{"id":87427,"date":"2021-01-12T15:25:50","date_gmt":"2021-01-12T18:25:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=87427"},"modified":"2021-01-12T15:25:50","modified_gmt":"2021-01-12T18:25:50","slug":"el-tormento-de-los-sobrevivientes-del-holocausto-despues-de-la-liberacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2021\/01\/12\/87427\/el-tormento-de-los-sobrevivientes-del-holocausto-despues-de-la-liberacion\/","title":{"rendered":"El tormento de los sobrevivientes del Holocausto despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Estremecidos por la forma en que las tropas de los Estados Unidos trataban a los sobrevivientes, dos soldados norteamericanos jud\u00edos tomaron el tema en sus manos.<\/p>\n<p>Para muchos sobrevivientes del Holocausto, sus tormentos no terminaron cuando los aliados vencieron a las fuerzas nazis y liberaron los campos en mayo de 1945. Sorprendentemente, fue necesario que dos soldados jud\u00edos del ej\u00e9rcito norteamericano aseguraran que los Estados Unidos cumplieran sus obligaciones y salvaran las vidas de miles de sobrevivientes.<\/p>\n<p>En muchos sectores, las tropas norteamericanas que supervisaban los campos de concentraci\u00f3n continuaron manteniendo prisioneros a los jud\u00edos hambrientos. Algunos meses despu\u00e9s de la victoria de los Aliados, un sobreviviente de un campo de concentraci\u00f3n le pregunt\u00f3 a un joven soldado llamado Robert L. Hilliard: \u201c\u00bfCu\u00e1l es la diferencia entre ustedes, los norteamericanos, y los nazis, excepto que ustedes no tienen c\u00e1maras de gases?\u201d.<\/p>\n<p>Robert Hilliard escribi\u00f3 sobre sus experiencias en: Surviving the Americans: The Continued Struggle of the Jews After Liberation, y habl\u00f3 p\u00fablicamente sobre su lucha para ayudar a los sobrevivientes jud\u00edos.<\/p>\n<p>En 1945 Robert Hilliard y su amigo Ed Herman, eran dos j\u00f3venes reclutas estacionados con el ej\u00e9rcito norteamericano en Bavaria. Hilliard estaba encargado de editar un peri\u00f3dico del ej\u00e9rcito y el 27 de mayo, algunas semanas despu\u00e9s de que las tropas norteamericanas liberaran los campos de concentraci\u00f3n y exterminio nazi en Alemania, \u00e9l fue a cubrir un \u201cconcierto de liberaci\u00f3n\u201d que ejecutaban los sobrevivientes de los campos de concentraci\u00f3n en un hospital en el monasterio St. Ottilien, cerca de M\u00fanich.<\/p>\n<p>En el hospital recib\u00edan tratamiento 400 sobrevivientes de los campos de concentraci\u00f3n, as\u00ed como algunos soldados alemanes que supuestamente estaban heridos. En verdad, Hilliard descubri\u00f3 que algunos sodlados alemanes usaban el hospital como cubierta para evadir represalias por su rol en la guerra, y los jud\u00edos ocupaban parte del terreno del hospital extraoficialmente. A ellos se les negaba atenci\u00f3n m\u00e9dica y tanto el personal alem\u00e1n del hospital como las tropas estadounidenses que gobernaban el \u00e1rea, cerraban los ojos ante estos sobrevivientes demacrados, los ignoraban y se negaban a ayudarlos de alguna forma.<\/p>\n<p>El Dr. Zalman Grinberg, \u00e9l mismo un sobreviviente de un campo liberado, organiz\u00f3 el hospital no oficial en St. Ottilien sin ayuda de las fuerzas aliadas.