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El aumento de tensión en el juego del Tigre y el Dragón

Profesor Luis Fuensalida

Por el Prof. Luis Fuensalida

El llamado Lejano Oriente, esta dominado por el juego geopolítico entre la India y China, o como también se los representan a estos dos Estados, el Tigre y el Dragón, que encuentra los orígenes de estas recurrentes crisis en el Siglo XIX, cuando el Imperio Británico reconoció al Tíbet y a su gobernante el Dalai Lama como autónomos y provocó el rechazo de la entonces China Imperial, luego, en 1914 la corona británica y el Tíbet firmaron un tratado que definía la frontera noreste del virreinato de la India y ya para mediados del siglo pasado, en 1950 la recién constituida República Popular China bajo el liderazgo de Mao Zedong, ocupó militarmente el Tíbet y la línea MacMahon del tratado de 1914 pasó a ser la frontera directa entre ambos gigantes asiáticos, y de esta manera iban a chocar los intereses geopolíticos contrapuestos, aunque en principio, China iba a reconocer de facto la línea MacMahon y por su parte la India, con su recién obtenida independencia en agosto de 1947, no tenía intensiones de provocar al régimen comunista de Beijing.

En la década de los años 60 del siglo pasado la situación fue cambiando, el gobierno chino comenzó a presionar a la India para que modificara los límites, pero el gobierno indio se negó a cualquier tipo de negociación, en respuesta Beijing reforzó su presencia militar en aquella región, por lo tanto, India hizo lo propio, enviando un fuerte contingente militar. Finalmente en 1962 se produjo el conflicto armado entre ambas potencias, que duró de junio a noviembre de aquel año y el balance fue favorable a China, y un astuto Mao eligió detener el avance de sus tropas y proclamar un alto al fuego, ante el pedido de ayuda del 1er. ministro Nehru al presidente John F. Kennedy.

Ha pasado el tiempo, pero la disputa fronteriza entre los dos países más poblados del mundo y con arsenal nuclear, no ha sido superada, a mediados del año pasado en la región del valle de Galwan se produjo un enfrentamiento armado entre efectivos de ambos ejércitos con un saldo de muertos y heridos por ambas partes, aunque Beijing no confirmó bajas al principio pero luego reconoció cuatro soldados fallecidos, mientras que el gobierno indio denunció la muerte de varios de sus soldados, lo que constituyen las primeras muertes desde hace más de cuarenta años.

Las tensiones y enfrentamientos por un tiempo pararon, pero en el mes de enero del presente año se volvieron a reeditar en la región de Sikkim, al este del Himalaya, con un saldo de una veintena de soldados del Ejercito Popular chino muertos y al menos cuatro militares indios heridos, lo que aumentó la tensión entre ambos países, en una frontera común de 3.488 km. de extensión con varios puntos en disputa.

Estas disputas territoriales se centran particularmente en tres áreas, a saber, 90.000 km cuadrados en Arunachal en el este, la siguiente, cerca de Nepal en el centro, y 30.000 km en Aksai Chin/Ladakh al oeste, esta última es muy importante para China pues por esa región pasa la única carretera que conecta Xinjiang con el Tíbet, dos regiones autónomas chinas con actividades de grupos secesionistas, en la primera resistencia musulmana y en la segunda reivindicaciones independentistas, y es por esto que Beijing necesita aquella vía para la movilización de fuerzas militares.

Pues bien, sin llegar a la gravedad de los choques señalados, desde la llegada al poder del presidente Xi Jimping en el 2012 y de Narendra Modi en  el 2014, los incidentes no cesaron, en el 2015  se produjeron 428, la mayoría en la zona oeste de la frontera común, esto determinó que en el 2018 ambos mandatarios se reunieran en la ciudad china de Wuhan con el objetivo, al menos, de bajar la tensión, sin embargo, en el 2019 la cifra ascendió a 663, de los cuales más de 400 también se dieron del lado occidental.

Pese a estos encontronazos entre ambos gigantes asiáticos, ambos han intentado dejar sus diferencias  sobre las regiones en disputa en un segundo plano y priorizar sus relaciones económicas y diplomáticas, no olvidemos que son las dos más grandes potencias emergentes y cooperan dentro del grupo de los BRICs, y la prueba esta en que China es el principal socio comercial de la India, valga como ejemplo el intercambio de todo el año 2019 alcanzaron los u$s.84.320 millones.

En febrero ppdo., los ministros de RR.EE. de China, Wang Yi  y el de India, Subrahmanyam Jaishankar, llevaron a cabo conversaciones sobre las relaciones bilaterales, incluida la cuestión fronteriza, que según el representante chino, considera debe ser abordada adecuadamente para que no se caiga en un círculo vicioso y peligroso, mientras que su homólogo indio reconoció, que la cuestión de los límites puede tardar en resolverse, pero la perturbación de la paz, incluidos los incidentes violentos tendrán un impacto negativo en la relación entre ambos Estados.

Es así, que semanas después ambos gobiernos ordenaran el repliego de sus respectivas fuerzas militares en la región del lago de Pangong, y se han dinamizado las conversaciones entre los Comandos militares de ambos países para mejorar el control de la frontera y disminuir las tensiones, lo que hasta ahora había calmado significativamente la situación.

