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Rav Shteinman, humilde gigante

Sin embargo aquí, en una oficina que era también su habitación, Rav Shteinman recibía visitantes de todas las ramas de la vida judía: educadores buscando guía; políticos formulando leyes claves; niños de escuela que acudían para ser examinados en sus estudios.

La puerta de su casa siempre estaba abierta. Ningún problema era demasiado trivial para él y las personas venían de todas partes del mundo a hacer fila afuera de su puerta —a veces esperando horas— para hablar con él. La leyenda dice que el anterior Primer Ministro, Ehud Barak, saltó una vez por la ventana para evitar las multitudes.

Rav Shteiman fue autor de quince volúmenes de comentarios sobre el Talmud, más una serie sobre los Cinco Libros de Moshé, todo bajo el título Ayelet Hashajar. Él era un reconocido experto en educación y autor de Leading with Love: Guidance for Our Generation (liderando con amor: guía para nuestra generación).

Consejo de sabio
Rav Shteinman nació en 1913 cerca de la frontera Polaco-Lituana. Justo antes de la Segunda Guerra Mundial, al enfrentarse al reclutamiento forzado del ejército polaco, él escapo a Suiza. Eventualmente terminó en un campo de trabajo para refugiados y fue el único miembro de su familia que sobrevivió la guerra; sus dos padres y sus cinco hermanos, fueron asesinados en el Holocausto.

Llegó a Israel a principios de los años 50 y durante seis décadas durmió en el catre original y el delgado colchón que la Agencia Judía le entregó cuando arribó. Durante las siguientes seis décadas, lideró diversas instituciones de Torá, incluyendo Gaón Yaakov, la Ieshivá que él mismo fundó en Bnei Brak.

Después de la muerte de Rav Yosef Shalom Elyashiv en el 2012, Rav Shteinman asumió el título de Gadol Hador, el ‘sabio de la generación’, ampliamente conocido como la palabra final para el mundo judío. En este rol él influenció a cientos de miles de judíos a través de enseñanzas, consejo directo y políticas públicas.

Rav Shteinman tenía una perspectiva muy amplia, producto de vivir a lo largo de múltiples generaciones y viajar por el mundo. Pero su valor más importante fue penetrar en las profundidades de un milenio de sabiduría judía, de las que luego emergió experto en todo, desde educación formal a educación de hijos, diplomacia y espiritualidad.

Hace algunos años, cuando yo estaba publicando los peligros de Irán nuclear, consulté con Rav Shteinman. Aunque apoyó mis esfuerzos, me advirtió sobre un punto: “Evita ataques personales directos a líderes de Irán”, me dijo. “Hay algo de evidencia en nuestra historia —ya sea el Esav bíblico o los primeros días de Hitler— que uno debe ser cuidadoso de no provocar una confrontación personal”.

Salí de la reunión conmovido y en silencio. He aquí un frágil anciano, sentado en una banca dura, aconsejándome sabiamente sobre un sensible problema diplomático, haciendo referencia no solamente a un paradigma bíblico para lidiar con los enemigos extraños, sino también ofreciendo evidencia de que ciertas protestas anti-Nazi podrían haber sido usadas para “justificar” acciones en contra de los judíos.

Cuando nació mi hijo menor, Rav Shteinman gentilmente accedió a ser Sandak, sostener al bebé para el pacto de circuncisión.

Liderazgo de Torá
En contraste con el estilo occidental de escoger líderes —a menudo un concurso de popularidad entre egocéntricos— Rav Shteinman fue escogido sin elecciones, campañas o atrevidas payasadas publicitarias. Él se convirtió en líder basado en su profunda humildad, compasión, respeto por Dios y compromiso de servir, sin ningún tipo de compensación personal o glorificación. Él sirvió sin sueldo, sin oficina grandiosa, sin jet privado y duración del cargo, manteniendo su posición únicamente por la confianza del pueblo.

Cuando se trataba de estudio de Torá, Rav Shteinman era un purista. Él definía “Ieshivá” no simplemente como un lugar para un estudio de Torá de alto nivel, sino como un lugar seguro, libre de fuerzas antiéticas a la Torá. Particularmente en la era digital, en donde la influencia negativa es inmune a las barreras físicas, el creía que la mejor protección es un inquebrantable compromiso con los valores de la Torá.

Rav Shteinman fue conocido como moderado. Él apoyó la idea del Nájal Jaredí, proveyendo un camino para que los estudiantes de Ieshivá sirvieran en el ejército israelí. Por esto Rav Shteinman recibió fuertes críticas y durante años se enfrentó valientemente a ellas. Rav Shteinman instituyó una política de “ningún niño se deja atrás”, abriendo escuelas para niños menos talentosos, hijos de inmigrantes y otros en riesgo. Y él aumentó la influencia de la Torá en Israel aprobando la inclusión de un ministro religioso en el gabinete israelí.

Rav Shteinman fue un modelo a seguir para cualquier persona que intente mantenerse alejada de los muchos adornos y obstáculos de un estilo de vida moderno. Cuando el embajador israelí en Japón, Nissim Ben Shitrit, visitó el pequeño y humilde departamento de Rav Shteinman, comentó asombrado: “Nunca había visto algo como esto”.

