{"id":68421,"date":"2020-08-31T18:27:57","date_gmt":"2020-08-31T21:27:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=68421"},"modified":"2020-08-31T18:27:57","modified_gmt":"2020-08-31T21:27:57","slug":"operacion-evasion-geriatrico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2020\/08\/31\/68421\/operacion-evasion-geriatrico\/","title":{"rendered":"Operaci\u00f3n \u201cevasi\u00f3n geri\u00e1trico\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Sucedi\u00f3 en una fr\u00eda noche de invierno. Lo que iba a ser una agradable velada, entre abuelo y nieto, en aquel restaurante del barrio de Villa Crespo, ubicado sobre Avenida Corrientes, comenz\u00f3 con un esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La noche hab\u00eda arrancado mal. El zeide Gabriel, fiel a su costumbre, llegaba quince minutos antes del horario de encuentro, y Marcos, su nieto, con suerte lograba llegar media hora despu\u00e9s que \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A principio de mes, la gente tiene dinero; entonces, el restaurante se encontraba lleno. Por ende, hab\u00eda que hacer fila en la calle para poder ingresar. Al no encontrar a su nieto, el humor del anciano comenz\u00f3 a cambiar. Su sonrisa se esfum\u00f3, justo cuando la aguja traspasaba el horario de encuentro \u201cpuntual\u201d.\u00a0 El semblante empeor\u00f3, luego de intentar varias veces comunicarse con su nieto; sin que lo atendiera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras m\u00e1s corr\u00eda la aguja de su reloj, m\u00e1s se fastidiaba; sumado a ello, la recepcionista del restaurante lo abrumaba con la insistencia de saber si iba -o no- a reservar mesa. El zeide ten\u00eda como principio no hacer fila, ni esperar para comer; pues ya hab\u00eda hecho demasiadas filas durante muchos a\u00f1os, esperando comer migajas, en los campos de concentraci\u00f3n nazis. Y en sus primeros d\u00edas en Argentina, lloraba al ver las grandes cantidades de comida que se tiraban y yac\u00edan pudri\u00e9ndose en los tachos de basura. Nunca pudo entender c\u00f3mo se desperdiciaban los alimentos, habiendo tanta necesidad en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre tanto segu\u00eda llamando insistentemente a su nieto, sin que lo notara,\u00a0 una dama se le acerc\u00f3 y lo tom\u00f3 de su brazo. Luego lo mir\u00f3 con ternura a los ojos e intent\u00f3 calmarlo con suaves caricias en su mano. Ante la sorpresa, abri\u00f3 los ojos enormes y contempl\u00f3 con extra\u00f1eza a esa se\u00f1ora. Eran caricias le despertaban sensaciones que cre\u00eda olvidadas.<\/p>\n<p>Martha se disculp\u00f3 por ser tan directa en tomarle la mano, y mientras escuchaba toda la perorata de su nuevo amigo,\u00a0 le dijo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em>Soy la pr\u00f3xima en la lista, si queres compartimos la mesa&#8230;<\/em><\/li>\n<li><em>Te agradezco, pero me voy, no espero m\u00e1s&#8230; &#8211;<\/em> mientras abandonaba el lugar, se daba vuelta para mirar a Martha, tal vez esperando que le insistiera en quedarse<em>&#8211;<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya alejado unas cuadras del lugar, se top\u00f3 con Marcos, que ven\u00eda corriendo a toda prisa, y antes que lograr\u00e1 emitir una disculpa, le reproch\u00f3:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Siempre lo mismo&#8230; \u00a1No aprendes m\u00e1s! \u00a1Si te dicen un horario, tenes que estar quince minutos antes!<\/em><\/li>\n<li>P<em>ero abuelo&#8230; no encontraba lugar para estacionar&#8230; es un caos esta zona.<\/em> &#8211; trato de excusarse-<\/li>\n<li><em>No me importa, me voy&#8230; \u00a1Ya no tengo hambre!<\/em><\/li>\n<li><em>Dale, zeide, si te quedas pago yo&#8230;<\/em><\/li>\n<li><em>.. pero que sea la \u00faltima vez&#8230; con todo lo que tardaste, el lugar se llen\u00f3. Vamos a tener que compartir la mesa con una se\u00f1ora que gentilmente se compadeci\u00f3 de mi.