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La relación Argentina – China, ¿crudo pragmatismo o durmiendo con el enemigo?

Durante algo más de mis 15 años como docente universitario, en mis cátedras de Historia de las RR.II. y Práctica Profesional, desde mi visión de la Escuela Realista, hacía hincapié en aquella frase de quién fuera 1er. ministro británico a mediados del Siglo XIX, Lord Palmerstone, “…la Corona, no tiene amigos ni enemigos permanentes, sólo intereses permanentes…”, y en base a este axioma de la Política Internacional, les decía a mis alumnos que sustituyeran, “la Corona”, por “la Argentina”, para así aplicar esa visión pragmática a las relaciones de nuestro país con el resto de los actores internacionales.

Esa visión, propia de la Escuela Realista, no ha sido aplicada en gran parte de la Historia Argentina por nuestra diplomacia, y tampoco fue algo que caracterizó a la denominada “tercera posición” de Juan Perón, que no se condecía con la política esgrimida por el bloque de países que conformaron los “No Alineados”, durante el período de la Guerra Fría.

Días pasados, en distintos medios y ámbitos europeos se planteó la inquietud sobre los fines de la base china levantada en la provincia del Neuquén, Argentina, en particular por que la misma es administrada y dirigida por el Ejercito de Liberación Popular chino.

Ahora bien, antes de seguir con el análisis, veamos brevemente la historia del emplazamiento de esta base.

En el año 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández, se iniciaron los contactos entre la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) de Argentina y la Agencia China de Lanzamiento, Seguimiento y Control General de Satélites o CLTC, con el objetivo de instalar en nuestro país una base de apoyo para las misiones chinas de exploración espacial.

El acuerdo firmado por la ex presidente y su homólogo chino, Xi Jimping, que el 3 septiembre del 2014, el proyecto fue aprobado por dictamen de comisión, sería el sello para la construcción de la estación espacial, en un predio de 200 hectáreas en la localidad de Bajada del Agrio, Neuquén, con una concesión por 50 años, y representaba una inversión de unos u$s. 300 millones.

Como contrapartida, la Argentina tiene a través de la CONAE a un acceso gratuito del 10% en el uso de la poderosa antena, para proyectos de investigación nacionales y de cooperación regional e internacional.

La base china fue finalizada en octubre de 2017, pero al llegar al gobierno Mauricio Macri, más allá de ser ratificado el acuerdo, se agregó un anexo que expresamente establece su uso civil y no militar, una iniciativa de la ex canciller argentina Susana Malcorra, luego de analizar el Acuerdo y que pese a que por el mismo, Beijing se comprometió a informar al gobierno argentino de las actividades de la base, no hay ningún mecanismo para que se garantice que no se hace uso militar, como así también, el Estado Nacional no supervisa las operaciones que en la estación se llevan a cabo, esto último, fue el requisito que exigió China a cambio de agregar el anexo antes mencionado.

Por otro lado, la CLTC, es decir la agencia china espacial señalada, está dirigida por la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejercito Popular de Liberación, por lo cual es imposible descartar algún uso militar o de espionaje, al poder escuchar y seguir a satélites de otros Estados, lo que se corresponde con la estrategia de China de “militarización” del espacio exterior, y a todo esto podemos sumar las medidas de seguridad aplicadas en el predio de la estación, propias de una base militar y que impiden la visita de personal ajeno a la misma, salvo que se tramite una solicitud para ello, que está sujeta a los funcionarios chinos a cargo de la base, tal como si fuera lo mismo que ingresar a un territorio extranjero, algo que indudablemente daña la Soberanía Nacional.

Por lo señalado, es que en el ámbito de la U.E. como en el gobierno de los EE.UU., están las sospechas que los objetivos de la estación espacial china no se limiten sólo a lo científico, y que lo militar esta presente en las tareas que allí se desarrollan, por eso no extraña que la semana pasada en la prensa británica circulara la categórica frase, “Not for science” para advertir que los fines prioritarios de Beijing son militares y de espionaje satelital, lo que concuerda con las declaraciones de Craig Faller, Jefe del Comando Sur de los EE.UU., que ha dicho, “…uno de los objetivos de base china es monitorear y potencialmente convertir en objetivos las actividades espaciales de los EE.UU. y sus aliados…” a lo que se suma los dichos de Garret Marquiz, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, “…la estación terrestre en la Patagonia, acordada hace una década, con un gobierno financieramente vulnerable, es otro ejemplo de los opacos y depredadores tratos chinos que socavan la soberanía de las naciones anfitrionas…”.

