{"id":14038,"date":"2018-05-03T21:00:00","date_gmt":"2018-05-04T03:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/radiojai.latse.com\/?p=14038"},"modified":"2018-05-03T21:00:00","modified_gmt":"2018-05-04T03:00:00","slug":"el-limbo-de-los-africanos-en-israel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiojai.com\/index.php\/2018\/05\/03\/14038\/el-limbo-de-los-africanos-en-israel\/","title":{"rendered":"El limbo de los africanos en Israel"},"content":{"rendered":"<p>Los &#8220;mistanenim&#8221; (infiltrados, como son llamados en Israel), creen que a\u00fan sobrevuela sobre sus cabezas el fantasma de la deportaci\u00f3n silenciosa a un tercer pa\u00eds, o del aislamiento en el desierto del Neguev, en el centro de internamiento de Holot, clausurado el mes pasado por su elevado costo de mantenimiento y que el Gobierno estudia ahora reabrir.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando emigr\u00e9 en 2008, eleg\u00ed Israel porque era el \u00fanico pa\u00eds de la zona cuyo Gobierno no manten\u00eda contactos con el de Sud\u00e1n y por tanto el \u00fanico que me garantizar\u00eda no ser devuelto y seguir vivo. Ni siquiera sab\u00eda qu\u00e9 tipo de vida hab\u00eda aqu\u00ed&#8221;, explica Jack Degedegi, inmigrante de Darfur que huy\u00f3 del &#8220;exterminio de los opositores al r\u00e9gimen&#8221; en su regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Degedegi lleg\u00f3 primero a Egipto, pero pronto se dio cuenta de que la situaci\u00f3n all\u00ed no era nada gratificante. &#8220;Sin derechos, confinados en campos y perseguidos por el Gobierno de El Cairo que result\u00f3 ser una extensi\u00f3n del sudan\u00e9s&#8221;, denuncia.<\/p>\n<p>Se contact\u00f3 con una mafia que le cobr\u00f3 300 d\u00f3lares por llevarlo a la frontera israel\u00ed. &#8220;\u00c3\u2030ramos unos 30. Nos llevaron como ganado, unos sobre otros en una camioneta hasta una casa en medio del desierto del Sina\u00ed donde estuvimos tres d\u00edas en los que s\u00f3lo nos daban una taza de agua y un pedazo de pan. A las dos mujeres del grupo se las llevaron una noche, las violaron y las devolvieron al grupo como si nada&#8221;, recuerda compungido.<\/p>\n<p>Asegura que ni siquiera en Darfur hab\u00eda sido testigo de algo as\u00ed. La noche en que los dejaron en la frontera, los soldados egipcios los detectaron y comenzaron a disparar indiscriminadamente. &#8220;Corrimos en l\u00ednea recta huyendo de las balas pero sin saber a d\u00f3nde&#8221;, cuenta. Horas despu\u00e9s, otros militares les hablaron en \u00e1rabe y, pensando que eran de nuevo los egipcios, emprendieron otra huida. &#8220;Hicimos lo m\u00e1s est\u00fapido del mundo porque result\u00f3 que eran israel\u00edes, pero era de noche y no lo sab\u00edamos. Cuando nos capturaron vimos que su trato era completamente diferente. <\/p>\n<p>&#8220;Nos dieron comida y en ning\u00fan momento nos sentimos amenazados&#8221;, dice Jack.<br \/>\nTras 50 d\u00edas en la prisi\u00f3n de Saharonim, en el desierto del Neguev, asegura que los dejaron libres y les dieron un pasaje de micro con direcci\u00f3n al sur de Tel Aviv, donde estuvieron meses viviendo en un parque. &#8220;El due\u00f1o de un bar, Jacobo, de vez en cuando nos daba comida porque sab\u00eda que \u00e9ramos nuevos, pero no ten\u00edamos techo&#8221;, cuenta. <\/p>\n<p>Los m\u00e1s afortunados compart\u00edan habitaci\u00f3n en viviendas en ruinas en el sur de la ciudad. Su suerte cambi\u00f3 cuando un empresario se les acerc\u00f3 y les ofreci\u00f3 trabajo en el Hotel Ramada de Jerusalem. El sueldo no importaba, tendr\u00eda alojamiento as\u00ed que no se lo pens\u00f3 y acept\u00f3.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los responsables del Centro de la Comunidad Africana de Jerusal\u00e9n (JACC por sus siglas en ingl\u00e9s), en la Ciudad Santa hay unos 3.000 inmigrantes africanos en una situaci\u00f3n similar a la de Jack. &#8220;La mayor\u00eda son familias con ni\u00f1os pero tambi\u00e9n hay hombres solteros que temen ser deportados&#8221;, asegura Rachel Gerber, Coordinadora de Proyectos del JACC.