{"id":81025,"date":"2020-11-20T12:29:51","date_gmt":"2020-11-20T15:29:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=81025"},"modified":"2020-11-20T12:29:51","modified_gmt":"2020-11-20T15:29:51","slug":"a-75-anos-del-juicio-de-nuremberg-el-pedido-de-churchill-de-ejecutar-nazis-en-6-horas-la-pastilla-que-salvo-de-la-horca-a-un-jerarca-y-una-condena-ejemplar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2020\/11\/20\/81025\/a-75-anos-del-juicio-de-nuremberg-el-pedido-de-churchill-de-ejecutar-nazis-en-6-horas-la-pastilla-que-salvo-de-la-horca-a-un-jerarca-y-una-condena-ejemplar\/","title":{"rendered":"A 75 a\u00f1os del Juicio de N\u00faremberg: el pedido de Churchill de ejecutar nazis en 6 horas, la pastilla que salv\u00f3 de la horca a un jerarca y una condena ejemplar"},"content":{"rendered":"<p>La decisi\u00f3n de someter a un tribunal a los cabecillas del r\u00e9gimen nazi fue la l\u00ednea que dividi\u00f3 la justicia de la venganza. Con pruebas irrefutables, las sentencias fueron terminantes e inapelables. Los entretelones de la lucha de Churchill y Stalin por imponer su voluntad y el papel decisivo de los Estados Unidos para llegar a esta instancia hist\u00f3rica<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no nos fusilan de una buena vez?, dijo uno de ellos. Hasta hac\u00eda unos d\u00edas su vida estaba plagada de lujos. Sirvientes, empleados, dinero, comidas abundantes, ropa elegante, mansiones. Ahora estaba en un cub\u00edculo oscuro, sin ventilaci\u00f3n, con un ambo de tela rugosa, incomunicado, con alimentaci\u00f3n estricta de unas 1500 calor\u00edas diarias y un colch\u00f3n delgado, si as\u00ed se lo pod\u00eda llamar, tirado en el suelo como exclusivo mobiliario. Los \u00fanicos seres vivos que hab\u00eda visto en la \u00faltima semana fueron sus interrogadores y las cucarachas, ara\u00f1as y ratas que paseaban por su min\u00fascula celda. La guerra se hab\u00eda terminado y para \u00e9l como para los otros jerarcas nazis que a\u00fan conservaban la vida, tambi\u00e9n se hab\u00edan terminado el poder, los privilegios y la libertad.<\/p>\n<p>Los aliados no les dieron el gusto. No los fusilaron. Los juzgaron. Quer\u00edan que el mundo conociera los delitos de los que se los acusaba. Pretend\u00edan que a trav\u00e9s de los Juicios de N\u00faremberg, que comenzaron formalmente, el 20 de noviembre de 1945, hace 75 a\u00f1os, el mundo se asentara en una institucionalidad en la que se impusiera la ley y no la fuerza o la venganza.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer con los criminales nazis? Esa era la pregunta que sobrevolaba los despachos oficiales de las grandes potencias desde los primeros d\u00edas de 1945, cuando ya la confianza de que la guerra ser\u00eda ganada estaba consolidada. En algunos de los encuentros de jerarcas se hab\u00eda prometido castigo a los que hab\u00edan dado inicio a la locura en el que el mundo estaba sumido desde hac\u00eda un lustro. La \u00faltima manifestaci\u00f3n de ese tipo fue en Yalta. Pero nunca hubo precisiones, s\u00f3lo una declaraci\u00f3n de principios. Esa indefinici\u00f3n reconoc\u00eda dos or\u00edgenes dis\u00edmiles. Por un lado evitaban cualquier declaraci\u00f3n contundente para que los detenidos bajo el poder de los nazis no sufrieran represalias anticipadas; por el otro, los aliados estaban lejos de ponerse de acuerdo, y no sab\u00edan bien qu\u00e9 iban a hacer una vez finalizada la guerra.