Derribando Mitos y Falacias

Seguramente, la columna de hoy dará lugar a discusiones, controversias y apoyos, pero necesarias para derribar mitos y falacias, y comenzaré por analizar la génesis de la construcción de un Estado Judío, a partir de un mapa de 1920, que describía al Mandato Británico en Palestina, el que abarcaba los actuales Estados de Israel, los territorios árabes-palestinos de Cisjordania y Gaza y el Reino de Jordania, y por lo tanto, sus límites eran, al norte con la Siria francesa, al este con el Irak británico y parte con el Reino Saudita de Arabia, que seguía hacia el sur, junto a Egipto y el Mar Rojo, y al oeste el Mar Mediterráneo.
Este Mandato Británico, ocupó un territorio que había sido, hasta finalizar la 1ra. Guerra Mundial del Imperio Otomano, y que al igual que la Siria francesa, y otros en aquella región, los perdió como consecuencia de su derrota en la Gran Guerra, en la que se había aliado con los llamados “Imperios Centrales”, el alemán y el austro-húngaro, y ya en los Acuerdos Sykes-Picot de 1916, británicos y franceses, habían concebido el reparto de Medio Oriente.
Ese Mandato Británico, cabe destacar que durante la administración otomana, la región que figura en ese mapa de 1920, era denominada como Siria o Bilad al Sham, no como Palestina, que recordemos esta denominación fue creada por los romanos, cuando conquistaron Judea, tras lo cual, llamaron a esas tierras, Gobernación de Siria-Palestina, y Palestina, fue el nombre utilizado por lo europeos hasta el presente, lo que muestra su raíz latina, ni árabe, ni turca, por lo que es una completa falacia eso de la “Palestina Ancestral”.
Ahora bien, ya en el seno de la recién creada Sociedad de las Naciones, y con el antecedente de la Declaración Balfour, de 1917, la corona británica tal como se comprometió con el Congreso Judío Mundial, ratificó el establecimiento de un Hogar Nacional Judío –un Estado Judío-, y permitir la inmigración judía en el territorio contemplado en el mapa de 1920, es decir, la Palestina definida por Londres, sin embargo, en 1922, el gobierno inglés, unilateralmente modifica aquel mapa, y traza una división, que coincide con la actual frontera del Reino de Jordania, dejando al occidente a Palestina y al oriente Transjordania, lo que no se correspondía con el compromiso inicial de 1920.
Entonces, si nos guiamos del mapa de 1920, reitero, que los británicos consideraban su Mandato, y al que llamaron Palestina, la pregunta que surge es, ¿si en 1922, dividen el Mandato, dejando al oriente Transjordania, luego Reino de Jordania, y Palestina al occidente, no es el primero el Estado Árabe Palestino primigenio?
Pero sigamos, los territorios que por la Resolución 181 de la ONU de 1947, dieron lugar a la partición en un Estado Judío y uno Estado Árabe, en el primero, los “efendis”, denominación dada a los terratenientes árabes, fueron vendiendo legalmente las tierras que poseían a los inmigrantes judíos, que fueron llegando ya durante el Mandato Británico, con lo cual, no ha habido una apropiación ilegal o forzada, si bien, muchos de esos predios habían sido arrendados a árabes por los propios efendis, y a los que no les importó cual sería el destino de aquellos, con lo cual el relato que los judíos le robaron las tierras a los árabes palestinos, es otra falacia, es más, el Gran Muftí de Jerusalén, Amín Al Husayni, era miembro de una de esas familias de terratenientes, que en muchos casos, adquirió las tierras a pobres campesinos árabes, a precios irrisorios y luego las vendían, a montos elevados, a los inmigrantes judíos.
Y ya que menciono a Amín Al Husayni, él ha sido el responsable, desde 1920 de las rebeliones árabes en contra de los judíos que ya habitaban históricamente, el entonces Mandato Británico, los disturbios de Nabi Musa, luego la de 1936-1939, tras lo cual huyó, y fue quién promovió en 1941, el progrom de Bagdad, Irak, para después establecerse en la Alemania nazi, donde se encargó de reclutar a musulmanes bosnios, para integrar las filas de las Waffen SS, y tras la derrota del III Reich, se refugió en Egipto, donde llegó procedente de Siria, con documentación proporcionada por los Hermanos Musulmanes, la organización salafista yihadista y anti-occidental, que es la matriz de Hamas, y si bien, es un personaje para abordar en otra columna, resumo señalando que murió en Beirut, Líbano, en julio de 1974, aunque su ideología antijudía, ha seguido guiando a las organizaciones terroristas Hamas y Yihad Islámica, en una palabra, a los movimientos de resistencia árabe palestinos, que tienen como objetivo la destrucción del Estado de Israel.
