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Radio JAI

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" En cada generación uno debe verse asimismo como si estuviera saliendo de Egipto "   

Juan Pablo II y los judíos

Sin dudas uno de los grandes logros del pontificado de Juan Pablo II fue la creación de toda una nueva relación con el pueblo judío. Su visita a una sinagoga en 1986 fue la primera desde San Pedro casi 2000 años antes, y abrió el camino a nuevas esperanzas y nuevas posibilidades. Dijo explícitamente que el antisemitismo es un pecado y llamó a los judíos “hermanos mayores en la fe”..Juan Pablo II también estableció relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel y visitó el país en forma oficial. Durante su visita al Museo del Holocausto, Yad Vashem se conoció la historia de cuando Juan Pablo II (Karol Wojtyla) le salvó la vida a Edith Zirer que fue liberada de un campo nazi a los 13 años y fue decisiva la ayuda que le dio el futuro Papa para salvar su vida. Edith Zirer, era la más emocionada de todos cuando en el memorial de Yad Vashem en Jerusalem estrechó la mano de Juan Pablo II. La señora Zirer vivía en Haifa y siempe contó su historia: un joven seminarista católico llamado Karol Wojtyla le salvó la vida hacía muchos años y pudo al fin testimoniarle su agradecimiento. El Papa le habló con afecto y juntos recordaron el episodio en la Polonia devastada por la guerra, cuando el inminente sacerdote y la niña judía, sobreviviente de un campo de concentración, se encontraron por casualidad. “El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones, yo entonces tenía 13 años. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad. Dos días después llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Chestochowa y Cracovia, agotada y casi vencida me eché en un rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos. En su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó” afirma Edith. agrega: “Después me dijo que tenía que caminar para tomar el tren. Lo intenté, pero caí al suelo, sin fuerzas. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante cuatro kilómetros, mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón cubierta de nieve”, contó Edith. “Tenía una voz tranquila y me habló de la necesidad de no dejarse llevar nunca por el dolor, de combatir para vivir y no darse por vencido”. “Finalmente llegamos hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, hasta que me ayudó una familia judía”. “Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme y por eso quise ir a agradecérselo personalmente”. La señora Zirer dijo en Yad Vashem “era una niña de 13 años, sola, enferma, débil, había pasado tres años en un campo de concentración alemán y estaba a punto de morir. Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo”. Edith Zirer dijo que se acuerda de todo como si hubiera ocurrido ayer. La joven judía no sabía, a principios de febrero de 1945, que era el único miembro de su familia que había logrado sobrevivir a la masacre de los nazis. “Ese joven seminarista de 25 años, alto y fuerte, me dio la esperanza de vivir y no me pidió nada”, afirmó. En 1951 la mujer llegó a Israel, enferma de tuberculosis y de las pesadillas por el horror que había vivido en el campo de concentración nazi y logró armar una familia con dos hijos en una colina de los suburbios de Haifa.

Juan Pablo II fue el primer Papa en hacer una visita oficial a una sinagoga. Llamó explícitamente un pecado al antisemitismo y llamó a los judíos “hermanos mayores en la fe” y estableció relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel. Durante muchos siglos, Polonia fue Paradisus Iudaeorum, o el “paraíso judío”. En la Edad Media, los judíos fueron expulsados de toda Europa, desde España hasta Crimea. En otros lugares, fueron encerrados en guetos. En Polonia, por el contrario, a los judíos se les dio privilegios. Los reyes de Polonia introdujeron castigos severos por dañar a los judíos, que gozaban de un amplio grado de autonomía. Se establecieron tribunales en lengua yiddish, mientras que la vida religiosa y literaria judía floreció en Polonia. Isaac Bashevis Singer, el jasidismo, y la música klezmer nacieron allí. En los siglos XIX y XX sin embargo creció el antisemitismo en Polonia. El país fue invadido por la Alemania nazi y luego la Unión Soviética en septiembre de 1939. Los alemanes reunieron en Polonia a tres millones de judíos, los aislaron en guetos, y luego los enviaron a campos de concentración. Casi el 90 por ciento de los judíos polacos fueron asesinados por los nazis. Antes de la guerra, cuando niño en Wadowice, Polonia, Karol Wojtyla tenía muchos amigos judíos y conoció la cultura judía y sus tradiciones. Cuenta su amigo Jerzy Kluger, que lo acompañó varias veces a la sinagoga para presenciar los servicios y que esto generó en él una conexión que le duró para siempre. El Gran Rabino de Polonia, Michael Schudrich, ha dicho en repetidas ocasiones que “nadie hizo tanto para luchar contra el antisemitismo en más de 2000 años como el Papa polaco”. Las relaciones entre la Iglesia católica y el judaísmo han tenido ciertas dificultades a través de la historia. Sin embargo, superando las barreras del prejuicio y sin negar los dolorosos desencuentros, la reconciliación a través del diálogo entre las dos religiones ha sido posible en los últimos años. Partiendo del vínculo espiritual que los une y sin negar sus diferencias, las relaciones entre judíos y cristianos han ido mejorando. Sin lugar a dudas, la figura del Papa Juan Pablo II tiene un carácter muy especial para el pueblo judío y será recordado como un hombre de paz que consideró el diálogo judeo-cristiano como una prioridad en su Pontificado. Desde que entró en escena el 16 de octubre de 1978, demostró su profunda convicción de establecer vínculos con el judaísmo mundial considerándolos “los hermanos mayores en la fe”

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