<\/p>\n<p>Con la rendici\u00f3n alemana a principios de mayo del 45, la cuesti\u00f3n se convirti\u00f3 en una realidad. Winston Churchill y Anthny Eden, su ministro de Asuntos Exteriores, sorprendieron a todos. No aceptaban argumentos, ni escuchaban a los dem\u00e1s. Para ellos y por ende esa era la posici\u00f3n oficial brit\u00e1nica, deb\u00eda detenerse a la mayor cantidad de l\u00edderes posibles, someterlos a un juicio sumar\u00edsimo en el lugar en el que fueran encontrados que encabezar\u00eda la m\u00e1xima autoridad militar del lugar, y ejecutarlos dentro de las seis horas siguientes. Naturalmente, Churchill no conceb\u00eda que el resultado del juicio expr\u00e9s fuera otro que la condena. Para el l\u00edder ingl\u00e9s, la \u00fanica manera de seguir adelante y de desalentar futuros brotes nazis era la exterminaci\u00f3n de los que quedaran en pie. Eso inclu\u00eda a los colaboracionistas que hab\u00edan ostentado el poder. Para \u00e9l era un acto pol\u00edtico y no uno jur\u00eddico lo que el mundo necesitaba para zanjar la situaci\u00f3n. Pero habr\u00eda una nueva sorpresa en esta discusi\u00f3n. Stalin y los sovi\u00e9ticos se opusieron de manera terminante a esta opci\u00f3n. Exig\u00edan que hubiera juicio en el lugar en el que los cr\u00edmenes hab\u00edan sido cometidos. La primera vez que Churchill habl\u00f3 con Stalin del tema no pod\u00eda creer lo que escuchaba. \u201cEl T\u00edo Joe result\u00f3 ultrarrespetuoso de la ley\u201d, le escribi\u00f3 a Roosevelt refiri\u00e9ndose a Stalin. Los sovi\u00e9ticos, con la brutalidad y el absurdo rigor que (des) trataban a los disidentes, hac\u00edan juicios o, al menos, la parodia de ellos, antes de encerrarlos o ejecutarlos. Estados Unidos tambi\u00e9n se opuso a la postura inglesa.<\/p>\n<p>Stalin m\u00e1s que para respetar el derecho de defensa de los acusados, quer\u00eda un juicio para mostrar de qu\u00e9 lado estaba el poder, qui\u00e9nes hab\u00edan sido los vencedores y, tambi\u00e9n, hacer ver que no tem\u00edan escuchar y enfrentar a los nazis.<\/p>\n<p>Una vez que se decidi\u00f3 que se llevar\u00eda a cabo un juicio in\u00e9dito hubo que resolver muchas cuestiones. Tantas que a veces pareci\u00f3 que no iba a lograrse nunca. El acuerdo m\u00e1s veloz fue el de determinar que el proceso lo encabezar\u00edan las naciones vencedoras: Estados Unidos, Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, Gran Breta\u00f1a y Francia.<\/p>\n<p>Los sovi\u00e9ticos exigieron que la sede fuera Berl\u00edn. Ese hab\u00eda sido el epicentro del Reich, de ah\u00ed hab\u00edan salido las decisiones claves. Y adem\u00e1s ellos hab\u00edan tomado la ciudad primero. Pero Berl\u00edn presentaba muchos inconvenientes. Estaba destruida, la pobreza era extrema y la muerte era algo cotidiano. Adem\u00e1s la divisi\u00f3n en cuatro de la ciudad iba a provocar celos seg\u00fan la sede escogida. Se propusieron otras opciones pero siempre alguien presentaba una objeci\u00f3n insalvable: Liepzig, Munich y Luxemburgo fueron descartadas. Hasta que el general Lucius Clay, jefe del gobierno de ocupaci\u00f3n militar de Estados Unidos, propuso N\u00faremberg. La ciudad cumpl\u00eda los dos requisitos principales. Era una de las \u00fanicas que conservaba intactas instalaciones para llevar a cabo el proceso y adem\u00e1s contaba con carga simb\u00f3lica. En N\u00faremberg se hab\u00edan dictado las leyes raciales y hab\u00eda sido el lugar de las grandes manifestaciones, de las enormes muestras de poder del r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Entre las cuestiones pr\u00e1cticas a resolver la principal era la de determinar qui\u00e9nes ser\u00edan los juzgados. M\u00e1s all\u00e1 de los nombres obvios -Hitler y sus principales ministros y colaboradores-, ocupados en terminar de vencer a los alemanes, los aliados no hab\u00edan confeccionado listas de los que quer\u00edan sentar ante los jueces. Hitler, Goebbels y Borman (que juzgado en ausencia) no estaban. El resto era pasible de ocupar un lugar.<\/p>\n<p>Hubo casi 5000 peticiones de procesamientos. Los aliados eligieron a 650 de ellos para juzgar. Lo que hoy conocemos como Juicio de N\u00faremberg es s\u00f3lo uno de los procesos que se llevaron a cabo, el principal , el que analiz\u00f3 la culpabilidad de los jerarcas. Hubo varios m\u00e1s en los que se agrupaba por profesi\u00f3n o \u00e1rea de actividad. Estuvo el de los Jueces, los M\u00e9dicos, de los Ministros, de las SS, o a empresarios como los de Farben o Flick.