{"id":56826,"date":"2020-06-05T09:53:26","date_gmt":"2020-06-05T12:53:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiojai.com\/?p=56826"},"modified":"2020-06-05T09:53:26","modified_gmt":"2020-06-05T12:53:26","slug":"el-polaco-que-se-dejo-llevar-a-auschwitz-para-poder-contar-el-horror-que-alli-sucedia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2020\/06\/05\/56826\/el-polaco-que-se-dejo-llevar-a-auschwitz-para-poder-contar-el-horror-que-alli-sucedia\/","title":{"rendered":"El polaco que se dej\u00f3 llevar a Auschwitz para poder contar el horror que all\u00ed suced\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>El oficial de inteligencia Witold Pilecki entr\u00f3 en el campo de concentraci\u00f3n con el n\u00famero 4.859. Consigui\u00f3 escapar de aquel infierno para narrar lo que vio. Witold Pilecki, un oficial polaco de inteligencia, sospechaba que los nazis estaban exterminando civiles en lo que, para los aliados, solo era un campo de prisioneros. En pleno apogeo de la Segunda Guerra mundial, la existencia de un campo de prisioneros en el sur de Polonia no era nada extraordinario, aunque se tratase de un campo que ocupaba una gran extensi\u00f3n y que adem\u00e1s no paraba de crecer.<\/p>\n<p>Nadie pod\u00eda concebir el horror que aguardaba tras la puerta coronada por la siniestra frase \u201cArbeit macht frei\u201d (&#8220;El trabajo os har\u00e1 libres&#8221;, en alem\u00e1n). Los trenes de mercanc\u00edas llegaban cada d\u00eda desde la estaci\u00f3n de la cercana Cracovia, se deten\u00edan frente a la entrada de Auschwitz y volv\u00edan a alejarse, vac\u00edos, por la l\u00ednea de ferrocarril construida especialmente para aquel lugar.<\/p>\n<p>Permiso para entrar en Auschwitz<\/p>\n<p>En 1940, Pilecki ya hab\u00eda luchado como partisano contra nazis y sovi\u00e9ticos y viv\u00eda en Varsovia, trabajando como esp\u00eda para la resistencia polaca bajo la apariencia de encargado de un almac\u00e9n de cosm\u00e9ticos. Cuando pidi\u00f3 a sus superiores permiso para entrar en Auschwitz, sab\u00eda que estaba uniendo su destino al de miles de ciudadanos polacos que hab\u00edan sido llevados all\u00ed y nunca hab\u00edan regresado.<\/p>\n<p>All\u00ed se dibujaba el horror. Algunos de los retazos de aquel campo quedan ahora recogidos en el centro de exposiciones Arte Canal de Madrid. Cada bota, cada pijama, cada fotograf\u00edas reflejados en la muestra son una ventana que se abre a aquel infierno que escapa a cualquier entendimiento. Pilecki abri\u00f3 sus puertas y se arroj\u00f3 a su interior.<\/p>\n<p>En septiembre de ese a\u00f1o, portando documentos falsos, se dej\u00f3 atrapar durante una redada y fue llevado a la estaci\u00f3n de Cracovia, y de all\u00ed a Auschwitz. Cuando al llegar, cansado, tard\u00f3 en descender del vag\u00f3n, un soldado alem\u00e1n le dio un golpe en la boca que le parti\u00f3 dos dientes.<br \/>\nDurante los dos a\u00f1os y medio que pas\u00f3 en el campo nazi, Witold Pilecki fue v\u00edctima y testigo de un infierno planificado a escala industrial. Su car\u00e1cter de superviviente nato le permiti\u00f3 no s\u00f3lo conservar la vida, sino adem\u00e1s mantener la moral de los internos, organizar una red de militares prisioneros llamada ZOW que intent\u00f3 por todos los medios dar a conocer al mundo lo que all\u00ed estaba ocurriendo.<\/p>\n<p>Aquejado de una pulmon\u00eda casi permanente, Pilecki se las ingeni\u00f3 para construir una radio desde la cual se comunicaba con Londres, enviando informes detallados de las operaciones de exterminio nazis. Sus c\u00e1lculos de que cada d\u00eda se exterminaba a unas 8.000 personas, sus descripciones de los m\u00e9todos de la Gestapo y sus peticiones de ayuda parec\u00edan, sin embargo, caer en o\u00eddos sordos. Un bombardeo certero o una operaci\u00f3n de comando tal vez habr\u00edan impedido parte de la masacre de Auschwitz, pero jam\u00e1s se puso en marcha ninguna operaci\u00f3n aliada al respecto.