en el exilio, autorización para compra venta de automóviles, bienes inmuebles, etc. Estos cambios sin ninguna duda benefician al negocio turístico, que genera importantes ingresos a la Isla. Asimismo los cambios ocurridos con la presidencia de Obama, facilitaron vuelos entre Estados Unidos y la Isla. Ello no ha impedido que las medidas más severas del bloqueo se mantengan con sus consecuencias para la endeble economía local, afectada por una enorme burocracia y serios problemas de gestión económica.

Las reformas de Raúl Castro incluyeron cambios positivos en el sector agrícola, que sufrió algunos retrocesos, dado el alza de precios intempestivo como consecuencia de la liberalización limitada del sector. Todavía le queda un largo camino para modernizar el sector agrario y romper con la hegemonía del azúcar. Otros sectores dinámicos, es la minería, especialmente de níquel y cobalto, siendo Cuba un importante reservorio mundial de dichos minerales. En materia energética, las deficiencias, llevaron al país mantener estrechos lazos con Venezuela, cuya crisis tiene vital importancia para el régimen de La Habana. No cabe duda que el régimen de Cuba ha cooptado al chavismo, su nivel de infiltración en las elite gobernante de Venezuela es notorio, llegando incluso a tener una fuerte presencia en las estructuras de inteligencia y seguridad. Este control garantiza, que el mantenimiento de fuertes lazos y por ende el acceso el vital petróleo venezolano.

El cambio de presidente en los Estados Unidos, la llegada de Donald Trump, no fueron buenas noticias para La Habana, con el ascenso de “halcones” en relación a Cuba. El flamante nuevo presidente de Estados Unidos hizo saber rápidamente que rechazaba lo actuado por Obama en relación a la Isla. Pero más allá de las bravatas del ex presidente Trump, el régimen cubano no se vio seriamente afectado, sino más bien que este endurecimiento ha favorecido a los sectores duros del régimen y limitar las reformas, especialmente en materia política y economía. Las medidas de la Casa Blanca y el discurso agresivo hacia La Habana, sin ninguna duda tuvieron que ver con el poderoso lobby de exiliados cubanos en la Florida, que tiene su gravitación en el Capitolio.

La profunda crisis del régimen de Caracas, ha motivado que Cuba se acercara a China y Rusia, países en abierto enfrentamiento con Estados Unidos. Sin ninguna duda, estos lazos renovados, no tienen nada que ver con lo ideológico, sino con lo geopolítico. Rusia ha mostrado interés en la isla a través de diversos acuerdos económicos y también con un nuevo acercamiento militar. China también no ha permanecido ausente, en este proceso y ha concertado diversos acuerdos. El creciente enfrentamiento entre Estados Unidos con China y Rusia, se presenta para La Habana como una oportunidad, para conseguir algún tipo de ayuda, no solo económica, sino también militar. El estado de las Fuerzas Armadas, es lamentable, luego que la ayuda soviética se esfumara en 1989.

En medios especializados hablaron que el presidente Díaz Canel admira el modelo de desarrollo de Vietnam, y es posible que su política esté inspirada en dicho modelo. O sea, nada de apertura política, tal vez algún tipo de apertura económica, siguiendo las reformas de Raúl Castro. Pero para ello deberá impulsar profundas reformas, que faciliten las inversiones extranjeras, la formación de joint ventures, y mejoras importantes en las empresas estatales. En este proceso la jerarquía militar tendrá bastante que ver, dado que desde los 90, las fuerzas armadas han concentrado un importante poder económico, controlando muchas empresas que van desde actividades industriales, pasando por los servicios ligados al turismo. En febrero de 2011, la ministro de Trabajo cubana, Marta Elena Feito, señaló que las reformas en materia económica prevé que exista asalariados en la agricultura, construcción, enseñanza de idiomas, computación, por citar algunos ejemplos. Raúl Castro lanzo una profunda reforma del Estado, que significó que un millón de empleados dependientes del gobierno, fueran a parar al sector privado, esperando que otro millón que trabaja para organismos y empresas del estado, pasen a engrosar las filas de economía privada. La situación no es para nada halagüeña, con una caída de la economía del 11%, de las exportaciones del 40% y de las importaciones del 30% ponen en evidencia las penurias que vive el país. No en vano vemos filas donde se aglomeran cientos de personas, esperando por comida, dado los serios problemas de abastecimiento que tiene el país de productos de primera necesidad.

El retroceso de los gobiernos de izquierda en la región, dejan a Cuba con pocos amigos cercanos, siendo excepción de ello los casos de Venezuela y Nicaragua, y en menor medida Bolivia (el triunfo del MAS en las elecciones de 2020, abren una tímida perspectiva). Esta nueva situación, sin ninguna duda planteará cambios en la política exterior cubana. Fuera del ámbito de América Latina, el gran aliado de La Habana, es Vietnam, que para muchos observadores, es el camino que desea emprender el régimen, pero todavía existe un largo camino por recorrer. Solo con la salida de la vieja guardia del PCC, veremos si esto se hace realidad. El desarrollo de las vacunas Soberana y Abdala contra el COVID, pareciera generar esperanza en el régimen, no solo como muestra de orgullo nacional, al tomar el país una decisión de por sí difícil, de no estar sujeto a los grandes proveedores de vacunas, entre ellos dos países cercanos a Cuba, Rusia y China. La situación en materia de contagios en este 2021 es preocupante, especialmente en La Habana. Fuentes internacionales señalan desde que comenzó la pandemia hubo medio millar de muertos y más de 80.000 contagiados. Cifras relativamente manejables, comparables a otros casos de la región. A pesar de los problemas en materia de recursos, el régimen manejo bien la crisis, incluso, no llegó a los extremos de cuarentenas como China. La apertura de aeropuertos, facilitó desde diciembre la expansión del virus.

