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Los Justos entre las Naciones

Los indiferentes adoptaron la costumbre de mirar a un costado, se comportaron como espectadores, inmersos en su propia existencia y considerando que el destino de los judíos no era el suyo.
Pero estaban aquellos que sí prestaron ayuda, que se rebelaron contra el horror y el terror, que arriesgaron sus propias vidas y la de sus seres queridos al rescatar a los perseguidos de una muerte segura y brindarles la oportunidad de la vida.
Fueron los héroes silenciosos que apoyaron a los judíos perseguidos durante la dictadura nacionalsocialista. Eran hombres y mujeres que, tanto en Alemania como en los territorios de ocupación del Reich, socorrieron a los judíos ante su situación desesperada por la inminencia de las deportaciones, y los ayudaron a salvarse de la muerte refugiándolos en la clandestinidad.
A pesar de los graves riesgos asumidos, tuvieron el valor de utilizar sus escasos márgenes de libertad de acción en beneficio de los perseguidos; muchas veces los intentos de salvación tuvieron éxito, y otras veces fracasaron, pagando ellos mismos con sus propias vidas por la osadía cometida.
“Justos entre las Naciones” (en hebreo – Hasidei Ummot ha-Olam), es una expresión del judaísmo para referirse al conjunto de aquellas personas no judías o extranjeras, que merecen consideración y respeto por asumir una conducta ética y de ayuda hacia aquellos judíos cuya vida corre peligro. Según el Talmud, “los justos entre las naciones del mundo tienen un lugar en el mundo venidero”.
Respecto de la Shoá, esta distinción es el reconocimiento y el agradecimiento hacia aquellas personas que rescataron o salvaron a los judíos de la muerte. Los sabios talmudistas sostenían: “Quien salva una vida, salva al Universo entero”.
El perfil de estos héroes silenciosos es diverso; si bien se destacan las personas distinguidas por actuar en nombre de imperativos religiosos, como aquellas que pertenecían a las diversas iglesias cristianas, también hay otras que actuaron por motivos humanitarios o que, aun perteneciendo a organismos del Estado represor, gendarmes, policías y militares, se opusieron a las instrucciones de sus superiores en cumplir órdenes criminales.
Fue la tarea anónima de personas no judías que por sus valores, lograron salvar a varios miles de niños, mujeres y hombres. La mayoría de los salvadores eran personas corrientes, no se trataba de individuos idealistas, sino de hombres y mujeres a quienes les importaba el sufrimiento de la gente que tenían a su alrededor, sin tomar en cuenta su pertenencia política, religiosa o ideológica. Eran personas de todas las edades que provenían de los más variados estilos de vida, desde los más instruidos hasta aquellos que desarrollaban los trabajos más rudimentarios.
Las acciones de estos hombres estaban generalmente condicionadas por las limitaciones en sus posibilidades de acción, se arriesgaban al ayudar y se exponían a castigos severos, además de poner en peligro a su familia y entorno. Estas personas solidarias debían cuidarse de las autoridades nazis, de los gobiernos locales adictos al régimen, y de los vecinos no confiables que podían delatarlos ante las autoridades.
La ayuda se dio de múltiples maneras; entre las formas más usuales de socorrer a los necesitados, se destacaban: el albergar a un niño o a su familia en su propio domicilio, o esconderlos en dependencias de instituciones religiosas o laicas, procurarles una identidad falsa a través de documentos de un no judío o certificados de bautismo de la iglesia, que les permitiría a los judíos vivir como cristianos; otras formas de ayuda era adoptando a un niño judío temporalmente durante la guerra y asistirlo, ayudar a los judíos a alcanzar un territorio no hostil en la fuga hacia un lugar que se encontrara fuera del dominio nazi, o a atravesar las fronteras de manera segura por las vías de paso clandestinas.
El número de sobrevivientes rescatado gracias a la ayuda de los “justos” durante el dominio nazi es desconocido, y muy difícil de estimar, porque muchos no informaron acerca de quiénes fueron sus salvadores, ni sobre los detalles de la asistencia recibida.
Se estima que gracias a la acción de los “justos”, en Holanda se escondieron alrededor de veinticinco mil judíos; en Bélgica: cinco mil niños lograron salvarse gracias a la ayuda; en Alemania se escondieron diez mil judíos, de los cuales se cree que el treinta por ciento se salvó de la muerte.
Los judíos que lograron esconderse en esa época, tuvieron que optar por vivir en el total aislamiento, ocultar su identidad y hasta vivir una sexualidad diferente para evitar ser reconocidos. Todas las acciones para lograr la supervivencia hubieran sido imposibles sin la ayuda brindada por aquellos, que en un esfuerzo extraordinario, les dieron vida a los condenados a muerte por el nazismo.
En el año 2010, el Memorial de Yad Vashem, Jerusalem, Israel, ya había reconocido a unos 28.000 “Justos entre las Naciones”, y el número sigue creciendo.

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