{"id":87888,"date":"2021-01-15T10:03:30","date_gmt":"2021-01-15T13:03:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=87888"},"modified":"2021-01-15T10:03:30","modified_gmt":"2021-01-15T13:03:30","slug":"la-zorra-de-buchenwald-la-nazi-mas-sadica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2021\/01\/15\/87888\/la-zorra-de-buchenwald-la-nazi-mas-sadica\/","title":{"rendered":"La Zorra de Buchenwald, la nazi m\u00e1s s\u00e1dica"},"content":{"rendered":"<p>1951. Ilse Koch se para desafiante frente al tribunal. Lleva un vestido barato y la mirada turbia. Sus ojos verdes parecen dibujados por un comp\u00e1s, pero tambi\u00e9n parecen vac\u00edos. Las mejillas infladas y la piel que no est\u00e1 casi surcada por arrugas. No parece il\u00f3gico. Ella era la que hac\u00eda sufrir a los dem\u00e1s. De todas maneras, lo que m\u00e1s resaltaba era su pelo rojo, intenso.<\/p>\n<p>Ilse Koch espera que comience su juicio. No hay ansiedad en ella. Tiene gimnasia: ya pas\u00f3 por esta situaci\u00f3n. En Alemania los procesos por lo ocurrido durante el nazismo se multiplican, son parte de las escenas corrientes de la posguerra. Pero este proceso concit\u00f3 mayor atenci\u00f3n. La acusada se hab\u00eda convertido en un ser infame y hasta ten\u00eda apodo popular. La conoc\u00edan como la Zorra de Buchenwald.<\/p>\n<p>Se la se\u00f1alaba como responsable de las peores crueldades. Ya no se trataba de una homicida m\u00e1s. Ella hab\u00eda matado, hab\u00eda torturado, hab\u00eda mostrado el peor sadismo. Pero, adem\u00e1s, se la acusaba de tener un hobbie macabro: mandaba matar gente para que luego fueran descarnados y ella pudiera coleccionar trozos de piel tatuados. Hasta se la acusaba de haber mandado a hacer una pantalla de velador con restos cut\u00e1neos de sus v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Margaret Ilse K\u00f6hler hab\u00eda nacido en 1906 en Dresde. Apenas terminada la Primera Guerra Mundial tuvo que ganarse la vida como pudo, como tantos otros alemanes. Fue empleada en f\u00e1bricas y distintos comercios hasta que en 1932, tambi\u00e9n como tantos otros alemanes, se afili\u00f3 al Partido Nazi. Esa adscripci\u00f3n temprana le trajo beneficios; cuando los nazis llegaron al poder, su posici\u00f3n mejor\u00f3. A los pocos a\u00f1os le consiguieron un puesto administrativo en Sachsenhausen, uno de los primeros campos de concentraci\u00f3n. Heinrich Himmler le present\u00f3 al encargado del campo, a Karl-Otto Koch, y desde su autoridad les recomend\u00f3 que se convirtieran en pareja. Ellos obedecieron y al poco tiempo se casaron. Ella pas\u00f3 a ser Ilse Koch y la secretaria del campo de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Karl-Otto Koch era un hombre ambicioso e inescrupuloso. No parec\u00edan existir los l\u00edmites para \u00e9l. El poder le permit\u00eda moverse sin dar explicaciones. La locura de Hitler y sus hombres hizo que los campos se expandieran y la matanza se pusiera en marcha. Koch fue nombrado comandante de Buchenwald un par de a\u00f1os antes del inicio de la guerra. Levant\u00f3 el campo y desparram\u00f3 su arbitrariedad por cada rinc\u00f3n de \u00e9l.<\/p>\n<p>Por Buchenwald pasaron casi 250.000 prisioneros de los que se calcula fueron asesinados m\u00e1s del 25 por ciento. En Buchenwald no hab\u00eda c\u00e1maras de gas, pero las muertes por inanici\u00f3n, abusos de los guardias, arbitrariedades de las autoridades eran cotidianas y masivas.<\/p>\n<p>A Koch y a su esposa les gustaba vivir bien. Se construyeron una mansi\u00f3n que fueron amoblando con lo mejor de lo producido con el saqueo de sus v\u00edctimas. La megaloman\u00eda del matrimonio tuvo un ejemplo contundente en el zool\u00f3gico que montaron dentro de las instalaciones del campo de concentraci\u00f3n. Hicieron traer especies ex\u00f3ticas de todas partes del mundo.