<br \/>\nUna noche de abril de 1943, despu\u00e9s de unos 30 meses en Auschwitz, Pilecki consigui\u00f3 escapar junto a dos compa\u00f1eros aprovechando que les asignaron el turno de trabajo de noche en la panader\u00eda. \u201cCorr\u00ed tan r\u00e1pido que cortaba el aire con mis manos, no sabr\u00eda c\u00f3mo describirlo\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Pronto consigui\u00f3 contactar con la resistencia antisovi\u00e9tica polaca que, al conocer sus informes, intent\u00f3 convencer al ej\u00e9rcito Rojo de llevar a cabo un ataque conjunto contra el campo. Los sovi\u00e9ticos, a pesar de tener unidades en la zona, se negaron a ello.<\/p>\n<p>La informaci\u00f3n recopilada por Witold Pilecki en el llamado \u201cinforme W\u201d, firmado por un grupo de oficiales prisioneros en Auschwitz, ocupaba unas cien p\u00e1ginas. Sin embargo, no tuvo ninguna repercusi\u00f3n y cuando la Oficina de Estudios Estrat\u00e9gicos de Estados Unidos (predecesora de la CIA) lo recibi\u00f3, se limit\u00f3 a archivarlo. En el informe se menciona por primera vez la existencia de los hornos crematorios y los experimentos llevados a cabo con prisioneros y al final de la guerra, el testimonio de Pilecki fue fundamental para comprender las dimensiones del Holocausto. El suyo fue el primero de los testimonios proporcionados por testigos directos, de los que solo hubo tres, y que formaron los llamados \u201cProtocolos de Auschwitz\u201d.<br \/>\nA pesar de las evidencias presentadas, ni los aliados, ni los sovi\u00e9ticos, ni las Naciones Unidas ni ning\u00fan grupo de resistencia quiso o pudo hacer nada para detener la maquinaria mortal del mayor campo de exterminio nazi. Tras la guerra, Pilecki continu\u00f3 recopilando informaci\u00f3n de manera secreta, esta vez sobre las atrocidades cometidas durante la ocupaci\u00f3n sovi\u00e9tica de Polonia. A pesar de cambiar varias veces de identidad, fue descubierto y torturado bajo la acusaci\u00f3n de esp\u00eda antisovi\u00e9tico.<\/p>\n<p>Sentenciado a muerte<\/p>\n<p>Durante el juicio, cuyo resultado estaba decidido de antemano, uno de los testimonios pronunciados en su contra fue el de otro superviviente de Auschwitz, J\u00f3zef Cyrankiewicz, que llegar\u00eda a ser Primer Ministro de Polonia. Antes de que se ejecutase la sentencia de muerte, recibi\u00f3 la visita en prisi\u00f3n de su esposa, a la que ocult\u00f3 las manos para que no viese que le faltaban las u\u00f1as tras las sesiones de tortura. \u201cVan a por m\u00ed\u201d, le dijo a su esposa. \u201cComparado con esta gente, Auschwitz fue un juego de ni\u00f1os\u201d. Su cuerpo fue arrojado a una fosa com\u00fan sin identificar.<\/p>\n<p>Hasta 1989, con la ca\u00edda del r\u00e9gimen comunista en Polonia, la figura de Witold Pilecki fue ocultada en los libros de historia y el informe que escribi\u00f3 tras su paso por Auschwitzz no fue publicado en su pa\u00eds natal hasta el a\u00f1o 2000.<\/p>\n<p>El Caso Karski<\/p>\n<p>Sin embargo, el caso de Pilecki, aunque tal vez el m\u00e1s llamativo, no fue el \u00fanico. Jan Karski era un oficial polaco que se hizo pasar por soldado raso para poder ser trasladado a un campo de prisioneros desde un campo en Ucrania en poder sovi\u00e9tico. Consigui\u00f3 fugarse y empez\u00f3 a trabajar como correo de la resistencia polaca, siendo apresado y torturado hasta casi perder la vida.