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El desalojo de Radio Jai: Un gran error moral

Mi primera entrevista en piso en la geografía radial argentina la tuve en Radio Jai, en el programa de Martha Wolff, en ocasión de la publicación de mi primer libro Tierras por Paz, Tierras por Guerra, en el 2002. Durante mis estadías de varios años en Israel, Suiza y Estados Unidos colaboré con la radio. Desde mi retorno al país he sido invitado a ser columnista semanal para temas internacionales. Radio Jai me envió a Polonia a cubrir la visita del Papa Francisco a los campos de exterminio, en 2016. Tengo amistad con su director y cálidos lazos con otros miembros del staff. El desalojo del mes pasado me conmocionó, como a todos aquellos que nos sentimos parte de la Familia Jai.

No estoy familiarizado con la historia jurídica que derivó en el desalojo de Radio Jai de las instalaciones en la calle Valentín Gómez. No puedo comentar con responsabilidad sobre las razones o sin razones legales del caso. De lo que sí puedo hablar es de la dimensión moral de todo este triste asunto.

En sus casi 125 años de historia, la AMIA nunca pensó en crear una radio judía. Ninguno de sus dirigentes -ni de ninguna otra institución de la comunidad organizada- imaginó jamás dar a la comunidad judía de la Argentina una plataforma de comunicación eficaz, pluralista y viable; un espacio de encuentro y de intercambio de ideas para todos los judíos del país, y, gracias a internet, de toda la región. Aun contando con los recursos para patrocinar un proyecto así, no lo hicieron. No lo pensaron, no lo gestaron, no lo implementaron. Dejados a sus anchas, es posible que ni en los próximos 125 años lo hubieran hecho. Fue un extranjero, hermano latinoamericano, externo a las estructuras comunitarias, quien ideó esta propuesta innovadora y original y la puso en marcha.

Radio Jai cumple un rol crucial en educar a toda la sociedad argentina a propósito de la verdad de los hechos en Israel y el Medio Oriente, una verdad tan regularmente, tan escandalosamente pisoteada por medios de comunicación influyentes en nuestro país y en el continente. Es un medio profesional, empujado a pulmón por unos pocos, no siempre contando con el respaldo merecido. Si bien es un emprendimiento privado, brinda un servicio público. Promueve, indudablemente, una actividad de interés comunitario. Su desalojo puede haber tenido sustento legal, pero ha significado un gran error moral.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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