{"id":77913,"date":"2020-10-29T17:07:59","date_gmt":"2020-10-29T20:07:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=77913"},"modified":"2020-10-29T17:08:19","modified_gmt":"2020-10-29T20:08:19","slug":"joseph-goebbels-el-gran-manipulador-nazi-que-mato-a-sus-seis-hijos-antes-de-suicidarse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2020\/10\/29\/77913\/joseph-goebbels-el-gran-manipulador-nazi-que-mato-a-sus-seis-hijos-antes-de-suicidarse\/","title":{"rendered":"Joseph Goebbels: el gran manipulador nazi que mat\u00f3 a sus seis hijos antes de suicidarse"},"content":{"rendered":"<p>El 29 de octubre de 1897 naci\u00f3 uno de los hombres m\u00e1s cercanos a Hitler durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas y Ministro de Propaganda del Tercer Reich. Durante a\u00f1os cre\u00f3 un discurso \u00fanico y fan\u00e1tico y acall\u00f3 a los que pensaban diferente. Profundamente antisemita, su capacidad de odio era proverbial. Las horas finales del F\u00fchrer y la atroz decisi\u00f3n de matar a toda su familia<\/p>\n<p>La \u00fanica desobediencia lleg\u00f3 en el final. Hasta ese momento, durante d\u00e9cadas, siempre hab\u00eda hecho lo que se le hab\u00eda ordenado. Pero, ese d\u00eda de abril de 1945, Joseph Goebbels se neg\u00f3 a hacerle caso a Adolf Hitler por primera vez en su vida. El F\u00fchrer le hab\u00eda pedido que, junto a su familia, abandonara Berl\u00edn. Pero Goebbels se qued\u00f3.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda diez d\u00edas Goebbels, su esposa Magda y sus seis hijos viv\u00edan en el bunker de Hitler. Las tropas del Ej\u00e9rcito Rojo acechaban. Sus bombas ca\u00edan a pocos metros del refugio. La guerra estaba perdida aunque ellos todav\u00eda, con su tenue vinculaci\u00f3n con la realidad, no quisieran verlo.<\/p>\n<p>El 30 de abril Hitler mat\u00f3 a Eva Braun y se suicid\u00f3. Goebbels, que unos pocos d\u00edas antes hab\u00eda sido testigo del casamiento in extremis, intent\u00f3 tomar el mando de la situaci\u00f3n despu\u00e9s de presenciar c\u00f3mo se consum\u00edan bajo el fuego, en un patio externo, los cad\u00e1veres de los reci\u00e9n casados. Un camino desesperado. E imposible. Procur\u00f3 acordar con los sovi\u00e9ticos pero ya era muy tarde. Los nazis, lo que quedaba de ellos, no ten\u00edan nada para ofrecer. El Ej\u00e9rcito Rojo hab\u00eda sufrido muchas muertes, y su avance lo hab\u00eda llevado hasta dentro de Berl\u00edn. La rendici\u00f3n deb\u00eda ser incondicional.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de a\u00f1os de negaci\u00f3n, la realidad se le impuso a Goebbels. Habl\u00f3 con Magda (o tal vez ni siquiera tuvieron que hablar: bastaron unas miradas) y ella reuni\u00f3 a sus seis hijos. Al observar los preparativos, Traudl Junge, la secretaria de Hitler, una de las pocas personas que permanec\u00edan en el bunker, pretendi\u00f3 disuadir a la mujer. \u201cEn la Alemania que viene no hay lugar para mis hijos. Es mejor que mis hijos mueran a que vivan la verg\u00fcenza y el oprobio\u201d, dijo Magda. Fueron muchos los que intentaron sacar a esos ni\u00f1os de Berl\u00edn. Pero Magda y Goebbels rechazaron las ofertas que le hicieron Albert Speer y el director de la Cruz Roja entre otros.<\/p>\n<p>Goebbels hizo entrar al bunker a un dentista; ya no le quedaban m\u00e9dicos amigos a mano: o estaban muertos bajo las bombas sovi\u00e9ticas o atend\u00edan a los miles de moribundos. Luego los seis recibieron una inyecci\u00f3n. \u201cChicos, son las mismas vitaminas que les dan a los soldados\u201d les dijeron para convencerlos y para evitar el p\u00e1nico. Las jeringas conten\u00edan morfina. Cuando se durmieron, ella abri\u00f3 la boca de cada uno de sus hijos e introdujo una pastilla de cianuro. Mientras los acariciaba, presionaba sus mand\u00edbulas para que el veneno se liberara.