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Como Herzl intentó sobornar al Sultán turco

‘Me gustaría hacerle llegar un pequeño obsequio a Su Excelencia el Sultán, espero que la misma sea una justa sorpresa ante sus ojos, ya que, según me parece, no hay nada igual en toda Turquía’. Así rezaba el mensaje que Theodor Herzl le envió al Ministro de Ceremonias de Turquía, Ibrahim, por el cual intentaba sorprender y seducir al Sultán al notificarle de un regalo único que quería entregarle.

El líder sionista conocía a la perfección los motivos por los cuales el gobierno otomano se oponía a las aspiraciones sionistas. Para las autoridades turcas la opinión de los árabes era importante, tanto musulmanes como cristianos se oponían enfáticamente a la inmigración judía y la aspiración de éstos a crear una entidad nacional en la Tierra de Israel. Pero la laxitud, la corrupción administrativa otomana y las presiones diplomáticas, lograban en diferentes circunstancias superar las barreras que limitaban dicha inmigración.

En el verano de 1901, Herzl pergeñó, según él, una gran idea: entregar un regalo al sultán turco con el fin de modificar su oposición a la inmigración masiva de judíos. Pero no debía ser un regalo común, el líder sionista pensó en un objeto que en aquellos días representa el pináculo tecnológico de la época: una máquina de escribir en letras árabes. Consideró que el obsequio era extraordinario, ya que hasta principios del siglo XX no había una sola máquina de escribir en letras árabes en el mundo. Por tanto, había que conmover el corazón del Sultán Abd al-Hamid II de todas las formas posibles, incluso a través de un pequeño ‘bakshish’ (soborno).

Sobre la importancia que el líder sionista había depositado en el obsequio lo conocemos a través de la recopilación de una nutrida correspondencia entre Herzl y el Prof. Richard Gottheil, realizada por el historiador Mordejai Naor en su libro ‘Harishonim’. El intercambio epistolar nos revela como Herzl designó al profesor Gotthiel, un orientalista judío de renombre mundial y un fervoroso sionista, para negociar con el fabricante de máquinas de escribir estadounidense Remington la creación de un prototipo de máquina de escribir en árabe para regalarle al Sultán
Herzl le encomendó a Gottheil que debía mantener un secreto absoluto sobre el tema y exigió que apurara a la gente de Remington a la fabricación del aparato ya que el tiempo apremiaba, él pretendía obtener la máquina en el más brevísimo tiempo posible, para hacer llegar el regalo al gobernante antes de fines de diciembre de 1901, y poder informar en el próximo Congreso Sionista la obtención de una buena nueva sobre la inmigración judía. Previamente se debió superar otro escollo: el problema presupuestario: Remington exigió u$s 300 para la producción del prototipo, una suma enorme en esos días y Gottheil logró rebajarlo a u$s 150.

Gottheil le escribió a Herzl: ‘He tenido varias reuniones con la gente de Remington y no pueden establecer una fecha exacta en la que la máquina árabe estará lista, y si será antes del Congreso Sionista. Es hecha a mano, porque todavía no terminaron todos los preparativos, ya que la maquinaria especial para el montaje del prototipo se encuentra en una etapa de planificación. Me comunicaré con usted cuando tenga una respuesta clara’.

Los inconvenientes no terminaron ahí, había dificultades para encontrar un patrón satisfactorio para grabar las letras árabes en la máquina, que fue subsanado por un estudiante turco que colaboró en preparar las letras árabes para tallar. A partir de allí, la fabricación de la máquina de escribir se aceleró y, a principios de enero de 1902, Gottheil le envió a Herzl un reporte informándole que: ‘el dispositivo funciona de maravilla y estoy realmente en el cielo de alegría, debido al éxito. Creo que podremos enviarte la máquina el próximo fin de semana’; y agregó, ‘que estaba feliz de haber diseñado la firma del Sultán y que la misma estaría estampada en la máquina’.
Un Herzl exultante no se contuvo y reveló el secreto en la carta al ministro Ibrahim. Pero después de tres semanas de haber enviado la máquina de escribir desde Nueva York en el barco ‘Phoenicia’, ésta aún no había llegado a destino. Frustrado, Herzl envió una carta a Gottheil diciendo: ‘La situación es realmente embarazosa. Informé a los turcos, basándome en la información que me transmitiste que la máquina les llegaría en los próximos días. Me temo que la compañía Remington no nos está tratando adecuadamente’.

Pasaron dos semanas más y el asunto ya se había convertido en un misterio. Herzl instó a su colega a verificar con la compañía Remington o la compañía naviera dónde quedó varada la máquina y le dijo estar avergonzado porque se lo prometió a los turcos.

El misterio finalmente fue develado. Resultó ser que por una rara coincidencia el nombre del destinatario que aparecía en el paquete era Theodor Hirtz, quien residía en Viena al igual que Theodor Herzl. Cuando se aclaró el error, un Herzl impaciente recibió el obsequio solicitado en el puerto de Rotterdam, el 24 de marzo de 1902. Prontamente le envió una carta a Gottheil a fin de agradecerle el gran esfuerzo que había puesto en el proyecto y añadió que ‘la máquina es genial y en los próximos días la enviaré a Constantinopla acompañado de un experto’.
Al pasar los días, Herzl se dio cuenta que el trajín por la máquina de escribir no valió la pena, ya que el Sultán simplemente se negó a recibir el regalo sin dar ninguna explicación. Aunque estaba acostumbrado a recibir respuestas negativas del Sultán, Herzl no ocultó su desagrado y en una carta que le escribió al gobernante turco, en mayo de 1902, le hizo saber de su ofensa y molestia porque su modesto regalo no había sido aceptado por el gobernante.

Mordejai Naor relata que muchos años después él mismo se puso en contacto con Remington para averiguar la historia, y le respondieron que ya había pasado demasiado tiempo desde el incidente. Lo que se sabe, es que por la misma época, a principios del siglo XX, comenzó la era de la fabricación de máquinas de escribir en letras árabes de la empresa Remington. Es bastante probable que el obsequio que quería realizar Herzl haya servido de prototipo para la producción de estas máquinas de escribir. Como reflexiona Naor, queda entonces en el imaginario que Herzl no solo haya sido el creador de un Estado Judío sino que también haya hecho una tremenda contribución en favor del desarrollo de la cultura árabe tanto escrita como impresa.

*Yehuda Krell es profesor de Historia Judía graduado en el Instituto Superior de Ciencias Judaicas, Bs. As., y profesor en Educación Judía con especialización en Historia Judía para niveles Medio y Terciario del Ministerio de Educación de la Argentina. Realizó estudios de posgrado en Israel.

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