<\/p>\n<p>En este proceso se intent\u00f3 que todos los grupos de poder estuvieran representados. Los allegados a Hitler, los ministros, los ide\u00f3logos del antisemitismo, los industriales, los que comandaron a la juventud. Era un proceso a toda la conducci\u00f3n nazi.<\/p>\n<p>La parte econ\u00f3mica y administrativa, despu\u00e9s de largos tironeos, la solucion\u00f3 Estados Unidos, el menos afectado por las vicisitudes b\u00e9licas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-81026\" src=\"https:\/\/www.radiojai.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/1-248-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/www.radiojai.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/1-248-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.radiojai.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/1-248-700x525.jpg 700w, https:\/\/www.radiojai.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/1-248.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><br \/>\nPero el verdadero gran inconveniente era el marco jur\u00eddico. Fue un verdadero problema determinar bajo qu\u00e9 leyes se los juzgar\u00eda. Las nuevas situaciones tra\u00edan nuevos problemas. Nunca los vencedores hab\u00edan juzgado a los vencidos. La ley del vencedor y su impiedad se sol\u00edan imponer. A eso se le sumaba que la naturaleza y la magnitud de los cr\u00edmenes nazis no hab\u00eda sido prevista, ni siquiera imaginada, por el legislador. La gran pregunta era c\u00f3mo esquivar el principio del derecho penal que determina que no hay pena sin ley previa. Si bien el acad\u00e9mico Rafael Lemkin hab\u00eda logrado llegar a una definici\u00f3n de genocidio no era un delito que estuviera tipificado. Y los otros delitos, los m\u00e1s concretos, pod\u00edan endilgarse tambi\u00e9n a muchos de los hombres de los aliados. Los alemanes sosten\u00edan que s\u00f3lo estaban siendo sometidos a un juicio porque hab\u00edan sido derrotados y no en virtud de sus actos.<\/p>\n<p>La acusaci\u00f3n -tras largos cabildeos y negociaciones que se empantanaron en innumerables ocasiones porque los sovi\u00e9ticos exig\u00edan una serie de rodeos para no acusar de delitos en los cu\u00e1les ellos hab\u00edan incurrido casi con fruici\u00f3n- se resolvi\u00f3 agrupando los hechos en cuatro categor\u00edas: conspiraci\u00f3n contra la paz (los actos que derivaron en las invasiones y la guerra), actos contra la paz (las agresiones b\u00e9licas propiamente dichas), cr\u00edmenes de guerra y violaciones a las convenciones vigentes, y cr\u00edmenes contra la humanidad (en los que se inclu\u00eda por primera vez el concepto de crimen de lesa humanidad: esta cuarta categor\u00eda fue incluida por la persistencia norteamericana, dado que Stalin prefer\u00eda que eso se juzgara posteriormente ya que no quer\u00eda que se discutieran los campos de concentraci\u00f3n y se hiciera referencia a los suyos).<\/p>\n<p>Los jueces eran cuatro y cada uno representaba a uno de los aliados. El fiscal general era norteamericano.<\/p>\n<p>Los acusados fueron trasladados a celdas m\u00e1s habitables pero sin mayores comodidades. Pero al menos contaban con camas, una mesa y ventanas por las que se filtraba el sol. \u201cEl primer d\u00eda que llegu\u00e9 a mi nuevo lugar me tir\u00e9 en el piso y dej\u00e9 que el sol diera en m\u00ed todo el tiempo posible. En ese lapso, con la mente en blanco, fui feliz\u201d, cont\u00f3 Albert Speer, el arquitecto de Hitler y eficaz ministro de armamento en sus Memorias.<\/p>\n<p>Las autoridades aliadas se preocuparon por el poder que G\u00f6ring segu\u00eda mostrando sobre varios de los hombres. No quer\u00eda que los radicalizara. As\u00ed los acusados com\u00edan en peque\u00f1os grupos y no se les permit\u00eda hablar entre ellos. S\u00f3lo pod\u00edan murmurar algo a escondidos de los guardias en sus paseos matutinos.