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Parashat Vaerá- Los hechiceros del pasado y del presente

Radio Jai- Los hechiceros del pasado y del presente

Rabino Yerahmiel Barylka

Como sucede con casi todos los versículos de la Torá, el relato del Exilio y de la Redención, obliga a más de una lectura p
ara descubrir mensajes que a veces nos pasan desapercibidos. Encontramos en el texto a los “jartumim”, magos, taumaturgos, alquimistas, brujos, nigromantes, sabios y hechiceros de Egipto, por primera vez en Bereshit (41: 8, 41:24), cuando su incapacidad para resolver los sueños de Faraón hace que él saque a Yosef de la mazmorra, poniendo en marcha el proceso que llevó a los hijos de Israel a descender a Egipto.
Recientes investigaciones afirman que la palabra jartumim, es una variación hebrea del término egipcio traducido como “lector-sacerdote y experto”. En Vaerá, los hechiceros aparecen en relación con diversas plagas en las primeras etapas de la redención. Ya sea transformando varas en culebras (Shemot 7: 11-13), o exacerbando las plagas en un esfuerzo por probar sus habilidades (Shemot 7:22, 8: 3, 8:14, 9:11). Los brujos egipcios a pesar de sus extrañas habilidades y sus hazañas pasmosas, quedan pálidos frente a la evidente superioridad de los acontecimientos que los desbordan, pero Faraón y la mayoría de los egipcios siguen profesando y confiando ciegamente en sus artes y actividades. Los egipcios creían firmemente en Heka, deidad mitológica personificación de la magia y la fuerza divina del universo. Desde el punto de vista mitológico, podía ser considerado también un dios creador una fuerza cósmica percibida como eficaz, capaz de manipular la realidad en este mundo y en el próximo. Las diez plagas pueden relacionarse con las creencias específicas de los egipcios y del ritual de sus jartumim. Incluso el endurecimiento (literalmente, hacer pesado) del corazón de faraón (Shemot 7:3) alude sutilmente a la creencia egipcia de que su corazón debe sopesarse contra Maat la pluma de la verdad, para concederle la entrada a la vida futura, la personificación de la justicia y el orden cósmico. Creían que la ceremonia de juicio de los muertos se centraba en el peso del corazón del difunto en una balanza equilibrada por Maat (en su jeroglífico, la pluma de avestruz), como prueba de conformidad con los valores adecuados. Hoy, como antes, personas creen en los efectos apotropaicos, -el mecanismo de defensa mágico o sobrenatural evidenciado en determinados actos, rituales, objetos o frases formularias-, consistente en alejar el mal o protegerse de él, del mal de ojo, de los diabólicos espíritus o una acción mágica maligna en particular. Para muchos, esa fe en curanderos, sanadores, chamanes y en sus actos mágicos, es más fuerte que la que tienen en Dios. No en vano recurren a talismanes y supersticiones para protegerse y alejar el daño, sanar dolencias, inducir amor, producir lluvia, dañar a los enemigos nacionales e incluso animar a los muertos en el más allá, cuando están desesperados y las emociones dominan la inteligencia y el raciocinio. Son los jartumim de nuestro tiempo. Son los maestros de antiguas tradiciones literarias y rituales de poder percibido que también en nuestro tiempo tienen muchos discípulos que los siguen ciegamente.
La Torá, los retrata como profesionales de élite que poseen habilidades considerables para impresionar a la gente. A ellos recurren los incautos y los desesperados. Las autoridades políticas de más de un país recurren a actos mágicos y a rituales para conservar su poder o se rodean de modernos jartumim para oír sus consejos y desentrañar sus sueños y fantasías. Uno de los objetivos principales de los milagros asociados con la redención de Egipto fue mostrarle al mundo entero, comenzando por los hijos de Israel, que el Santo, bendito sea Él, es el omnipotente Señor del Universo, el único que supervisa providencialmente lo que sucede. Lo que es imposible de acuerdo con los poderes de magos y hechiceros, es común en las leyes de la naturaleza creada por nuestro Dios. Moshé y Aarón no siguieron las leyes de la ciencia o la naturaleza, porque se guiaron por el verdadero Maestro. El objetivo de la redención futura será lograr que el mundo entero reconozca la soberanía del Señor, como se afirma en muchos pasajes proféticos sobre la redención, como por ejemplo, al final de Mijá (7: 15-16): “Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto. Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos”. Así como en la primera redención de Egipto era necesario reconocer que “lo que parece imposible según las leyes de la naturaleza es procedente según las leyes del Señor”, así también, ello se producirá en la redención final. En la Haftará de este shabat, tomada de Yejezkel, leemos: “Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy .A.” Esta, por supuesto, es la conclusión que Parashat Vaerá nos enseña como el objetivo de las plagas, que no es la subyugación militar, ni humillar a sus pobladores, ni siquiera convencer a Faraón, sino llevar a todos a reconocer a Dios. El denominador común entre la reunión de los exiliados de Israel y Egipto se encuentra en este punto de intervención Divina, y esto explica por qué se utiliza la misma redacción para los dos procesos. Todo esto se afirma explícitamente en la haftará en el verso: “Y no será ya más para la casa de Israel apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos; y sabrán que yo soy .A. el Señor” (Yejezkel 19:16). No menos de cuatro veces en el transcurso de la haftará el profeta repite la oración clave: “Y sabrán que yo soy el Señor”, porque la profecía de Yejezkel está dirigida al elemento teológico en la lucha con Egipto, y por lo tanto sirve como el corolario más apropiado para Parashat Vaerá. Así nos recuerda que pese a los aparentes poderes de la jartumim del pasado y del presente, no son ellos los que nos salvarán, sino el Creador. Entonces viviremos la última redención.

