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A EEUU le costará recuperar el liderazgo

Por Ezequiel Naidich

Esta semana está teniendo lugar la 75ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con formato virtual y atravesada por la pandemia del Coronavirus. Frases de varios jefes de Estado latinoamericanos ya han circulado por las redes y los medios de comunicación argentinos. Y, por supuesto, las sesiones nos han dado los discursos de los líderes de los dos países más poderosos del siglo XXI: Xi Jinping, por China, y Donald Trump, por los Estados Unidos.

De los 7 minutos que el presidente Trump estuvo dirigiéndose a la Asamblea, un tercio estuvo dedicado a Beijing y al “Chinavirus”. Cómo era de esperar, reflejó en su discurso las críticas que constantemente hace a China. La acusó de haber encubierto el virus en las instancias iniciales, hizo referencia a las violaciones de derechos humanos de las minorías y denunció la gran contaminación que el país asiático genera. En los otros dos tercios de su corto discurso Trump habló de los logros de su administración, incluyendo los acuerdos de paz de Israel con Emiratos Árabes y Bahrein, así como hizo una demostración de la fuerza estadounidense.

No obstante, me enfocaré en la disputa con China, particularmente en la cuestión de la acción contra el cambio climático. El discurso de Xi giró alrededor del compromiso chino con el multilateralismo. No es ninguna novedad. Especialmente desde la asunción de Trump a la Casa Blanca, Xi comenzó a posicionarse como el líder de la acción multilateral, defendiendo la cooperación y colaboración en la Organización Mundial del Comercio, de la Salud y en la lucha contra el Cambio Climático.

Mientras aún es cierto que China emite más gases de efecto invernadero que Estados Unidos y la Unión Europea juntos, alcanzando el 28% de las emisiones globales, Beijing se ha convertido en un impulsor de la acción ecológica. En las negociaciones que derivaron en el Acuerdo de Paris en 2015, del que Washington se retiraría finalmente el 4 de noviembre de este año, China había exigido el trato como país en desarrollo. Esto le permitía seguir aumentando su contaminación hasta 2030, año en el que sus emisiones comenzarían a bajar, bajo el argumento de que los países desarrollados habían tenido su oportunidad para crecer suciamente. Sin embargo, en su discurso frente a la Asamblea General, Xi Jinping afirmó que su año pico llegaría antes que lo planeado y que China sería neutral en carbono para 2060.

Parte del liderazgo chino se debe a la competencia por la innovación tecnológica. A la sociedad china le pesa mucho el no haber sido parte de las primeras dos revoluciones industriales, por lo que está decidida a estar a la vanguardia de la tercera, relativa a la electricidad y las energías renovables, y la cuarta, relativa a la inteligencia artificial y la internet. Si bien utiliza intensivamente los combustibles fósiles para acelerar la recuperación post-pandemia, y como parte importante del megaproyecto de infraestructura Iniciativa de la Franja y la Ruta, su gigantesca inversión en tecnologías verdes ha reducido en dos tercios el precio de las baterías para vehículos y tres cuartos el precio de los generadores solares y eólicos en la última década.

Por supuesto, el cambio climático es uno de los temas de la campaña electoral en los Estados Unidos. Joe Biden, exvicepresidente en la administración Obama y actual candidato demócrata, busca recuperar el liderazgo norteamericano en la acción climática. Pero no le será fácil. Biden reconoce que la relación entre Washington y Beijing implicaría tanto competencia como colaboración, y requeriría trabajo conjunto para evitar los retrasos que el uso intensivo de los combustibles fósiles en estos proyectos traería.

El anuncio de Xi Jinping se adelanta, en parte, a los reclamos de Biden. El candidato demócrata presentó en las últimas semanas un importante plan de inversión para una recuperación verde, reflejando una mezcla de pragmatismo y activismo ecológico que busca atraer tanto a los jóvenes que apoyaban al socialista Bernie Sanders como a los republicanos moderados. Este plan, de todas formas, debe ser aceptado por el Congreso, mientras que el propuesto por Xi no tiene tales obstáculos.

Cuando Obama buscó liderar en la acción contra el cambio climático también heredó unos Estados Unidos que habían rechazado la acción anterior. El presidente Bush había retirado al país de los Protocolos de Kyoto. El efecto de este legado había sido tener que trabajar varios años para recuperar la confianza en Washington como líder en la temática.

Esta vez podría ser más difícil. Hace 12 años no había otro importante líder en acción climática, y Estados Unidos no se había retirado de tantas instancias de negociación multilateral. Hoy China, y también la Unión Europea, han ocupado los espacios que la administración Trump dejó vacíos.

Y Donald Trump todavía podría ser electo nuevamente como presidente.

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