<\/p>\n<p>Ilse Koch era mucho m\u00e1s que la esposa del comandante del campo. Las mujeres de los comandantes no sol\u00edan salir de sus casas, eran amas de casas que se dedicaban a criar a sus hijos y a generar la ilusi\u00f3n de normalidad en las vidas de sus hijos. Pero Ilse era diferente. Su lugar no era pasivo. Ella se hac\u00eda notar. Paseaba su en\u00e9rgica arrogancia y su cabellera pelirroja por cada rinc\u00f3n y daba \u00f3rdenes de manera constante. Todos le tem\u00edan. Y hab\u00eda motivos. Era impiadosa.<\/p>\n<p>En los juicios posteriores algunos testigos la describieron, tambi\u00e9n, como ninf\u00f3mana, que su necesidad de sexo era constante. Y que en la mansi\u00f3n del matrimonio ten\u00edan lugar org\u00edas dantescas organizadas por ella que se encargaba de reclutar participantes en el pueblo vecino y entre los oficiales y soldados a cargo de su marido, y las esposas de estos. Pero esos testimonios no s\u00f3lo hablaban de sus actividades sexuales en su hogar -no delictivas en su mayor\u00eda excepto en los casos de los que participaban bajo coerci\u00f3n-, sino que describ\u00edan que Ilse obligaba a los detenidos a tener sexo s\u00f3lo para que ella asistiera como testigo y satisfaciera sus inclinaciones vouyer\u00edsticas, o para disipar su aburrimiento. Contaban tambi\u00e9n que quienes no pod\u00edan rendir sexualmente eran ridiculizados y luego apaleados. Nadie pod\u00eda mirarla a los ojos ni contradecirla. Quien lo hac\u00eda era fusilado en el acto. En otras ocasiones los manoseaba o les exhib\u00eda los pechos y quien no se excitara era castigado.<\/p>\n<p>Ella misma se encargaba de dar latigazos y someter a otros tormentos a los detenidos que no cumpl\u00edan con sus caprichos. Sol\u00eda llevar en la cintura una especie de cachiporra que en su extremo ten\u00eda pegadas varias hojas de afeitar. Dicen que uno de sus juegos favoritos era encerrar en un corral a una veintena de prisioneros y soltar dentro varias perros salvajes. Mientras los hombres y las mujeres corr\u00edan por su vida y recib\u00edan mordeduras fatales, las carcajadas de Ilse se escuchaban a decenas de metro de distancia.<\/p>\n<p>Fueron varios los testigos que afirmaron que Ilse mand\u00f3 a ejecutar a muchos detenidos con \u00f3rdenes precisas de no lastimar determinadas zonas de su piel para que ella pudiera conservar esos fragmentos tatuados que le hab\u00edan llamado la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Uno de sus amantes era Waldemar Hoven, doctor a cargo del departamento de investigaciones m\u00e9dicas de Buchenwald. Ilse y Hoven hac\u00edan desnudar a los reci\u00e9n llegados. A los de tatuajes m\u00e1s llamativos los sacaban de la fila y los hac\u00edan fusilar (con un tiro en la nuca para no da\u00f1ar la piel).<\/p>\n<p>En Buchenwald se encontraron varias planchas de piel humana con tatuajes. Tambi\u00e9n tulipas de veladores de piel, pero no se pudo determinar de manera fehaciente que derivaran de los restos de los prisioneros. En los procesos a los que fue sometida, Ilse siempre fue absuelta de estos cargos por falta de pruebas.<\/p>\n<p>Hace unos a\u00f1os al periodista norteamericano Mark Jacobson le hicieron llegar una extra\u00f1a pantalla de l\u00e1mpara. Su color y su texturas eran indeterminadas y desped\u00eda un olor f\u00e9tido. Le dijeron que la hab\u00edan rescatado de un campo de concentraci\u00f3n. Jacobson inici\u00f3 una investigaci\u00f3n al respecto. Cuenta todo el proceso en su libro The Lampshade. Un an\u00e1lisis de ADN determin\u00f3 que el material de la pantalla proven\u00eda de restos de piel humana. Lo que no se pudo saber con certeza su procedencia, ni cu\u00e1ntos a\u00f1os hac\u00eda que se hab\u00eda manufacturado.