<\/p>\n<p>En pocos minutos, Helga de 13 a\u00f1os, Hilde de 11 a\u00f1os, Helmuth de 10, Holde de 8, Hedda de 7 y Heide de 5, todos estuvieron muertos; s\u00f3lo sobrevivi\u00f3 a la guerra Harald, hijo del primer matrimonio de Magda. Luego lleg\u00f3 el turno de Goebbels y su esposa. Abandonaron el bunker y subieron a la superficie: \u201cNo queremos que nos tengan que acarrear hasta ac\u00e1 arriba\u201d habr\u00eda dicho Goebbels.<\/p>\n<p>No est\u00e1 claro si quien dispar\u00f3 fue \u00e9l o si un asistente suyo apret\u00f3 el gatillo en la nuca de ambos. Los cuerpos fueron quemados en el patio exterior pero cuando los sovi\u00e9ticos llegaron al lugar todav\u00eda no se hab\u00edan consumido y la tarea de reconocimiento de los cad\u00e1veres fue bastante sencilla. A los seis chicos los encontraron acostados en sus camas con sus camisones puestos.<\/p>\n<p>Joseph Goebbels fue uno de los hombres m\u00e1s cercanos a Hitler durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas. En sus a\u00f1os de poder, todos lo llamaban Doctor pero no era m\u00e9dica ni abogado. Graduado en letras, viv\u00eda con frustraci\u00f3n no ser un escritor ni un poeta reconocido. En las entradas de su diario aparecen recurrentes letan\u00edas al respecto. Trabajaba como periodista. Su estilo era el de las diatribas, discursos panfletarios, encendidos v\u00f3mitos.<\/p>\n<p>Su aspecto f\u00edsico aparentaba una fragilidad que \u00e9l siempre hab\u00eda querido evitar. La cara alargada y p\u00e1lida, las mejillas ahuecadas, una mirada gris. Era muy delgado y de baja estatura. Caminaba con dificultad. Las secuelas de la ostiomielitis hab\u00edan afectado su andar. Soport\u00f3 varias intervenciones quir\u00fargicas durante su infancia y juventud. Eso hizo que mientras los de su edad jugaran en las calles, \u00e9l estuviera inmovilizado en su casa, dedicado a la lectura. En ese tiempo, sostienen sus bi\u00f3grafos, creci\u00f3 su cultura y tambi\u00e9n un resentimiento que no lo abandonar\u00eda. Esa renguera lo acomplej\u00f3 a lo largo de toda su vida. Tal vez, ese complejo de inferioridad, esa necesidad de tomarse revancha hizo que comprendiera mejor, o que su mesianismo lo conectara mejor, con la humillada sociedad alemana despu\u00e9s de la derrota en la Primera Guerra Mundial. Tal vez, \u00e9l pudiera entender a trav\u00e9s de la suya, la furia y las frustraciones colectivas.<\/p>\n<p>Desde mediados de la d\u00e9cada del veinte acompa\u00f1\u00f3 a Hitler en su ascenso. \u201c\u00bfQui\u00e9n es este hombre? Mitad plebeyo, mitad Dios. \u00bfEl Cristo verdadero o s\u00f3lo San Juan?. Este hombre lo tiene todo para ser Rey. El Tribuno de la plebe nato. El futuro Dictador&#8221;, escribi\u00f3 en su diario luego de escucharlo en el Congreso Nazi de 1925.<\/p>\n<p>Desde el principio insisti\u00f3 en que la propaganda pol\u00edtica, los modos de comunicar y convencer a las masas eran de vital importancia. Apenas el nazismo lleg\u00f3 al poder, Goebbels se convirti\u00f3 en el Ministro de Propaganda e Ilustraci\u00f3n P\u00fablica del Tercer Reich. \u00c9l era el encargado de la comunicaci\u00f3n, de los actos multitudinarias y las consignas pero tambi\u00e9n del manejo del arte que pas\u00f3 a ser oficial. Entendi\u00f3, antes que muchos, de la importancia de los nuevos medios adem\u00e1s de la prensa gr\u00e1fica. As\u00ed impuso su mano firme a la radio y al cine. Nada quedaba fuera de su \u00f3rbita. Se mostraba impiadoso con los que se animaban a disentir. Construy\u00f3 una voz \u00fanica y potente. La ambici\u00f3n m\u00e1xima, la vocaci\u00f3n era la unanimidad.<\/p>\n<p>Goebbels era un profundo antisemita. Su capacidad de odio era proverbial. Era el hombre sin matices. Un ejemplo inicial de su odio y de su capacidad de manipulaci\u00f3n fue La Noche de los Cuchillos Largos. Logr\u00f3 que una serie de asesinatos para eliminar opositores y posibles adversarios en un acto de defensa y justicia. Lo mismo hizo con cada ataque racial. Justificaba cada acci\u00f3n antisemita de su gobierno y siempre procuraba encontrar una justificaci\u00f3n con la que convenc\u00eda al gran p\u00fablico.