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Las contradicciones de Alberto Fernández y el caso Nisman

A principios de 2020, mucho antes que todos estuviéramos hablando de una pandemia mundial y un desvío de atención de los problemas políticos cotidianos de Argentina, el recién asumido presidente Alberto Fernández, volvía a ser noticia por sus opiniones acerca del asesinato del fiscal Alberto Nisman, al cumplirse 5 años de su muerte. En ese momento, tras el estreno de la miniserie documental titulada “El fiscal, la presidenta y el espía”, se podía observar como el presidente, entrevistado en 2017 para el proyecto, mantenía la postura que manifestó desde la muerte del ex titular de la UFI-AMIA: “Hasta el día de hoy, dudo que se haya suicidado”.

Al darse cuenta que sus palabras habían generado gran repercusión tras el estreno del film, y que esas mismas eran contrarias a lo que su vicepresidenta (o quizás “jefa”) necesitaba oír en ese momento, el presidente no dudó en afirmar que las pruebas conseguidas “no dan lugar a pensar que hubo un asesinato”, e incluso vaciló de que la pericia de Gendarmería sobre ese hecho “parece carecer de todo rigor científico”. Incluso, para dejar clara su postura al menos “de momento”, Fernández agregó que “si lo mataron no fue el gobierno de Cristina, ni nadie cercano a ella”. Con esto, quedaban manifiestas las disculpas hacia Cristina por haberla señalado desde un primer momento como persona sospechosa involucrada en el asesinato.

Fiel a su estilo de contradecir opiniones propias en solo unos años y acomodando a la conveniencia del momento, hace algunas horas, Fernández volvió a opinar sobre el tema. Para que no queden dudas de su cambio de opinión, en momentos donde el pésimo accionar político respecto a las decisiones tomadas para enfrentar la pandemia (recordemos que Argentina tuvo la cuarentena obligatoria mas larga del mundo, con resultados desastrosos, siendo uno de los países con más casos en el mundo y segundo en el ranking de muertos diarios de Covid-19 por millón de habitantes) se encuentra en su punto álgido, con una sociedad harta y con un bajo apoyo político al oficialismo, e incluso cuando se habla de una mala relación entre el presidente y la vicepresidenta, Fernández volvió a ratificar e intentar desviar la atención de la coyuntura asegurando, ahora, que “está convencido de que fue un suicidio”.

Al igual que ya había hecho públicamente, luego de que se estrenara el documental de la plataforma Netflix, Alberto volvió a reacomodarse en la silla.

Por un lado no sorprende su cambio de opinión adaptado al momento de la historia y sus necesidades. En aquellos tiempos de la denuncia del fiscal, previo a su muerte, Fernández también había opinado respecto al Memorandum con Irán. Allí, ratificó que “fui y soy crítico” sobre ese documento firmado con Irán para colaboración mutua en la investigación y esclarecimiento del atentado a la AMIA. Tras la firma del memorándum, Nisman impulsó la denuncia contra Cristina Kirchner, el fallecido canciller Héctor Timerman y otros funcionarios y dirigentes políticos, al considerar que hubo al menos un intento de encubrimiento de los acusados por el ataque.

Mientras tanto, a mediados de este 2020, pasó de considerarlo un delito y a la vicepresidenta una encubridora, a justificar el acuerdo. En una nota que lleva su firma, publicada en el diario LA NACION el 16 de febrero de 2015, el presidente expresó que el acuerdo con Irán era la prueba del encubrimiento del atentado y que la vicepresidenta era la autora de un delito. “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán solo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar. Merced a ese pacto, la evaluación de los hechos quedaría en manos de una comisión que funcionaría en la patria de los prófugos y en la que la mayoría de sus miembros debería contar con el acuerdo iraní. ¿Para qué pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?”.

En una visión completamente distinta de la que tuvo en su momento, cuando afirmó, incluso en reiteradas oportunidades, en nuestra emisora, que no tenia dudas de que ese acuerdo tenía un solo propósito que era torcer el rumbo de la investigación y favorecer la impunidad de los acusados, e incluso mencionando que “Cristina intentó la impunidad de Irán”, finalmente “cambió su ideología” y se acomodó nuevamente: “En el fondo fue la búsqueda de tratar de destrabar el problema que existía de que no enviaban a los acusados a declarar y a encontrar una solución”.

Oscar Ventura, escritor y sobreviviente al atentado, al consultado por este medio, consideró que “Si una persona dice hoy algo y mañana lo cambia por conveniencia política, deja de ser creíble”. En la misma linea Alberto Fernández dijo hoy: “Como la Justicia va cambiando de acuerdo al momento político, llega un momento donde uno no sabe a quién creerle, el ciudadano común no sabe a quién creerle”.

Alejandro Mirochnik, otro sobreviviente del atentado a la AMIA, opinó: “Con solo observar las barbaridades que hizo en un año de gestión, ya nada me sorprende, más teniendo en cuenta que debe estar muy presionado por la vicepresidenta. Ella como Menen, continúan en política para tener poder y continuar con inmunidad ante la justicia”.

Aquí es donde todos coinciden con Alberto Fernández. Cambiar de opinión constantemente hacer que uno pierda credibilidad. Si lo sabrá él. En definitiva, el presidente podría adherirse a la frase cuya leyenda urbana se le atribuye a Groucho Marx… «Estos son mis principios, pero si no le gustan… TENGO OTROS!»

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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