En los días de semana, su ingesta diaria de alimentos era un pepino, una papa hervida y unas cuantas cucharadas de avena. Rav Shteinman había entrenado su cuerpo para desear comida solamente por motivos puros —para mantener su cuerpo sano— sin una gota de hedonismo. En Shabat, él comía diferentes comidas en honor al santo día. Cuando se le ofrecían delicias como invitado, él complacía comiéndose media uva.

Rav Shteinman se sentaba típicamente en una banca de madera sin respaldo. Utilizaba varias técnicas para mantenerse despierto durante largas horas y estudiar. Durante los años, muchas personas le ofrecieron mejorar su habitación, pero Rav Shteinman siempre se rehusó, insistiendo que él tenía precisamente lo que necesitaba y nada más.

Viajes
En el 2005, Rav Shteinman anunció que iba a viajar por el mundo para fortalecer a aquellas comunidades judías alejadas geográficamente de los grandes centros de Torá. Hizo esto debido a un gran sentido de responsabilidad, de mantener la importante tradición judía de líderes “viajando de lugar en lugar” (Midrash, Eliahu Rabba 11). Aunque sus alumnos y doctores intentaron disuadirlo de esta ardua travesía, Rav Shteinman respondió: “No depende del doctor. Depende de Dios y si Él lo quiere, nada es demasiado difícil”.

La voluntad de hierro de Rav Shteinman prevaleció ante su frágil cuerpo y estos viajes continuaron —a Ciudad de México, Los Ángeles, Montreal, Buenos Aires y Berlín— hasta su cumpleaños número 100.

En estos viajes, el frágil Rav Shteinman a veces visitaba 4 ciudades y daba 10 discursos, ¡en un solo día! Una vez, después de colapsar de agotamiento y en contra de órdenes del médico de cancelar el resto del su viaje, Rav Shteinman declaró: “Mientras Dios me lo permita, continuaré con lo que vine a hacer”.

En Lakewood, Nueva Jersey, 15.000 personas acudieron a saludar a Rav Shteinman. Cuando visitó Gibraltar —una comunidad judía de solamente 600 integrantes— 700 personas aparecieron para ver al rabino. La comunidad declaró una fiesta y todos los negocios judíos cerraron. Si un sefer Torá es bienvenido con gran fanfarria, pensaron ellos, muchos más debiéramos honrar a una Torá viviente.

Durante su viaje a Ucrania, las calles que rodean la sinagoga estaban llenas de cientos de personas a las 4:30 a.m., apurándose para unirse al rezo al amanecer de Rav Shteinman. La habilidad del rabino de generar tal entusiasmo en una comunidad que hace no mucho tiempo atrás tenía problemas para reunir un minián.

Preparándose para su primera excursión al extranjero, Rav Shteinman tuvo que escoger entre dos candidatos para acompañarlo. Le pidió a cada uno que describiera su motivación para viajar al extranjero. Uno dijo que quería presenciar las enormes multitudes honrando a Rav Shteinman y la Torá. El otro candidato dijo que su principal motivación era hacer turismo. Rav Shteinman escogió a la segunda persona, aunque su motivación era menos “noble”, Rav Shteinman sintió que estaba siendo más honesto.

En una visita a Estados Unidos, se le preguntó a Rav Shteinman porque Estados Unidos, única entre las grandes potencias históricas, nunca había sido invadida. Él lo atribuyó a valores de bondad y compasión (Maljut Shel Jesed) lo cual, agregó, es el mejor escudo de Estados Unidos avanzando.

Con sus inspiradores viajes por el mundo, Rav Shteinman cumplió las palabras de Rabeinu Yona (Shaarei Teshuvá 3:147) describiendo el efecto de saludar a líderes de Torá: “Corazones durmientes volverán a despertar cuando vean el esplendor de honrar la Torá y reconocer su grandeza. Esto causará una gran sed de Torá y un deseo de servir a Dios sinceramente”.

De hecho, las personas de una comunidad formaron un grupo para comenzar proyectos comunitarios que habían sido previamente rechazados por ser demasiado difíciles o porque requerían de mucho tiempo, “Si Rav Shteinman puede hacerlo, nosotros también”, dijeron.

Vivo por milagro
Hace no mucho tiempo, un doctor joven le dijo a Rav Shteinman: “Usted está vivo por milagro”. Desconcertado, el rabino respondió: “Tú también estás vivo por milagro”.

Así es como vivía Rav Shteinman: poniendo toda su confianza en Dios y viendo claramente que el futuro del pueblo judío estaba afirmado en la Torá.

El presidente de Israel Reuven Rivlin dijo que Rav Shteinman “cargaba el peso de toda la existencia del pueblo judío en sus hombros… a pesar de sus firmes posiciones, él sabía cómo transmitir sus ideas gentilmente, de una forma agradable y con gran amor por el pueblo judío… él era un hombre cuya sabiduría era sobrepasada solamente por su humildad”.

Rav Shteinman inspiró a una nación entera con la idea de que somos verdaderamente “una nación de sacerdotes y una nación santa”. Es nuestra obligación honrar la memoria de Rav Shteinman, viviendo a la altura de esa responsabilidad.

Fuente: Aish Latino

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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