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Suecia ¿dime por qué?

El juego del viernes pasado en el Coffee Break estuvo en torno de la cantante sueca Agnetha, del famoso cuarteto ABBA, y en una loca asociación de ideas, me vino a la mente, mi última columna sobre la grave crisis haitiana y la amenaza que representa el Crimen Organizado y por otro lado, como el mismo flagelo acucia hoy a un país del primer mundo, que llegó a ser el 2do en Nivel de Desarrollo Humano hace dos décadas, y en las antípodas de Haití, precisamente Suecia, que por mucho tiempo ha sido un ejemplo del desarrollo económico y del llamado “estado de bienestar”.

Suecia es uno de los reinos más antiguos, se remonta al Siglo X, aunque si nos referimos a la Suecia moderna, debemos situarnos cuando se separa de la Unión de Kalmar en el 1523, y actualmente es una monarquía parlamentaria, el rey Carlos XVI es el Jefe de Estado, y el 1er ministro Ulf Kristersson es el Jefe de Gobierno, mientras que el poder legislativo es un parlamento unicameral o riksdag de 349 miembros y el poder judicial está conformado por un Tribunal Supremo y los tribunales inferiores, y a nivel internacional, Suecia es miembro de la ONU, de la UE, del Consejo Nórdico, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OCDE-, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea –OSCE- y recientemente junto con Finlandia, ha sido admitida en la OTAN.

Es el más poblado de los tres países escandinavos, con más de 10,3 millones de habitantes, que se encuentra mayoritariamente en las regiones centro-sur, con una esperanza de vida de 82 años y con una mortalidad infantil de las más bajas del mundo, una de las razones de estos parámetros, esta dado por poseer un sistema sanitario gratuito sostenido por los impuestos, a lo que se suma un 99% de alfabetización, producto que el 7.7% de su PBI es destinado a la educación. Por su parte, la mayoría, un 52% de la población profesa la Iglesia Luterana Sueca, y en las últimas décadas ha aumentado a más de un 8% el Islam, mientras que las ciudades más importantes y pobladas son. Estocolmo con 1,3 millones, le siguen Gotembugo, Malmo, Upsala y Vasteras-

En el aspecto económico, posee un PBI nominal, según el Banco Mundial de u$s. 440.000 millones, la base de su economía la constituyen, el Hierro, la madera y la energía hidráulica, y ha desarrollado un poderoso sector industrial y tecnológico, con empresas como Volvo, Saab, Ericsson, Shanska y Electrolux, por citar algunas, lo que ubica a Suecia entre los países centrales en las antípodas de Haití, pero con una violencia extrema en aumento.

El caso sueco no es el único en Europa occidental, pues hay escenarios similares, como en los casos de Países Bajos, donde una organización criminal ha amenazado a la familia Real, o como en Francia, en particular en la región de Marsella, en el marco del tráfico ilícito de drogas con destino a la Costa del Sol, España, pero esta problemática de las mafias, no está tan generalizada como en Suecia, aunada al fenómeno de Islam radical, lo que se traduce en una situación de suma gravedad.

Vayamos a la primer variable, los grupos y bandas mafiosas, y al respecto, en el país escandinavo hay muchos lugares y barrios, en distintas ciudades, que son prácticamente “zonas prohibidas”, donde ni siquiera la policía puede entrar, y que son controlados por el crimen organizado, al punto tal, de constituir mini-estados paralelos, en donde rigen las leyes impuestas por los grupos criminales, estamos hablando de entre 50 y 60 zonas controladas por distintas bandas mafiosas, una situación que fue reconocida por el gobierno sueco en el 2020.

Como vemos, Suecia ha dejado de ser el paraíso económico, social y ejemplo de convivencia, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿cómo se llegó a esta situación?, ¿cómo es en la actualidad el país con mayor índice de Homicidios con armas de fuego por millón de habitantes?, pues bien, en Europa la tasa de muerte por armas de fuego es de, 1,5/millón, mientras que en Suecia es de, 4,5/millón, algo alarmante teniendo en cuenta su población que como se señaló es de 10,3 millones de habitantes, el país más poblado de la península escandinava, con una densidad de 22,5 hab./km.2, y comparando con sus vecinos, Noruega y Finlandia con una población de aproximadamente 5,5 millones personas cada uno, y si tomamos los índices delictivos, que involucran, robos de autos, robos con armas, violencia sexual, agresiones y homicidios, Suecia registra el 69,7, Bélgica 30 y Francia 25,1.

Si tomamos en Suecia la franja etaria de 18 a 30 años, la tasa de Homicidios se eleva a 20/millón de habitantes, producto en su mayoría de los enfrentamientos entre grupos criminales rivales, algunos de éstos conformados por adolescentes de entre 14 y 16 años, de ambos sexo, e incluso de menores de 10 a 12 años, utilizados para distintos roles, como ser correos o vigías, aprovechando la laxitud de las leyes penales respecto a menores, que fija la responsabilidad penal a partir de los 15 años, el más alto de Europa, cuyo promedio son los 14 años, algo que ante el escenario actual se estudia reformar.