Sin embargo, el pasado mes de octubre, India probó un misil balístico intercontinental con capacidad nuclear y un alcance de 5.000 km., el Agni-V, algo que se enmarca con la política de disuasión del gobierno de Delhi que tiene como objetivo la actualización de sus sistemas armamentísticos ante el acelerado desarrollo de misiles de última generación de China.

Desde 1990, India ha desarrollado sistemas nucleares y misiles de medio y largo alcance que no sólo tienen la capacidad de impactar en todo el territorio de su histórico enemigo, Pakistán, también potencia nuclear, sino que también el Agni-V puede hacer lo mismo sobre el territorio chino, más allá que el gobierno de Delhi reafirma que la prioridad es aumentar su capacidad de defensa ante los intentos de Beijing de hacer mayor su influencia en el Océano Índico, todo lo cual a reavivado las tensiones entre ambos países y abre una nueva carrera armamentística en aquella región.

Prueba de esta peligrosa carrera, es que China ha probado el fin de semana pasado un nuevo misil hipersónico con capacidad nuclear, algo que según algunos analistas ha tomado por sorpresa también a los EE.UU., a lo que podemos agregar que Beijing cuenta tanto con misiles balísticos intercontinentales, que valga la explicación, es un misil de largo alcance que sale de la atmósfera terrestre y vuelve a ingresar siguiendo una trayectoria parabólica hasta alcanzar su objetivo, echa la aclaración, lo más preocupante para Washington son los FOB o sistema de bombardeo orbital, que consiste en misiles que son puestos en órbita alrededor de la Tierra y luego atacan objetivos desde una dirección inesperada, este sistema, sin embargo no es nuevo, ya durante la Guerra Fría, la URSS inició un proyecto similar que luego quedo desactivado por la caída del Imperio Soviético y que ahora China ha vuelto a reeditar.

Como se puede apreciar, aquella región es una olla a presión que por ahora, su válvula ha funcionado acertadamente, pero tanto las tensiones entre China e India por litigios fronterizos no resueltos que hacen a la geopolítica expansiva china de su Nuevo Camino de la Seda, sumada, la carrera armamentística entre ambos países, como la irresuelta crisis de Taiwan, sin olvidar los históricos conflictos indo-pakistaníes, brindan las posibilidades de nuevos choques entre actores internacionales nucleares.

Quizás, para comprender la real dimensión del poder de ambos actores, India y China, veamos sintéticamente algunos datos: India posee una población de 1.372 millones de habitantes, con un PBI nominal de algo más de 2,6 billones de Dólares, con un crecimiento anual promedio en las últimas décadas de 5,8% y la coloca en el 4to. puesto de las economías más grandes en términos de paridad de poder adquisitivo, pese a lo cual India presenta una de las mayores concentraciones de pobres y los porcentuales en Salud y Educación, en relación a su PBI son bajos, 1,2% y 0,6% respectivamente, sin embargo, posee la 4ta. fuerza militar más grande a nivel mundial, se estima en casi 3 millones de efectivos y es el 6to. país con arsenal nuclear en el mundo, por su parte, China es el país más poblado del mundo, 1.414 millones de habitantes, con el 2do. PBI nominal de más de 6,9 billones de dólares, detrás de los EE.UU., y por delante de éste, es decir, la 1ra. en términos de paridad de capacidad de poder adquisitivo, y si bien había tenido un crecimiento anual promedio del 11% en los primeros tres lustros del presente siglo, en los últimos años ha registrado una ligera contracción y el año pasado fue del 6,5%, pero en el primer trimestre de este año casi se triplicó alcanzando el 18,3%, y su expansión en el comercio internacional ha alcanzado a los EE.UU., y lo ha superado en el campo de la ciencia y tecnología, en particular en el campo de la inteligencia artificial, en cuanto a su poder militar, además de ser potencia nuclear, posee las FF.AA. más grandes del mundo, se estima en 3,2 millones de efectivos, y es el 3er. país con mayor arsenal nuclear y sin olvidar su rápido desarrollo en los últimos años en el campo aero-espacial.

Finalizando mi columna de hoy, es evidente que estamos ante dos grandes potencias, entre las cuales hay litigios territoriales irresueltos que están directamente relacionados con sus intereses y objetivos geopolíticos y geoeconómicos a nivel regional pero con proyección global por la expansión de sus economías, que poseen un poderoso arsenal nuclear y que parece que ahora se han embarcado en una delicada carrera armamentística, la pregunta es, ¿si es posible que el juego geopolítico entre el Tigre y el Dragón pueda desembocar en un conflicto armado, aunque sea de baja intensidad, acotado en tiempo y con uso de armas convencionales?, particularmente creo que tanto Beijing como Delhi saben que algo así repercutiría negativamente en sus respectivos crecimientos y desarrollos y tendría graves consecuencias para la economía global, por lo tanto, pienso que seguirá rugiendo uno y lanzando fuego el otro, pero que saben que lo mejor para ambos es la coexistencia y complementación económica y científico tecnológica en un mundo marcado por una interdependencia compleja.

 

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