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al regresar al restaurante, las miradas de todos aquellos que aguardaban por entrar, se posaron en Marcos. El joven no entend\u00eda nada; pero sent\u00eda que los ojos de los comensales en espera, eran rayos l\u00e1ser que le atravesaban la nuca, hasta que un desconocido lo increp\u00f3, y all\u00ed comprendi\u00f3 todo:<\/p>\n<p>&#8211; <em>\u00a1Mocoso, maleducado! \u00bfC\u00f3mo vas a hacer esperar a tu abuelo con este fr\u00edo?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otros tantos felicitaban a Gabriel por haber encontrado a su nieto, y se alegraban al verlo m\u00e1s tranquilo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora s\u00ed, se sentaron en la mesa con Martha.\u00a0 El zeide segu\u00eda enojado y Marcos avergonzado por ver a su abuelo en el rol de gal\u00e1n. Lo incomodaba ver como intentaba cortejar a una se\u00f1ora. Parec\u00eda como si se hubiese tragado a un payaso, pues era una m\u00e1quina de hacer chistes.<\/p>\n<p>Al parecer, a Martha le gustaba su picard\u00eda, ya que le segu\u00eda la corriente.<\/p>\n<p>Por momentos el joven, se sent\u00eda en un partido de ping pong, viendo la pelota pasar de un lado al otro de la red, y \u00e9l en el medio, sin poder hacer, ni decir nada. S\u00f3lo le quedaba comer, mientras los mayores se conoc\u00edan, y sacaban a relucir sus viejas ma\u00f1as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La conversaci\u00f3n flu\u00eda entre ellos. Y en un momento cumbre, Gabriel y Martha rememoraron aquella vez, en 1964, en que creyeron que los Beatles vendr\u00edan a la Argentina, y luego result\u00f3 que se trataba de unos imitadores, a quienes contrataron bajo el nombre \u201cThe American Beetles\u201d. Una gran estafa de la que ambos fueron v\u00edctimas. Era tal el fanatismo, que a\u00fan as\u00ed una multitud los esper\u00f3 en el Aeropuerto de Ezeiza;\u00a0 y su presentaci\u00f3n televisiva en el viejo canal 9, fue un \u00e9xito rotundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin darse cuenta ambos hab\u00edan estado en aquel recital para la televisi\u00f3n, casi sesenta a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sorprendido, Marcos le dijo a su zeide:<\/p>\n<ul>\n<li><em>No ten\u00eda idea que te gustaban Los Beatles&#8230;<\/em><\/li>\n<li><em>Es que nunca me escuchaste, ni te interesaste en ver todos los discos de vinilo que tengo&#8230; Muchas veces te quise contar y siempre estabas ocupado<\/em> \u2013 el zeide segu\u00eda enojado y aprovechaba toda ocasi\u00f3n para hacer reproches-<\/li>\n<li><em>Pens\u00e9 que solamente te gustaba la m\u00fasica cl\u00e1sica. Me sorprendiste&#8230;<\/em><\/li>\n<li><em>Tengo mucho para contar de todas las vidas que tuve y las cosas que me han gustado. Espero poder contarte todo personalmente, sino vas a tener que ver la entrevista que me hicieron para Steven Spielberg&#8230;.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por fin, terminaron de cenar, y los dos \u201cj\u00f3venes\u201d adultos estaban pasados de copas.<\/p>\n<p>Cuando intentaron retirarse, no pudieron mantenerse en pie, ni siquiera usando su bast\u00f3n. Al mismo tiempo, cantaban canciones de los Beatles, se re\u00edan, hac\u00edan chistes, lloraban de la risa. Se liberaron de sus prejuicios y se divirtieron como si fueran adolescentes. Todo lo que a esa edad no pudieron disfrutar a causa de la guerra, y sus traumas, lo estaban viviendo en la ancianidad. As\u00ed que, se sintieron libres, nuevamente.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Al salir, Marcos sosten\u00eda de un brazo a su abuelo y del otro a Martha.\u00a0 Y al igual que cuando lleg\u00f3, lo despidieron del lugar con reproches:<\/p>\n<p><em>-\u201cPibe, \u00a1Sos un irresponsable!, <\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfC\u00f3mo los dejas tomar tanto?