<\/p>\n<p>Si bien la atenci\u00f3n sobre la crueldad nazi suele centrarse sobre los jerarcas y sobre algunos de los comandantes de los lagers, tambi\u00e9n hay una serie de mujeres con conductas aberrantes que fueron identificadas y juzgadas. Algunos de esos nombres: Irma Grese, Maria Mandel y Herthe Bothe. De todas ellas, Ilse Koch fue la que mayor relevancia posterior obtuvo. Muy posiblemente porque su inhumanidad alcanz\u00f3 cimas casi inimaginables.<\/p>\n<p>El desborde del matrimonio Koch en Buchenwald fue tal que hasta provoc\u00f3 rechazo dentro del r\u00e9gimen nazi. El lujo con el que viv\u00edan se hab\u00eda convertido en comentario obligado entre los altos oficiales. La muerte de dos m\u00e9dicos de Buchenwald produjo una investigaci\u00f3n interna. Karl-Otto Koch afirm\u00f3 que eran infiltrados y que una vez descubiertos hab\u00edan intentado huir. En esa fuga fueron alcanzados por los disparos de su hombres. La investigaci\u00f3n determin\u00f3 que la causa hab\u00eda sido otra: los doctores hab\u00edan tratado a Koch por una s\u00edfilis y \u00e9ste los hab\u00eda eliminado para que su secreto no se conociera.<\/p>\n<p>Pero ni este episodio, ni sus robos, ni sus otros asesinatos y abusos termin\u00f3 con la carrera del matrimonio. Himmler, su protector, envi\u00f3 a Koch hacerse cargo de Majdanek. Necesitaba alguien implacable all\u00ed.<\/p>\n<p>Pero Ilse continu\u00f3 viviendo en su mansi\u00f3n en Buchenwald y comport\u00e1ndose como si no hubiera all\u00ed m\u00e1s ley que sus caprichos. Su marido tambi\u00e9n cay\u00f3 en desgracia en Majdanek<\/p>\n<p>A los pocos meses con la intenci\u00f3n de encubrir a las autoridades una fuga masiva de prisioneros de guerra sovi\u00e9ticos, Koch orden\u00f3 una matanza que lo \u00fanico que logr\u00f3 fue llamar la atenci\u00f3n sobre su impericia y la falta de control sobre sus actos. Lo desplazaron y lo enviaron a un puesto administrativo en Berl\u00edn. Al tiempo fue enviado una vez m\u00e1s a Buchenwald. En su regreso se comport\u00f3 de la misma manera que siempre. Su final lleg\u00f3 con una visita de su protector Himmler. El jerarca comprob\u00f3 que mientras Alemania se desmoronaba, los Koch segu\u00edan viviendo con todo lujo. Fue f\u00e1cil acusarlos de varios delitos, desfalcos, robos y encontrar pruebas. Ni la inminente derrota nazi salv\u00f3 a Koch. Fue juzgado en el mismo campo de concentraci\u00f3n, condenado a muerte y ejecutado a principios de abril de 1945, tan solo una semana antes de que los aliados liberaran Buchenwald. Ilse no fue condenado (se dice que la absoluci\u00f3n lleg\u00f3 despu\u00e9s que fingiera una crisis nerviosa ante los jueces) y logr\u00f3 escapar antes de la llegada del enemigo. Se refugi\u00f3 en la parte occidental de Berl\u00edn, lejos del alcance de los sovi\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Cuando fue detenida luego de la guerra, las pruebas de las atrocidades cometidas durante sus a\u00f1os en Buchenwald taparon a los magistrados. Fue juzgada en los llamados juicios de Dachau junto a otras mujeres. La condenaron a cadena perpetua. Se salv\u00f3 de la pena de muerte porque estaba embarazada. No s\u00e9 sabe qui\u00e9n era el padre y sus acusadores sospechaban que se hab\u00eda embarazado para evitar la horca. Apenas nace el bebe, un var\u00f3n, es dado en adopci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, tiempo despu\u00e9s el general norteamericano Lucius Clay, gobernador de la Zona Americana en Alemania redujo su sanci\u00f3n a 4 a\u00f1os de c\u00e1rcel. Pero en 1951 fue de nuevo detenida y juzgada una vez m\u00e1s. Esta vez las acusaciones se centraban a los actos cometidos contra ciudadanos alemanes.