La disonancia cognitiva de Faraón

El concepto de disonancia cognitiva, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por una conducta que entra en conflicto con sus creencias. Al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable la persona se ve automáticamente inducida para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

Eso sucede muchas veces y casi todos nosotros hemos estado en esta circunstancia.

Nuestra parashá nos trae una muestra muy clara de esa desarmonía interna. Veremos: ya han ocurrido seis plagas. Las calamidades han atacado a los dioses egipcios, a las fuentes de alimento de la nación, a su infraestructura mercantil y sus cuerpos. Los azotes han venido de la tierra, el agua y los cielos. Después de la tercera plaga, los propios magos del Faraón admitieron que las plagas eran la mano de Dios, ilusiones que ni siquiera podrían intentar replicar. Así que ahora Dios le dice a los egipcios a través de Moshé su profeta, que la próxima catástrofe será peor que todas las anteriores. Incluirá otras formas de devastación y otros estragos.

¿Qué egipcio no comenzaría a actuar para evitar seguir sufriendo?  Sólo un loco podría pensar que no le va a pasar nada y quedarse quieto sin tomar decisiones.

Por una variedad de razones, hay personas que se niegan a reconocer lo obvio.

Y ello ocurrió como lo veremos más adelante traduciendo los versículos y también le sucedió a nuestro propio pueblo en más de una circunstancia histórica que lo obvio fue rechazado por racionalizaciones que podrían explicar la inacción. Ello en el nivel colectivo. Más seguido sucede en lo personal.

