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A 92 años del nacimiento de Elie Wiesel, sobreviviente de la shoá y premio Nobel

Elie Wiesel, un sobreviviente de Auschwitz que se convirtió en un elocuente testigo de los 6 millones de judíos que fueron asesinados en la Segunda Guerra Mundial, murió el sábado en su casa en Manhattan a los 87 años

Wiesel, más que nadie, imprimió la memoria del Holocausto en la conciencia del mundo y se convirtió en un exitoso autor con una fructífera carrera literaria.

Además de su trabajo como escritor, también se desempeñó como profesor de humanidades. En 1986 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, él no se definía por sus labores intelectuales sino por el gran vacío que llenó como testigo y sobreviviente del horror desencadenado por el régimen de Adolf Hitler.

Tras la masacre sistemática de judíos que ejecutó el gobierno alemán, Wiesel emergió como una de las voces que dio detalles sobre la gravedad de lo sucedido y trató de dilucidar cómo cambió la concepción de humanidad y la idea de Dios.

Durante casi dos décadas, sobrevivientes traumatizados —y muchos judíos estadounidenses que se sentían culpables por no haber hecho lo suficiente para rescatar a sus hermanos— parecían congelados por el silencio.

Wiesel, quien fue liberado del campo de Buchenwald a los 16 años y llevó toda su vida el tatuaje con el número de prisionero A-7713, usó la fuerza de su personalidad y su genio literario para expresarse con frases inquietantes y así exhumar el Holocausto del cementerio de los libros de historia.

Su labor contra el olvido y la violencia fue lo que reconoció el comité del Premio Nobel cuando se le otorgó el máximo galardón de la paz en 1986.

“Wiesel es un mensajero de la humanidad”, dijeron los voceros del comité. “Su mensaje es de paz, reconciliación y dignidad humana. Su creencia de que las fuerzas que combaten el mal en el mundo pueden lograr la victoria es una convicción que se ganó duramente”.

Wiesel se dio a conocer en 1960 con la traducción al inglés de Night, su relato autobiográfico de los horrores que presenció en los campos de concentración cuando era apenas un niño de 15 años. Escribió sobre la culpa que sentía por haber sobrevivido mientras millones de personas murieron, y sobre el tormento que experimentó al dudar de la existencia de un dios que hubiese permitido esa masacre.

“Nunca olvidaré esa noche, la primera noche en el campo, que convirtió mi vida en una larga noche, siete veces maldita y siete veces sellada”, escribió.

“Nunca olvidaré ese humo. Nunca olvidaré las pequeñas caras de los niños, cuyos cuerpos vi convertirse en espirales de humo bajo un cielo azul en silencio. Nunca olvidaré esas llamas que consumieron mi fe para siempre. Nunca olvidaré el silencio nocturno que me privó, por toda la eternidad, del deseo de vivir. Nunca olvidaré esos momentos que asesinaron a mi Dios, a mi alma, y convirtieron mis sueños en polvo. Nunca olvidaré eso, incluso si estoy condenado a vivir tanto como Dios mismo. Nunca”.

Wiesel se dedicó a escribir novelas, libros de ensayos y reportajes, dos obras de teatro e incluso dos cantatas. Mientras que muchos de sus libros eran sobre los judíos soviéticos o los maestros jasídicos, todos se centraban en cuestiones de profunda resonancia, incluso más allá del Holocausto: ¿Cuál es el sentido de vivir en un universo que tolera la crueldad inimaginable? ¿Por qué el mundo guardó silencio? ¿Cómo se puede seguir creyendo? Wiesel hizo esas preguntas en una prosa libre, sin levantar la voz y se abstuvo de buscar respuestas.

“Si he sobrevivido, debe ser por alguna razón”, le dijo a Michiko Kakutani de The New York Times en una entrevista en 1981. “Tengo que hacer algo con mi vida. Es demasiado serio como para seguir jugando porque, en vez de mí, otra persona pudo haberse salvado. Yo trato de hablar en nombre de esa persona. Pero, por otro lado, sé que eso no es posible”.

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