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¿Abuelito yo?

Cuidemos a nuestros Abuelitos, perdón a nuestros viejitos, queremos decir a los ancianos, mejor dicho, a los de 60 años, nos referimos a los vulnerables etc. etc.

Estos son algunos de los titulares que aparecen en los discursos incoherentes de los mandatarios y de los medios de expresión.

Hace ya dos meses que estamos en casa por cárcel, solo por el delito de ser adultos mayores (termino más realista y decente).

A esta altura del partido, de haber vivido toda mi experiencia de vida en libertad a pesar de situaciones de gobiernos tiránicos, o populistas y corruptos gobernantes, sin generalizar pues los hubo bien intencionados pocos y de corto tiempo, siempre he decidido mi destino a pesar de las dificultades. Triunfos, tristezas y alegrías.

Hoy resulta que soy vulnerable; lógico que sí, pero nada tiene que ver con la libertad de decidir sobre cómo debo cuidarme de la contaminación, siempre siguiendo las pautas básicas de la prevención ¿Qué diferencia existe que hoy se liberen a edades determinadas y progresivamente industrias, comercios, peluquerías etc.?

Acabo de terminar de leer el libro titulado El precio de la vida de Judith Viorst, que me hace reflexionar frente a la vejez.

Hace unos años visité en las Altas Fiestas la sinagoga de Lamroth hakol. Luego de pasar por la seguridad, entré como buen judío al templo y me senté junto a una señora de edad indescifrable, hoy puedo decir, cerca de los noventa abriles. Dicha dama me miró fijamente y me deseó,  llamándome por mi nombre Ángel, Jag sameaj. Habían pasado más de 30 años (yo en esa época no era vulnerable) pero no reconocí a la venerable dama. Ella es Irene que en abril cumplió felices algunos años más. Estoy seguro  de que Irene sabe muy bien cómo manejar su libertad y qué riesgos puede correr.

Para dar ejemplos,  Goethe completó su famoso Fausto siendo en términos actuales un “abuelito” y Sófocles a los ochenta pirulos, escribió Edipo. Los gobernantes de hoy que nos mandan a guardar ¿qué edad tienen?

En mi caso personal (y estoy seguro de que todos ustedes que pronto llegaran a mi edad), tengo tantos proyectos que no tengo tiempo para envejecer, además tengo tanto que aprender.

Por lo cual, no dejemos que ningún personaje nos diga que el logro de la vejez es el final de nuestra historia. El bagaje del pasado es nuestra fortaleza, siempre y cuando, no nos quedemos en el, sino proyectarnos al futuro

Esta crisis en la que estamos , no niego que es la oportunidad de crecer para una feliz etapa productiva.

Quiero volver a mi libertad, a mi trabajo, formando personas responsables, comprometidas y honestas. Quiero volver a la piscina, a mi gimnasio, lo que se me cante en ganas.

Abuelito, sí ¡pero de mis nietos!


Angel S. Calderon

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