La historia de un fracaso anunciado

Hace más de un mes atrás, señalé qué es lo que se jugaba en esta nueva etapa del conflicto entre los EE.UU. e Israel contra la República Islámica de Irán, y que la clave para entenderlo, está más allá del plano táctico, está en los objetivos estratégicos que persiguen los actores en pugna, es por eso que hay que leer más allá de la batalla retórica, pues desde la Polemología, que es la disciplina que estudia los conflictos, se deben analizar a éstos desde dos planos, uno es el táctico y el otro es el estratégico.
Teniendo esto en cuenta, EE.UU. en Vietnam ganó en lo táctico, pero perdió en lo estratégico, debido al cansancio y oposición a continuar la guerra de la sociedad estadounidense, y esto se repitió en Irak y en Afganistán, por su parte en cuanto a Irán, en lo táctico ha sufrido la destrucción de más de 15 mil objetivos, y la eliminación de importantes figuras de la elite política-religiosa y militar iraní, empezando por Ali Jamenei, y se ha agravado aún más su situación económica-financiera, prueba de esto es el Informe del Banco Central de Irán, del lunes ppdo., que ha comunicado al gobierno, que la situación es crítica y que aún si cesaran las hostilidades, la recuperación económica demandará más de una década, y a lo que sumaría el malestar social previo al conflicto, más allá que estimo que la tercera parte de la población iraní, está alineada al régimen, en gran parte a las relaciones clientelistas y al control por parte de la Guardia Revolucionaria, de los principales activos empresariales y financieros, y esto representa a unos 30 millones de iraníes, sobre una población total de 90 millones, es decir, que en lo táctico el saldo no es positivo, sin embargo, en lo estratégico, ha logrado un éxito al menos relativo, principalmente por los efectos recesivos en la economía internacional, a partir de los efectos en el mercado energético, utilizado como instrumento coercitivo, sin olvidar que uno de los objetivos perseguidos por la coalición EE.UU e Israel, era el colapso del régimen, algo que no se consiguió, porque en realidad “no hay un cambio de régimen, sino un cambio en el régimen”, en que el control está en manos de la Guardia Revolucionaria, el sector más radical e intransigente.
Es por todo esto, que la reunión en Islamabad, Pakistán, fue una “Crónica de un fracaso anunciado”, ya que lo exigido en los 15 puntos presentados por EE.UU. y ratificados por su representación, encabezada por el vicepresidente JD Vance, junto Steve Witkcoff y Jared Kushner, fue rechazada por la delegación iraní, liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, acompañado por el canciller persa Abbas Araghchi, que además de defender su soberanía sobre los programas de desarrollo nuclear y balístico, exigió el desbloqueo de los activos financieros y el fin de la ofensiva de Israel en el Líbano, sobre su proxi, la organización político-terrorista Hezbollah, en síntesis, lo único que podemos rescatar de la reunión en Islamabad, es el hito histórico, que constituye el primer encuentro desde 1979, entre Washington y Teherán.
Por su parte, la cuestión del Líbano y la reunión de los embajadores israelí y libanesa en los EE.UU., Michael Leither y Nada Hamadeh Maoud, respectivamente, tiene dos objetivos bien precisos, 1) el desarme de la organización político-terrorista Hezbollah, y 2) la firma de un Acuerdo de Paz entre el Líbano e Israel, y que para Washington debe tener como base el Acuerdo de Mediación propuesto por los EE.UU. y Francia, el pasado 24 de noviembre de 2024, el que a su vez se basa en la Resolución 1701 de la ONU, que implicaba la retirada de los elementos de Hezbollah al norte del río Litani y lo propio de las FDI del sur del Líbano.
Sin embargo, la situación no es para nada sencilla, más allá de los combates y ataques que se producen entre la organización política terrorista libanesa y las fuerzas israelíes, pues el Líbano es un país multiconfesional y con recurrentes crisis y conflictos sectarios, que recordemos dio lugar en 1975 al estallido de una guerra civil, que duró 15 años hasta la firma de los Acuerdos de Taif, pero en ese período, clérigos chiitas se fueron a formar a los centros islámicos en Qom, Irán, y en Al Najat, Irak, y al regresar produjeron lo que se llamó el “despertar chiita” en el Líbano, potenciado a partir de 1979 por la prédica y visión geopolítica de la Revolución iraní del ayatollah Jomeini.
