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¿La guerra por el poder en Libia es la antesala de un conflicto armado convencional?

El término Neo Otomanismo define la visión geopolítica de la Turquía actual llevada a la acción por su presidente Recep Tayyip Erdogan y pergeñada por quién fuera ministro de RR.EE. Ahmed Davotuglu en su obra de 1994 Transformación Civilizacional y el Mundo Islámico, y que se traduce en retomar la influencia turca en ese mundo musulmán como legado del poder que otrora ejercía el Imperio Otomano.

En esta línea de análisis, el gobierno turco esta buscando desde hace casi cinco años reforzar sus alianzas estratégicas y económicas en la región del Magreb, más allá de su intervención militar en la guerra civil en Libia.

Los esfuerzos turcos han tenido sus frutos pero también han surgido algunos contratiempos, entre los primeros el ejemplo es Argelia, con quién tiene un Acuerdo de Amistad y Cooperación firmado en el 2006 y que son la base de una sólida relación estratégica y muy importante para Ankara para su visión geopolítica en el Norte de África.

En este sentido hay que recordar que Argelia es la cuarta economía del continente africano con importantes reservas de petróleo y gas natural, siendo junto a Rusia, Irán y Azerbaiyán los exportadores de gas licuado a Turquía. En este sector, el energético, en el 2018 se han suscripto acuerdos entre empresas turcas y Sonatrach de Argelia para la construcción de un importante polo petroquímico en Adana con una inversión de u$s. 1,4 mil millones y también otro acuerdo para que ambos países lleven a cabo la exploración y perforación conjunta en aguas profundas de yacimientos petrolíferos.

Por su parte, Turquía es uno de los principales inversionistas en Argelia, alcanzando aproximadamente los u$s. 3,5 mil millones para finales del año ppdo., que se reflejan en diferentes sectores, tales como la industria química, la siderúrgica y textiles en cerca de 370 emprendimientos y que proveyeron trabajo a unos 12.000 argelinos.

Obviamente, el sector armamentístico y de la defensa no ha sido soslayado por Ankara, prueba de ello fue la visita del presidente Erdogan a Argelia en Enero ppdo., y donde la carrera armamentística entre este país y Marruecos, lleva a gastar a este último unos u$s. 10 mil millones anuales y en el que Turquía ha ofrecido acuerdos de por más beneficiosos en la provisión de vehículos blindados Vuran y Kirpi, drones artillados, radares y sistemas de vigilancia, sistemas de visión nocturna, chalecos antibala, productos textiles militares y equipamiento de comunicaciones, a cambio Argelia permitiría el uso de bases aéreas y navales a Turquía para sus operaciones sobre Libia.

Pasemos ahora a las relaciones con Marruecos, con quién también tiene un Acuerdo de Libre Comercio firmado en el 2006, y que en el 2018 alcanzó un movimiento de u$s. 2,8 mil millones y que se ha caracterizado por el aumento de empresas turcas que han ganado diversas licitaciones en distintas áreas, como ser en la construcción, amoblamientos, textil, comercio mayorista, la siderurgia y en en la explotación del hierro, aproximadamente son unas 150 empresas turcas que operan en Marruecos, que se traduce en emprendimientos por u$s. 4,1 mil millones y que en el 2019 las inversiones de esas empresas llegaron a los u$s.400 millones y como contraparte, posibilitó 8.000 puestos de trabajo para los marroquíes.

Sin embargo, Marruecos también le significa a Turquía un problema a resolver, pues la balanza comercial entre ambos actores arroja que es más deficitaria para Rabat que para Ankara en alrededor de unos u$s. 1,9 mil millones, por lo que en febrero pasado el gobierno marroquí ha expresado su intensión de dejar el Acuerdo del 2006 si Turquía no reestructura o cambia las medidas aduaneras sobre los productos marroquíes, una cuestión que pareciera ir solucionándose según las declaraciones del ministro de Economía, Industria y Comercio de Marruecos, Moulay Hafid Elalany, que expresó que Turquía esta dispuesta en revisar los términos del Acuerdo para que sea beneficioso para ambas partes.

El otro caso es Túnez, que también adolece de un significativo déficit en su balanza comercial con Turquía, a lo que se suma la opinión pública tunecina que no está de acuerdo a que su país se pueda ver comprometido en el conflicto en Libia, teniendo en cuenta que en la visita del presidente Erdogan en diciembre del año pasado, solicitó el apoyo logístico de Túnez, en particular el uso del aeropuerto de Cerbe para la Fuerza Aérea turca en sus operaciones militares en el conflicto libio. Pero también, Túnez es no sólo importante como socio estratégico, sino también a nivel geopolítico teniendo en consideración que en la actualidad aquel país norafricano es miembro –no permanente- en el Consejo de Seguridad de la ONU y cuenta la posición o voto favorable a Ankara en caso que se trate cualquier cuestión relacionada con el conflicto en Libia en particular y sobre otros temas que involucren a Turquía en aquel organismo internacional.