&#8230;<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Si, les pasa algo va a ser tu culpa<\/em>\u201d<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En s\u00ed, de lo \u00fanico que sent\u00eda culpa, era de haberle dicho a su abuelo que \u00e9l pagaba la cuenta. Tambi\u00e9n de quedarse en silencio cuando Martha ofreci\u00f3 pagar su parte, y su abuelo le dijo que le pagara a ella tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>El berrinche del zeide, le cost\u00f3 cinco mil pesos, y un papel\u00f3n p\u00fablico dif\u00edcil de olvidar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con el tiempo, Gabriel y Martha se pusieron de novios.\u00a0 Ella ya deseaba convivir, pero \u00e9l no estaba convencido. Ten\u00eda una traba moral que le imped\u00eda dar el siguiente paso en la relaci\u00f3n: Martha a\u00fan estaba casada. Llevaba separada m\u00e1s de veinte a\u00f1os, pero no hab\u00eda\u00a0 tramitado el divorcio.<\/p>\n<p>Por m\u00e1s que lo intentaba, Gabriel no pod\u00eda&#8230; Era m\u00e1s fuerte que \u00e9l. Sent\u00eda que estaba con una mujer ajena.<\/p>\n<p>Para ella, por el contrario, la libreta de matrimonio era un simple cart\u00f3n pintado de rojo, y para \u00e9l era el marco legal del amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para resolver esta cuesti\u00f3n, el zeide no tuvo mejor idea que pedirle a Marcos, que era abogado, que le resolviera el problema:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em>Nene, te pido un favor. Necesito que le hagas un divorcio express a Martha.<\/em><\/li>\n<li><em>Abuelo, no existen los divorcios express. Ya te lo dije varias veces. Es un proceso judicial ordinario como cualquier otro, lleva sus pasos&#8230; Lo \u00fanico express que existe es el caf\u00e9. Adem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n me va pagar los honorarios? &#8211;<\/em> y enseguida pregunt\u00f3: \u00bf<em>cu\u00e1l fue el \u00faltimo domicilio conyugal? <\/em>&#8211; mientras se lamentaba, internamente, de sumarse un trabajo gratuito a realizar-<\/li>\n<li><em>Yo te voy a pagar, qu\u00e9date tranquilo&#8230; El \u00faltimo domicilio fue en Z\u00e1rate. Tambi\u00e9n me dijo, si le pod\u00e9s hacer el Reajuste contra Anses, para que le aumenten la jubilaci\u00f3n.<\/em><\/li>\n<li><em>\u00bfEn Z\u00e1rate? No te lo puedo creer&#8230; <\/em>&#8211; Por amor a su abuelo, iba a tener que ir a trabajar gratis, a cien kil\u00f3metros de su casa-<\/li>\n<li><em>Ni bien tengas un rato, pasa por casa que te doy quinientos pesos para que te puedas ir moviendo. <\/em><\/li>\n<li><em>Gracias, pero yo me arreglo, despreoc\u00fapate&#8230; <\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes que el Presidente Alberto Fern\u00e1ndez decretar\u00e1 la cuarentena, el joven abogado logr\u00f3 iniciar la demanda de divorcio en los Tribunales de Z\u00e1rate. Su llegada tarde a aquella cena, le cost\u00f3 muy caro, ya que, de haber sido puntual, no hubiera pagado la cuenta, ni hubiesen conocido a Martha.<\/p>\n<p>Pero ahora, adem\u00e1s de la elevada cifra del restaurante, debia seguir haciendo pagos: gastos judiciales, nafta y peajes para llegar hasta el norte de la Provincia de Buenos Aires.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Result\u00f3 que en la primera semana de cuarentena, los hijos de Martha, contra la voluntad de su madre, tomaron la decisi\u00f3n de llevarla\u00a0 a un geri\u00e1trico, mientras durase el aislamiento, considerando que por esu edad,\u00a0 era un riesgo que estuviera sola; porque ellos, debido a sus ocupaciones, no podr\u00edan asistirla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pese a oponerse, encontrarse en buen estado de salud y poder desenvolverse sola, sus hijos decidieron sobre su destino.<\/p>\n<p>Trat\u00f3 de defenderse, pregunt\u00e1ndoles:<\/p>\n<p>&#8211; <em>\u00bfPor tener 88 a\u00f1os, no puedo tomar mis decisiones? \u00bfVan a usar mi jubilaci\u00f3n para pagarme el geri\u00e1trico? <\/em><\/p>\n<p>Tampoco tuvieron en cuenta que por la misma cantidad de dinero, o tal vez por mucho menos, podr\u00edan contratar un acompa\u00f1ante permanente, para que la asistiera las 24 horas.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed que, angustiada,\u00a0 llam\u00f3 de inmediato a su amado Gabriel, pidi\u00e9ndole expresamente que la rescatara.