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Julio Popper: El rey de la Patagonia

Julio Popper fue un ingeniero judío nacionalizado argentino. Atraído por la “fiebre del oro” terminó asentándose en Tierra del Fuego, donde creó pueblos y empresas, tuvo un ejército propio, emitió sellos postales y acuñó sus propias monedas de oro. Durante unos años fue un verdadero Rey en esa región del mundo. Julio Popper había nacido el 15 de diciembre de 1857 en Bucarest, capital del Reino de Rumania, perteneciente al Imperio Otomano. Su padre era Neftalí Popper -Rector del primer colegio hebreo de la ciudad y fundador del diario Timpul, órgano de la colectividad judeo-búlgara- y Peppi (Perla), ambos judíos procedentes de Polonia.

A los 17 años dejó la casa paterna para estudiar en París, en la Universidad Politécnica, en la Escuela Nacional de Puentes y Rutas, donde se graduó como Ingeniero en Minas. Manejó varios idiomas: rumano, griego, yídish, francés, alemán, latín y un perfecto castellano. Después de graduarse, Popper viajó a Constantinopla y, de allí, a Egipto, donde participó en el mantenimiento del canal de Suez. Después de eso, recorrió Medio Oriente, India, China y Japón. En 1881 volvió a Rumania pero su estadía allí duró poco. Rumania, recientemente independizada del Imperio Otomano, tenía una serie de leyes que restringían las posibilidades de los judíos y si había algo acerca de lo que Popper estaba seguro era de que su vida no transcurriría dentro de los estrechos límites de un ghetto.

A principios de 1881 Popper inició su segundo gran viaje. Desafiando al invierno, atravesó Rusia y Siberia. Desde allí cruzó a Alaska, Canadá y los Estados Unidos. Se radicó durante un tiempo en Nueva Orleans. La siguiente escala fue en México, donde dio los primeros pasos en dos actividades que, con el tiempo, le abrirían muchas puertas: la geografía y el periodismo. En 1885, después de una breve estadía en Brasil, desembarcó en Buenos Aires, tenía sólo 28 años y un currículum impresionante. Su cultura le permitía disertar sobre ingeniería, antropología, gastronomía o latín. A su llegada a Buenos Aires tenía pleno conocimiento del descubrimiento de oro en el extremo sur continental de Argentina, hoy Provincia de Santa Cruz. Es por ello que Popper viajó a la Isla Grande de Tierra del Fuego con un grupo de expedicionarios en septiembre del año 1886, descubriendo en esa oportunidad el más importante yacimiento de oro que registró la actividad minera en territorios australes sobre el litoral del océano Atlántico, en una zona que él denominó El Páramo. Durante su viaje exploratorio se encargó de poner nombres (topónimos) a los lugares, ríos y accidentes geográficos que iba encontrando, y registrándolos en sus mapas. El más importante, y que aún hoy tiene vigencia y aceptación, es el de mar Argentino.

Popper tenía la visión geopolítica de crear un pueblo como modo de afirmar la soberanía argentina, que llamó Atlanta, cerca de donde hoy se encuentra la ciudad de Río Grande. Este poblado iba a constituir el puerto de entrada hacia la Antártida en 1890, con todos los servicios que debía tener un puerto. De este proyecto Atlanta, Popper escribió y editó seis ejemplares, numerados y firmados por él, de los cuales el Museo del Fin del Mundo posee el número dos. De regreso en Buenos Aires, en 1887, dio una conferencia en el Instituto Geográfico Argentino el 5 de marzo. Su disertación científica entusiasmó tanto a los presentes que de ella salió como resultado la fundación de la Compañía Anónima Lavaderos de Oro del Sur y, en la primavera de 1887, Julio Popper regresó a Tierra del Fuego con los papeles que lo habilitaban para explotar los yacimientos de arenas auríferas que pudiera encontrar. Además, su disertación tuvo tanto éxito que le valió su incorporación a la Logia Docente, el grupo de intelectuales masónicos más distinguido en la sociedad de Buenos Aires.

Ahora podía explotar todo el oro que encontrase y lo haría gracias a algunos inventos muy notables salidos de su pluma como su propio lavadero mecánico de oro que patentó en varios países. A su vuelta a Tierra del Fuego, nuestro protagonista estableció un gobierno fuerte en su territorio, luchando contra todos aquellos que tratasen de acabar con su compañía. Parece ser que entonces Popper se sintió desprotegido desde el gobierno argentino y es por ello que se armó su propio ejército de mercenarios para cuidar sus territorios. Sus peores rivales eran otros buscadores de oro que trataban de aprovecharse de los posibles filones que él había descubierto y los indios selknam y algunos lo acusan de haber perpetrado una matanza de aborígenes de este pueblo. Las muestras más notables del poder de Popper en este momento fueron dos: que llegase a acuñar su propia moneda y a emitir sus propios sellos postales.

Muchos historiadores piensan que Popper con esto daba un primer paso para establecer su propio reino en este lugar fuera del control directo de ningún gobierno. Lo cierto es que estas prácticas solamente le trajeron problemas a y tuvo que llegar a enfrentarse ante la justicia por culpa de sus sellos pero finalmente Popper salió bien librado del juicio. Con el tiempo fue dejando de lado la idea de la exploración del oro centrándose ahora en las posibilidades comerciales de la Antártida. Donde otros veían solamente el hielo y la nada, Popper creía ver una oportunidad dorada para la Argentina. No obstante, nunca pudo llevar a cabo sus sueños. La muerte le encontró durmiendo, apenas contaba treinta y cinco años. Existieron todo tipo de sospechas y hasta sus allegados pidieron que se exhumara su cuerpo para poder hacerle una nueva autopsia, conjeturando algún tipo de envenenamiento. Cuando se trató de exhumar el cadáver, se descubrió que este había desaparecido, lo que dejó en el aire demasiadas dudas al respecto de su fallecimiento.

A su muerte, muchos señalaron con sospechas a José Menéndez Menéndez, y su esposa Maria Behety que se quedaron con las tierras que administraba Popper y se constituyeron en los verdaderos dueños de buena parte de la Tierra del Fuego. Así, Julio Popper abandonó el mundo de una manera tan inesperada como fue su vida. Se han escrito numerosos libros y artículos sobre su vida y se filmó una exitosa película “Tierra del Fuego” que entre otros actuaba la actriz Ornella Mutti. La historia de un judío masón de Bucarest que había aparecido repentinamente en la sociedad bonaerense, se había convertido en aspirante a monarca y acabó sus días como un cadáver desaparecido es, ciertamente, un personaje digno de aparecer en una novela de Julio Verne!

Fuente: Personalidades Judías de Todos los Tiempos.

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