En ese contexto, surge el Movimiento AMAL, fundado por Musa Al Sadr, y el que es liderado en la actualidad y desde 1980, por Nabid Berri, quién ejerce la presidencia del Parlamento libanés, y es una facción chiita laica, aunque posee un brazo armado, las Fuerzas Al Abbas, e históricamente fue un aliado estratégico de Hezbollah, sin embargo, al presente, Berri estaría distanciándose de la organización política terrorista citada, y más abierto al diálogo y a la posibilidad de un Acuerdo con Israel, aunque Naim Qassem, el actual secretario general de Hezbollah, el día lunes reiteró que seguirá la lucha contra Israel, y se opone a cualquier diálogo o negociación entre el Líbano e Israel.
Sin embargo, una fecha importante en la vida del país de los cedros es, agosto del 2020, cuando en el puerto de Beirut estalló un depósito que almacenaba material explosivo, nitrato de amonio y ácido nítrico, el que estaba destinado a la producción de bombas para Hezbollah, y que causó 210 muertos y cerca de 7.500 heridos, más daños graves a infraestructuras y edificios linderos, y esto causó una merma en la popularidad de Hezbollah, que se reflejó en las elecciones del 2021, donde perdió la mayoría en el Parlamento libanés, en un país que según su Constitución, el presidente representa al sector cristiano maronita, hoy es Joseph Aoun, un 1er. ministro de la comunidad sunita, hoy es Nawaf Salam, y como se señaló el presidente del Parlamento, el líder chiita Nabid Berri del partido AMAL, lo que demuestra que el escenario libanés es complicado, aunque la mayoría de la población libanesa desea la paz y un Estado que no tolere más las extorsiones del proxi de Teherán.
Dicho esto, y volviendo a los objetivos del conflicto EE.UU. – Israel contra Irán y sus proxis, reitero que la prioridad en el alcance de esos objetivos, es diferente para Washington y para Israel, en el caso del presidente Trump está “vaciar estratégicamente a Irán”, lo que implica, el final del desarrollo nuclear militar, es decir el enriquecimiento de Uranio, la entrega de los más de 440 Kg enriquecidos al 60% y la fiscalización de la OIEA del programa nuclear iraní con fines pacíficos, que implique también monitoreo de Washington, en la misma línea, terminar con el programa balístico y la libertad de navegación del Estrecho de Ormuz, quedando en última instancia el colapso del régimen, algo que antes del 28 de febrero pasado, le indicó el Pentágono a su presidente, que no declarara el “cambio de régimen”.
Para Israel, el orden de prioridades es distinto, pues el colapso del régimen de Teherán, significa terminar con una amenaza existencial, pues no olvidemos que desde 1979, la teocracia iraní persigue la destrucción del Estado Judío, además, si se descabeza a la Hidra sus tentáculos desaparecen, en otras palabras, sin el apoyo financiero y logístico de Irán, sus proxis no podrían subsistir, luego le sigue el desmantelamiento del programa nuclear militar y el enriquecimiento de Uranio y el final del desarrollo balístico.
Para el régimen de Teherán, también lo que está en juego es su propia existencia, pues como se señaló, la situación socio-económica es crítica, sumado a bolsones secesionistas, como ser en el norte, los Kurdos, en el sudeste los Baluchis y el Movimiento Los Muyahidines del Pueblo, que se convertirían en factores de presión en caso que el conflicto se prolongue, lo que provocaría el colapso del gobierno, dentro del cual también hay divisiones, con sectores más proclives a un Acuerdo y el final de las hostilidades, más pragmáticos como el presidente Masoud Pezeshkian, sin embargo, por ahora el control está en manos de la Guardia Revolucionaria o IRGC, cuya cabeza es nuestro conocido Ahmad Vahidi, con una Circular Roja de Interpol por la captura internacional solicitada por la Justicia Federal argentina en el marco de la causa del atentado terrorista a la AMIA, en 1994, una Guardia Revolucionaria que además de contar con fuerzas terrestres, marítimas y aéreas propias, independientes de las FF.AA. iraníes, dirige a la milicia Basij, responsable de la represión a las protestas populares contra el régimen, en síntesis, hoy en Irán, hay un sector civil, donde se reconoce al presidente Pezeshkian, al canciller Abbas Aragchi, e incluso el titular del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, que con sus matices están proclives a un Acuerdo, y por otro está la Guardia Revolucionaria, que no está de acuerdo con ninguna de las exigencias de los EE.UU., y busca la destrucción de Israel.
