{"id":99203,"date":"2021-04-21T23:55:00","date_gmt":"2021-04-22T02:55:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=99203"},"modified":"2021-04-21T23:55:00","modified_gmt":"2021-04-22T02:55:00","slug":"mark-twain-llego-y-se-fue-con-el-cometa-halley-y-nunca-supo-si-era-el-o-su-hermano-gemelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2021\/04\/21\/99203\/mark-twain-llego-y-se-fue-con-el-cometa-halley-y-nunca-supo-si-era-el-o-su-hermano-gemelo\/","title":{"rendered":"Mark Twain lleg\u00f3 y se fue con el cometa Halley y nunca supo si era \u00e9l o su hermano gemelo"},"content":{"rendered":"<p>Mark Twain ten\u00eda un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la mu\u00f1eca. Un d\u00eda los dejaron solos en la ba\u00f1adera y uno se ahog\u00f3. El chapoteo en el agua hab\u00eda desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cu\u00e1l de los dos hab\u00eda muerto. \u201cDesde entonces no s\u00e9 si yo soy yo o mi hermano\u201d, remataba siempre la an\u00e9cdota aquel hombre que adoraba tanto las historias ap\u00f3crifas sobre su persona, que lleg\u00f3 a declarar alguna vez: \u201cMark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas\u201d.<\/p>\n<p>Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo m\u00edtico: <strong>vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y parti\u00f3 con \u00e9l cuando volvi\u00f3 a pasar por la Tierra en 1910<\/strong>. A los doce a\u00f1os, luego de la muerte de su padre, dej\u00f3 la escuela y entr\u00f3 a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorr\u00edan el Mississippi. Evit\u00f3 la Guerra Civil porque no quer\u00eda pelear del lado de los esclavistas, parti\u00f3 a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. Ponerse a escribir fue el Plan B cuando fracas\u00f3 el Plan A.<\/p>\n<p>El periodismo le dio dinero y alta exposici\u00f3n. En 1870 se cas\u00f3, tuvo tres hijas y un var\u00f3n que muri\u00f3 de difteria a los dos a\u00f1os. Con esas tres hijas y su esposa se mud\u00f3 a un castillo en Connecticut, que pag\u00f3 con las ganancias de su libro La edad dorada, donde retrataba la codicia de los millonarios norteamericanos. A partir de entonces comenz\u00f3 su propia edad dorada: public\u00f3 Aventuras de Tom Sawyer, Pr\u00edncipe y mendigo y Aventuras de Huck Finn (lo que llev\u00f3 a William Faulkner a declarar, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s: \u201cToda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain\u201d) y tambi\u00e9n dio rienda suelta a su falta de criterio comercial: adem\u00e1s de dilapidar su fortuna financiando inventos que invariablemente fracasaban, llev\u00f3 a la quiebra su propia editorial, algo que parec\u00eda imposible luego de los dos exitazos con que la hab\u00eda iniciado (su Tom Sawyer y las Memorias del general Grant).<\/p>\n<p>A los cincuenta y seis a\u00f1os debi\u00f3 salir de nuevo a los caminos, a dar conferencias y escribir para los diarios que le pagaran m\u00e1s. Acept\u00f3 una gira por Europa que le permitir\u00eda pagar sus deudas. Parti\u00f3 con su esposa, sus hijas y una novela que estaba escribiendo. Ninguno de sus libros hasta entonces le hab\u00eda llevado m\u00e1s de seis meses; \u00e9ste le llevar\u00eda trece dolorosos a\u00f1os.<\/p>\n<p>La idea de Twain era contar la visita de un joven Sat\u00e1n a la Tierra. Dos veces debi\u00f3 abandonar la historia. La primera cuando su hija favorita, Susy, muri\u00f3 de meningitis en Connecticut (hab\u00eda viajado a ver en qu\u00e9 condiciones estaba la casa familiar; la encontraron muerta en esa misma casa, sola, junto a una carta ilegible de 47 p\u00e1ginas). La segunda cuando su esposa Livy muri\u00f3 en el palacio que alquilaban en Florencia (la propietaria del palacio, la condesa Massiglia, prohibi\u00f3 que la enferma yaciera en el dormitorio principal, por temor a futuros contagios).<\/p>\n<p>Enloquecido de pena, furioso contra la religi\u00f3n en general y contra la Ciencia Cristiana en particular (su hija Susy se hab\u00eda puesto en manos de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Christian Science), Twain reformul\u00f3 la novela que estaba escribiendo: ahora no hablaba del Diablo sino sobre Lo Oscuro, aquello que yace en el fondo de todos nosotros, lo que vemos y lo que no vemos de nosotros mismos. Usando sus recuerdos juveniles como aprendiz de impresor y aquella estad\u00eda en Europa, ambient\u00f3 su novela en un castillo de Austria, en los primeros tiempos de la imprenta, cuando la Inquisici\u00f3n a\u00fan castigaba con la hoguera todo lo que pareciese brujer\u00eda. En ese castillo hay un taller de imprenta clandestino, adonde se presenta en las primeras p\u00e1ginas un misterioso aprendiz llamado simplemente 44. As\u00ed se titulaba el libro: 44.