<\/p>\n<p>De hecho, Hilliard describi\u00f3 que el \u201chospital\u201d que \u00e9l dirig\u00eda, sin suministros, era el \u00fanico hospital en toda Alemania dedicado a atender a los sobrevivientes de los campos de concentraci\u00f3n en esas semanas cruciales tras la liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando Hilliard lleg\u00f3 al complejo del hospital para el \u201cconcierto\u201d, no pudo creer lo que vieron sus ojos. \u201cHab\u00eda filas de sillas de madera acomodadas frente al escenario. En los pasillos, en las sillas y en el c\u00e9sped, de pie, sentados, caminando y acostados, hab\u00eda cientos de figuras demacradas, p\u00e1lidas, esquel\u00e9ticas, sin expresi\u00f3n, todas vestidas con los uniformes de franjas blancas y negras de los campos de concentraci\u00f3n\u201d. Al ver eso, Hilliard pens\u00f3 en el Infierno del Dante. \u201cEntonces, m\u00e1s lejos, vi que hab\u00eda otras personas. En un \u00e1rea separada de los cuarteles de los sobrevivientes hab\u00eda decenas de hombres vestidos con los uniformes verdes de las fuerzas armadas de Alemania, caminando con el descuido de los privilegiados, fumando, algunos con los miembros vendados, otros sostenidos por enfermeras con uniformes blancos, levantando los brazos para saludar a los oficiales y a los m\u00e9dicos alemanes que pasaban\u201d. A pesar de que el \u00e1rea estaba bajo el control del ej\u00e9rcito de los Estados Unidos, no hab\u00edan hecho nada para ayudar a las v\u00edctimas de los campos de concentraci\u00f3n. \u201cEllos no ten\u00edan comida, ni ropa ni atenci\u00f3n m\u00e9dica\u201d. Esas amenidades las brindaban exclusivamente a los soldados alemanes.<\/p>\n<p>Hilliard fue uno de los pocos soldados norteamericanos que se sinti\u00f3 indignado por la situaci\u00f3n. En sus memorias, \u00e9l describi\u00f3 c\u00f3mo en todas las ciudades que estaban bajo el control norteamericano, los prisioneros jud\u00edos continuaron confinados a los campos de concentraci\u00f3n, vigilados y a veces brutalizados por sus nuevos captores estadounidenses. Algunos soldados ten\u00edan odio contra los jud\u00edos. Incluso el General George Patton denigr\u00f3 a los jud\u00edos bajo el cuidado del ej\u00e9rcito de los Estados Unidos al escribir en su diario personal: Algunas personas \u201ccreen que los refugiados son seres humanos, y no es as\u00ed, y esto se aplica en particular a los jud\u00edos que son m\u00e1s bajos que los animales\u201d. Patton escribi\u00f3: \u201cEntramos a la sinagoga, que estaba repleta por la mayor masa de humanidad apestosa que vi en mi vida. Por supuesto que los vi desde el comienzo y me maravill\u00f3 que seres que se supone que fueron creados a imagen de Dios puedan verse de esa forma y actuar de esa manera\u201d.<\/p>\n<p>El 25 de julio, dos meses y medio despu\u00e9s del d\u00eda de la victoria, representantes de los campos de concentraci\u00f3n de las zonas de Alemania ocupadas por los brit\u00e1nicos y los norteamericanos, se reunieron en St. Ottilien para discutir sobre la terrible situaci\u00f3n que enfrentaban sus comunidades. Los jud\u00edos de la zona francesa enfrentaban un antisemitismo tan intenso que no pod\u00edan viajar libremente, por lo que no pudieron enviar representantes a M\u00fanich. Quienes pudieron asistir transmitieron informes similares: en todos los campos de concentraci\u00f3n representados en ese encuentro, los jud\u00edos segu\u00edan muriendo debido a las enfermedades, la mala nutrici\u00f3n y, en algunos casos, por la brutalidad de sus nuevos opresores Aliados.