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Curiosas anécdotas del Primer Congreso Sionista Mundial

Durante la presente semana se cumplirá un nuevo aniversario de la realización del Primer Congreso Sionista Mundial, que significó el inicio de la búsqueda institucional de una solución nacional para el pueblo judío. La primera gran convención de delegados sionistas tuvo lugar en Basilea, Suiza, del 29 al 31 de agosto de 1897.
Theodor Herzl, fundador del sionismo político, resolvió organizar el Congreso tras el fracaso en convocar a judíos prominentes para financiar la causa sionista. También habían incidido en su decisión, la urgencia en adoptar una solución a los dramáticos sucesos que vivían los judíos en Europa del Este, y el impacto trascendente de su libro ‘El Estado Judío’.
Fue el banquero judío holandés Jacobus Kahn, quien puso a disposición de Herzl y del incipiente movimiento la financiación y las conexiones políticas necesarias para la celebración del primer congreso. El conclave tenía por objetivo crear la base para hacer del sionismo un movimiento político organizado de amplio alcance.
La convocatoria al Congreso fue un acontecimiento en el que abundaron múltiples y curiosas anécdotas. En primer lugar, su realización estaba programada para el 25 de agosto de 1897 en Munich, pero los organizadores se encontraron con una creciente oposición por parte de rabinos, tanto ortodoxos como reformistas, y de dirigentes políticos diaspóricos. Argumentaban que el congreso en su ciudad ponía en peligro la seguridad de los judíos, ante la posible duda de su patriotismo y lealtad al país, por lo que Herzl trasladó el Congreso a Basilea.
Cuentan que cuando Herzl llegó a la ciudad Suiza, cuatro días antes de la apertura del Congreso, se hospedó en el Hotel Tres Reyes, que hasta el día de hoy llama con el nombre ‘Herzl’ a la habitación en la que se alojó, y por tener la famosa vista al río Birds, imagen guardada en la famosa foto. De allí fue a inspeccionar las oficinas que el municipio había puesto a disposición de los organizadores. Pronto descubrió que las oficinas estaban ubicadas en una sastrería, y para evitar el ridículo, ordenó que el letrero de la tienda fuese cubierto con tela para no dar una pobre primera impresión.
Luego se dirigió a conocer el salón del Congreso, el activista sionista David Farbstein de Zurich había alquilado una bodega de cerveza con un escenario adecuado, al ver Herzl el lugar, canceló el trato y trasladó el Congreso a los pasillos del Casino Municipal. Una bandera azul y blanca engalanaba la entrada, David Wolfson cuenta en sus memorias que en su búsqueda de una bandera adecuada, pensó en el talit, por lo que ordenó una bandera azul y blanca decorada con una estrella de David.
La mayoría de los delegados que llegaron en tren a Basilea viajaron en tercera clase. Se registraron en la oficina de Herzl y recibieron sus tarjetas identificatorias en las que había una imagen de un agricultor sembrando unos surcos que se extendían hasta el Muro de los Lamentos. Además de Europa, llegaron delegados de la Tierra de Israel, África del Norte y América. Las calles de Basilea estaban llenas de coloridos grupos de todo el mundo judío.
Los congresales cenaban en un restaurante de la cadena Braunschweiger, de típicas salchichas alemanas, y se los reconocía porque portaban insignias azules con 12 estrellas rojas y doradas en las que estaba escrito en alemán ‘La única solución a la cuestión judía es la base del estado judío’.
Herzl se ocupó que los oradores no superen el tiempo asignado. Todos los discursos se entregaban con antelación por escrito a los presidentes de las distintas comisiones. Las invitaciones especificaban que se debía asistir a la ceremonia de apertura de ‘traje negro formal, o vestido negro para las damas, y una corbata blanca’, por lo tanto, los congresales se vieron obligados a salir corriendo a las tiendas de alquiler de ropa de gala. Cuentan que Max Nordau se negó a ponerse un frac a las diez de la mañana, pero Herzl lo persuadió diciendo: ‘La gente debería acostumbrarse a ver el Congreso como el espectáculo más sublime y solemne’. Herzl quería darle a las discusiones un ambiente cálido y majestuoso, y explicó que la vestimenta formal ‘crea rápidamente un tono de voz moderado’.
