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Iaakov, Esav y la enseñanza de Toldot

Toldot significa “Historias”. La Parashá nos trae las historias de dos hermanos. Iaakov y Esav. Mellizos, el texto nos cuenta que su distancia ya venía desde que compartieron el vientre de su madre:
“Vaitrotzetzu habanim bekirva”, “Y contendían los hijos dentro de ella”.

Esav el cazador, el de vello abundante. Iaakov el simple, el que se sentaba en sus tiendas.

El Midrash se encargó a través de los siglos de retratar a Esav como el malvado de la historia. Como un hombre salvaje, rudo e ignorante. Solo preocupado por lo trivial, lo efímero, lo necesario para ganar el día.
Mientras que a Iaakov -quien más tarde se transformará en Israel, y tercero de los patriarcas- como el hombre estudioso, sereno y natural merecedor de la bendición de su padre.

El texto, sin embargo, nos dice: “Vaieehav Itzjak et Esav…”, que Itzjak, el padre, amaba a Esav. Y nadie entonces comprende bien… ¿por qué?

Ecuación binaria de blanco y negro. De malo y bueno. De correcto e incorrecto. De héroe y de villano. Sin grises.Sin embargo, la vida y las personas no son tan maniqueas. Vivimos en una interminable sucesión de grises. “Tzadik vera lo, rasha vetov lo” “el justo tiene su maldad, y el malvado tiene su bondad”.

El Rabi jasídico Menajem Mendl de Kotzk sale de esa lógica y nos explica por qué: “Esav no era un malvado, mal vestido, que corría detrás de los cerdos. Esav usaba barba, y cumplía Mitzvot, y era un buen líder, y enseñaba Torá los sábados por la tarde. Solo que tenía un problema grande con su hermano. No sabía cómo aceptar su liderazgo.”

No podía con su ego. No podía con su autoestima. No sabía cómo enfrentarse a su hermano. Vivía una lucha interior consigo mismo y con su entorno. Que sean mellizos es un interesante símbolo: ese hermano es también cualquier otro, cualquier igual, que nos hace luchar internamente.

Cada persona que ves está luchando una batalla de la que no tenés ninguna idea. El prejuicio solo distancia más.

Sé amable, siempre.

Fuente: Amijai/Rabino Alejandro Avruj

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