<\/p>\n<p>Hilliard record\u00f3 a un representante llamado Roisen, que lleg\u00f3 del infame campo de concentraci\u00f3n Mauthausen. \u00c9l inform\u00f3 que all\u00ed las tropas norteamericanas a cargo del \u00e1rea no proveyeron a los prisioneros moribundos con medicinas, m\u00e9dicos ni enfermeras. Luego de que los sobrevivientes jud\u00edos suplicaran mejores condiciones de albergue, las tropas norteamericanas les dieron permiso de pasarse a otros edificios dentro del campo, pero estos estaban tan infectados con piojos y otros insectos que los sobrevivientes se negaron a cambiar de lugar. Furiosos por ser desafiados, los oficiales norteamericanos locales ordenaron que no llevaran m\u00e1s alimentos a Mauthausen. Su \u00fanica fuente de raciones de comida eran los pocos soldados americanos que desafiaban la prohibici\u00f3n y les llevaban alimentos.<\/p>\n<p>Un sobreviviente llamado Reichhardt representaba a Austria. Los oficiales norteamericanos locales ordenaron que a los sobrevivientes del campo de concentraci\u00f3n les proveyeran 1.200 calor\u00edas diarias, pero s\u00f3lo les enviaban 700 calor\u00edas, y el resto lo vend\u00edan en el mercado negro. Incluso esas magras raciones a menudo se les negaban a menos que las mujeres del campo accedieran a las \u00f3rdenes de los soldados a cargo. Hilliard record\u00f3 que Reichhardt tambi\u00e9n relat\u00f3 un caso en el que un polic\u00eda militar norteamericano le dispar\u00f3 a un sobreviviente jud\u00edo, y posteriormente se excus\u00f3 diciendo que s\u00f3lo estaba \u201cjugando\u201d con su arma.<\/p>\n<p>Tras o\u00edr el cat\u00e1logo de horrores durante gran parte del d\u00eda, los sobrevivientes jud\u00edos decidieron redactar una lista de resoluciones. Como no les llegaba ayuda de ninguna parte, el Dr. Grinberg, el sobreviviente encargado del hospital en St. Ottilien, dijo: \u201cDecidimos construir nuestro futuro por nuestros propios medios\u201d. El grupo decidi\u00f3 varios objetivos, el primero de los cuales fue trabajar para crear un estado jud\u00edo al que pudieran emigrar.<\/p>\n<p>Hilliard record\u00f3 que inmediatamente despu\u00e9s del encuentro hubo muy pocos cambios. De hecho, las condiciones en St. Ottilien se deterioraron. Un sobreviviente jud\u00edo al que se le neg\u00f3 alimentaci\u00f3n adecuada, decidi\u00f3 salir del hospital y recibi\u00f3 un disparo de un guardia estadounidense, lo que provoc\u00f3 que perdiera la pierna. Hilliard escribi\u00f3 que algunas semanas m\u00e1s tarde tambi\u00e9n le dispararon a otro sobreviviente en circunstancias similares. Para mantener a los sobrevivientes jud\u00edos dentro del complejo del hospital, las autoridades norteamericanas ordenaron erigir una cerca de alambre de p\u00faa alrededor del \u00e1rea, y los soldados norteamericanos patrullaban la zona, asegurando que ning\u00fan sobreviviente jud\u00edo escapara. Despu\u00e9s de que le dispararan al primer sobreviviente, un teniente norteamericano confront\u00f3 al polic\u00eda militar que le dispar\u00f3. Hilliard record\u00f3 que el polic\u00eda militar explic\u00f3: \u201cEs s\u00f3lo un jud\u00edo %#&#038;* \u00a1Eso es lo que se merecen todos los jud\u00edos!\u201d. El teniente lo mir\u00f3 fijamente por un momento, y simplemente se dio vuelta y se march\u00f3.<\/p>\n<p>Estos odiosos incidentes no eran casos aislados. El autor Rob Morries describe a un sobreviviente jud\u00edo en Feldafing al que le dispararon los soldados norteamericanos cuando trat\u00f3 de regresar al campo de refugiados tras haber salido para buscar comida. (\u201cUntold Valor: Forgotten Stories of American Bomber Crews Over Europe in World War II\u201d por Rob Morris, Potomac Books: 2006).