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La Radio Judía de Latinoamérica

La otra cara de Eurovisión

En su creación Israel fue descripto como un ‘crisol de diásporas’, el lugar donde se reunirían finalmente todos los judíos del mundo. El proyecto no fracasó: hoy viven allí la mitad de los judíos del mundo.

Durante las primeras décadas el hebreo y el ejército fueron factores aglutinantes e igualadores de los grupos humanos que fueron llegando. En las últimas décadas ha quedado claro que el crisol no terminó de amalgamar: Israel es la suma de todas sus partes, ecuación difícil de resolver.

‘Los múltiples rostros de Israel son los que hacen la esencia de este pueblo’ escribieron en mi muro recientemente. Nada más cierto. Un rostro es tan válido y significativo como el siguiente. Cada uno apela a una ideología, una coyuntura, y sobre todo, a una sensibilidad diferente.

No sé si se suman, si se restan, o si es una dinámica que responde a las circunstancias de la historia y la realidad. Es lo que es: Israel hoy son diez millones de habitantes, entre ellos dos millones de árabes, otras minorías (algunas no tan menores como los rusos llegados en los noventa), y siete millones y pico de judíos en toda su diversidad.

Los últimos dos años han puesto a prueba al país como nunca desde 1948. Entre otras razones, por su fragmentación. La guerra apela siempre a la unidad, y en ese sentido las raíces son firmes; pero apenas amainan los vientos de guerra la diversidad y el desacuerdo sobre la mayoría de los temas quedan expuestos.

En medio de esta larga agonía que está resultando la Guerra en Gaza y en los otros seis frentes que Israel debió afrontar (y afrontó con éxito), daría la impresión que el país se acostumbró a vivir en estas condiciones. El centro (geográfico, demográfico, y político) sosteniendo al país en su seguridad y economía, y los extremos, opuestos, pagando precios o sacando ventajas.

El triunfo popular de Yuval Raphael en Eurovisión 2025 es uno de los rostros de Israel. Aun cuando vistió de negro, surgió de la oscuridad, desplegó sus alas (sí, los niños Bibas), y ascendió por un ‘túnel’ de luz; aun cuando su canción arrancó con notas bajas para escalar al tope de la escala (los judíos siempre aspiramos a ascender); aun cuando su letra apeló al mundo en inglés y francés pero cerró en hebreo bíblico; tal vez precisamente por eso, Israel y el mundo judío delira por el apoyo recibido. Ese es el Israel que elegimos y queremos ver.

En contraste, la imagen de Einav Zangauker, madre el rehén Matan Zangauker, probablemente represente el rostro del duelo permanente de un pueblo atravesado por el dolor y el trauma. Que yo sepa, ella ni canta ni aboga por ‘volver a bailar’. Ella pena. Ella grita en el desierto: ¡Matán! Pero Matán (todavía) no aparece. Sospecho que para Einav el voto popular en Eurovisión, que puso a Israel en el mapa, no es consuelo. Es más: creo que si, como todos deseamos, Matán vuelve con vida, Einav seguirá siendo una imagen, entre tantas, del quebranto y el dolor nacional.

Si podemos pasar en un minuto del dolor de Iom Hazikarón a la algarabía de Iom Haatzmaut, si pudimos seguir deseando ser un pueblo libre en nuestra tierra, Ierushalaim, y al mismo tiempo, año tras año, conmemorar Tisha BeAv (la destrucción de los templos de Jerusalém), bien podemos convivir con el júbilo reivindicativo, creativo, y vital de Yuval Raphael (que supo reconocer la mayoría de Europa) y el dolor, el desgarro, el trauma y el duelo de Einav Zangauker.

‘Estas y aquellas son palabras del Dios viviente’ (Talmud, Eruvin 13). Estos y aquellos son los rostros de Israel viviente. Nadie lo duda: Am Israel Jai. El pueblo de Israel vive.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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