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La palabra violenta

Es muy difícil poder expresar ideas sin que el lector en el acto de lectura logre tener la capacidad de diferenciarse de la persona tras la pluma sin necesidad de agredirlo.

Ese rebajamiento de lo que debería ser un dialogo fecundo y productivo se transforma en un juicio de saberes, en un pobreza que se lleva la generosidad de poder intercambiar.

Se da en espacios de prensa de uno y de otro lado.
Nuestros abuelos dirían: “se ha perdido el respeto”.

Se prefiere el sabor de la sangre del otro entre los dientes antes que la amabilidad del intercambio de saberes, la aniquilación de las diferentes miradas del mundo.
La palabra, el acto, la vida del semejante está para ser agredida.

Sin contemplaciones. Sin amor.

Y ciertamente nadie puede dar lo que no tiene.

En el consultorio en infinitas ocaciones hay que ubicarse en ese espejo que tolera la estocada y alojar ese des-amor con el que un paciente llega.

No siempre se logra construir algo saludable para el espacio y por supuesto tampoco para la persona.

Sin embargo es necesario el intento. De eso se trata.

En las relaciones interpersonales fuera del espacio terapéutico la situación se hace compleja, ardua y en ocaciones ingrata tarea.

Siempre es un halago cuando recibimos una felicitación por algo que hemos hecho.
Siempre reconforta el alma. Aunque sepamos que no en todas las ocaciones es sincera la caricia o la palmada en el hombro.

Sin embargo el silencio en algunos casos es muy elegante como respuesta a favor o en contra.

Las épocas cambian, la naturaleza humana poco o nada según el caso respecto de otros aconteceres de nuestra especie.

Somos bípedos, implumes pero aún nos dominan las pasiones de la violencia y el egoísmo.

Aún pensamos dualmente. Tu, versus Yo.

Entonces, con suerte y viento a favor, la palabra violenta que genera violencia da su mejor protagónico.

Las redes sociales son el caldo de cultivo de lo que antes en las viejas historietas aparecía con dibujos de espirales y rayitas…. al menos ahí se pensaba y se guardaba el decoro.

Será tal vez por eso que me gustan algunos autores del siglo pasado o de anteriores tiempos. Aún así me atrapa lo nuevo, procuro estar abierto a ello.
En consecuencia no quita que lea y aprenda de mis contemporáneos.
Para mí lo viejo no es mero material de descarte.

En situaciones de virtualidad es donde más emerge el deseo de aniquilación del diferente.
Lamentablemente ya no es el único lugar.

Se prefiere la espada ensangrentada a dar el aplauso amoroso.
Como dijo más arriba. Lo diferente debe ser aniquilado.

Sea el judío, el negro, el homosexual, el gordo, el alto, el que se viste o vive en tal o cual lugar.

Lo importante es la sangre, es la vida del otro para preservar como en la ley de la selva mi propio pellejo que se ve amenazado en el no reconocimiento de lo maravilloso que tiene cada ser.

Lo más llamativo es creerse erudito y actuar como bestia.

El viejo y clásico Dr. Jekyll y Mr Hyde de Stevenson sigue como tantos vigente en nuestro psiquismo.

La bella convive junto a la bestia y a pesar de ella, agrego yo.

Quién sino el poeta puede expresar la verdad del amor…

“Debemos conseguir que el texto que leemos
nos lea.
Debemos conseguir que la música que escuchamos
nos oiga.
Debemos conseguir que aquello que amamos
parezca al menos amarnos
Es preciso demoler la ilusión
de una realidad con un solo sentido.
es necesario por ahora
que cada cosa tenga por lo menos dos,
aunque en el fondo sepamos
que si algo no tiene todos los sentidos
no tiene ninguno
debemos conseguir que la rosa
que acabamos de crear al mirarla
nos cree a su vez
Y lograr que luego
engendre el infinito”

JUARROZ (Poesía Vertical)

Licenciado en psicología Rodrigo Reynoso
[email protected]

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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