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Masacre de Múnich de 1972. I.

Ya durante el año 1972, se habían sucedido una serie de ataques terroristas en gran escala, en los cuales grupos palestinos atacaron objetivos israelíes, entre los más conocidos: el secuestro de un avión de la línea Sabana, 8 de mayo, y unos días después, el 30 de mayo, el grupo terrorista japonés “Ejército Rojo”, que fue enviado por el Frente Popular Palestino, asesinó a 24 personas en el aeropuerto israelí de Lod. Estos actos mostraron una creciente espiral criminal contra objetivos israelíes tanto en el país como en el exterior. Pero es importante aclarar que en esos tiempos la conciencia de la lucha contra el terrorismo era mucho menor de la que existe hoy en día, por lo tanto los sistemas de prevención y de seguridad en los países y en las sociedades eran elementales.
La crónica de los hechos se pueden sintetizar así: en los prolegómenos de la olimpíada, desde antes de la llegada de la delegación israelí, la ausencia de personal de seguridad armado fue motivo de preocupación para el titular de la delegación israelí, Shmuel Lalkin, quien alertó a las autoridades alemanas sobre su intranquilidad. El equipo israelí se hospedaría en un sector relativamente aislado del resto de la villa olímpica, en un pequeño edificio cercano, por lo que Lalkin entendía que los atletas se encontrarían en una situación vulnerable respecto de un asalto desde el exterior. Las autoridades alemanas aparentemente aseguraron a que se proveería de seguridad adicional a la delegación israelí, hecho que no pudo constatarse.
Israel envió a los Juegos Olímpicos una dotación de 30 personas, entre deportistas, entrenadores, jueces internacionales y asistentes. Hacia el día 5 de septiembre, ya la delegación israelí había cumplido con casi la totalidad de los compromisos y durante la noche previa la delegación fue a ver una función de la obra “El Violinista sobre el Tejado”, con la actuación de Shmuel Rodensky, y volvieron tarde a sus aposentos. Es factible que los terroristas tenían conocimiento sobre esta salida y decidieron actuar.
La sucesión de los hechos fue sumamente vertiginosa, en la noche del 4 de septiembre, antes de medianoche, 8 terroristas palestinos se encontraron en el restaurante de la estación de tren de Munich y de allí se dirigieron a la Villa Olímpica. Hacia las 04:40 del día 5, mientras los deportistas dormían, los ocho terroristas de Septiembre Negro, vestidos con trajes deportivos y llevando armas y granadas en bolsas de deporte, escalaron la reja de dos metros que rodeaba el complejo. Como abrieron las puertas con las llaves, no despertaron sospechas, y fueron ayudados por deportistas del equipo estadounidense que desconocían su verdadera identidad y creían que, como ellos, querían acceder furtivamente a sus apartamentos tras una noche de diversión.
Inmediatamente se dirigieron hacia el pabellón 31 donde se alojaban los deportistas israelíes en tres departamentos. El primero en percatarse de que algo extraño ocurría fue Moshé Weinberg, entrenador de lucha libre, quien oyó un ruido tras la puerta de una de las habitaciones. Al observar que alguien armado la abría ligeramente se abalanzó sobre la misma, dando un grito de alerta, mientras intentaba cerrarla forcejeando con los terroristas. Su valerosa acción permitió que nueve de sus compañeros tuvieran tiempo de despertarse y escapar por las ventanas, gracias a él salvaron sus vidas. Weinberg murió acribillado, como también murió el levantador de pesas Yossef Romano, quien se enfrentó a uno de los terroristas con un cuchillo. Otros nueve integrantes de la delegación israelí fueron tomados como rehenes. Todo ocurrió en unos pocos minutos de locura.

A las cinco de la mañana del día 5 la policía alemana ya estaba apostada en las afueras del edificio de la Villa Olímpica y recibía las demandas de los secuestradores, quienes exigían la liberación de 234 palestinos presos en cárceles de Israel, como así también la liberación de los fundadores de la Fracción del Ejército Rojo, encarcelados en Alemania. Además de exigir un avión que los traslade a algún lugar seguro del Medio Oriente. Impusieron un plazo: si en tres horas no se satisfacían sus demandas, ejecutarían a los rehenes. La respuesta del gobierno de Israel fue inmediata y contundente: no había negociación.
Poco después de las 06:00, los secuestradores lanzaron por la ventana los documentos que contenían sus demandas, aclarándose que de no ser cumplidas para las 09:00, un atleta sería ejecutado. El jefe de policía de Múnich, el Ministro del Interior, y el intendente de la Villa Olímpica, se apersonaron en el lugar para negociar con los palestinos. Poco después se sabría que los ocho secuestradores eran fedayines palestinos de los campos de refugiados de Líbano, Siria y Jordania. El jefe del comando era Luttif Afif, destacado miembro de la organización Septiembre Negro.
Amanecía en Munich y el mundo entero se encontraba ya conmocionado por la noticia del secuestro de estos deportistas. Rápidamente se formó un gabinete de crisis en el gobierno alemán, bajo la dirección del canciller Willy Brandt y el ministro del Interior Hans-Dietrich Genscher, quienes rechazaron el inmediato ofrecimiento por parte de Israel de enviar un grupo de fuerzas especiales de su país. A la media mañana los alemanes ya sabían que la respuesta de Israel a negociar con los terroristas era definitivamente nula, y así se les notificó a los terroristas.

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