<\/p>\n<p>El juicio gener\u00f3 una atenci\u00f3n peculiar. Pese al que el relato de la barbarie ya se hab\u00eda escuchado varias veces a esa altura, el proceso de Ilse Koch sumaba nuevos elementos. La acusada era una mujer, los componentes sexuales, el sadismo y las sospechas del uso de las pieles de los asesinados. Alguien lleg\u00f3 a responsabilizarla de al menos 5.000 muertes de las 56.000 que se produjeron en esos a\u00f1os en Buchenwald.<\/p>\n<p>\u201cLos m\u00e9dicos nazis del campo estaban muy interesados en la piel humana. Ilse los motivaba todo el tiempo a que siguieran con sus pruebas y procedimientos. Quitaban la piel, la somet\u00edan a un proceso qu\u00edmico y las pon\u00edan a secar al sol. Cuando una pasaba por ah\u00ed las pod\u00eda ver\u201d, declar\u00f3 en el juicio un m\u00e9dico checo enviado a Buchenwald por la Gestapo. Con esas pieles se hac\u00edan guantes, billeteras, pantallas y hasta se encuadernaban libros. Eran valoradas m\u00e1s las que ten\u00edan un tatuaje particular. Hab\u00eda un detalle m\u00e1s: esos restos cut\u00e1neos no pod\u00edan proceder de alemanes. As\u00ed que las v\u00edctimas eran en su mayor\u00eda sovi\u00e9ticos, polacos y gitanos. Y como la piel deb\u00eda estar en buen estado, tampoco les serv\u00edan los cuerpos degradados de los que hac\u00eda mucho tiempo estaban hacinados en el lager. A veces Ilse ordenaba matar reci\u00e9n llegados porque su lozan\u00eda proporcionar\u00eda piel \u00f3ptima.<\/p>\n<p>15 de enero de 1951. En la sala de audiencias la tensi\u00f3n tiene presencia f\u00edsica. Ella, la acusada principal, no est\u00e1. Los jueces le permitieron permanecer en su celda. Pareci\u00f3 la \u00fanica manera posible de terminar el juicio. Sus gritos, ataques de nervios y desmayos -que nadie pudo determinar si eran reales o fingidos- interrumpieron las audiencias varias veces. Alguna vez en medio del relato de un sobreviviente, Ilse Koch se par\u00f3 y grit\u00f3: \u201c\u00a1S\u00ed, soy culpable! \u00a1Soy responsable de todo! Soy una pecadora\u201d. Tambi\u00e9n el p\u00fablico gritaba horrorizado en medio de los testimonios que la se\u00f1alaban como responsable de una variedad de atrocidades inimaginables. La lectura de la sentencia fue breve. La condena fue una de las peores posibles: cadena perpetua. Pero los espectadores que estaban dentro de la sala y los que esperaban en la calle reaccionaron con indignaci\u00f3n y hubo temor de que comenzara una revuelta. Ellos quer\u00edan la pena de muerte y que dentro de los hechos que el tribunal diera por probadas estuvieran las pantallas para l\u00e1mparas hechas con piel humana y su afici\u00f3n por coleccionar trozos de piel humana tatuada.<\/p>\n<p>Los d\u00edas de sus \u00faltimos a\u00f1os son mon\u00f3tonos, iguales a s\u00ed mismos. Est\u00e1 detenida. Est\u00e1 sola. Un defensor oficial hace presentaciones peri\u00f3dicas, grises y desesperanzadas pidiendo su liberaci\u00f3n. Los dos saben que no van a prosperar los pedidos. Su conducta cada vez es m\u00e1s err\u00e1tica. Hasta las convictas condenadas por delitos atroces la miran con desprecio.<\/p>\n<p>De los tres hijos (dos hombres y una mujer) que tuvo con Koch s\u00f3lo sobreviven dos. El mayor se suicid\u00f3 porque no pudo soportar la verg\u00fcenza de los cr\u00edmenes de sus padres. Ninguno la visita. Nadie se acerca a ella. S\u00f3lo lo hace una tarde un joven que la visita sorpresivamente. La primera visita desde que est\u00e1 detenida. No se imagina qui\u00e9n puede ser. No lo reconoce aunque en su cara descubre un aire familiar. El encuentro es silencioso. Se miran sin hablar unos minutos. Ella se pone nerviosa. Cree que su peor pesadilla, aquello que la atormenta y en lo que sue\u00f1o cada noche, se convirti\u00f3 en realidad: un familiar de una de sus v\u00edctimas vino a tomar revancha. Empieza a gritar y trata de escapar de la peque\u00f1a sala. Los guardias se apresuran para controlarla. El joven, poco m\u00e1s que un chico, estira la mano y le toca el hombro con torpeza, una caricia recelosa. \u201cSoy Uwe, tu hijo\u201d.