Retomando entre mitos y falacias, tras la guerra árabe-israelí de 1948, los actuales territorios de Gaza y Cisjordania, quedaron bajo el control de dos Estados árabes, Egipto y Jordania respectivamente, y pregunto, ¿hicieron algo para ayudar a los árabes palestinos a constituir un Estado Palestino, tal como lo establecía la Resolución 181 de la ONU?, NO.
Sólo después de la guerra de los Seis Días, en 1967, Israel pasó a controlar esos territorios, a modo de “colchón de seguridad”, ante la previsión de un próximo conflicto con los Estados árabes, los que retuvo tras la guerra de Yom Kippur en 1973, pero tras este conflicto, y con la firma de los Acuerdos de Camp David, la paz con Egipto a finales de los años 70, a Israel le quedó enfrentar a las organizaciones terroristas palestinas, que conformaban la OLP, liderada por Al Fatah, hasta llegados los años 90 del siglo pasado, cuando se inician los procesos de paz en octubre de 1991, con la Conferencia de Madrid, España, que contemplaron dos tipos de negociaciones, unas bilaterales, Israel con Jordania, Líbano, Siria y la OLP, y otras multilaterales, sobre temas como, Medio Ambiente, Control de Armas y Seguridad Regional, Recursos Hídricos, Desarrollo Económico y la Cuestión de los Refugiados.
Ahora bien, tras los Acuerdos de Oslo I de 1993 y Oslo II de 1995, entre Israel y la OLP, por los que se reconocían dos entidades estatales, se establecieron los principios fundamentales de un gobierno autónomo de un Estado Palestino en Gaza y Cisjordania, se materializó el retiro de las FDI de los territorios ocupados y en las elecciones de enero de 1996, resultó electo Yasser Arafat, líder de la OLP, primer presidente de la ANP.
En aquel contexto, el entonces 1er. ministro Ehud Barak, puso sobre la mesa, la propuesta que reconocía la soberanía palestina, en el 95% de Cisjordania y en la totalidad de Gaza, y a Jerusalén Oriental como capital del Estado Palestino, además contemplaba el retiro de los asentamientos judíos. Sin embargo, Yasser Arafat opone como condición, la aplicación del Derecho al Retorno, de todos los refugiados palestinos, pero no sólo a los territorios de la ANP, sino también a Israel, una cuestión que sabía bien el líder palestino, no podía aceptar el gobierno israelí, debido al desbalance demográfico que ocasionaría en Israel, con la consecuente proyección política, en base a que en el Estado Judío, los árabes gozan de los mismos derechos cívicos, es decir, fue el propio líder palestino Yasser Arafat, quién dejó pasar la ocasión cierta y concreta, para consolidar un Estado Palestino y la Paz, lo que demuestra que el relato, que Israel fue el culpable, es otra falacia, es más, habría que recordar, que la UE responsabilizó al líder palestino del fracaso de los objetivos de Camp David, por llevar las condiciones para la paz y la convivencia de dos Estados, a un callejón sin salida, algo que los funcionarios europeos de hoy, parecen haber olvidado.
Sigamos, tras el 7 de octubre del 2023, las manifestaciones anti-judías, tras vestidas de anti-sionistas o anti-israelíes, han aumentado y con ellas, también comenzó a resurgir la teoría de un solo Estado Binacional, como la panacea para la paz, como respuesta a la no concreción de dos Estados que puedan co-existir, una postura que no sólo es apoyada por corrientes judeofóbicas, sino también, por ciertos sectores “Progres” judíos, por el caso adhieren a esta teoría, el antropólogo Jelf Harper, los periodistas israelíes Gideon Levy, Haim Hanegbi y Daniel Gavron, por citar algunos, que creen que un Estado Binacional y democrático es la solución.
Del lado palestino, también hay quienes se proclaman a favor de un Estado Binacional, como ser el politólogo Abdalhadi Alijla, el abogado Michael Tarazi y el productor de medios y periodista Jamal Dajani, también con una visión secular y democrática, sin embargo, en esta teoría de un solo Estado, también encontramos , la visión de un Estado bajo soberanía de un gobierno islámico, tal como lo declaró un co-fundador de Hamas, Mahmoud Al Zahar, y que se condice con la propuesta del 2003, realizada por el extinto líder libio Muhammad Khadafi, a la que denominó, “Isratín”, donde concibe en su totalidad, una Palestina árabe e islámica.