<\/p>\n<p>Sus principios de la propaganda pol\u00edtica han tenido gran difusi\u00f3n y pese al descr\u00e9dito que mereci\u00f3 el nazismo, fueron muchos los gobiernos de distinto signo en todo el mundo que los pusieron en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Ese conjunto de m\u00e1ximas conforma un tratado del cinismo pol\u00edtico: la simplificaci\u00f3n, el enemigo \u00fanico, la transposici\u00f3n (cargar sobre el rival los propios defectos), el contagio, la deformaci\u00f3n, la exageraci\u00f3n, la renovaci\u00f3n constante de consignas aunque siempre se hable de lo mismo, simplificar el mensaje para hacerlo popular sin importar si en el camino pierde rigor; lo importante es que convenza a la mayor cantidad posible.<\/p>\n<p>Esto inclu\u00eda naturalmente acallar, silenciar a los que pensaban diferente. Y una serie de t\u00e1cticas comunicacionales destinadas a controlar todo el aparato de prensa y art\u00edstico y a manipular sin pudor a la sociedad a trav\u00e9s de la tergiversaci\u00f3n, la mentira y el ocultamiento de la informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde programas radiales a las pel\u00edculas de Leni Riefenstahl; de los Juegos Ol\u00edmpicos de Berl\u00edn 36 a las tapas de los diarios; de los libros que se publicaban a los actos p\u00fablicos elefanti\u00e1sicos. La marca de Goebbels estaba en cada movimiento p\u00fablico del Tercer Reich. Si bien su obediencia a Hitler era ciega, \u00e9l tambi\u00e9n ejerc\u00eda influencia en el F\u00fchrer y lograba filtrar sus ideas extremas.<\/p>\n<p>Goebbels era un gran orador. En\u00e9rgico, claro, imperativo, articulado. Hablaba mejor en p\u00fablico que su jefe. Aunque, deba aclararse, que no se puede analizar la oratoria de Hitler con los par\u00e1metros actuales en que se los ve como caricaturescas, casi una parodia macabra. Eran discursos toscos y extravagantes pero eficaces y acordes a su tiempo y a su p\u00fablico. Joachim Fest escribi\u00f3 al respecto: \u201cLos que creen que su \u00e9xito se deb\u00eda \u00fanicamente a la extravagancia desenfrenada y casi sensual de sus discursos est\u00e1n equivocados; el verdadero factor era la mezcla calculada de racionalidad y frenes\u00ed. Lanzando con voz atronadora sus acusaciones y sus parrafadas, o murmurando sus declaraciones de fe y amor a los oyentes, siempre controlaba la situaci\u00f3n\u201d. Quien cincel\u00f3 ese estilo y casi cada palabra p\u00fablica de Hitler fue Goebbels.<\/p>\n<p>Al fanatismo de Goebbels debe a\u00f1ad\u00edrsele la falta de escr\u00fapulos y un poder casi demencial. Eso lo convert\u00eda en alguien con una capacidad de da\u00f1o \u00fanica.<\/p>\n<p>Leni Reifenstahl cuenta un episodio en sus memorias. En medio de una discusi\u00f3n por un proyecto cinematogr\u00e1fico, ella pone en juego sus armas de seducci\u00f3n y su inteligencia para convencer al ministro. \u00c9l halaga su terquedad. \u201cUsted no es una mujer com\u00fan\u201d, le dice. \u201cDespu\u00e9s alarg\u00f3 la mano hacia mi pecho y trat\u00f3 con violencia de abrazarme. Se produjo un forcejeo y logr\u00f3 soltarme de sus brazos. Corr\u00ed a la puerta. \u00c9l me sigui\u00f3. Furioso me apret\u00f3 contra la pared y, como loco, con los ojos desorbitados trat\u00f3 de besarme. Me resist\u00ed desesperadamente. Su cara estaba descompuesta. Casi de casualidad, con mi espalda toqu\u00e9 el timbre, cuando entraba su asistente se recompuso y volvi\u00f3 a ser la misma persona que antes. A partir de ese d\u00eda me gan\u00e9 un enemigo\u201d, escribi\u00f3 Leni Riefenstahl en sus Memorias (aunque mucho de lo que ella dice en ese libro haya sido puesto en duda, varios testimonios coinciden en describir estas conductas abusivas de Goebbels).<\/p>\n<p>Se preocupaba constantemente por los movimientos de palacio. Ten\u00eda celos de los otros ministros. Intentaba alejar a los que pod\u00edan influir sobre Hitler. De esa manera boicoteaba los planes de otros jerarcas para que perdieran la atenci\u00f3n del F\u00fchrer. Esas luchas intestinas y desconfianzas ocupaban buena parte de su tiempo.