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Hacia una política europea de defensa más fuerte

Por Ezequiel Naidich

El fondo de recuperación acordado el pasado mes de julio marcó un hito en la historia de la integración europea al incluir una toma de deuda conjunta y la implementación de un impuesto directamente cobrado por Bruselas. Pero no debemos dejar pasar la oportunidad para observar las novedades que también trae el nuevo presupuesto 2021-2027, negociado al mismo tiempo, que por primera vez incluye una sección sobre defensa y seguridad.

En la medida en que el mundo se convierte cada vez más en una arena multipolar, donde China compite efectivamente el poder estadounidense y donde otros países, como Rusia e India, ejercen importante influencia en sus regiones, la Unión Europea debe fortalecerse para ser considerado un actor de peso. Por su parte, guerras civiles, el terrorismo, el crimen organizado en el vecindario de Europa causan nuevas olas migratorias. Hasta ahora, las cuestiones militares a nivel multilateral habían estado habían estado circunscriptas a la OTAN. Sin embargo, en estos últimos años, entre el Brexit y una administración Trump que socavó la alianza trasatlántica, Europa ha comenzado a tomar las riendas de su política de seguridad y defensa.

Estas discusiones no son nuevas. La Unión Europea ya ha realizado operaciones en Bosnia, Somalia y Congo, entre varias otras, como Unión, siendo la mayoría exitosas. No obstante, para ser más eficientes en sus intervenciones, deben avanzar aún más en la cooperación o integración de las fuerzas de los Estados miembros. Un factor debilitante de la Unión Europea es que varios países tienen sus propias industrias militares y desarrollan sus propias tecnologías y armas, con lo cual, mientras Estados Unidos tiene, por ejemplo, un modelo de tanque principal, Europa tiene 17.

Esto no es un dato menor, pues implica que al realizar operaciones conjuntas las fuerzas de un país pueden no haber trabajado con vehículos de otro, y se deben llevar más equipos mecánicos para mantener tantos modelos diferentes. Pero el principal problema es que los recursos se utilizan menos eficientemente, especialmente en momentos de pandemia donde las prioridades son otras. Si las fuerzas europeas estuviesen más integradas, al investigar nuevas tecnologías no habría duplicación del trabajo.

Sin embargo, hay muy importantes obstáculos a la integración europea en materia de defensa y seguridad. En primer lugar, Europa está atravesando hace ya muchos años una crisis de legitimidad democrática. Cada vez más áreas de política pública son delegadas en la Unión, quedando fuera del escrutinio de los parlamentos nacionales, lo cual las aleja de la decisión popular. La crisis de legitimidad democrática es más sensible en el caso de la integración militar pues, si bien en muchos países las decisiones en política de defensa no son controladas minuciosamente por los parlamentos, implica el envío de europeos al campo de batalla. Además, existe mucha heterogeneidad en el tratamiento de estos temas en cada país. Por ejemplo, mientras que el presidente francés puede enviar a las fuerzas armadas a misiones extraterritoriales, el gobierno italiano requiere la aprobación explicita de su parlamento.

Volviendo al presupuesto 2021-2027, hay tres proyectos de defensa y seguridad que se han incluido. El primero en un Fondo Europeo de Defensa, que tiene por objetivo financiar la investigación conjunta de tecnología militar, especialmente en las tecnologías del futuro y disruptivas, como la inteligencia artificial, mediante una cooperación real entre las industrias militares. El segundo es un proyecto de Movilidad Militar, que busca mejorar la infraestructura y eliminar trabas burocráticas a la movilidad de las fuerzas armadas de miembros de la Unión a través de otros países miembros. El objetivo es la rápida actuación y asistencia a países que tienen fronteras complicadas, como los países bálticos con Rusia.

Por último, un programa más novedoso que los dos anteriores, que ya existían paralelamente, es el Fondo Europeo de Paz, proveyendo financiamiento constante a las operaciones y misiones europeas. Con esta facilidad, las operaciones pueden ser llevadas a cabo más rápidamente y con mayores capacidades.

El debate sobre la integración europea en defensa, o sobre la Política de Seguridad y Defensa Común en general, tiene muchas aristas y dimensiones que no pueden ser cubiertas en una columna, pero valía la pena remarcar estas novedades.

Incluso cuando el acuerdo final le ha dado a estos tres proyectos cerca de la mitad del financiamiento que se había planificado originalmente en 2018, debido a que las prioridades fueron el control de la pandemia y la recuperación de la economía, haberlos tenido en cuenta ya muestra que la política de defensa y seguridad es un importante punto en la agenda del futuro de una Europa que se perfila para jugar cada vez más como un actor de peso en la arena internacional.

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