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Cuando la rana dice, No llores por mi Argentina

Más allá de la pésima gestión de la pandemia del Covid 19 del actual gobierno nacional, de los reiterados conflictos con el sector rural y de los dislates en el campo educativo, sin mencionar la miopía e ineptitud de la política exterior, me puse a reflexionar sobre lo que podía haber sido y no es, nuestro querido país.

Argentina es vivir la recurrente frustración de no ser, como consecuencia de sus propias elecciones, o al menos de una mayoría que ha posibilitado gobiernos que se han dedicado a deteriorar la cultura del trabajo y remasterizar  un discurso que pondera la mediocridad, naturaliza la pobreza y condena la riqueza.

Por eso, no es de sorprender que el Papa Francisco lo exprese más claramente, “…la riqueza es el estiércol del diablo…”, o que sea el justificativo, para que lleguen al poder personajes corruptos, mediocres y nefastos que a través de políticas pseudo equitativas expolien con impuestos draconianos a aquellos sectores y actores económicos y sociales que han generado sus propios patrimonios lícitamente.

Son esos personajes, que con sus discursos populistas atacan a quiénes con el esfuerzo o con riesgo económico construyó su riqueza, son esos personajes que forman parte de los “vivos” que encuentran en el “curro” el camino para enriquecerse deshonestamente, conformando una red de ilegalidad donde conviven sindicalistas mafiosos y políticos corruptos, y que sin embargo, sea conciente o inconcientemente, el argentino, obvio no todos, parecen admitir o justificar de la misma manera que se hace con la “Mano de Dios”, evidenciando una recurrente contradicción psicosocial y moral que imposibilita desarrollar cualquier alternativa económica y política capaz de salir de este círculo vicioso.

Como el Canto de las Sirenas, el llamado relato “nacional y popular”, que con sus voces altisonantes desde hace 70 años ha logrado forjar una Sociedad fragmentada, conflictuada y anómica, que confunde orden y autoridad con represión y autoritarismo, constituyen toda una irónica paradoja, cuando en esos 70 años, estos personajes se alinearon a los regímenes más dictatoriales, en los 40 con el Nazismo, en los 60 reivindicaron la lucha armada  pregonada por las Internacionales Comunistas, en el 2000 con el Castro Chavismo, luego, a mediados de la segunda década negociando con la teocracia iraní y ahora, ignorando el terrorismo de Hamas.

Atrás en el tiempo, quedó ese país que creció en forma ininterrumpida durante 50 años, entre 1880 y 1930, a una tasa del 5% anual acumulativo y se ubicó hasta la década de los 40 entre las 7 potencias económicas a nivel global, que no era sólo por un modelo agroexportador, un sector que obviamente no era asfixiado por retenciones parasitarias, sino también por un sector industrial sin subsidios ni prebendas ni intervenciones estatales disfrazadas de proteccionismo.

Vale la pena recordar, que ambos sectores, el agro y la industria, se interrelacionaban en emprendimientos vinculados a la producción rural y de la mano del ferrocarril, cuando no existía Camioneros, llevaron el progreso al interior del país, en un período donde la cultura del trabajo, del esfuerzo y de la prosperidad, eran el medio idóneo y lícito de movilidad social, y no el clientelismo que alimenta la mediocridad y te encadenan a la pobreza.

Aquella Generación del 80 nos legó una visión y un proyecto económico y social alberdiniano, un modelo constitucional mejorado con la Ley Saenz Peña, un modelo educativo público realmente inclusivo buscando la excelencia, y todo esto, desde hace 70 años se ha tratado de denostar y demonizar y nos ha llevado a una decadencia que ha arrastrado a la Argentina de aquel puesto 7 al 70,

El actual gobierno argentino, que al menos a mi no me representa, en su política exterior se ha alineado, sin margen de dudas, con los regímenes Castrochavistas, Cuba, Venezuela y Nicaragua y es el mismo que intervino sin tapujos para devolver el poder al MAS de Evo Morales en Bolivia, y que a nivel global, ha asumido una posición cómplice con el autoritarismo ruso de Putín, con la autocracia china de Xi Jimping y con la teocracia de los ayatollah de Irán.

El abandono del Grupo de Lima y el retiro de la demanda contra la dictadura venezolana de Nicolás Maduro por violaciones a los DD.HH., la activa participación en el Foro de San Pablo, operado por G2 cubano, y su anexo el Grupo de Puebla, sumado al voto reciente a favor de una investigación por supuestos e inexistentes crimines de guerra de Israel en el último conflicto armado entre el Estado Judío y la organización terrorista palestina Hamas, a la que de paso no se la reconoce como tal, nos ha alejado de los países democráticos, y que en el plano nacional se traduce en un severo deterioro del sistema republicano, en un perverso plan de instaurar una “dictadura electoralista”, en la búsqueda de garantizar la impunidad a través de imponer un control sobre el Poder Judicial y en definitiva, la destrucción de la Democracia, tal como lo atestigua hoy la triste realidad venezolana.

Sin embargo, se oyen frases tales como, “…pero Argentina no es Venezuela…”, olvidando que los venezolanos al inicio del proceso chavista también dijeron, “…pero Venezuela no es Cuba…”, lo que me recuerda el Síndrome de la Rana Hervida”, que nos muestra como se la coloca en agua tibia, cosa que no perciba el peligro de su trágico final, mientras se va elevando el punto de ebullición hasta su total cocción, por eso me imagino que si la rana hablara nos diría, “…no llores por mi Argentina, reacciona…”.

Finalizando mi columna de hoy, recuerdo una vez más una frase de Sir Winston Churchill, que dijo, “…la Democracia es el peor sistema de gobierno, pero no conozco ningún otro mejor…”.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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