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El objetivo del asesinato no era Fakhrizadeh, sino el acuerdo nuclear

Casi una semana pasó desde el asesinato del Mohsen Fakhrizadeh, que ha puesto en alerta a todo el Medio Oriente. El viernes pasado, el profesor de física y figura clave del programa nuclear iraní fue emboscado en las cercanías de Teherán. Una gran cantidad de medios de comunicación y políticos iraníes acusan a Israel de haber llevado a cabo el ataque, y exigen al gobierno tomar represalias contra Jerusalem.
Si bien el gobierno israelí no admitió, ni negó, haber estado detrás del asesinato del científico, Netanyahu había resaltado su nombre en una conferencia de prensa sobre el programa nuclear militar iraní en 2018. En aquella oportunidad advirtió: “recuerden ese nombre, Fakhrizadeh”, indicando que él sería el director de tal proyecto. Tampoco sería la primera vez que Israel utiliza este tipo de operaciones contra científicos iraníes o árabes, o contra líderes terroristas en general, ni es la primera vez que Jerusalem intenta sabotear el programa nuclear iraní o de sus otros enemigos históricos. A fines de junio, el centro de enriquecimiento de uranio de Natanz sufrió una explosión que inutilizó la instalación, de la cual se sospecha que Jerusalem estuvo detrás.
De haber sido Israel el responsable, el momento del ataque podría ser oportuno. Por un lado, quedan pocas semanas de la presidencia de Donald Trump. El presidente electo Joe Biden, probablemente, no vaya a poner su administración en contra del Estado de Israel. Al fin y al cabo, seguirá siendo un aliado estratégico de los Estados Unidos en Medio Oriente, especialmente si planea ser más crítico de los dictadores árabes por sus violaciones de derechos humanos. Pero Biden tampoco le dará cheques en blanco a Netanyahu como venía sucediendo estos últimos cuatro años.
A su vez, el régimen iraní quiere evitar, en estos últimos meses de la administración republicana, causar una escalada de violencia. Por un lado, teme el estallido de un conflicto con Estados Unidos, probablemente creyendo que Trump entraría con mayor facilidad a cualquier escalada. Irán ha indicado a sus proxis que no ataquen objetivos norteamericanos este año y, se supone, aún no se ha vengado por el asesinato del comandante Qassem Soleimani a principio del 2020.
Por otro lado, Irán espera tener un comienzo de la relación con la administración demócrata más pacífico. Biden ha sido muy crítico de la salida de los Estados Unidos del acuerdo nuclear con irán, llamado Plan de Acción Integral Conjunto, en 2018. Biden fue vicepresidente de su creador, el expresidente Obama y tiene la intención de volver a darle vida al PAIC. Los persas han perdido confianza en los estadounidenses, y reclamaran compensaciones por las sanciones que reimpuso Trump, pero intentarán comenzar su relación con Biden con el pie derecho.
Es por esto que el presidente Hassan Rouhani intenta apaciguar al público iraní, argumentando que no deben caminar hacia la trampa “bien puesta” por el enemigo. No obstante, evitar pisar el palito puede ser a veces muy difícil.
Fakhrizadeh puede no haber sido el único objetivo. En respuesta al evento, el parlamento iraní, ahora dominado mayormente por conservadores y radicales, aprobó una ley que suspendería la implementación del protocolo adicional de verificación de salvaguardas nucleares de la Organización Internacional de Energía Atómica. Las salvaguardias son mecanismos que tiene la OIEA para asegurarse que los programas nucleares de los países tienen fines exclusivamente pacíficos. El acuerdo nuclear entre Irán y las potencias en 2015 obligó a la República Islámica a cumplir con las salvaguardas.
Se ha acusado a Teherán de haber violado estas medidas luego de la salida de Estados Unidos del PAIC en 2018, pero la suspensión de su implementación terminaría de matar el acuerdo. Y al hacerlo, a los países europeos, Rusia y China no les quedará alternativa que reimponer las sanciones contra el régimen de los ayatolas.
Rouhani ahora debe implementar la ley, o disputarla, buscando el apoyo del Ayatola Kamenei. Pero el líder supremo, aunque prefiera la prudencia, difícilmente pondrá su peso para salvar el PAIC.
En este sentido, debe recordarse que el gobierno de Netanyahu siempre se ha opuesto al PAIC, denunciando que no termina con el programa nuclear armamentístico iraní mientras el levantamiento de sanciones permite su aventurismo en la región. Si efectivamente Israel ha estado detrás del asesinato de Fakhrizadeh, puede ser que haya conseguido algo más grande que un recambio en la dirección del programa nuclear. Habría conseguido sepultar el PAIC.

*Ezequiel Naidich es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato di Tella.

DF/RJ
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