<\/p>\n<p>El hijo que hab\u00eda sido dado en adopci\u00f3n apenas naci\u00f3, busc\u00f3 a su madre biol\u00f3gica. La sigui\u00f3 visitando con cierta regularidad. Necesitaba conocerla, necesitaba entender. Cre\u00eda que mirando esos ojos desorbitados iba a conocer la verdad. Ilse, su madre, hac\u00eda tiempo que no estaba ah\u00ed. Sus d\u00edas pasaban entre el mutismo m\u00e1s absoluto, r\u00e1fagas de culpa, ataques de ira, delirios y pedidos de rescate ante el imaginario ataque de sus perseguidores.<\/p>\n<p>Los alaridos de Ilse enloquec\u00edan a las otras reclusas de la c\u00e1rcel. Empezaron de noche pero luego aparec\u00edan en cualquier momento del d\u00eda. La mujer estaba convencida de que un grupo comando integrado por sobrevivientes de los Lager y familiares de los asesinados asaltaba la prisi\u00f3n para matarla. La man\u00eda persecutoria s\u00f3lo crec\u00eda.<\/p>\n<p>El 1 de septiembre de 1967, Ilse Koch at\u00f3 las s\u00e1banas de su cama y alg\u00fan abrigo ra\u00eddo a lo alto de los barrotes de su celda y se ahorc\u00f3. En pocas semanas cumpl\u00eda 61 a\u00f1os. Dej\u00f3 una carta que dec\u00eda: \u201cNo hay otra salida para m\u00ed. la muerte es la \u00fanica salvaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, su hijo Uwe procur\u00f3 revisar el pasado e intent\u00f3, en vano, limpiar el nombre de su madre. Pese a sus esfuerzos, Ilse Koch, su madre, siempre ser\u00e1 la Zorra de Buchenwald.<\/p>\n<p>Por Matias Bauso<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1951. Ilse Koch se para desafiante frente al tribunal. Lleva un vestido barato y la mirada turbia. Sus ojos verdes parecen dibujados por un comp\u00e1s, pero tambi\u00e9n parecen vac\u00edos. Las mejillas infladas y la piel que no est\u00e1 casi surcada por arrugas. No parece il\u00f3gico. Ella era la que hac\u00eda sufrir a los dem\u00e1s. De todas maneras, lo que m\u00e1s resaltaba era su pelo rojo, intenso. Ilse Koch espera que comience su juicio. No hay ansiedad en ella. Tiene gimnasia: ya pas\u00f3 por esta situaci\u00f3n. En Alemania los procesos por lo ocurrido durante el nazismo se multiplican, son parte de las escenas corrientes de la posguerra. Pero este proceso concit\u00f3 mayor atenci\u00f3n. La acusada se hab\u00eda convertido en un ser infame y hasta ten\u00eda apodo popular. La conoc\u00edan como la Zorra de Buchenwald. Se la se\u00f1alaba como responsable de las peores crueldades. Ya no se trataba de una homicida m\u00e1s. Ella hab\u00eda matado, hab\u00eda torturado, hab\u00eda mostrado el peor sadismo. Pero, adem\u00e1s, se la acusaba de tener un hobbie macabro: mandaba matar gente para que luego fueran descarnados y ella pudiera coleccionar trozos de piel tatuados. Hasta se la acusaba de haber mandado a hacer una pantalla de velador con &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":87891,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[44],"tags":[],"class_list":["post-87888","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-holocausto"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/87888","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=87888"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/87888\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/87891"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=87888"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=87888"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=87888"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}