Pero la idea de un solo Estado Binacional, no es novedad, recordemos que fue una de las alternativas, que se discutieron en el seno de la ONU en 1947, para resolver el conflicto judío-árabe, y planteaba el modelo de un Estado federado, con Jerusalén como capital común, propuesta que fue rechazada por el Congreso Judío Mundial, pero aceptó la partición y la constitución de dos Estados, mientras que los líderes árabes rechazaron ambas opciones, negándose a la existencia de cualquier entidad judía, en el territorio del Mandato Británico de Palestina, pues se avenían a un solo Estado, pero árabe.
También en esa línea, tenemos otra propuesta, más reciente, del 2019, realizada por el régimen de la República Islámica de Irán, que fue presentada a la ONU, que concebía un Estado único, a través de un proyecto que contemplaba un referéndum, en el que participaran la totalidad de los palestinos, incluso los de la Diáspora, pero sólo aquellos judíos que vivían o hubieran llegado hasta 1917, dejando excluidos a los judíos israelíes o sabras, y a quienes integraron las sucesivas aliah, incluso, en la página web del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei, publicó una ilustración con la siguiente leyenda, “Palestina será Libre-Solución Final-Resistencia hasta el Referendum”, obviamente, no hace falta aclaración alguna, sobre la implicancia de las palabras, “Solución Final”.
Y por supuesto, la teoría de un solo Estado Binacional es una falacia, pues aquellos que ponen como ejemplo la convivencia de judíos y musulmanes, durante la dominación otomana, parecen obviar que ambas comunidades, estaban sujetas a la autoridad del Sultanato, carentes de toda soberanía, y quienes adhieren a la teoría mencionada, parecen olvidar, que el Mundo Árabe está constituido por monarquías tribales y repúblicas dinásticas, por gobiernos autocráticos o teocracias, que las mal llamada “Primavera Árabe”, no pudo conformar un solo Estado democrático, donde las minorías étnicas, tribales o confesionales, gocen de igualdad de derechos, entonces, desde lo que nos muestra la realidad y no el idealismo, pregunto, ¿sería posible un Estado Unico y Binacional?, ¿imaginan un parlamento discutiendo leyes diputados de Hamas y del Likud?.
La visión de un Estado Binacional, como opción única y superadora, es una falacia, e implica la desaparición de un Estado con 77 años de existencia, el Estado de Israel, hasta ahora la única democracia en Medio Oriente, pero no podemos ignorar o minimizar, que del lado israelí, la ultra-ortodoxia y los ultra-nacionalistas, también tienen una visión de un Estado único, partidarios de un “Gran Israel”, del retorno al “Israel Bíblico”, que no tiene nada de diferente a una teocracia, y niegan la constitución de dos Estados, y por lo tanto, esta visión es contraria la visión sionista de los “Padres Fundadores” del Estado de Israel, un país secular, democrático, con división e independencia de poderes, con respeto a las minorías y con pleno ejercicio de los derechos civiles para todos, en síntesis, un Estado Binacional es una falacia, porque niega en su esencia la autodeterminación de ambos pueblos, que sólo se puede materializar con dos Estados, uno judío y otro árabe.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: el Estado Judío tal como lo concibió David Ben Gurión, no implica supremacía judía, sino la Nación del Pueblo Judío, que en su declaración de independencia, otorga igualdad de derechos a las minorías que lo habitan; la solución de dos Estados, implica que ambas entidades estatales, ejerzan sus derechos, pero también cumplan con sus responsabilidades en el marco del Derecho Internacional; el anti sionismo o anti israelismo, siempre ha negado la solución de dos Estados, y hoy retoma la proposición de un solo Estado, también, argumentan el tema de los asentamientos, pero olvidan que en el 2005 se desmantelaron los ubicados en Gaza, e incluso cabe la solución de intercambio de territorios, sin fuera necesario, aunque me pregunto, ¿si la minoría árabe que reside en Israel, un 20% de la población, gozan de todos los derechos civiles, no puede ocurrir lo mismo con un minoría judía en un Estado árabe?, en fin, creo que a lo largo de esta columna, los mitos y las falacias han sido derrumbados, por eso para terminar, y ante el escenario actual, donde ninguna victoria táctica podrá ocultar una rotunda derrota estratégica y diplomática, elegí una reciente reflexión de Shlomo Ben Ami, ex ministro de RR.EE. de Israel, que dijo, “… Israel ha sido durante mucho tiempo el pilar central de la política exterior de los EE.UU. en Medio Oriente, ahora lo es Arabia Saudita, todo el mérito de este cambio es de Netanyahu y sus aliados teócratas,… los monarcas y emires del Golfo, los líderes de Medio Oriente, quieren desarrollo económico, no conflictos, y al igual que el presidente Trump, no tienen paciencia con un primer ministro israelí, que sólo ve amenazas donde ellos ven oportunidades…”
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