Las vacunas Soberana 02 y Abdala es la gran apuesta de Cuba, para poder inmunizar a los 11.2 millones de habitantes de la isla. La Organización Panamericana de Salud, ha elogiado este logro, que sin ninguna duda será una carta de presentación del régimen. En su momento, el país produjo vacunas contra la meningitis y la hepatitis b, de gran difusión en África y América Latina.

BioCubaFarma, entidad que produce las vacunas, ya produjo 300.000 dosis y afirman sus directivos que están en capacidad de producir cien millones de dosis. Dado la situación de la isla en materia económica, creemos que esto será factible con algún socio o socios, que firmen contratos para exportación. Venezuela producirá la vacuna cubana en un laboratorio en Caracas, países de la Comunidad del Caribe, como Jamaica, han mostrado interés. Incluso se habla de Irán como socio en este proyecto, verdadero orgullo de la tecnología cubana. Existe optimismo, dado que para diciembre se aspira tener a toda la población vacunada. Existe otras vacunas en desarrollo, algunas muy avanzadas, como Mambisa, un spray nasal.

La Revolución eterna ¿el precio de una política libre de la tutela de Estados Unidos?

La región del Caribe ha sido un espacio controlado por los Estados Unidos desde fines del siglo XIX. En nombre de sus intereses, fueron apoyados todo tipo de dictadores. Los gobiernos que osaron desafiar a la “tutela” de Estados Unidos fueron derrocados, ya sea por actores locales, o por la intervención directa de la Casa Blanca. Cuba siguió el mismo destino desde su independencia en 1906, hasta que en 1959, su historia cambió con el liderazgo de los hermanos Castro, especialmente con Fidel.

El régimen castrista, lejos de ser un modelo de democracia y con graves violaciones a los derechos humanos, encontró en el “socialismo real” un camino para perpetuarse en el poder. Hábilmente Fidel Castro explotó su alianza con la Unión Soviética, que le permitió tener protagonismo en la política internacional y encarar una serie de reformas sociales, educativas y sanitarias que recibió el elogio, hasta de sus críticos, por los logros alcanzados. La caída de la Unión Soviética, para muchos implicaba el fin del castrismo, pero no fue así. Hábilmente, a través de un rígido encuadre ideológico de la población, ahogar a la oposición, gracias que el país es un estado policial, y el montaje de una enorme maquinaria de propaganda, que permitió que el “revolucionario” siguiera siéndolo, en vez de ser mostrado como lo que realmente era, un dictador.

El gran trabajo de infiltración y propaganda, le dieron al régimen un regalo, el chavismo en Venezuela, garantizó a la Isla, ya en un estado crítico, oxígeno para seguir sobreviviendo, gracias al petróleo subsidiado. Una vez más, Cuba y su “revolución” se salvaron. Sin ninguna duda la década de gobiernos de izquierda en la región, fue una época dorada para La Habana, teniendo aliados políticos del peso de Luis Ignacio “Lula”Da Silva en Brasil. El retroceso de estos fenómenos políticos y la restauración conservadora en más de un caso, significó para Cuba reducir su papel regional. Ello no impidió que jugara en papel relevante en las negociaciones entre las FARC y el gobierno de Colombia.

Los años pasaron, Raúl Castro, sabe que no tiene tanto tiempo, que tarde o temprano deberá marcharse. Es por ello que preparó a su sucesor y tejió una enorme red, para impedir por lo menos mientras él viva, que el régimen no sucumbiera. Su renuncia al PCC, se hizo sin sobresaltos, dado que ha creado un andamiaje para perpetuar al régimen, y donde los militares, tienen un papel preponderante en garantizar dicha continuidad.

La situación económica impone reformas, el miedo de las líneas duras del PCC, es que la apertura económica, pueda aparejar exigencias de liberad política. El llamado Movimiento San Isidro en estas últimas semanas, ha sido un trago amargo al régimen, al formarse un importante movimiento opositor en el ámbito de la cultura. Es por ello las marchas y contramarchas en las reformas del régimen. Pero esto tiene un alto precio, dado que la economía de la isla precisa fuertes inversiones, muy limitadas por el tipo de régimen y las regulaciones vigentes. Es por ello es vital la supervivencia de Maduro en Caracas, y es altamente probable que el actual presidente de Cuba, sepa de ello. Venezuela provee de energía a bajo costo, pero esto no podrá ser por siempre. Es necesario buscar otras fuentes de apoyo. Rusia y China se perfilan como candidatos ideales, especialmente por la complicada relación con Estados Unidos. A este escenario se agrega el aliado vietnamita, donde pareciera que los dirigentes de La Habana, lo ven como un modelo a seguir.

En materia política, una primera lectura, de lo expresado por Raúl Castro en su salida del liderazgo del PCC, nos permite saber que no habrá cambios sustanciales, especialmente en materia económica. Ni mejoras en materia de derechos humanos, y la apertura capitalista, sin ninguna duda estará muy limitada. La salida del Raúl Castro, implica un lento relevo generacional. No en vano se impulsó una reforma constitucional, donde fueron separadas claramente las funciones de Jefe de Estado y de Jefe de Gobierno. Asimismo fueron limitados los mandatos, con el objetivo de evitar el desgaste del régimen, por medio de personas que se perpetúen en el poder. La aguda crisis económica, las consecuencias que deja el COVID, la presencia de una discreta pero firme disidencia, plantean serios desafíos para el presidente y flamante líder del PCC, Díaz Canel. El tiempo dirá si el legado de los Castro seguirá vivo, o si Cuba dirá Goodbye Lenin….

Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

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