<\/p>\n<p>G\u00f6ring, despu\u00e9s de pasar por un periodo terrible por la abstinencia a las drogas apenas fue detenido, se mostr\u00f3 con la misma soberbia que de costumbre. Sus declaraciones ante el tribunal fueron desafiantes, sin mostrar arrepentimiento, vanaglori\u00e1ndose que la historia lo salvar\u00eda, que su nombre ser\u00eda dicho con orgullo en el futuro y que estatuas suyas inundar\u00edan Alemania 50 o 60 a\u00f1os despu\u00e9s. De m\u00e1s est\u00e1 decir que, una vez m\u00e1s, se equivoc\u00f3.<\/p>\n<p>Pese a todos los inconvenientes, el juicio segu\u00eda siendo la muestra de civilidad que el mundo necesitaba.<\/p>\n<p>El Fiscal Robert Jackson tom\u00f3 la palabra y en esos p\u00e1rrafos iniciales dej\u00f3 claro que estaba hablando para la historia. Necesitaba repetir los postulados principales del proceso: \u201cEl privilegio de abrir el primer proceso de la historia por cr\u00edmenes contra la paz del mundo supone una grave responsabilidad. Las acciones que intentamos condenar y castigar han sido calculadas, tan indignantes y destructivas, que la civilizaci\u00f3n no puede tolerar que se las ignore porque no lograr\u00e1 sobrevivir si se repiten\u201d.<\/p>\n<p>Luego resalt\u00f3 ese que tanto les cost\u00f3: el acuerdo entre las cuatro naciones para juzgarlos. Y , en especial, no haber cedido a la tentaci\u00f3n de la venganza: \u201cSometer a los enemigos al juicio de la ley es uno de los tributos m\u00e1s significativos que el poder ha rendido jam\u00e1s a la raz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n dijo algunas cosas de las que no estaba tan convencido pero que cre\u00eda oportunas para poder seguir adelante. Le cost\u00f3 convencer a sus colaboradores que el juicio era s\u00f3lo a esos hombres de mirada torva y desafiante, sentados, amontonados en el banquillo: \u201cNo nos proponemos acusar a todo el pueblo alem\u00e1n. Si el pueblo alem\u00e1n hubiera aceptado de buena gana el programa nazi, no hubieran sido necesarias las tropas de asalto, ni los campos de concentraci\u00f3n, ni la Gestapo. El pueblo alem\u00e1n y los de otras naciones tiene cuentas que saldar con estos acusados\u201d.<\/p>\n<p>Pese a las cr\u00edticas de algunos juristas, lo que se debe reconocer es que lo que el fiscal Jackson sostuvo en su alegato inicial se cumpli\u00f3. Se trat\u00f3 a los acusados con severidad pero se respet\u00f3 su derecho a defensa, fueron escuchados y se probaron sus cr\u00edmenes.<\/p>\n<p>Compilar las pruebas y conseguir testigos no fue tan sencillo como hab\u00edan calculado en los d\u00edas previos. Pero era imprescindible presentarlas ante el tribunal para que no el proceso no se convirtiera en una farsa, en un simulacro.<\/p>\n<p>Durante el proceso poco hubo de verdad y de arrepentimiento por parte de los acusados. Y mucho de amnesia y negaci\u00f3n. Ninguno recordaba los hechos fundamentales. Todos se consideraban inocentes.<\/p>\n<p>Sin embargo, sus expectativas de sobrevivir eran escasas. Un m\u00ednimo de sentido de realidad todav\u00eda los acompa\u00f1aba.<\/p>\n<p>El juicio se extendi\u00f3 por once meses. La sentencia se escuch\u00f3 en octubre de 1946.<\/p>\n<p>Los nazis juzgados recibieron distintas condenas. Doce de ellos fueron condenados a morir en la horca: Hans Franck, Wilhelm Frick, Hermann G\u00f6ring, Joachim von Ribbentrop, Alfred Jodl, Ernst Kaltenbrunner, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Arthur Seib-Inquart y Julius Streicher. Rudolf Hess, Erich Raeder (Comandante en Jefe de la Marina) y Walter Funk (Ministro de Econom\u00eda y presidente del Reischbank) recibieron cadena perpetua. A Konstantin Von Neurath (Ministro de exteriores y a cargo de Bohemia y Moravia) le dieron 15 a\u00f1os; como ten\u00eda 73 a\u00f1os se interpret\u00f3 que era otro de los que morir\u00eda preso. Albert Speer (Ministro de Armamento, arquitecto del Fuhrer y diarista minucioso en Spandau), con su fingido arrepentimiento, logr\u00f3 escapar a la horca y obtuvo una pena de 20 a\u00f1os. Baldur Von Schirach (l\u00edder de las Juventudes Hitlerianas y gobernador de Viena) tambi\u00e9n recibi\u00f3 dos d\u00e9cadas. Y Karl D\u00f6nitz (Comandante de la Marina y sucesor de Hitler al mando del estado alem\u00e1n -crey\u00f3 serlo hasta el final de sus d\u00edas-) recibi\u00f3 la pena m\u00e1s ben\u00e9vola: 10 a\u00f1os. Hjalmar Schacht, Franz Von Papen y Hans Fritzche fueron declarados inocentes.