Lo reseñado nos muestra que la visión geopolítica de Turquía para el Magreb va más allá de su intervención militar en el conflicto libio, no obstante, y pese a las reiteradas llamadas al Alto al Fuego, Ankara y su aliado el GNA o Gobierno de Acuerdo Nacional, con sede en la ciudad de Trípoli, es decir el gobierno libio reconocido internacionalmente, prosiguen con las operaciones militares contra el LNA o Ejercito Nacional Libio, que es la contraparte en la guerra civil, con sede en Bengasi y Tobruk, y que es apoyado por Egipto y Emiratos Árabes Unidos.

Es así, que Turquía y las fuerzas libias del GNA están preparando una amplia operación militar que tiene como objetivos dos puntos estratégicos importantes, Sirte y Al Jufra.

La provincia de Sirte es rica en petróleo y el gobierno de Trípoli ha declarado tres áreas cercanas a ella como zona militar, y sus fuerzas están en apresto para avanzar sobre este objetivo al igual que sobre la base de Al Jufra, que para Egipto representan una línea roja que no se debe atravesar.

El pasado 3 de julio, el ministro de Defensa turco Hulusi Akar, acompañado por el jefe del Estado Mayor, Gral. Yasar Guler viajaron a Trípoli donde se reunieron con los funcionarios del GNA, como así también visitaron la base aérea de Mitiga y las dos fragatas misilísticas turcas apostadas en el litoral mediterráneo libio, lo que parece prever una pronta ofensiva sobre los objetivos citados.

Por su parte, la respuesta del LNA liderado por el Gral. Khalifa Hifter fue un ataque sobre la base de Al Watiya que se encuentra a unos 125 km. al sur de Trípoli, la que cuenta con el sistema de defensa turco Hawk mejorado MIM23, pese a lo cual la base fue dañada severamente, lo que se podría leer como, que Turquía no tiene el efectivo control al sur de Trípoli y que el dominio del espacio aéreo esta en disputa, lo que es preocupante para Ankara pues deja al descubierto cierta vulnerabilidad.

Asimismo, este ataque no ha sido reivindicado por el LNA, lo que plantea interrogantes tanto en quién es el responsable y por lo tanto esto implica que se debe evaluar cual debe ser la respuesta turca. Al respecto, hay cuatro hipótesis:

1) El ataque fue llevado a cabo por aviones rusos MIG29 o SU24 que partieron de la base de Al Jufra, a algo más de 300 km. de distancia, pero parece poco probable en razón de que Moscú evitaría un enfrentamiento directo con Turquía mientras accionan conjuntamente en Siria
2) El ataque fue llevado a cabo por aviones Mirage o F16 egipcios o emiratíes desde la base egipcia de Sidi Barrani, a unos 1.350 km., una hipótesis más probable si nos centramos en la posición de El Cairo, cada vez más desafiante hacia Ankara, pero por ahora Egipto no estaría dispuesto a una confrontación directa con Turquía
3) El ataque fue llevado a cabo por aviones Mirage franceses que partieron de la base Faya Largeau, en Chad, a algo más de 1.700 km., pero también es poco probable, sea por la distancia como así también, que Francia no está dispuesta por ahora en un enfrentamiento directo con Turquía, y
4) El ataque fue llevado a cabo por aviones Emirati Mirage que partieron de la base Al Khadim, a 880 km de Al Watiya, y esta última hipótesis parece ser la más probable aún cuando no ha habido reconocimiento oficial de E.A.U., pero para Ankara es la más posible.

Analizando el silencio del gobierno turco sobre el ataque a Al Watiya, esto puede deberse a las siguientes razones: evitar escalar la situación a través de una respuesta armada, o que está estudiando la reacción de Moscú, o que evalúa que no habría apoyo de los EE.UU. y la U.E. en caso que Ankara decidiera llevar a cabo represalias o que prioriza las operaciones potenciales sobre Sirte y la base de Al Jufra, lo que se condice con la visita del ministro de Defensa y Jefe del Estado Mayor turco, como se señaló anteriormente.

Por otro lado, en el campo diplomático, Ankara está preocupado por la activa presencia rusa en Libia, como así también por la falta de apoyo de Alemania e Italia, en particular de este último país al que Turquía le solicitó apoyo militar y el de establecer una zona de exclusión en el triángulo formado por Trípoli, Al Jufra, Sirte, y apoyar la presencia de la flota turca en el Mediterráneo oriental, temas estos que estuvieron en la mesa de conversaciones con el ministro de RR.EE. italiano Lorenzo Guerini, en oportunidad de su visita a Ankara el pasado 6 de julio.

Esta iniciativa turca en el campo diplomático, aunque parece tardía, intenta establecer un reaseguro al no contar con todo el poder militar efectivo para que la balanza beneficie a sus aliados libios y a Turquía misma, y lo que si parece más preocupante a la luz de lo discursivo y de las operaciones en el terreno, en especial tras el ataque a la base de Al Watiya, que la guerra por el poder en Libia pueda devenir sin control en un conflicto armado convencional.

Finalizando mi columna de hoy, apelando a la frase, “…el árbol no nos deja ver el bosque…”, la guerra civil en curso en Libia no debe hacer que dejemos de ver y analizar las consecuencias de esa visión geopolítica que denominamos Neo Otomanismo, no sólo en el escenario del Magreb, sino también sus posible efectos en Oriente Medio.

Por el profesor Luis Fuensalida.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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