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Jacob Klatzkin y el sentido de la Diáspora

Después de la Primera Guerra Mundial, se radicó en Berlín y comenzó a publicar varias de sus obras en hebreo, fue un brillante ensayista. Una de las más importantes que vieron la luz en ese entonces fue la “Encyclopaedia Judaica”, que abarca temas tales como: el pueblo de Israel, judaísmo, ciencias judaicas e historia del pueblo judío. Una obra que constaba de diez tomos en alemán, a la cual luego se le agregaron dos más en hebreo. Lamentablemente el trabajo se interrumpió en 1934 por el ascenso del nazismo al poder. Otra obra central del autor fue “Otzar munajim filosofim”, un compendio de conceptos filosóficos, de 4 tomos, que contiene la terminología de los filósofos religiosos medievales y es un aporte clave para comprender el desarrollo de la filosofía judía moderna. En 1941, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, emigró a USA, y por recomendación de su amigo Albert Einstein obtuvo un cargo para enseñar hebreo en la Universidad de Chicago. Al concluir la guerra retornó a Suiza, donde falleció en la localidad de Vevey, en 1948.
En la filosofía Klatzkin se opuso a su profesor H. Cohen, cuya concepción e interpretación del judaísmo fue sometida a una dura crítica en la monografía “Hermann Cohen”, 1921, en la cual se opuso a la idea asimilicionista de Cohen desde una teoría nacional y laica. Tradujo la “Ética” de Spinoza del latín al hebreo como “Torat ha-Middot”, 1924. Influido por el panteísmo de Spinoza, Klatzkin desarrolló su propia filosofía, que puede calificarse de vitalista, enfatizando el aspecto biológico e instintivo de la vida en lugar del intelectual. En su obra “Sheki-at ha-Ḥajaim”, (“Declinación de la Vida”), 1925, Klatzkin concibe al hombre desde una perspectiva panteísta, veía el ideal de la vida en el desarrollo natural del hombre en armonía con la naturaleza. Si el espíritu y el conocimiento alejan al hombre de esta vida ideal, provocan su enajenación y esto lo llevará indefectiblemente al “ocaso de la vida”.
Sobre esta base desarrolló su concepción sionista, su panteísmo le permitió diferenciar dos tipos de judíos: aquel “genuino”, el que fluye con la naturaleza y vive en ella, y el “judío diaspórico” que basa su existencia, desde siglos, en diferentes concepciones y métodos teológicos que lo llevan a concebir su vida solamente en la espiritualidad. En el renacimiento sionista él veía un retorno a las fuentes auténticas del judaísmo y una superación histórica al estilo de vida que se llevaba en la diáspora.
Un país y una lengua, según Klatzkin, determinan la vida de una nación, no ideas abstractas religiosas o culturales, ni tampoco un nacionalismo espiritual que se expresa en la espera del tiempo mesiánico. Klatzkin afirmaba que había llegado el tiempo en el cual los judíos ya no tienen lugar en la diáspora, y en especial en aquellos países en los cuales no se les reconoce su nacionalidad judía. En su brillante artículo “Ein Hagalut bat Kaiam” (“La diáspora no perdurará), analiza las causas del deterioro y de las carencias de la vida judía en el exilio; compara la vida judía con un fruto jugoso, mientras tiene una cáscara fresca y fuerte, ésta protege a sus semillas y a sus gajos, haciéndolo jugoso y sabroso, pero al caer la cáscara que la protege, el contenido se seca y se echa a perder. Con la diáspora sucede lo mismo, mientras el judío vivía dentro de los muros que lo protegían, su vida judía era rica; al derrumbarse los muros y las instituciones que le daban sentido, el judío salió al mundo y su judaísmo comenzó a secarse y perder contenido como le sucedió al fruto sabroso: ese es el final de la diáspora. Por lo tanto el objetivo del sionismo es definir al judaísmo en dos dimensiones: la Tierra de Israel servirá para la redención del pueblo judío y su judaísmo, y la diáspora será el sinónimo de la destrucción.
Durante su vida, Klatzkin debatió con los grandes pensadores y genios de su tiempo: Martin Buber, Najum Goldman, Sigmund Freud, David Wolffsohn, Jaim Najman Bialik, “Shai” Agnon, Iosef Kloizner, Albert Einstein, entre otros. Toda su correspondencia con estas eminencias se conserva en el Archivo Central del Sionismo. A pesar de sus talentos y logros inusuales en varias áreas, Klatzkin no fue aceptado como académico por los académicos y para su gran decepción, no fue invitado a enseñar filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalem

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