<br \/>\nSi Pilecki se dej\u00f3 capturar para ser llevado a Auschwitz, Karski decidi\u00f3 colarse en el gueto jud\u00edo de Varsovia por razones parecidas. El de Varsovia era el mayor gueto de Europa y unas 400.000 personas se hacinaban en poco m\u00e1s de tres kil\u00f3metros cuadrados a la espera de ser enviados al campo de exterminio de Treblinka. All\u00ed Karski fue testigo de la tragedia, el hero\u00edsmo y la locura. Con la determinaci\u00f3n de buscar ayuda para toda aquella gente, consigui\u00f3 escapar y huir fuera de Polonia.<\/p>\n<p>Roosevelt no le hizo caso<\/p>\n<p>En su particular misi\u00f3n por dar a conocer a los aliados la situaci\u00f3n de los jud\u00edos en Europa, Karski lleg\u00f3 a entrevistarse con el presidente norteamericano Roosevelt. Tras escucharle en el despacho oval, y en vez de hacer ninguna alusi\u00f3n a su escalofriante relato, Roosevelt comenz\u00f3 a preguntar a Karski sobre las condiciones de los caballos polacos en el ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>Por su parte, el juez del Tribunal Superior de Estados Unidos Feliz Frankfurter, de ascendencia austriaca, tampoco le prest\u00f3 gran atenci\u00f3n: \u201cNo dije que estuviese mintiendo, dije que no pod\u00eda creerle\u201d, dijo refiri\u00e9ndose a su encuentro con Karski. Cansado de enfrentarse al escepticismo de sus interlocutores, Karski decidi\u00f3 escribir un libro titulado \u201cHistoria de un Estado Secreto\u201d, donde contaba las penalidades y esperanzas del Gobierno polaco clandestino. Vendi\u00f3 400.000 copias en plena Guerra Mundial y ha sido reeditado hace pocos a\u00f1os.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, Jan Karski se instal\u00f3 en Estados Unidos y se cas\u00f3 con Pola Nirenska, una bailarina polaca que hab\u00eda perdido a toda su familia en el Holocausto que \u00e9l se hab\u00eda empe\u00f1ado en detener, sin \u00e9xito. Nirenska se suicid\u00f3 en 1992 y poco despu\u00e9s, un desencantado Karski declaraba en una entrevista que \u201clos jud\u00edos fueron abandonados por todos los gobiernos, iglesias y jerarqu\u00edas. Si sobrevivieron miles de ellos fue gracias a la ayuda de personas individuales. Ahora, todos los gobiernos e iglesias dicen \u00b4intentamos salvar a los jud\u00edos\u00b4, porque est\u00e1n avergonzados, quieren mantener sus reputaciones. No ayudaron, porque seis millones de jud\u00edos murieron, pero los l\u00edderes de gobiernos e iglesias sobrevivieron. Nadie hizo lo suficiente\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El oficial de inteligencia Witold Pilecki entr\u00f3 en el campo de concentraci\u00f3n con el n\u00famero 4.859. Consigui\u00f3 escapar de aquel infierno para narrar lo que vio. Witold Pilecki, un oficial polaco de inteligencia, sospechaba que los nazis estaban exterminando civiles en lo que, para los aliados, solo era un campo de prisioneros. En pleno apogeo de la Segunda Guerra mundial, la existencia de un campo de prisioneros en el sur de Polonia no era nada extraordinario, aunque se tratase de un campo que ocupaba una gran extensi\u00f3n y que adem\u00e1s no paraba de crecer. Nadie pod\u00eda concebir el horror que aguardaba tras la puerta coronada por la siniestra frase \u201cArbeit macht frei\u201d (&#8220;El trabajo os har\u00e1 libres&#8221;, en alem\u00e1n). Los trenes de mercanc\u00edas llegaban cada d\u00eda desde la estaci\u00f3n de la cercana Cracovia, se deten\u00edan frente a la entrada de Auschwitz y volv\u00edan a alejarse, vac\u00edos, por la l\u00ednea de ferrocarril construida especialmente para aquel lugar. Permiso para entrar en Auschwitz En 1940, Pilecki ya hab\u00eda luchado como partisano contra nazis y sovi\u00e9ticos y viv\u00eda en Varsovia, trabajando como esp\u00eda para la resistencia polaca bajo la apariencia de encargado de un almac\u00e9n de cosm\u00e9ticos. 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