La ceremonia de apertura se celebró en la sala Casino de Basilea, en el mañana del 29 de agosto se llevó a cabo una emocionante ceremonia, a la que asistieron 208 delegados de 16 países. Estuvieron presentes 26 reporteros especiales de importantes periódicos europeos, cientos de espectadores se sentaron en las gradas, incluidos curiosos suizos no judíos.
El discurso inaugural estuvo a cargo del decano de los congresales, Karpel Lipa de Rumania, quien era un veterano activista del movimiento Jovevei Sion. En lugar de hablar los 10 minutos acordados, se extendió a 30, momento en que le dio el martillo de mando a Herzl con la frase: ’Lo único que necesitamos es una patria’, lo que provocó un unánime atronador aplauso de la multitud.
Herzl tuvo dificultades para comenzar su discurso por los incesantes aplausos durante 15 minutos que se intensificaban cada vez que iba a comenzar a hablar. En su exposición dejó en claro que: ‘Queremos sentar la piedra angular de una casa donde el pueblo judío algún día vivirá’, para luego resaltar la emigración de los judíos a la Tierra de Israel diciendo: ‘No hay lugar en el mundo donde los judíos se asienten más rápidamente que en su patria histórica’. Al concluir su disertación estallaron nuevamente los aplausos y muchas personas pugnaron en acercarse a él para saludarlo, volteando mesas y sillas. Herzl fue electo presidente del Congreso por unanimidad.
El conclave estuvo dividido en varios comités y también tenían lugar discusiones plenarias. Después de arduos debates, el Congreso aprobó el Plan de Basilea, que declaró que el movimiento sionista aspira a establecer una patria para los judíos en la Tierra de Israel, y se establecieron medidas de acción para llevar a cabo el plan. Herzl se aseguró que no se dijeran en público conceptos que pudieran dañar a los colonos en Israel y a los judíos de Rusia, sabía que en la audiencia de cierre estaban presentes agentes de la policía del zar y del sultán turco
Al concluir los tres días de debate Herzl declaró que ‘El primer Congreso Sionista ha terminado’. Estas palabras fueron literalmente tapadas por fervorosos aplausos que duraron casi una hora. Los hombres golpeaban el suelo con los pies, las mujeres agitaban pañuelos. La gente se abrazó y besó, y algunos de los delegados comenzaron a cantar. Otros bailaron sobre sillas y mesas y en todas partes del salón se oyeron las exclamaciones: ¡El año próximo en Jerusalén!
Así concluía el Primer Congreso Sionista, por primera vez judíos de Oriente y Occidente se unieron en una meta de unidad nacional. Israel Zangwill escribió: ‘En los ríos de Babilonia nos sentamos a llorar nuestra memoria a Sion. En el río de Basilea nos sentamos y nuestra decisión fue no llorar más’. Unos días después de su regreso a Viena, Herzl escribió en su diario: ‘Si tuviera que resumir el Congreso de Basilea con una declaración, diría: en Basilea fundé el Estado judío. Si lo hubiera dicho en voz alta, hoy todos se habrían reído de mí’.
Una curiosidad más que vale agregar: el Primer Congreso Sionista planteó serias preocupaciones en el Vaticano. La Iglesia Católica se opuso a la idea de que los judíos puedan llegar a gobernar algún día la Tierra Santa. El representante del Vaticano en Constantinopla sugirió al gobierno otomano tomar medidas contra la inmigración de los sionistas y en el mismo sentido pidió la intervención de Francia, como patrocinador de los cristianos en el Medio Oriente, para frenar el proyecto.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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