Regresemos a la parashá y veamos algunos versos de Shemot 9:13 y subsiguientes: “Entonces .A. dijo a Moshé: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: .A., el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra. Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. ¿Todavía te ensoberbeces contra mi pueblo, para no dejarlos ir? He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy pesado, cual nunca hubo en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora. Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se halle en el campo, y no sea recogido a casa, el granizo caerá sobre él, y morirá. De los siervos de Faraón, el que tuvo temor de la palabra de .A.  hizo huir sus criados y su ganado a casa; mas el que no puso en su corazón la palabra de .A., dejó sus criados y sus ganados en el campo. Y .A. dijo a Moshé: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto. Y Moshé extendió su vara hacia el cielo, y .A.  hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y .A.  hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. Solamente en la tierra de Goshén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo. Entonces Faraón envió a llamar a Moshé y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; .A. es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a .A. para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más. Y le respondió Moshé: Tan pronto salga yo de la ciudad, extenderé mis manos a .A., y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de .A.  es la tierra. Pero yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia de .A. Dios. El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran tardíos. Y salido Moshé de la presencia de Faraón, fuera de la ciudad, extendió sus manos a .A., y cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia no cayó más sobre la tierra. Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y el granizo y los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él y sus siervos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, como .A.  lo había dicho por medio de Moshé”.

En la plaga del granizo como hemos leído observamos la longitud de la plaga y las alusiones a la omnipotencia de Hashem. En el versículo 14 encontramos el término ‘todas mis plagas’ que se refiere a la última plaga de la muerte del primogénito, o   a las plagas que devastaron las cosechas.

El granizo se describe como un evento nunca visto en los anales de Egipto (Ibíd., Versículo 18).  El granizo es sobrenatural (Ibíd., Versículo 23-24)   conteniendo el fuego dentro del agua. Los versos 19-21 ofrecen una salida y un beneficio para aquellos que profesan la fe en Dios. Además, como hemos visto anteriormente, Faraón convoca a Moshé y a Aarón pidiéndoles que pongan fin a la plaga y se comprometan a todo tipo de promesas sobre las cuales él renegará. En el versículo 27 Faraón declara: “Esta vez pequé; Hashem es el justo, y yo y mi pueblo somos los malvados”. En última instancia, cuando el faraón cambió de opinión, la Torá lo describe como una continuación del pecado “(versículo 34).

Además, tengamos en cuenta el comentario de Rashí sobre el versículo 29. Allí Rashí describe la disposición de Moshé a pedir el fin de la plaga, pero su renuencia a hacerlo hasta que salga de la ciudad que contenía el palacio de Faraón. Rashí afirma que Moshé se negó a orar en la proximidad de la ciudad debido a la ubicuidad de los ídolos que estaban en todos lados. Los comentarios sobre Rashí preguntan por qué esperó hasta este punto para informarnos de este hecho. ¿Por qué aquí? Sabemos que el faraón le preguntó a Moshé antes de orar por el fin de una plaga.

Rabí Moshé Taraguin dijo que lo que sucedió fue que tener un Dios omnipotente que es simultáneamente vengativo y misericordioso confundió la mente pagana. Esto era extraño para ellos. Si Dios es justo no puede ser misericordioso y viceversa.

El rabino Israel Salanter cita un verso de Qohelet 7:29: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”.   Su respuesta intenta decirnos que el hombre hace cálculos.   Es asombroso lo que la mente humana puede hacer y cómo se puede engañar a sí misma en el pensamiento que negro es blanco y el día es noche.

La disonancia cognitiva de los hermanos de Yosef en Egipto es otra prueba de este tipo de pensamiento, nunca se les ocurrió que el virrey de Egipto podría ser su hermano Yosef pese a que era muy difícil que no lo reconocieran.

Este es el poder de la mente.

El rabino Eljanan   Wasserman comentó, que el hombre sin temor de Dios, es sólo otra especie de disonante a quien le resulta difícil aceptar que hay un soberano del mundo y como consecuencia le implica cierta falta de coherencia entre actitud y acción.

De estos ejemplos podemos derivar la necesidad de repensar cada acción para poder determinar a tiempo los mecanismos que nos distorsionan el pensamiento para que siempre pensemos la mejor manera para nosotros y nuestro prójimo. Para que las decisiones que tomemos sean las mejores en cada momento de nuestra existencia.

Faraón cayó víctima de su empecinamiento y con él todo su pueblo.

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