<\/p>\n<p>Desde la instituci\u00f3n fundada hace poco m\u00e1s de tres a\u00f1os, se les facilitan servicios de salud, educaci\u00f3n y empleo. Tanto Rachel como Jack y sus compatriotas denuncian lo que llaman &#8220;pol\u00edtica deliberada&#8221; del Gobierno israel\u00ed para dificultar el d\u00eda a d\u00eda de los refugiados y que acaben optando por marcharse.<\/p>\n<p>&#8220;Hemos pasado de tener 70 a 400 mujeres j\u00f3venes que se prostituyen porque cada vez les es m\u00e1s dif\u00edcil ganarse la vida. Las solicitudes de asilo son sistem\u00e1ticamente rechazadas o ignoradas. Quienes poseen visa temporal, no tienen la renovaci\u00f3n garantizada. Como tienen la piel negra, son un objetivo muy f\u00e1cil, especialmente en el sur de Tel Aviv&#8221;.<\/p>\n<p>El progresivo endurecimiento de la conocida &#8220;Ley antiinfiltraci\u00f3n&#8221; ha sido uno de los instrumentos utilizados para favorecer la marcha de estos africanos. &#8220;Los que trabajan a la espera de regularizar su situaci\u00f3n ven c\u00f3mo se les priva de un 36% de su ya de por s\u00ed bajo salario. Desde que entr\u00f3 en vigor la llamada &#8220;Ley de dep\u00f3sito&#8221; (en mayo de 2017), se les retiene un 20% del sueldo que pueden recuperar despu\u00e9s, siempre y cuando se marchen a otro pa\u00eds.  A eso hay que sumarle el 16% que el empleador en Israel est\u00e1 obligado a retener al trabajador&#8221;, asegura la trabajadora social. <\/p>\n<p>Seg\u00fan los datos que manejan en el JACC, s\u00f3lo un tercio de los inmigrantes deportados recuper\u00f3 su dinero. &#8220;Son los empleadores quienes no se lo devuelven, pero es culpa del Gobierno por no articular los mecanismos de control necesarios&#8221;, critica.<\/p>\n<p>El JACC denuncia tambi\u00e9n el inter\u00e9s que existe en echar a los inmigrantes africanos en situaci\u00f3n irregular por parte de empresas cuyo negocio es captar empleados asi\u00e1ticos y de otros lugares que &#8220;pagan&#8221; para trabajar en Israel. <\/p>\n<p>&#8220;Va en inter\u00e9s de esas empresas que los africanos que ya est\u00e1n aqu\u00ed se marchen para traer otros inmigrantes. Los que ellas traen, por ley, solo pueden estar entre cinco y siete a\u00f1os, con lo que luego los renuevan y de nuevo hacen negocio&#8221;, asegura Rachel.<\/p>\n<p>&#8220;No nos enga\u00f1emos, Israel no se va a enfrentar al efecto llamada que supondr\u00eda darnos una salida digna. Nosotros sabemos que la deportaci\u00f3n nunca ha dejado de estar sobre la mesa&#8221;, advierte Jack.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los &#8220;mistanenim&#8221; (infiltrados, como son llamados en Israel), creen que a\u00fan sobrevuela sobre sus cabezas el fantasma de la deportaci\u00f3n silenciosa a un tercer pa\u00eds, o del aislamiento en el desierto del Neguev, en el centro de internamiento de Holot, clausurado el mes pasado por su elevado costo de mantenimiento y que el Gobierno estudia ahora reabrir. &#8220;Cuando emigr\u00e9 en 2008, eleg\u00ed Israel porque era el \u00fanico pa\u00eds de la zona cuyo Gobierno no manten\u00eda contactos con el de Sud\u00e1n y por tanto el \u00fanico que me garantizar\u00eda no ser devuelto y seguir vivo. Ni siquiera sab\u00eda qu\u00e9 tipo de vida hab\u00eda aqu\u00ed&#8221;, explica Jack Degedegi, inmigrante de Darfur que huy\u00f3 del &#8220;exterminio de los opositores al r\u00e9gimen&#8221; en su regi\u00f3n. Degedegi lleg\u00f3 primero a Egipto, pero pronto se dio cuenta de que la situaci\u00f3n all\u00ed no era nada gratificante. &#8220;Sin derechos, confinados en campos y perseguidos por el Gobierno de El Cairo que result\u00f3 ser una extensi\u00f3n del sudan\u00e9s&#8221;, denuncia. Se contact\u00f3 con una mafia que le cobr\u00f3 300 d\u00f3lares por llevarlo a la frontera israel\u00ed. &#8220;\u00c3\u2030ramos unos 30. 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