<\/p>\n<p>En esos ca\u00f3ticos meses tras la victoria aliada, otro soldado jud\u00edo se uni\u00f3 a la compa\u00f1\u00eda de Hilliard, Ed Herman, un joven de 25 a\u00f1os de Filadelfia que hab\u00eda abandonado la universidad de Pensilvania para luchar en la Segunda Guerra Mundial. Herman y Hilliard r\u00e1pidamente se hicieron amigos. A medida que pasaban las semanas, ambos se espantaron por las condiciones en las que sus propios oficiales obligaban a vivir a los sobrevivientes jud\u00edos. Ambos comenzaron a llevar comida a St. Ottilien y alentaron a otros soldados a hacer lo mismo. En particular Ed Herman se convirti\u00f3 en un experto intercambiando bienes en el mercado negro e invirti\u00f3 sus ganancias en suministros para los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, Herman hizo una propuesta audaz: la tienda de suministros en una base de la fuerza a\u00e9rea norteamericana iba a cerrar porque la base se mudaba. Ed se pregunt\u00f3 si estar\u00edan dispuestos a venderle todo lo que ten\u00edan en el inventario para que \u00e9l pudiera llevarlo a St. Ottilien. Los otros soldados pensaron que era una locura, pero Herman estaba decidido a hacer todo lo que estuviera a su alcance. \u00c9l encontr\u00f3 a un oficial que simpatiz\u00f3 con su idea, el teniente Albert L. Cusick, que era uno de los soldados que activamente donaba suministros para los sobrevivientes, y de alguna forma logr\u00f3 comprar todo lo que hab\u00eda en la tienda por lo que en ese momento era una gran suma: $450. De inmediato, los sobrevivientes que todav\u00eda segu\u00edan prisioneros en St. Ottilien recibieron latas de jugo, caramelos, bocadillos y art\u00edculos de tocador.<\/p>\n<p>De todas formas, todav\u00eda no era suficiente. Incluso las 1.200 calor\u00edas que el General Eisenhower hab\u00eda exigido que las tropas norteamericanas suministraran a los sobrevivientes eran demasiado poco para que pudieran recuperar su salud. Adem\u00e1s gran parte de esa m\u00ednima cantidad de alimento era vendida en el mercado negro y ni siquiera llegaba a los sobrevivientes.<\/p>\n<p>\u201cLa \u00fanica forma en que podremos obtener lo que necesitamos para St. Ottilien es directamente de los Estados Unidos\u201d, le dijo frustrado Herman a Hilliard. Estaba claro que tratar de ayudar a trav\u00e9s del ej\u00e9rcito no funcionaba.<\/p>\n<p>Hilliard se mostr\u00f3 esc\u00e9ptico. \u201cEso implica llegar a cada sinagoga, a cada Centro Juvenil, a cada grupo de la Bnei brit del pa\u00eds. Eso significa crear un nuevo Centro de Distribuci\u00f3n\u201d, dijo, aludiendo al JDC, el comit\u00e9 de distribuci\u00f3n del Joint, un gran movimiento de caridad, \u201c\u00bfC\u00f3mo podremos lograrlo?\u201d<\/p>\n<p>Mientras m\u00e1s discut\u00edan la idea, m\u00e1s lejana parec\u00eda. \u201cMi hermano Lennie regres\u00f3 a los Estados Unidos y est\u00e1 viajando por el pa\u00eds. Me parece que est\u00e1 involucrado con la venta de bonos de guerra. \u00c9l va a llevar cartas a personas importantes, a aquellos que pueden lograr hacer algo\u201d, dijo Herman.<\/p>\n<p>Los dos soldados redactaron una emotiva carta de varias p\u00e1ginas. Era un poderoso grito de ayuda, una s\u00faplica de auxilio para la espantosa situaci\u00f3n que enfrentaban cada d\u00eda los sobrevivientes del Holocausto. \u201cLos jud\u00edos de Europa son una raza en extinci\u00f3n. Incluso ahora, despu\u00e9s de haber vencido a Hitler y al nazismo, siguen siendo exterminados lentamente de la faz de la tierra. \u00a1USTEDES SON LOS CULPABLES!\u201d.