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Falleció la sobreviviente del Holocausto Gina Sal de Ladanyi Z`L

“El Museo del Holocausto lamenta el fallecimiento de Gina Sal de Ladanyi Z-L, sobreviviente del campo de trabajos forzados y de concentración Parschnitz en la exChecoslovaquia”, consignó.

En 2014, Gina fue reconocida como Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires junto a su esposo Ladislao (Laci) Ladanyi Z-L por su aporte realizado a la memoria de la Shoá. “Sobreviví gracias a mi fuerte constitución, pero no me sometí jamás”, solía decir. Tanto ella como Ladislao participaron activamente en el Museo del Holocausto de Buenos Aires.

Gina nació en Sosnowiec, Polonia y vivió su infancia en Katowice, otro pequeño poblado cerca de la frontera con Alemania. Su padre tenía un negocio de venta de abrigos. Tuvo un hermano, Beno, y una mamá que falleció antes de la guerra.

Gina a los ocho años fue a un internado en Alemania, donde estaban sus abuelos. A su regreso, antes del estallido bélico, no le resultaba fácil caminar por las calles del pueblo polaco. “Cuando me rodeaban varios chicos para molestarme me salvé varias veces que me golpearan porque mi hermano boxeaba muy bien, fue el único judío que pudo entrar al club de policía polaco, y me reconocían como su hermana”, contaba.

Tras la invasión alemana a Polonia, la situación para Gina y su familia fue empeorando día a día. “Se formó un gueto y tuvimos que mudarnos a un departamento donde vivíamos muchas familias. Como casi no había comida, mi hermano solía ir a buscarla al campo. No tenía rasgos típicamente judíos entonces pasaba. Pero un día lo atraparon”. El joven murió en Auschwitz. “Nos mandaron una carta diciendo que había muerto por neumonía y que por cinco marcos nos mandaban sus cenizas”.

Poco después Gina fue seleccionada por los nazis para trabajar en una oficina. “”Como hablaba polaco y alemán les servía. Tenía que confeccionar las tarjetas de diversos colores. Un color significaba que un judío servía para trabajar en tareas pesadas y otros, si no tenían alguna cualidad para campos de exterminio”.

“Cuando veía que alguna chica era sostén de familia cambiaba el color para salvarle la vida. Pude salvar a varias hasta que se dieron cuenta y me enviaron a un campo de concentración”.

Gina recordaba el momento de despedirse de su padre. “Fue la última vez que lo vi. Se enteró que me deportaban y se asomó por la ventana de la oficina con su mano en alto”.

De allí pasó a un campo de trabajos forzados en la ciudad de Pozici en Checoslovaquia. “Trabajábamos con unas grandes máquinas que convertían pasto en telas para cobertores de camiones o uniformes militares”.

Gina estuvo en ese campo cuatro años. “”Algo de lo que nunca pude olvidarme fue del hambre que pasamos. Nos daban una sopa con cuatro pedacitos de grasa y si teníamos suerte a alguna nos tocaba alguna hoja de papa”.

Además aún lleva en la memoria la golpiza que recibió cuando unas mujeres uniformadas la obligaron a destapar con un palo un caño cloacal. “Sin querer las manché cuando destapaba y una de ellas me dio tal paliza que me hizo perder para siempre la audición de mi oído izquierdo. Solo la esperanza de reencontrarme con mi padre mantuvo mis deseos de seguir viva””.

Al terminar la guerra fueron los rusos quienes entraron al campo para liberar a los prisioneros. “Nos dijeron “están libres”, pero nadie se movió por horas, teníamos miedo de que nos podía pasar afuera”.
Gina deambuló por varios días. Luego trabajó para los norteamericanos, se enteró de la muerte de su padre, y decidió venir a la Argentina donde vivía una tía suya.

Corría el año 47 cuando su esposo tomó el buque Desirade rumbo a Sudamérica. Una mañana, fue a cubierta y vio a una joven que miraba el inmenso mar. Se acercó y le dijo en alemán ¿Viaja usted sola? Gina le contestó que sí. El destino quiso que ella le contestara en su idioma nativo porque si no él pensó que no intentaría hablar más. Así empezó esta historia de amor que duró más de sesenta años.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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