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¿Qué ha dejado el reciente conflicto armado limitado en el Cáucaso?¿ Hay un reordenamiento geopolítico en la región?

Durante las últimas semanas, las noticias que centraron la atención o el interés de la opinión pública, a nivel global, han sido, 1) la evolución de la pandemia y el desarrollo de la vacuna contra el COVID 19, 2) las elecciones en los EE.UU. y 3) el conflicto armado en el Sur del Cáucaso entre las repúblicas de Armenia y Azerbaiján, pues bien, la columna de hoy tratará de hacer un análisis y una conclusión de este último evento y sus consecuencias geopolíticas.

Recordemos que la región de Nagorno Karabaj, de unos 11.500 km cuadrados, se encuentra en el territorio, internacionalmente reconocido, de Azerbaiján, pero con una población mayoritariamente de origen armenio.

Ese núcleo de población armenia conformó una fuerza separatista que en 1988 protagonizó un conflicto armado con las FF.AA. azeríes, que causaron cerca de 30.000 víctimas y más de 1 millón de desplazados, y para 1994 se logró la firma de una tregua, que tuvo como saldo, la creación de un Estado de facto armenio, pero todos los esfuerzos para poner punto final a la disputa territorial, con fuertes ingredientes religiosos y culturales, no han tenido éxito, y la prueba ha sido la violación de dicha tregua en infinidad de ocasiones, tanto de un lado como del otro, y el Grupo de Minks, que es parte de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea –OSCE-, conformado por los EE.UU., Francia y Rusia, ha visto frustrados sus esfuerzos en conseguir una solución pacífica al conflicto, y tal como lo ha sintetizado excelentemente el analista británico Thomas de Waal, del Carnegie Endowment, “…la presión de los mediadores internacionales, Francia, Rusia y EE.UU., para resolver el conflicto, siempre ha sido más débil que la resistencia de Azerbaiján y Armenia para lograr un compromiso…”.

A finales del mes de septiembre ppdo., las tensiones entre los dos actores en conflicto fue creciendo y por último, el enfrentamiento armado estalló nuevamente en octubre, amenazando con una escalada bélica que podría comprometer a la región, y donde el irredentismo y las realidades de la política interna de ambos, eran el combustible para encender una guerra que podría traer consecuencias no deseadas, particularmente para Rusia, que siempre se erigió como el árbitro respetado y reconocido por los dos Estados beligerantes, habida cuenta, que ambos fueron parte de la ex URSS.

Tras seis semanas de enfrentamiento armado, los líderes de Armenia y Azerbaiján, el 1er ministro Nikol Pashinyan y el presidente Ilham Aliyev, firmaron un Acuerdo de Paz negociado por Rusia, que lo vuelve a colocar como el árbitro regional, pero el éxito militar relativo obtenido por los azeríes, nos develan al otro actor que se ha posicionado como ganador, al menos en el plano geopolítico, y es Turquía, que ahora tiene una influencia significativa en la región.

Ankara proporcionó a Azerbaiján todo tipo de ayuda militar e incluso asesores militares que tuvieron un relevante rol en la utilización de drones que fueron factor importante para destruir una cantidad significativa de blindados armenios, por lo que el conflicto fue para Turquía una vidriera donde mostró sus ambiciones geopolíticas, propias de la visión neo otomana, y que la posicionan estratégicamente en el Cáucaso meridional, que antes era un patio exclusivo de Moscú.

Ahora bien, entre Rusia y Armenia hay un Acuerdo de Mutua Defensa, el único entre Moscú y una de las ex repúblicas soviéticas del Cáucaso, y siempre la posición rusa fue pro Armenia, sin embargo, en este último conflicto sólo se limitó por vías diplomáticas a solicitar el alto al fuego, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿ Cuál fue el motivo por el que Moscú dejó sola a su suerte a Ereván?

Para responder a esta pregunta, primero quiere reiterar lo que he señalado en muchas de mis columnas respecto a Vladimir Putin, es el mejor jugador del ajedrez internacional, por lo tanto la respuesta nos muestra una vez más los sutiles movimientos del gobierno ruso.

Desde el final del conflicto armenio azerí, en 1994, Moscú en reiteradas oportunidades presionó a Ereván, para avenirse a un tratado definitivo de paz, pero más allá de los reiterados incidentes armados entre las partes desde aquel entonces, en el 2018, llega al poder en Armenia, el actual 1er ministro Nikol Pashinyan, con un discurso nacionalista e irredentista en relación a la Gran Armenia que obviamente incluye el enclave de Nagorno Karavaj, por lo cual Rusia le hizo saber que el Acuerdo de Defensa firmado era válido sólo sobre el territorio armenio reconocido internacionalmente, por lo que dejaba fuera el enclave y al estallar el reciente conflicto, Armenia estaba sola a su suerte.