Ahora bien, para el presidente Trump, en el plano de la política interna estadounidense, la reapertura y prolongación del conflicto, con un aumento de los precios de los recursos energéticos, y de los fertilizantes, éstos últimos con efectos negativos en el sector agrícola, un sector importante de la base republicana, podría hacerle perder las elecciones de medio término del 3 de noviembre, que se podría traducir en, una sensible pérdida de bancas en la Cámara de Representantes, debilitar la mayoría republicana en el Senado y causar cierto malestar en la base MAGA, lo que fortalecería la oposición demócrata, tal como pasó con George W. Bush Jr., y que perjudicaría al próximo candidato republicano en las próximas presidenciales.
Para el 1er. ministro Netanyahu, en el plano de la política interna israelí, en vistas a las elecciones de octubre, necesita una imagen positiva con el colapso del régimen de Irán y con una victoria militar y diplomática en el Líbano, mientras que para el verdadero poder de los destinos iraníes, me refiero a la Guardia Revolucionaria, la prolongación del conflicto y la coerción energética, es lo único que asegura su permanencia.
En cuanto a las potencias regionales, comenzando por el Reino de Arabia Saudita y su príncipe heredero Mohamad bin Salman, y siguiendo con las otras monarquías del Golfo y los países árabes de Medio Oriente, prima la desconfianza, porque consideran que no hay garantías que Irán cumpla con algún Acuerdo, no olvidemos un precepto del Islam chiita, la “taqqiya”, que es la simulación o engaño, que es válida e incluso obligatoria, ante coacción o peligro de vida, y considerado como un mecanismo de autodefensa.
Y antes de ir a mis reflexiones, hay actores internacionales, más allá de la región de Medio Oriente, cuyos intereses geopolíticos y geoeconómicos son afectados por el conflicto, y más aún, tras la decisión de Trump de bloquear el estrecho de Ormuz, con el objetivo de asfixiar económicamente a Irán, en particular los mercados asiáticos, al que se destinaba el 90% del petróleo iraní, por el caso China, que importaba la cuarta parte de ese volumen, la India con casi el 20% y también otro gran porcentaje destinado a Japón y a Corea del Sur, hablamos de entre 1,3 y 1,5 millones de barriles por día, que Irán exportaba a esos mercados, y en el caso de la Eurozona, se han manifestado en contra de la medida impuesta por Washington, un escenario que presiona para reabrir el diálogo diplomático, el que parece encaminarse hacia una nueva reunión de negociaciones entre los EE.UU e Irán, a realizarse nuevamente en Islamabad, Pakistán, para el fin de esta semana.
Finalizando la columna de hoy, algunas reflexiones son las siguientes: en toda negociación para poner fin a un conflicto armado, y más aún, en uno tan complejo como el presente, las partes deben replantearse sus objetivos de máxima y de mínima, en caso contrario, el diálogo está condenado al fracaso, si las posiciones se mantienen irreductibles, pero el problema seguirá, mientras que una de las partes muestra visiones encontradas, como sucede con la República Islámica de Irán, pues por un lado hay un sector que se aviene a llegar a un Acuerdo, pero hay otro sector radicalizado, la Guardia Revolucionaria, que no admite el diálogo y sólo entiende de venganza y destrucción, sumado a que el régimen de Teherán siempre ha aplicado la “taqqiya”, el engaño y la simulación, por todo esto, es probable que se repita una “la historia de un fracaso anunciado”, y la posibilidad de una lamentable escalada y continuación del conflicto, con consecuencias geopolíticas y geoeconómicas a nivel global no deseadas, lo que me recuerda una frase de Henry Kissinger, que dijo: “ No se le puede permitir a un Irán que cumpla su visión imperial islamista radical, en una región de tanta importancia para el resto del mundo”.-
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio JaiAyuda a RadioJAI AHORA!
HAZ CLIC AQUÍ PARA HACER UNA DONACIÓN