Además, está muy expandido el mercado negro de armas de fuego, que tiene como principales lugares para la tenencia, el acopio y el tráfico, los barrios periféricos a las grandes ciudades, en particular, Estocolmo y Malmo, en la primera de las nombradas existen entre 6 y 7 áreas controladas por el crimen organizado, con los recurrentes hechos de violencia extrema, incluidas organizaciones transnacionales que se dedican al contrabando, especialmente de drogas ilícitas, una de éstas son los Foxtrot, cuyo líder es el iraquí Rawa Majid, quién inició su organización en Upsala y que ahora la dirige desde Turquía.

Una característica de algunos grupos delictivos, en particular las pequeñas bandas, es que se conforman rápidamente y de igual forma desaparecen, sea por las guerras entre pandillas o por terminar en prisión, algo muy distinto a las estructuras de las organizaciones mafiosas, como los “Morocco”, una ramificación de la Mocro Mafia de los Países Bajos, que posee una organización clásicamente mafiosa, y que tienen el control del tráfico y distribución de estupefacientes y otras drogas ilícitas.

Ahora, es menester tocar la segunda variable de la creciente criminalidad en Suecia, pues hay condiciones socio económicas similares a lo que se da en Francia, con esos complejos edilicios, del tipo monoblock, que se alzan en las periferias de las grandes ciudades, que constituyen verdaderos “islotes” o “banbieues”, donde se relacionan simbióticamente, las actividades del crimen organizado y el islamismo radical, incluso controlando barriadas en las grandes urbes, como Molembeck en Bruselas o Whitechapel y Tower Hamlets en Londres, en donde se rigen por la Sharia y prácticamente el Estado, en este caso el sueco, está ausente y es nula la integración social, constituyendo verdaderas realidades paralelas, y conforman verdaderos centros de operaciones, de bandas criminales y células yihadistas.

En el caso de Suecia, la violencia extrema no sólo es consecuencia del uso de armas de fuego, sino también por artefactos explosivos, que se traduce en casi un centenar de uso de bombas al año, por el caso en el 2022, sobre 391 tiroteos con más de 60 víctimas fatales, se dieron 74 ataques con bombas, y en el 2023 ascendió a 150, con casi la mitad de los muertos en enfrentamientos armados, que en comparación con los tiroteos sucedidos en Noruega, 4/año o Finlandia, 2/año, para el mismo período, demuestran el gravísimo escenario que vive hoy la sociedad sueca.

Este escenario, tanto en Suecia como en Francia, Reino Unido y Bélgica, está relacionado con la problemática de la Inmigración, pero hagamos un poco de historia, Suecia en los últimos 80 años, ha estado ausente o al margen de los conflictos armados europeos, su neutralidad durante la 2da. Guerra Mundial le permitió no ser víctima de la destrucción que ocasionó el mencionado conflicto, su economía y en particular el sector industrial pudo crecer y robustecerse, algo que continuó tras la guerra, enriqueciéndose y constituyéndose en un imán en la demanda de mano de obra, lo que dio lugar a las primeras oleadas migratorias, que provenían de otros países nórdicos, pero para la década de los años 60, los inmigrantes venían de otras partes del mundo, aplicando el gobierno socialdemócrata sueco una política de apertura a la inmigración, que ha durado varias décadas, en un marco interno hasta entonces con un buen equilibrio social.

En las décadas de los años 70 y 80, comenzó a sentirse la presión de los sindicatos, que denunciaban que muchos ciudadanos suecos se encontraban desocupados o subocupados, debido a la mano de obra barata, proveniente de la inmigración, recordemos, que en la década de los 70, asume como 1er ministro el socialdemócrata Olaf Palme, con una visión radical en cuanto a expandir los cupos migratorios, es el período que coincide con la aparición o expansión de esos complejos habitacionales periféricos para inmigrantes, y esta política de Palme ocasionó su magnicidio en febrero de 1986, y cuya autoría ha sido motivo de controversias, por un lado se imputó a grupos de la ultraderecha, luego a terroristas kurdos del PKK y hasta a agentes del servicio secreto sudafricano, de épocas del apartheid, sin embargo, fue acusado del homicidio a un delincuente común, Christer Petterson, para finalmente, en el 2020, recaer la responsabilidad penal en un afiliado del partido liberal-conservador, Partido Moderado, Stig Engstrom, quién se había suicidado en el 2000.