Lo cierto es, que todo el personal de la base, unos 40 efectivos, son de nacionalidad china, y que las visitas que son autorizadas, son guiadas para sólo ver sectores o componentes poco importantes, por eso para la mayoría de los habitantes de la localidad de Las Lajas, distante a unos 20 minutos, consideran que más que una estación espacial científica es una base militar china en territorio argentino.

En cambio, algo más interesante, aunque también tiene sus pro y sus contras, es el proyecto que prevé abastecer con carne porcina a China, que se acordaría por el término de 6 años y que le representa a nuestro país una inversión del gigante asiático por u$s. 4.000 millones.

Esta inversión china se da por dos razones, la primera es que China quiere recuperar el stock de carne porcina habida cuenta que las autoridades sanitarias de aquel país el año pasado eliminaron el 40% de ese ganado como consecuencia de un brote de Fiebre Africana, la segunda razón, porque le es más económico que la oferta de Brasil, su socio predilecto en la región, pues con la devaluación de la moneda argentina, el kilo de aquella carne en el mercado exportador brasileño es u$s.2, mientras que lo que le saldrá comprando a la Argentina es de u$s. 0,70 centavos.

El proyecto contempla el abastecimiento de 900 mil toneladas anuales y el desarrollo de mega granjas con capacidad de albergar aproximadamente 300 mil cerdos hembras, a lo que se debe sumar, plantas de procesamiento de soja y maíz transgénico, instalaciones de balanceado y frigoríficos para el faenado y el embalaje.

Las ubicaciones de estas mega granjas estarán en función de ciertos requisitos, como ser, una superficie mínima de 100 hectáreas, que garanticen una provisión diaria de agua de aproximadamente 1,5 millones de litros y además deben estar en regiones con la suficiente infraestructura en caminos, líneas ferroviarias y capacidad para brindar la mano de obra necesaria, y es por eso que además de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, otras más, están interesadas en participar de este proyecto.

Pero, como lo señalé, hay también voces que se manifiestan en contra, y provienen de los grupos ambientalistas, por ejemplo, Greenpeace informa que en aquellos países con una producción porcina intensiva, por el caso Méjico, las emisiones de gases letales, dióxido de carbono y metano, de este tipo de mega granjas e instalaciones auxiliares, generan diariamente el equivalente a la emisión de un millón de automóviles, también que se daría un nivel de contaminación del agua y el suelo, por lo cual, para que el proyecto sea beneficioso para ambas partes, se debe tener presente un daño ambiental acotado y controlado.

Por último, en lo que hace a las relaciones argentino – chinas, es a mi criterio preocupante, el reciente encuentro virtual entre el presidente del Partido Justicialista, el ex gobernador Luis Gioia, con funcionarios del Partido Comunista Chino, evento que fue gestionado por el ex canciller y actual presidente de la Comisión de RR.EE. del Senado, Jorge Taiana, con el objetivo de ilustrarse de las políticas aplicadas por Beijing para crear modelos exitosos contra la pobreza, como las aplicadas en la provincia de Guizhou.

Este denominado seminario también reafirmó la visión desde el peronismo, de profundizar la cooperación política y económica, y la capacitación de dirigentes de ese movimiento en China, a lo que fue correspondido por Zhu Rui, el ministro adjunto del Depto. Internacional del Comité Central del Partido Comunista Chino, quién expresó, “…La cooperación es clave para resolver temas como la pobreza y el desarrollo comercial, las convicciones de justicia social del peronismo son también convicciones de nuestro partido…”.

Pues bien, coincido en que la cooperación bilateral o multilateral entre actores de la comunidad internacional es una forma idónea para resolver los problemas que padecen los países, en todos los sectores de la actividad humana y de las contingencias naturales y climáticas, pero que se capacite a dirigentes políticos, o se tomen como ejemplo para aplicar en nuestro país, políticas esgrimidas por un régimen autoritario y antidemocrático como el que rige en China desde 1949, más allá de las reformas de finales de la década de los años 70 llevadas a cabo por Den Xiao Ping y profundizadas por su mejor discípulo, el actual presidente Xi Jimping, son por demás nocivas y peligrosas para una nación, la Argentina, que más allá de sus errores, ha tenido siempre como aspiración una República Representativa y Federal, en que el modelo sea el respeto por la ley y las instituciones, el sano disenso, las garantías de los derechos inalienables a todos los seres humanos sin distinción de razas, credos y religión.

Finalizando mi columna de hoy, quiero recordar unas palabras de Sir Winston Churchill, que sería bueno que toda la Sociedad y en especial nuestra dirigencia política tenga muy presente, “…la Democracia es el peor sistema que existe, pero no hay uno mejor…”.

Por el profesor Luis Fuensalida

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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