<\/p>\n<p>Antes de partir a Europa, Twain se hab\u00eda fascinado con los hermanos siameses Chang y Eng del circo Barnum &amp; Bayley. En sus diarios imaginaba a uno borracho mientras el otro beb\u00eda, a uno pensando mientras el otro hablaba. A\u00f1os m\u00e1s tarde anot\u00f3 en sus diarios: \u201cHay dos personas en nuestro interior: el que est\u00e1 despierto y el que aparece cuando dormimos, que se separa de nosotros y puede vagar por donde quiera, haciendo lo que no nos atrevemos a hacer despiertos. Los actos y las palabras de una persona son s\u00f3lo una \u00ednfima parte de su vida. Su vida verdadera se da en su cabeza y ni siquiera esa persona la conoce. Todos los d\u00edas, durante todo el d\u00eda, el molino de su mente muele y tritura esa masa que bulle sin descanso mientras duerme\u201d.<\/p>\n<p>De eso trataba su libro, debajo de toda la parafernalia de \u00e9poca. De eso y de su odio contra la religi\u00f3n. Twain us\u00f3 44 como catarsis y como respiro de aquella dolorosa catarsis: escondi\u00f3, debajo de su proverbial encanto y maestr\u00eda verbal, ese fuego negro que bull\u00eda en su interior contra la superstici\u00f3n, la codicia, la esclavitud, la prepotencia del poderoso y la propia ignorancia. Leerlo es ponerse en sus zapatos: uno puede deslizarse gozoso por su superficie como si patinara sobre hielo y al mismo tiempo ver con escalofr\u00edos los monstruos que yacen debajo de esa capa de hielo, en lo profundo de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>No fueron f\u00e1ciles los \u00faltimos d\u00edas de Twain: la menor de sus hijas muri\u00f3 de epilepsia y la \u00fanica hija sobreviviente, Clara, abraz\u00f3 la Ciencia Cristiana y se cas\u00f3 por esa iglesia. El libro qued\u00f3 in\u00e9dito a su muerte. Siete a\u00f1os m\u00e1s tarde, aquella hija convenci\u00f3 al albacea de Twain para publicar una versi\u00f3n del libro, que no alcanz\u00f3 a cumplir su cometido (generar dinero): pas\u00f3 sin pena ni gloria en Estados Unidos, aunque tuvo cierto \u00e9xito en traducci\u00f3n (en nuestra infancia se lo conoc\u00eda como El forastero misterioso). Hubo que esperar medio siglo, hasta que esa hija pas\u00f3 a mejor vida, para que se supiera que aquella versi\u00f3n no era el libro de Twain: hab\u00eda sido cercenada y manipulada por el albacea (Albert Bigelow Paine), con la anuencia de Clara y la ayuda de un editor religioso llamado Frederick Duneka. Entre los tres suprimieron el 25 por ciento del texto (las \u201cprofanidades\u201d seg\u00fan ellos), inventaron un personaje que era astr\u00f3logo y le adjudicaron torpemente todas las acciones que en el libro realizaba un maligno cura de la Inquisici\u00f3n y todas las sospechas sobre lo diab\u00f3lico que estremecen a los c\u00e1ndidos personajes del libro.<\/p>\n<p>Lamentablemente, cuando 44 por fin se public\u00f3, hace poco, fue en una editorial universitaria muy seria de California: nadie ajeno al mundo acad\u00e9mico se enter\u00f3, raz\u00f3n por la cual hasta el d\u00eda de hoy son m\u00e1s los lectores que conocen El forastero misterioso que los que saben de la existencia de 44. El \u00faltimo gran libro de Mark Twain, el lado m\u00e1s oscuro del hombre que nos dio las primeras alegr\u00edas literarias, lleva un siglo escondido debajo de una copia vil, que apesta a santurroner\u00eda y a humo de Inquisici\u00f3n. Es un acto de justicia, adem\u00e1s de una celebraci\u00f3n, que hoy se d\u00e9 por fin a conocer en nuestro idioma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: Agepeba<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mark Twain ten\u00eda un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la mu\u00f1eca. Un d\u00eda los dejaron solos en la ba\u00f1adera y uno se ahog\u00f3. El chapoteo en el agua hab\u00eda desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cu\u00e1l de los dos hab\u00eda muerto. \u201cDesde entonces no s\u00e9 si yo soy yo o mi hermano\u201d, remataba siempre la an\u00e9cdota aquel hombre que adoraba tanto las historias ap\u00f3crifas sobre su persona, que lleg\u00f3 a declarar alguna vez: \u201cMark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas\u201d. Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo m\u00edtico: vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y parti\u00f3 con \u00e9l cuando volvi\u00f3 a pasar por la Tierra en 1910. A los doce a\u00f1os, luego de la muerte de su padre, dej\u00f3 la escuela y entr\u00f3 a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorr\u00edan el Mississippi. Evit\u00f3 la Guerra Civil porque no quer\u00eda pelear del lado de los esclavistas, parti\u00f3 a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. 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