<\/p>\n<p>La carta presentaba la negligencia perpetrada por los soldados aliados y le dec\u00eda al pueblo norteamericano: \u201cPor la negligencia de su despreocupaci\u00f3n, ustedes son tan responsables de la muerte actual de los jud\u00edos europeos como lo fue en el pasado el nazi m\u00e1s diab\u00f3lico\u201d. Herman y Hilliard fueron a la oficina impresora del peri\u00f3dico del campo para imprimir suficientes copias para enviar a cada persona e instituci\u00f3n que pudieran recordar en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>La iniciativo funcion\u00f3. Otros soldados de la compa\u00f1\u00eda ayudaron a imprimir y enviar cartas a todos los que pod\u00edan recordar. Posteriormente Hilliard record\u00f3: \u201cEnviamos cientos de cartas. A esposas, amigos, padres, madres, hermanos, hermanas, vecinos, sinagogas, clubes, asociaciones, fraternidades, grupos comunitarios jud\u00edos, a cualquiera que pudiera interesarle lo suficiente como para enviar un paquete, para organizar apoyo dentro de su organizaci\u00f3n, para ponerse en contacto con un senador o con cualquier pol\u00edtico que pudiera tener consciencia y la posibilidad de presionar para que algo se pusiera en acci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Leonard, el hermano de Herman, tom\u00f3 como su misi\u00f3n personal distribuir las cartas por los Estados Unidos. En el 2007 lo elogiaron p\u00fablicamente en el Congreso de los Estados Unidos como un \u201cverdadero h\u00e9roe\u201d por su rol difundiendo la carta.<\/p>\n<p>Durante varias semanas despu\u00e9s de haber enviado las cartas, los soldasos en M\u00fanich se preguntaron por qu\u00e9 no recib\u00edan respuestas. Hab\u00edan pedido suministros, pero no llegaba ni un paquete. \u00bfAcaso el pueblo norteamericano era tan desalmado como para ignorar ese pedido de ayuda para los sobrevivientes desnutridos del genocidio nazi?<\/p>\n<p>Sin que Herman y Hilliard lo supieran, las donaciones llegaban en cantidades, pero eran detenidas en Nueva York. El par estaba desilusionado, pero no dispuesto a detenerse. Cada semana enviaban m\u00e1s cartas. Muy pronto lleg\u00f3 un representante del General Eisenhower a visitar a Hilliard y Herman y les orden\u00f3 dejar de enviar cartas. Ellos hablaron con su oficial, luego ignoraron la orden y continuaron enviando su carta a cada contacto que pudieran recordar en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Varias semanas m\u00e1s tarde, Hilliard cree que una de sus cartas finalmente lleg\u00f3 a las manos correctas y se la mostraron al mismo presidente Harry Truman. El presidente le pidi\u00f3 a Dean Earl Harrison, el representante de los Estados Unidos en el Comit\u00e9 intergubernamental para los refugiados, que revisara el tema para saber qu\u00e9 estaba pasando y qui\u00e9nes eran esos dos soldados desconocidos. Truman tambi\u00e9n autoriz\u00f3 que enviaran los paquetes dirigidos a St. Ottilien. El informe de Harrison fue condenatorio: \u201cParece que tratamos a los jud\u00edos como los trataron los nazis, excepto que no los exterminamos\u201d. \u00c9l llev\u00f3 personalmente su informe al presidente Truman y le dijo que la informaci\u00f3n lo hizo sentirse f\u00edsicamente enfermo.<\/p>\n<p>Enseguida el presidente Truman le orden\u00f3 al General Eisenhower efectuar cambios inmediatos en la manera que trataban a los sobrevivientes. El domingo 30 de setiembre de 1945, el titular de la portada del New York Times fue: \u201cEL PRESIDENTE LE ORDENA A EISENHOWER PONER FIN AL ABUSO A LOS JUD\u00cdOS\u201d. Otros titulares inclu\u00edan: \u201cEl informe de Harrison compara nuestro trato al de los nazis\u201d y \u201cLas condiciones de los refugiados son estremecedoras\u201d.