Ahora bien, cuando Moscú tomó conocimiento que el desarrollo del conflicto era favorable a Azerbaiján, y que fuerzas azeríes habían tomado y controlan la segunda ciudad más importante de Nagorno Karavaj, Shusha o Shushi, en armenio, pasó de la simple declamación de un alto a las hostilidades, a ejercer una fuerte presión sobre Baku, que ha mostrado que Moscú sigue siendo el reconocido y respetado árbitro, pero lo magistral de la movida del zar Vladimir, es que no sólo logró evitar una derrota definitiva de los separatistas y de Armenia en el enclave, sino también ha impedido la expulsión de los armenios en esa región y los más importante, algo que Rusia buscaba desde 1994, la presencia militar rusa como fuerza garante de la paz, con el envío de más de 6.000 efectivos y el control y seguridad de un corredor que conectará Armenia con Nagorno Karavaj, algo que en negociaciones anteriores no había conseguido.

De esta manera, además de los líderes armenio y azerí, Vladimir Putin es el único signatario en el Acuerdo de Paz, y de cierta manera ha relativizado los logros de Erdogan, dejando al margen a Turquía, pues son las FF.AA. rusas las únicas que estarán presente en la región, y también a cargo de los servicios fronterizos y aduaneros entre Azerbaiján y su ex enclave de Nakhichevan, si bien Ankara ha declarado su intensión de enviar observadores.

Sin embargo, se podría decir que la victoria de Rusia es limitada, pues el plazo por el que las fuerzas rusas van a estar presentes en la región en disputa es por cinco años, transcurrido ese lapso, tanto Armenia como Azerbaiján, conforme a los términos del Acuerdo de Paz firmado, pueden solicitar el retiro del contingente militar ruso, esto nos describe el estrecho margen en las negociaciones para gestionar a una paz duradera, más teniendo en cuenta los sentimientos y resentimientos que hay en ambas partes y las propias presiones que sufren sus respectivos gobiernos, por el lado azerí, una situación económica debilitada por el brusco descenso del precio del petróleo y por el lado armenio, además de las reivindicaciones identitarias, el ahora cierto sentimiento de traición de Rusia, al dejar a Armenia sola a su suerte en el reciente conflicto, pero si los armenios hacen una lectura realista de la situación, saben que sigue necesitando de Moscú, aunque entre las consecuencias inmediatas sea, que el gobierno del 1er ministro Nikol Pashinyan caiga, aunque esto no le quitará el sueño al zar Vladimir.

Quizás, lo que si será una cuestión para ocuparse, por parte de Putin, es que el resultado del reciente enfrentamiento armado entre estas dos ex repúblicas soviéticas, ha mostrado la creciente influencia de Turquía en el Cáucaso y su cada vez mayor proyección en la región septentrional de Oriente Medio, un espacio que era exclusivo y excluyente de Rusia.

Para ir cerrando mi columna, y me parece útil para entender estos tipo de conflictos que se están dando tras el final de la Guerra Fría, donde especialmente en Europa Oriental el factor del sentimiento identitario, parece ser muy fuerte, se puede explicar en que tras la caída de bloques imperiales, como lo fueron el Austrohúngaro, el Otomano y el Soviético, muchas poblaciones de los actuales Estados que antes formaban parte de aquellos imperios, perciben que muchos territorios que están en países linderos, como propios, es el caso de Hungría, Grecia y Armenia, donde esos sentimientos están llevados por un irredentismo nacionalista, mientras que en los casos de Turquía y Rusia, están llevados por la influencia geopolítica y el expansionismo, para Ankara es la expresión de su Neo Otomanismo, para Moscú, más que recrear el imperio soviético, es a través del patriotismo y el amor por la Madre Rusia, reivindicar el poder del Imperio Ruso, y esa fue el arma política que llevó a anexar la península de Crimen en el 2014, aunque el valor estratégico era igual o aún mayor que el irredentismo, poseer su propia base naval para la flota del Mar Negro.

Pero como siempre digo, hoy vivimos en un Mundo Multipolar, interrelacionado a través de una Interdependencia Compleja, por lo cual, no sólo para el Grupo de Minks, sino para la misma U.E. e incluso para la nueva administración que se asentará en Washington, el conflicto, por ahora frizado, entre Armenia y Azerbaiján, será importante en sus agendas, mientras tanto, y finalizando la columna, el dilema es siempre el mismo, entre el idealismo kantiano de la Paz Perpetua o el realismo de Si vis pacem, para bellum o si quieres la paz, prepárate para la guerra.

*Luis Fuensalida es especialista en asuntos internacionales. Fue Comisario Inspector y Jefe de Departamento Interpol de la Policía Federal Argentina.

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