<\/p>\n<p>Martin Bormann fue juzgado en ausencia. Durante d\u00e9cadas se lo crey\u00f3 fugado, muchos dijeron haberlo visto en Argentina y se supon\u00eda que dirig\u00eda una red secreta. Hab\u00eda quienes sosten\u00edan que hab\u00eda muerto en la ca\u00edda de Berl\u00edn, en esos d\u00edas finales del r\u00e9gimen. Estudios forenses de restos encontrados en el lugar determinaron en los \u00faltimos a\u00f1os que Bormann falleci\u00f3 en Berl\u00edn en 1945.<\/p>\n<p>Los siete que fueron enviados a la prisi\u00f3n cumplieron sus penas en la prisi\u00f3n de Spandau, que lleg\u00f3 a albergar durante a\u00f1os s\u00f3lo a un presidiario, Rudolf Hess. Tambi\u00e9n se debati\u00f3 qu\u00e9 hacer con los cuerpos. Los aliados se opusieron a entreg\u00e1rselos a los familiares. Tem\u00edan que sus sepulcros fueran lugares de peregrinaci\u00f3n para las generaciones futuras. Los cremaron y arrojaron las cenizas al r\u00edo Isar.<\/p>\n<p>El 16 de octubre de 1946 las condenas fueron cumplidas y once de los l\u00edderes nazis murieron ahorcados. Hermann G\u00f6ring que durante el juicio hab\u00eda pedido ser fusilado para morir con honor se suicid\u00f3 la noche previa al morder una pastilla de cianuro. Durante a\u00f1os no se supo c\u00f3mo logr\u00f3 obtenerla. Las teor\u00edas y sospechas se esparcieron. Casi medio siglo despu\u00e9s un soldado norteamericano confes\u00f3 que fue \u00e9l quien se lo proporcion\u00f3 pero que hab\u00eda actuado bajo enga\u00f1o. Seg\u00fan su versi\u00f3n una tarde cuando sali\u00f3 del lugar de detenci\u00f3n lo abord\u00f3 una hermosa chica alemana y luego se acercaron dos hombres. Le pidieron que le diera esa pastilla, una supuesta medicina que G\u00f6ring necesitaba para poder paliar sus problemas coronarios.<\/p>\n<p>Con el correr de los a\u00f1os miles de responsables nazis fueron juzgados por sus cr\u00edmenes en diferentes jurisdicciones. La basa jur\u00eddica y el impulso f\u00e1ctico lo dieron los juicios de N\u00faremberg hace 75 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Por Mat\u00edas Bauso para Infobae.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La decisi\u00f3n de someter a un tribunal a los cabecillas del r\u00e9gimen nazi fue la l\u00ednea que dividi\u00f3 la justicia de la venganza. Con pruebas irrefutables, las sentencias fueron terminantes e inapelables. Los entretelones de la lucha de Churchill y Stalin por imponer su voluntad y el papel decisivo de los Estados Unidos para llegar a esta instancia hist\u00f3rica \u00bfPor qu\u00e9 no nos fusilan de una buena vez?, dijo uno de ellos. Hasta hac\u00eda unos d\u00edas su vida estaba plagada de lujos. Sirvientes, empleados, dinero, comidas abundantes, ropa elegante, mansiones. Ahora estaba en un cub\u00edculo oscuro, sin ventilaci\u00f3n, con un ambo de tela rugosa, incomunicado, con alimentaci\u00f3n estricta de unas 1500 calor\u00edas diarias y un colch\u00f3n delgado, si as\u00ed se lo pod\u00eda llamar, tirado en el suelo como exclusivo mobiliario. Los \u00fanicos seres vivos que hab\u00eda visto en la \u00faltima semana fueron sus interrogadores y las cucarachas, ara\u00f1as y ratas que paseaban por su min\u00fascula celda. La guerra se hab\u00eda terminado y para \u00e9l como para los otros jerarcas nazis que a\u00fan conservaban la vida, tambi\u00e9n se hab\u00edan terminado el poder, los privilegios y la libertad. Los aliados no les dieron el gusto. No los fusilaron. Los juzgaron. 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