<\/p>\n<p>Eisenhower ya hab\u00eda expresado su disgusto respecto a los horrores que descubri\u00f3 en los campos nazis. \u201cPienso que nunca me sent\u00ed tan enojado en toda mi vida\u201d, les dijo a los periodistas el 18 de junio de 1945, al relatar lo que ocurri\u00f3 en los campos de concentraci\u00f3n. Eisenhower orden\u00f3 su propia misi\u00f3n de investigaci\u00f3n y de inmediato increment\u00f3 las raciones otorgadas a los sobrevivientes, quit\u00f3 los alambres de p\u00faa alrededor de los campos, reemplaz\u00f3 los guardias militares con civiles no armados, y provey\u00f3 mejores viviendas y atenci\u00f3n m\u00e9dica.<\/p>\n<p>En St. Ottilien las condiciones cambiaron r\u00e1pidamente. En unos pocos d\u00edas comenzaron a llegar paquetes de todos los rincones de los Estados Unidos. En unas pocas semanas los sobrevivientes recibieron m\u00e1s de 1.500 paquetes. Hilliard record\u00f3 la escena cuando llegaron los primeros suministros: \u201cHubo risas, llanto, bailes, abrazos y besos, era como si se estuvieran mojando por la primer lluvia despu\u00e9s de a\u00f1os de sequ\u00eda\u201d. Finalmente, meses despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n, hab\u00eda alimentos, suministros m\u00e9dicos y ropa para aliviar el sufrimiento de los sobrevivientes. En todas las zonas bajo control norteamericano comenzaron a mejorar las condiciones para los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la guerra, Herman se qued\u00f3 algunos a\u00f1os en Europa y trabaj\u00f3 ayudando a llevar ilegalmente a los sobrevivientes a la Tierra de Israel. \u00c9l falleci\u00f3 en el 2007 tras ser honrado por el Estado de Israel por su rol ayudando a los sobrevivientes del Holocausto. Robert Hilliard se convirti\u00f3 en profesor de Comunicaciones en Emerson, cerca de Boston y habl\u00f3 extensamente sobre sus experiencias. Cientos o incluso miles de jud\u00edos de todo el mundo deben su existencia a la tenacidad de estos dos hombres, que a pesar de ser s\u00f3lo soldados rasos lograron cambiar la pol\u00edtica del gobierno de los Estados Unidos respecto a la ayuda a los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Fuente: Aishlatino<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estremecidos por la forma en que las tropas de los Estados Unidos trataban a los sobrevivientes, dos soldados norteamericanos jud\u00edos tomaron el tema en sus manos. Para muchos sobrevivientes del Holocausto, sus tormentos no terminaron cuando los aliados vencieron a las fuerzas nazis y liberaron los campos en mayo de 1945. Sorprendentemente, fue necesario que dos soldados jud\u00edos del ej\u00e9rcito norteamericano aseguraran que los Estados Unidos cumplieran sus obligaciones y salvaran las vidas de miles de sobrevivientes. En muchos sectores, las tropas norteamericanas que supervisaban los campos de concentraci\u00f3n continuaron manteniendo prisioneros a los jud\u00edos hambrientos. Algunos meses despu\u00e9s de la victoria de los Aliados, un sobreviviente de un campo de concentraci\u00f3n le pregunt\u00f3 a un joven soldado llamado Robert L. Hilliard: \u201c\u00bfCu\u00e1l es la diferencia entre ustedes, los norteamericanos, y los nazis, excepto que ustedes no tienen c\u00e1maras de gases?\u201d. Robert Hilliard escribi\u00f3 sobre sus experiencias en: Surviving the Americans: The Continued Struggle of the Jews After Liberation, y habl\u00f3 p\u00fablicamente sobre su lucha para ayudar a los sobrevivientes jud\u00edos. En 1945 Robert Hilliard y su amigo Ed Herman, eran dos j\u00f3venes reclutas estacionados con el ej\u00e9rcito norteamericano en Bavaria. 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