Este evento y su secuelas fueron creando una brecha, un quiebre, que marcan al presente dos posiciones opuestas respecto a la problemática migratoria, que se acentuó en las décadas de los años 90 y principios de este siglo, cuando Suecia comenzó a recibir, casi exclusivamente, inmigrantes provenientes de Oriente Medio y de África, en particular de Siria, Irak, Somalia y el Magreb, y que ha constituido el factor del crecimiento de la población musulmana, que a su vez constituyen los principales beneficiarios de las ayudas sociales que brinda el Estado, por ejemplo, en Suecia en 1982, el índice de nacimientos era muy baja, promulgándose el subsidio por hijo, el cual está vigente, y esto beneficia a las familias musulmanes que tienen un promedio de seis hijos, frente a los dos de las familias suecas y de otros colectivos migratorios, también reciben viviendas públicas, que son los complejos edilicios ya mencionados, y sin olvidar el subsidio a los migrantes que adquieren el status de refugiados, cercano a los €900 o 10.300 coronas suecas, y esto ha colaborado a crear una aptitud de ignorar, negar o menospreciar la llamada cultura del trabajo, y por el contrario a posibilitado la inclinación al delito, en un país donde no se puede argumentar la falacia garantista, que la pobreza lleva a delinquir.

Si bien no se puede ni se debe generalizar, la realidad en Suecia hoy es, que el 90% de las bandas criminales, sin importar el tamaño y estructura orgánica, están constituidas por quienes han conformado las oleadas migratorias de los años 90 y de lo que va de este siglo, sin olvidar las generaciones nacidas en el país escandinavo, lo que al igual que sucede en Francia, Bélgica, Reino Unido y España, son ciudadanos de derecho sobre los que no cabe la expulsión del país, lo que complejiza el grave problema de la criminalidad, lo que se ha visto reflejado en las últimas encuestas realizadas, donde la violencia extrema y la criminalidad, es lo que más preocupa a la sociedad sueca de hoy.

Y esa preocupación generalizada, es la razón principal por la cual tuvo que dimitir la ex 1ra ministra Eva Magdalena Andersson, del Partido Socialdemócrata Sueco, en septiembre del 2022, siendo reemplazada por el ya nombrado Ulf Kristersson, del Partido Moderado, que es la expresión de la derecha, de perfil liberal y conservador, pero también han surgido agrupaciones de ultraderecha, caracterizadas por un exacerbado nacionalismo y xenofobia, que agudizan aún más el escenario de violencia, tal es el caso, del Partido de los Demócratas de Suecia, cuyo líder es Jimmie Akesson, fundado en 1988, que tiene como lema, “Mantener Suecia sueca”, y que a partir del 2010 tiene representación parlamentaria, y desde el 2014 es la 3ra fuerza política, que tras las elecciones del 2022, ha formado coalición con el Partido Moderado del actual 1er. Ministro, quien ya elevado proyectos de leyes migratorias restrictivas, muy similares a las que se aplican ahora en Dinamarca y teniendo al derechista 1er ministro de los Países Bajos, Geert Wilders, como ejemplo a seguir, no sólo en relación a la criminalidad y la inmigración, sino también respecto a terminar con la expansión del Islam radical en Suecia.

Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes a la luz de una realidad, como ser el aumento exponencial de los delitos sexuales, del accionar del crimen organizado y de la expansión del Islam radical, 1) una inmigración descontrolada favorecida por una visión progresista, que a su vez dieron lugar a una estructura jurídica de leyes laxas respecto a la prevención y represión de los delitos, en particular sobre el narcotráfico, más fuerzas policiales débiles y condicionadas a las limitaciones impuestas por el plexo legal antes mencionado, donde los índices de corrupción en sus filas son prácticamente nulos, 2) la conformación de esos islotes o barrios marginados, controlados por los grupos criminales, sumado a sectores donde el Islam radical impone la Sharia por sobre la legislación sueca, han creado realidades paralelas, y 3) Suecia hoy, es el claro ejemplo de la falacia de esgrimir tesis humanitaristas de puertas abiertas a la inmigración, cuando en países con estándares de vida iguales al país escandinavo, como ser Australia, Canadá. Noruega o Japón, pero con regímenes migratorios estrictos y regulados, registran índices de criminalidad mucho más bajos, como así también, la aplicación de doctrinas utilitaristas para conseguir mano de obra no cualificada y barata, en cualquiera de ambos parámetros, a corto o mediano plazo provocan serios problemas socio-económicos y de criminalidad, por esto Suecia debe ser tomado como una lección de los errores que se deben evitar, para lograr que el Estado, la Sociedad y los inmigrantes, se beneficien mutuamente y construir un valioso capital intercultural, respetando las instituciones y las leyes, y de lo expuesto a lo largo de esta columna, no elegí una frase de algún personaje ilustre, sino un simple dato fáctico, “la posibilidad real que una persona en Suecia de entre 16 y 50 años muera por el accionar de un arma de fuego, es 10 veces mayor que en Alemania.”.

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