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Así pasan los días e Israel desesperando

Radio Jai-Así pasan los días e Israel desesperando

*Rubén Kaplan

El título de este artículo evoca deliberadamente el célebre bolero “Quizás, quizás, quizás”, compuesto en 1947 por el talentoso autor cubano Osvaldo Farrés e inmortalizado años más tarde por Nat King Cole. La canción gira en torno a una situación en la que alguien espera respuestas claras y sólo recibe evasivas, incertidumbres y promesas postergadas.

Salvando las enormes diferencias entre la música y la geopolítica, algo de esa sensación parece predominar hoy en Israel frente a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Hace apenas unos días parecía que todo estaba resuelto. Donald Trump afirmaba que el acuerdo con Irán estaba prácticamente concluido y anunciaba que sería firmado el 14 de junio. Diversos funcionarios estadounidenses transmitían un optimismo similar. Algunos medios incluso llegaron a presentar el entendimiento como un hecho consumado. Sin embargo, llegada la fecha anunciada, la firma volvió a postergarse y pasó a fijarse para el 19 de junio, agregando un nuevo capítulo a una negociación marcada por cambios de cronograma y persistentes incertidumbres. Sin embargo, los acontecimientos volvieron a demostrar que Medio Oriente rara vez se ajusta a los calendarios previstos. Entre una declaración y otra pasan las horas. Luego pasan los días. Y mientras tanto Israel observa. La incertidumbre se ha convertido en la característica dominante de estas negociaciones. Cada día aparecen nuevas filtraciones, interpretaciones y versiones sobre el contenido del acuerdo. Sin embargo, la realidad es que fuera de los negociadores muy pocos parecen conocer con precisión qué se firmará finalmente y cuáles serán sus alcances concretos.

Las reacciones provocadas por los anuncios resultan tan contradictorias como reveladoras. Mientras algunos comentaristas israelíes describen el entendimiento como una victoria iraní y una derrota diplomática para Israel, sectores de la oposición iraní manifiestan su propia decepción. Hezbollah celebró públicamente el memorando de entendimiento y agradeció a Teherán haber incluido la cuestión libanesa dentro de las negociaciones. Como contrapartida, el Estado judío afirmó que no atacará a Hezbollah en la medida que no lo haga el grupo terrorista y no se retirará de las posiciones que mantiene en el sur de Líbano. Al mismo tiempo, en Israel proliferan las críticas contra el gobierno de Netanyahu por supuestas concesiones que, paradójicamente, todavía nadie conoce en detalle. La confusión se ve alimentada por las propias declaraciones de los protagonistas. Trump presenta el acuerdo como un logro histórico y felicita a quienes participaron en las negociaciones. Sin embargo, simultáneamente advierte que Estados Unidos volverá a atacar si Irán incumple sus compromisos. Resulta difícil no advertir cierta contradicción entre celebrar una solución definitiva y mantener sobre la mesa la amenaza de nuevas acciones militares. Tal vez ello refleja una realidad más simple: ni siquiera quienes impulsan el acuerdo parecen confiar plenamente en su cumplimiento.

La cuestión central continúa siendo el programa nuclear iraní y la continuación de su programa misilístico. Esto ratifica que los aspectos más sensibles siguen envueltos en interrogantes. No está claro cuál será el destino definitivo del uranio enriquecido, qué mecanismos de verificación serán aplicados ni cómo se desarrollará el período de implementación previsto.

Si Irán se encontraba tan cerca de alcanzar capacidad militar  nuclear como sostienen numerosos analistas, resulta legítimo preguntarse si los  presuntos sesenta días previstos para la implementación constituyen una garantía suficiente o una nueva oportunidad para la República Islámica de lograr ese anhelado objetivo. La experiencia de otros programas nucleares controvertidos como el de Corea del Norte invita, al menos, a formular la pregunta. Por supuesto, también es posible que muchas de las especulaciones actuales resultan equivocadas. Quizá el acuerdo contenga mecanismos de control rigurosos. Quizá incluya limitaciones que todavía no han trascendido públicamente. Quizá algunas de las interpretaciones que hoy circulan respondan más a intereses políticos que al contenido real del texto. Y precisamente allí radica el problema. La mayor parte del debate se desarrolla alrededor de un documento cuya totalidad todavía se desconoce. Por eso, más que apresurarse a proclamar victorias o derrotas definitivas, quizá convenga esperar. Sólo cuando se conozca el texto completo —si es que finalmente se firma— y puedan analizarse tanto sus cláusulas principales como su letra chica, será posible evaluar con seriedad sus consecuencias reales. Hasta entonces, Israel continuará desesperando. Y así pasan los días. No con certezas. Con muchos quizás y aun más interrogantes.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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