<\/p>\n<p>En 1943, Goebbels utiliz\u00f3 su convincente oratoria para dirigir a Alemania al colapso final. La din\u00e1mica de la guerra se hab\u00eda revertido. Los triunfos alemanes se hab\u00edan acabado. Los Aliados ganaban terreno y mejoraban sus posiciones. El nazismo estaba siendo derrotado aunque sus jerarcas no quisieran verlo. La estrategia fue seguir adelante, involucrar a todos, que nadie quedara indemne. Un movimiento desesperado de su habilidad ret\u00f3rica, el ocultamiento de los reveses b\u00e9licos y el monopolio en la comunicaci\u00f3n estatal recubrieron de \u00e9pica. Goebbels en ese discurso lanz\u00f3 la Guerra Total. Reclutamiento de mujeres, de j\u00f3venes y ni\u00f1os, de personas mayores excluidas, cierre de todos los comercios no esenciales. Cada recurso material, econ\u00f3mico y humano deb\u00eda ponerse a disposici\u00f3n de la guerra.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, Goebbels sum\u00f3 una funci\u00f3n m\u00e1s. Pas\u00f3 a ser oficialmente el Ministro de la Guerra Total, \u00e9l deb\u00eda coordinar todos los esfuerzos. En su concepci\u00f3n no hab\u00eda posibilidad de detener la maquinaria que ellos mismos hab\u00eda puesto en marcha. Cualquiera que quisiera proponer otra alternativa que no fuera la lucha, a\u00fan desesperada y sin posibilidades de \u00e9xito, era tratado de traidor.<\/p>\n<p>\u00c9l se vanagloriaba de su lealtad y de su imposibilidad de modificar sus posturas. En los d\u00edas finales, Goebbels le dijo a Donitz, quien quedar\u00eda al mando luego del suicidio de Hitler, que ellos eran superiores a \u00e9l. \u201cPorque nosotros no s\u00f3lo somos capaces de vivir y luchar por el Reich, sino que tambi\u00e9n somos capaces de morir por \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>El suicidio de Goebbels y su familia signific\u00f3 el \u00faltimo obst\u00e1culo para que las autoridades alemanas que quedaron a cargo aceptaran lo inevitable, la derrota. Pocos d\u00edas despu\u00e9s se firm\u00f3 la rendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Sus Diarios, con sus decenas de miles de p\u00e1ginas, escritas a lo largo de m\u00e1s de dos d\u00e9cadas son un documento de la vida interna en la corte de Hitler. Tambi\u00e9n ah\u00ed se consignan sus desvar\u00edos, visiones alucinadas, delirios de grandeza, amores clandestinos, peleas conyugales, preocupaci\u00f3n por las disputas palaciegas, su devoci\u00f3n fan\u00e1tica por Hitler y su rampante antisemitismo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ese testimonio, de Goebbels permanece su idea de la pol\u00edtica como manipulaci\u00f3n, de la vocaci\u00f3n de muchos gobernantes por controlar a la prensa y las manifestaciones art\u00edsticas, de trabajar por conseguir la imposible y extremadamente peligrosa unanimidad.<\/p>\n<p>Por Mat\u00edas Bauso<br \/>\nFuente: Infobae<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 29 de octubre de 1897 naci\u00f3 uno de los hombres m\u00e1s cercanos a Hitler durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas y Ministro de Propaganda del Tercer Reich. Durante a\u00f1os cre\u00f3 un discurso \u00fanico y fan\u00e1tico y acall\u00f3 a los que pensaban diferente. Profundamente antisemita, su capacidad de odio era proverbial. Las horas finales del F\u00fchrer y la atroz decisi\u00f3n de matar a toda su familia La \u00fanica desobediencia lleg\u00f3 en el final. Hasta ese momento, durante d\u00e9cadas, siempre hab\u00eda hecho lo que se le hab\u00eda ordenado. Pero, ese d\u00eda de abril de 1945, Joseph Goebbels se neg\u00f3 a hacerle caso a Adolf Hitler por primera vez en su vida. El F\u00fchrer le hab\u00eda pedido que, junto a su familia, abandonara Berl\u00edn. Pero Goebbels se qued\u00f3. Desde hac\u00eda diez d\u00edas Goebbels, su esposa Magda y sus seis hijos viv\u00edan en el bunker de Hitler. Las tropas del Ej\u00e9rcito Rojo acechaban. Sus bombas ca\u00edan a pocos metros del refugio. La guerra estaba perdida aunque ellos todav\u00eda, con su tenue vinculaci\u00f3n con la realidad, no quisieran verlo. El 30 de abril Hitler mat\u00f3 a Eva Braun y se suicid\u00f3. 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