<\/p>\n<p>\u00c9l sab\u00eda muy bien que si a ella la internaban, caer\u00eda en una profunda depresi\u00f3n; pues privarla de su hogar, su autonom\u00eda y su libertad, la da\u00f1ar\u00eda en\u00a0 forma irreparable.<\/p>\n<p>A sabiendas de que su nieto, hab\u00eda logrado iniciar el divorcio, y de que ser\u00eda cuesti\u00f3n de tiempo que se resolviera, el zeide logr\u00f3 ablandar su rigidez, y se decidi\u00f3 en aceptar el \u201cconcubinato\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sus hijos no apoyaban el amor\u00edo juvenil, pero \u00e9l se apoyaba en Marcos, que incondicionalmente lo ayudaba a cumplir todos sus cometidos. Era su rueda de auxilio permanente, y aunque lo peleaba bastante, y le recriminaba que no dedicaba suficiente tiempo para escuchar su pasado, era quien lo asist\u00eda en el presente y le brindaba una mano con miras a hacer su futuro m\u00e1s feliz.<\/p>\n<p>As\u00ed fue que, la operaci\u00f3n \u201cevasi\u00f3n geri\u00e1trico\u201d se puso en marcha.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Marcos se visti\u00f3 con el ambo de enfermero, ese que hab\u00eda usado para una fiesta de disfraces, y camufl\u00f3 al zeide, malvisti\u00e9ndolo con ropa vieja, y harapos;\u00a0 simulando ser un anciano que hab\u00eda pasado a buscar previamente, en su recorrido hacia el geri\u00e1trico. Se presentaron en la casa de Martha, minutos antes de que llegasen los verdaderos enfermeros para llev\u00e1rsela.<\/p>\n<p>Casi ech\u00f3 a perder el plan, cuando le pidi\u00f3 a uno de sus\u00a0 hijos el pago por adelantado del mes de estad\u00eda. \u00c9ste se tom\u00f3 unos minutos intentando chequear la cifra,\u00a0 hasta que por fin le entreg\u00f3 la suma pretendida. La avivada le permiti\u00f3 recuperar todo lo que hab\u00eda invertido, para pagar los caprichos de su querido abuelo. Sin embargo, mientras caminaban rumbo al auto,\u00a0 lleg\u00f3 la unidad de traslado del geri\u00e1trico contratado, y empezaron a correr, lo m\u00e1s r\u00e1pido que pod\u00edan las piernas y el bast\u00f3n de Martha, hasta que lograron darse a la fuga.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tras ellos, el hijo y los dos empleados del geri\u00e1trico, persigui\u00e9ndolos durante algunas cuadras, hasta que finalmente, pudieron evadirlos. A partir de all\u00ed los tortolitos podr\u00edan comenzar su nueva vida, escribiendo las \u00faltimas p\u00e1ginas de su historia, juntos y en libertad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Historia ficcionada basada en hechos hist\u00f3ricos reales<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Por Ruben Budzvicky<\/em><\/p>\n<p><em>Ilustraci\u00f3n: Sabrina Fauez<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Reproducci\u00f3n autorizada por Radio Jai citando la fuente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sucedi\u00f3 en una fr\u00eda noche de invierno. Lo que iba a ser una agradable velada, entre abuelo y nieto, en aquel restaurante del barrio de Villa Crespo, ubicado sobre Avenida Corrientes, comenz\u00f3 con un esc\u00e1ndalo. &nbsp; La noche hab\u00eda arrancado mal. El zeide Gabriel, fiel a su costumbre, llegaba quince minutos antes del horario de encuentro, y Marcos, su nieto, con suerte lograba llegar media hora despu\u00e9s que \u00e9l. &nbsp; A principio de mes, la gente tiene dinero; entonces, el restaurante se encontraba lleno. Por ende, hab\u00eda que hacer fila en la calle para poder ingresar. Al no encontrar a su nieto, el humor del anciano comenz\u00f3 a cambiar. Su sonrisa se esfum\u00f3, justo cuando la aguja traspasaba el horario de encuentro \u201cpuntual\u201d.\u00a0 El semblante empeor\u00f3, luego de intentar varias veces comunicarse con su nieto; sin que lo atendiera. &nbsp; Mientras m\u00e1s corr\u00eda la aguja de su reloj, m\u00e1s se fastidiaba; sumado a ello, la recepcionista del restaurante lo abrumaba con la insistencia de saber si iba -o no- a reservar mesa. 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